Capítulo 1
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El timbre del teléfono me despertó de un sobresalto, seguramente se trataba de mi hermana Paty, hoy era el día de mi cumpleaños número diecinueve y ella siempre, era la primera en felicitarme, desde que nuestros padres murieron, se dedicó a cuidarme, era mayor que yo, apenas por nueve años, pero realmente se sentía responsable de mí; hacía poco tiempo que se había casado con un gran hombre, ellos tenían una granja en Richmond Virginia y casi no nos veíamos, pero hablamos por teléfono siempre que podíamos, tomé el móvil para contestar la llamada, porque no dejaría de sonar hasta que contestara.
—¡Hola Pato! Apenas está amaneciendo, déjame dormir por favor, estudié toda la noche.
—¡Kat es tardísimo no deberías estar en clases?
—No, hoy sólo tengo un examen y es hasta dentro de dos horas, así que por favor déjame dormir —chillé
—Bueno, sólo por eso, no te voy a quitar mucho tiempo, solamente voy a decirte que te amo nena, qué eres mi hermana favorita.
—Pato, soy tu única hermana.
—Bueno, si tuviera otra sería la consentida.
—¡Eres una grosera!
—Jajajaja sabes que no, siempre serás mi persona favorita, sólo quería desearte un feliz cumpleaños y decirte que me encantaría, que pudieras estar aquí y prepararte un pastel, pero bueno, como eso no es posible, Roland y yo te hicimos un pequeño depósito a tu cuenta, para que te compres un hermoso vestido y festejes tu cumpleaños, cuando lo tengas, te tomas una selfie y nos la envías. ¡Te queremos mucho, hermanita!
—Yo también los quiero mucho, salúdame por favor a Roland y dale las gracias de mi parte, aunque no era necesario que se molestaran, ustedes hacen demasiado por mí, no podría estar en esta universidad, si no fuera por el apoyo económico de ustedes.
—No te preocupes, cuando seas una gran periodista, te cobraremos todo. ¡Besos!
Me levanté y me di una ducha tenía que presentar mi examen, no me gustaba llegar tarde, estaba en mi segundo año en la carrera de Periodismo en la Universidad de Columbia, me faltaba muy poco para alcanzar la mitad de la carrera, y aunque mi beca y la ayuda de mi hermana me daban para mis gastos, deseaba conseguir un trabajo de medio tiempo.
Yo, vivía en los apartamentos para estudiantes, dentro del campus y compartía la habitación con una chica afroamericana llamada Sullivan, a mí se me hacía muy cómico que sus padres le pusieran el nombre de mi personaje favorito de Monsters Inc., pero me contenía las ganas de reír, ella, era estudiante de leyes y en realidad no éramos las grandes amigas, nuestra relación era, digamos que, cordial y respetuosa, desde que llegué, me dio una lista de reglas de la habitación y ambas, las seguíamos al pie de la letra.
Salí con toda la actitud, caminar por los pasillos de la universidad, era enfrentarme al bulling mío, de cada día, entre mis múltiples sobrenombres estaban “Merlina Adams”,” La monja”, “La huérfana”, era la nerd, pero sobre todo era por mi blanca piel y quizá por mi forma de vestir, ya que debo reconocer que no era para nada glamorosa, en mi guardarropa, solo había camisas de mangas largas, para evitar las quemaduras del sol y faldas largas o pantalones de sastre, zapatos cómodos y cero accesorios, ya que todo tipo de materiales, irritaban mi piel, había nacido con todas las alergias del mundo.
Afortunadamente, yo ya había madurado y las críticas me importaban absolutamente nada, a mí, me gustaba lo que veía en el espejo, mis ojos color aceituna y mis labios rojos como la sangre, mi hermana de niña me llamaba blanca nieves, por la piel blanca y los labios rojos.
