bc

La Posesión de la Mafia

book_age16+
0
ติดตาม
1K
อ่าน
ข่มขี่
แบดบอย
เกรียน
มาเฟีย
ดราม่า
ชายจีบหญิง
ขี้แพ้
วิทยาลัย
seductive
villain
like
intro-logo
คำนิยม

Libro 1 de la serie La Mafia

Nunca miro cuando mi padre golpea y tortura a sus víctimas. Soy una persona sensible y no me gusta ver a los demás sufrir. Los sonidos de sus gritos y llantos desesperados me persiguen incluso mientras duermo. Constantemente pienso en cómo podría haberlos ayudado y haber evitado sus muertes, de alguna manera.

Mi padre, en cambio, es un asesino despiadado y sin compasión que siempre disfruta del dolor, la incomodidad y el sufrimiento de los demás. Lo más enfermizo de todo es que puede hacer todas esas cosas y aun así ser considerado un ser humano. Y, lo que es aún peor, se sale con la suya.

Siempre se refiere a mí como una «débil desgracia» y me repite que soy una vergüenza para toda la Familia. La mayoría de las veces fingía que sus palabras no me afectaban y hacía parecer que no me importaban, pero siempre lo hacían.

Soy la hija del Don y se espera que sea igual que mi padre. Cruel, despiadada, indiferente...

Una asesina.

