Esa primera noche no hubo preguntas. Marcell no se preguntó por qué su esposa llegó tarde, ni qué hizo. Su mente estaba enfocada en hablar de nuevo con aquel ser demoniaco que dejó atrás. Esa noche cuando entró en la cama con su esposa, y escuchó la respiración de Verity serenarse, colocó un brazo por debajo de su cuello y respiró profundo. Miró el techo oscuro y las sombras que se reflejaban a través de la ventana con la cortina corrida. Marcell recordó el pasado, aquel que le quemaba hasta los tuétanos. Recordó años antes de conocer a Verity, antes de casarse con ella, antes de ser lo que eran en ese momento. Recordó cuando tenía diecinueve años y estaba en una estúpida fiesta de sus padres políticos, y conoció a alguien. Jamás imaginó que ese alguien se convertiría en una persona tan