Presenté mi examen y fui al área de servicios estudiantiles, tenía que matricularme para el siguiente periodo, tomaba tantas materias como podía, pero esta vez tomaría un poco menos, quería tener tiempo de trabajar media jornada.
Llegué a la oficina y lo primero que llamó mi atención fue un anuncio pegado en la pared, era la fotografía de una chica de la universidad, yo la había visto dos o tres veces en la biblioteca, pero no sabía su nombre, ahora me enteraba que se llamaba Alice Dawson y que estaba desaparecida «Ojalá que aparezca pronto» pensé, era una hermosa chica, blanca, de ojos azules y cabello rubio, tenía una hermosa sonrisa.
—¿Katrina todavía buscas empleo?
—Sí, coordinadora, quiero un empleo de medio tiempo, que no interfiera con mi horario de clases.
—Publicaron varios anuncios en la gaceta estudiantil, deberías revisarla, hay algunos muy interesantes.
—Le agradezco mucho, la información, los revisaré inmediatamente. ¿Se sabe algo de la chica? —le señalé el anuncio
—¡Ah cierto! Olvidé quitar el anuncio, ya apareció, aunque al parecer está muy grave en el hospital de Saint Joseph.
—Pobre chica, ¿La lastimaron?
—En realidad no, su cuerpo no presentaba rastros de violencia, aunque si, actividad s****l, pero al parecer fue consensuada, porque no tenía ningún signo de haber sido abusada, solo una anemia que casi le causa la muerte.
—¿Anemia?
—Pareciera que le drenaron una gran cantidad de sangre, pero no la suficiente para matarla, aunque todavía le están haciendo estudios, para saber cómo fue que perdió tanta sangre.
—Es horrible, probablemente esté enferma, alguna hemorragia interna, ojalá se ponga bien. Bueno me voy, revisaré la gaceta, antes de que sea tarde.
Me quedé pensando en Alice, la chica del anuncio, al parecer estuvo varios días desaparecida y luego cuando al fin la encontraron, se debatía entre la vida y la muerte por una anemia severa, era muy extraño, era el tipo de noticias que despertaban mi curiosidad, recordé aquél caso de un asesino en serie que secuestraba mujeres y las asesinaba, para luego convertirlas en estatuas usando la taxidermia, por eso había decidido estudiar periodismo, aunque mi hermana me decía que estaba loca por querer investigar esos casos tan morbosos.
Llegué a mi habitación y Sullivan ya se había ido, solo dejó un mensaje, estaré fuera el fin de semana, puedes poner seguro a la puerta antes de las diez, yo regreso el lunes.
Era maravilloso tener la habitación para mi sola, a Sullivan, le molestaba todo, la música, el televisor y cualquier ruido que ella no generara, así que, como era fin de semana, yo aprovecharía para ver alguna serie, yo no salía los fines de semana, porque no tenía a dónde ir, ni a quién visitar.
Encendí el televisor y lo primero que vi, fue la fotografía de Alice, así que subí el volumen para escuchar lo que el reportero decía sobre el caso.
« Las autoridades creen que se trata de alguna secta, es la tercera jovencita que desaparece por unos días y luego, es dejada en la puerta de un hospital con una anemia severa, como si le hubieran sacado la sangre, dejándole sólo la suficiente para sobrevivir, lo que más extraña a las autoridades, es que ninguna presenta señas de violencia física, ni de abuso s****l, pero la más grande coincidencia, es el asombroso parecido entre las tres mujeres, cabello rubio, piel blanca y ojos claros, así que no descartan la posibilidad de que podría tratarse, de un depredador s****l o un asesino en serie»
Rayos, nunca imaginé que ya fueran tres chicas las que habían sido encontradas en las mismas condiciones, mi curiosidad comenzó a darme comezón en las manos, el hospital Saint Joseph no estaba tan lejos del campus, podía ir y regresar al fin que era fin de semana y no tenía tareas pendientes, quizá podía intentar conocer a Alice.