chap-preview
อ่านตัวอย่างฟรี
Capítulo 1 - Los Dulanto.
E L E N A Nunca miro cuando mi padre golpea y tortura a sus víctimas. Soy una persona sensible y no me gusta ver a los demás sufrir. El sonido de sus gritos y llantos desesperados me persigue, incluso en mis sueños. No dejo de pensar en cómo podría haberlos ayudado y evitado sus muertes de alguna manera. Mi padre, en cambio, es un asesino despiadado y cruel que siempre parece disfrutar del sufrimiento y la incomodidad de los demás. Lo más enfermizo es que puede hacer todas esas cosas y aun así seguir siendo considerado un ser humano. Y, lo más importante... Se sale con la suya. Siempre se refiere a mí como una «débil desgracia» y no deja de decirme que soy una vergüenza para toda la Familia. Durante mucho tiempo fingí que sus palabras no me afectaban, que podía ignorarlas y seguir adelante, pero siempre terminaban haciéndome daño... Soy la hija del Don y se espera que sea exactamente como mi padre. Cruel. Despiadada. Indiferente. Una asesina. Pero no puedo hacer eso ni convertirme en la persona que él quiere que sea, porque esa no soy yo. Desde pequeña me enseñaron a pelear y a defenderme de cualquiera. Aprendí a ser fuerte y resistente, pero también a seguir siendo una buena persona. Como mi madre. Pero ahora todo ha cambiado. Esta vez quiere que observe. Dice que tengo que presenciar lo que haré en un futuro cercano o algo parecido. Mientras me explicaba todo, cometí el grave error de distraerme, y eso me ganó un fuerte golpe en la mandíbula por no estar escuchando. Siempre me golpea cuando «me porto mal» o, a veces, cuando simplemente necesita desahogar su frustración. Lo odio. Lo odio tanto que desearía tener un padre de verdad en lugar de él. Mi madre y mis cuatro hermanos fueron asesinados por una Familia rival, o eso es lo que mi padre me dice, como una venganza por errores que él cometió en el pasado. Sin embargo, siempre fue muy reservado con los detalles. No quería que supiera demasiado porque tenía miedo de que hiciera alguna locura. Aunque supiera qué Familia fue responsable de sus muertes... ¿Qué podría hacer yo? Oh, probablemente te estés preguntando qué significan todos estos términos... Bueno, verás, nuestra Familia es... ¿cómo puedo decirlo de una manera sutil? Formamos parte de un sindicato criminal o... La Mafia. La Mafia italiana. Somos los Dulanto y diría que la mayor parte de Chicago sabe perfectamente quiénes somos. Mi Familia es poderosa y mi padre se aseguró de que así fuera, aunque eso es tanto una bendición como una maldición. No solo porque el poder se le haya subido a la cabeza, sino también porque, cuanto más grande eres, más grande es el objetivo que llevas en la espalda. Y digamos que mi padre se ha ganado unos cuantos enemigos durante sus años como Don... Nuestra Familia forma parte de algo mucho más grande. Solo somos una subdivisión de la Mafia italiana que opera en Illinois. Existen diferentes divisiones repartidas por todo el país, desde Nueva York hasta California, desde Florida hasta Georgia e incluso Michigan. Formamos parte de una enorme Familia. Pero eso no significa que todos nos llevemos bien... Hasta donde yo sé, diez Familias dominan todo el estado de Illinois, y cada una controla una región en particular. Además de mi Familia, también están... Lamela. Pallomino. Distefano. Tejero. Ferreiro. Mederos. Fajardo. Guerrero. Montano. Con algunas mantenemos buenas relaciones. Con otras... No. Mi padre me educó en todo esto porque, al ser su única heredera restante, algún día tendré que ocupar su lugar. Pero, como ya dije, no quiero tener nada que ver con esta vida. Si no fuera por este estilo de vida, mi madre y mis hermanos seguirían vivos... Ahora, volvamos al presente. Mi padre vuelve a golpear al hombre atado a una silla, esta vez en el estómago, y él gime de dolor. Está cubierto de moretones y apenas puedo mirarlo sin hacer una mueca. —¿Ves esto, Elena? Así es como se hace —gruñe antes de volver a golpearlo, esta vez directamente en la mandíbula. Se ríe como si acabara de escuchar lo más gracioso del mundo y, en este caso, probablemente lo fuera el sonido de su puño impactando contra la mandíbula del hombre. —Ya le dije todo lo que sé —dice el hombre con voz ronca mientras intenta incorporarse en la silla y escupe sangre al suelo. Tiene un ojo n***o completamente hinchado y varias partes de su rostro presentan diferentes tonos de morado y rojo. La sangre le sale de la boca y baja por su barbilla hasta su camisa gris, que está parcialmente rasgada. Mi padre vuelve a lanzarle otro golpe y el hombre gime cuando su puño impacta contra el otro lado de su mandíbula. Aparto la mirada y hago una pequeña mueca. No puedo permitir que esto continúe. Ese hombre ya ha sufrido suficiente. Reúno todo el valor que puedo y decido defenderlo. Decido enfrentarme a mi padre. —Papá, ya te dijo todo lo que sabe. Intento razonar con él, pero simplemente me fulmina con la mirada. Poco a poco, su expresión cambia y aparece una sonrisa falsa en su rostro antes de volver la cabeza hacia el hombre. —Quizá mi hija tenga razón. Tal vez debería mostrar un poco de misericordia... Habla mientras me mira brevemente. Después se vuelve hacia uno de los tres hombres que permanecen a un lado. El hombre sostiene un objeto cubierto con un pequeño paño blanco. Mi padre asiente y él da un paso adelante, entregándole el objeto. Observo con curiosidad mientras mi padre retira lentamente la tela. En cuanto veo lo que hay debajo, siento que el aire desaparece de mis pulmones. Es una pistola con un silenciador en la punta. —¡Papá, dijiste que esta vez tendrías misericordia! Mi voz sale más alta de lo que esperaba mientras me coloco delante del hombre herido de manera protectora. No voy a permitir que mi padre mate a nadie. Bueno, pensándolo mejor, probablemente seguirá matando personas de todas formas, pero no puede hacerlo mientras yo esté presente. La expresión de mi padre cambia por completo. La ira queda claramente reflejada en su rostro. —Elena, aléjate de esa basura de una puta vez. Avanza hacia mí mientras aprieta los puños y sus cejas se fruncen de rabia. Siempre le he tenido miedo y siempre he tenido miedo de lo que podría llegar a hacer. Pero esta vez decidí, estúpidamente, desafiar su autoridad. —¡Papá, no! ¡Ya te dijo todo lo que sabe! ¿Qué más quieres que...? Ni siquiera consigo terminar la frase. Su mano impacta contra mi rostro y caigo al suelo, golpeándome la cara contra las baldosas pulidas. Un gemido escapa de mis labios mientras las lágrimas comienzan a acumularse en mis ojos y siento cómo la piel de mi mejilla arde. Otra vez. —No me digas lo que tengo que hacer. Yo soy el Don, no tú. Aprende cuál es tu lugar, niña. Su voz es fría y furiosa. No me atrevo a levantar la mirada. Quizá esta vez me lo merecía. ¿Por qué no puedo simplemente ocuparme de mis propios asuntos? No. Él hizo que esto fuera asunto mío. Yo no pedí estar aquí... —Yo... lo siento. Mi voz se quiebra mientras intento contener el llanto, aunque sé que no debería estar disculpándome. Hice lo correcto. Me sujeto a la silla donde el hombre está atado para poder sostenerme y lo miro durante un segundo antes de apartar la vista. En ese breve instante noto algo que me sorprende. Preocupación genuina. Mi padre no me contó mucho sobre este interrogatorio. Lo único que sé es que el hombre pertenece a una Familia rival. Entonces... ¿Por qué parece preocupado por mí? —Está bien. No lo mataré. Pero solo esta vez, Elena. No vuelvas a desafiarme. En cuanto vuelve a hablar, levanto la mirada y mantengo el contacto visual con él. —Ya que estás tan preocupada por este hombre, puedes encargarte de sacarlo de esta casa. Ya no nos sirve de nada. Pero si vuelvo a verlo, yo mismo le pondré una bala en la cabeza. Mi padre gruñe antes de darse la vuelta para marcharse. Cuando finalmente creo que podré levantarme, se detiene y me mira desde arriba. —Eres una lamentable excusa de hija. Sacude la cabeza con decepción antes de salir de la habitación oscura acompañado por sus hombres. Bueno. Eso fue la guinda del pastel. Pero estoy acostumbrada... —Eh... Em... Elena... El hombre intenta pronunciar mi nombre y consigue llamar mi atención. No puedo evitar sonreírle, aunque hago una pequeña mueca cuando siento que la mejilla vuelve a arder. —Elena —lo corrijo mientras me incorporo de rodillas. Su respiración es irregular y puedo ver cuánto dolor está soportando. Necesito conseguirle ayuda. —Gracias por ayudarme. Me dedica una sonrisa forzada mientras me pongo de pie y comienzo a desatarlo. —De nada. Le devuelvo la sonrisa a pesar del dolor que siento en la mejilla. Tengo que llevarlo con el médico de la Familia o me temo que no sobrevivirá ni tres horas más. Debo ser inteligente y asegurarme de que mi padre no lo vea porque, como dijo antes, lo matará... —Vamos. Lo ayudo a levantarse y él hace una mueca de dolor mientras suelta un pequeño gemido. Cuando finalmente consigue ponerse de pie, descubro que es al menos treinta centímetros más alto que yo, incluso estando ligeramente encorvado y apoyándose en mí para mantenerse estable. Al menos puede caminar. Sus heridas más graves parecen estar en el abdomen y la cabeza. —¿Adónde me llevas? —pregunta con voz ronca mientras se apoya en mí. —Con un médico. —¿Por qué lo estás ayudando? Mi propia voz formula la pregunta dentro de mi