Como siempre, mi curiosidad fue más fuerte que mi razón, así que tomé mi bolso y salí rumbo al hospital, atravesar los jardines del campus hasta llegar a la calle, era un gran ejercicio, y yo lo disfrutaba, afortunadamente la estación del subterráneo estaba cerca y el hospital a tan solo dos estaciones.
Cuando llegué al hospital, pregunté por la habitación de Alice Dawson y dije que era su compañera de la universidad, en realidad no estaba mintiendo, aunque ella no me conocía; la recepcionista muy amable, me indicó el número de habitación, así que tomé el ascensor y mis manos sudaban por la emoción de poder conseguir información de primera plana.
Cuando llegué a la habitación, mi estómago estaba lleno de un enjambre de abejas, toqué a la puerta, y una voz femenina me invitó a pasar, entré y una mujer mayor me saludó muy amablemente.
—¡Adelante nena! ¿Tú eres amiguita de mi Alice? Yo soy su abuela, gracias por venir a visitarla, pero ahora está dormida, ya le han puesto tres paquetes globulares y todavía está muy débil, apenas puede abrir los ojos.
—¡Oh, lo siento tanto! ¿Eso quiere decir que no ha podido narrar lo que le sucedió?
—No, mi pobre niña no ha podido hablar, de hecho, cuando abre los ojos, parece no entender lo que está pasando, los médicos dicen que es por la falta de glóbulos rojos, que su cerebro no recibe el suficiente oxígeno.
—Pero…se podrá bien ¿Verdad?
—Los médicos le han hecho estudios y dicen que es muy extraño, no han logrado encontrar el motivo de la pérdida de sangre, que su cuerpo parece estar completamente sano, así que le harán otra trasfusión para ver, si con eso responde.
Alice era rubia, de piel blanca, pero allí, postrada en esa cama, se veía totalmente transparente, me estaba despidiendo de su abuela, cuando ella comenzó a reaccionar.
—¿Qué… me paso? ¿Dónde estoy?
La señora presionó un timbre para llamar al médico, llegó y nos pidió que saliéramos, yo por supuesto, me quedé para saber que decía del estado de Alice, pasaron unos minutos, y llegó otro médico, y luego otro, al parecer querían estar seguros antes de dar un diagnóstico.
Pasó un poco más de una hora, cuando salieron, llamaron a la abuela para informarle y yo disimuladamente caminé detrás de ella y grabé el diagnóstico.
«Señora, Alice padece de un episodio de amnesia total transitoria, eso quiere decir que no recuerda acontecimientos recientes, no sabe qué fue lo que hizo en los últimos tres días, ni tampoco sabe cómo llegó hasta aquí, puede recordar quién es, e identificar a las personas que conoce bien, la recuerda a usted y a sus padres, en general recuerda todo, excepto lo que le ha causado el estado en el que se encuentra, le haremos algunos estudios para confirmar que su cerebro está funcionando correctamente»
Dejé a la abuela con los médicos, y fui hasta la habitación, Alice estaba sentada y miraba por la ventana fijamente.
—Hola Alice.
—Hola, ¿Qué haces aquí? Tú y yo no somos amigas.
—¿Sabes quién soy?
—Sí, la nerd de la biblioteca.
—¿En verdad no recuerdas lo que te pasó? O te avergüenza decirlo.
—¿Por qué crees que te lo diría a ti?
—Quizá porque no veo a ninguna de tus amigas aquí, y siempre es bueno desahogarse con alguien.
—No recuerdo, nada y es aterrador, lo último que recuerdo es que me puse linda para salir con alguien, yo me recuerdo mirándome al espejo y recuerdo las caricias de un hombre, puedo sentir sus manos acariciando mi cuerpo, pero luego, nada, no logro recordar ni su rostro, ni su nombre, nada.
Comenzó a llorar y yo le creí, me abrazó y yo traté de consolarla, algo muy raro le había pasado, y yo, iba a descubrir qué […]