cabeza. —Porque tengo que hacerlo —me respondo. Estúpido cerebro... Siempre haciéndome cuestionar mis propias decisiones. —Pero tu padre dijo... —No me importa lo que haya dicho. Voy a conseguirte ayuda y después te ayudaré a salir de este lugar. Lo ayudo a salir de la habitación y subir las escaleras mientras nos dirigimos hacia el consultorio del médico. Recibo muchas miradas de diferentes miembros de la Familia mientras avanzamos, pero simplemente las ignoro, como siempre hago. Cuando llegamos al pasillo que conduce al consultorio, dos personas aparecen prácticamente de la nada y se colocan delante de mí, bloqueando el camino. Suelto un suspiro. Justo lo que necesitaba... —¿Y adónde creen que van? Ambos hablan al mismo tiempo. Los Capos de mi padre. Carmelo y Claudo. Son hermanos. Gemelos, de hecho. Y ambos son igual de irritantes. A pesar de eso, siguen siendo mis mejores amigos y no sé qué haría sin ellos. Son completamente idénticos. Lo único que permite diferenciarlos es que Carmelo tiene el cabello rubio claro, mientras que Claudo tiene un tono de rubio más oscuro. Los dos tienen unos ojos azul cristalino. —Quítense del camino, chicos. Intento pasar entre ellos y el hombre al que sostengo hace una mueca debido al movimiento brusco. —Lo siento. Me disculpo rápidamente y él responde con un pequeño asentimiento. Sigo avanzando hacia el consultorio, pero los gemelos continúan siguiéndonos detrás como dos moscas molestas. Y, por decirlo suavemente, empieza a ser bastante irritante. —No me digas que ya encontraste un nuevo juguetito y que ya conseguiste que lo golpearan. Carmelo habla con una falsa tristeza en su voz. Pongo los ojos en blanco ante su comentario sin decir una sola palabra. —Vamos, Emi. Divirtámonos un poco. Ya sabes, tú y yo... Puedo imaginar perfectamente cómo mueve las cejas con esa sonrisa estúpida en el rostro. ¿Es que estos dos siquiera se han dado cuenta del hombre herido al que estoy intentando ayudar o son realmente tan despistados? —¿Qué te dije hoy, eh? Yo pedí prioridad. Claudo interrumpe a su hermano mientras lo empuja bruscamente por el hombro. Ahora caminan a nuestro lado. —Si arriva a decidere che non si. Carmelo responde enfadado en italiano. Ella es quien decide, no tú. Como de costumbre, comienzan a discutir por mí. —Chicos, no sé si se han dado cuenta, pero estoy intentando ayudar a este hombre. Así que, si no van a ayudarme, por favor quítense de mi camino. Les siseo a ambos. —Vedete, ora hai fatto arrabbiare. Carmelo le da una palmada en la parte posterior de la cabeza a su hermano. Ahora sí la hicieron enojar. Y con eso continúan discutiendo, ignorándome por completo mientras aprovecho la oportunidad para alejarme con el hombre. Finalmente llegamos a una esquina y me detengo por un momento. —Oye, lo siento por eso. Lo miro con sinceridad, sintiéndome un poco avergonzada de que aquella escena hubiera ocurrido delante de él. —Está bien. Vamos al médico. Hace una mueca de dolor y asiento antes de continuar caminando por el amplio pasillo. Finalmente llegamos al consultorio. Con una mano libre golpeo suavemente la puerta antes de abrirla. La doctora Martinez está sentada detrás de su escritorio revisando unos documentos hasta que finalmente se da cuenta de nuestra presencia. —Dios mío, ¿qué ocurrió? Su voz está llena de preocupación mientras se acerca rápidamente y ayuda al hombre que sostengo. De inmediato nos conduce a otra habitación donde hay mucho más equipo médico. —Mi padre. Lo digo sin rodeos. Ella me mira con pena. —¿Puedes ayudarlo? Le pregunto mientras colocamos al hombre sobre la cama. —Lo intentaré. Parece que podría tener algunos huesos rotos. Comienza a examinarlo y presiona ligeramente su abdomen. Él hace una fuerte mueca de dolor y la doctora Martinez comprende de inmediato que esa es la zona donde siente la mayor parte del dolor. —Mi padre no puede saber que está aquí. ¿Entendido? Ella asiente sin mirarme. Continúa examinándolo y coloca las manos suavemente sobre su rostro. Cuando toca su nariz, él vuelve a hacer una mueca y aparta la cabeza debido al dolor. —También tiene una dislocación en la nariz, así que tendremos que volver a colocarla en su sitio. Además, necesitaré hacerle una radiografía para ver cuánto daño interno tiene. Levanta ligeramente su cabeza para examinarle la nariz. —Voy a colocarla ahora. Él asiente lentamente y toma una profunda bocanada de aire. La doctora sostiene su nariz en una posición extraña y comienza a contar. —Uno, dos... Lo sorprende y la coloca rápidamente antes de llegar al tres. Él gruñe y vuelve a hacer una mueca. Su nariz sigue roja, pero debería empezar a mejorar ahora. —Tres. La doctora finalmente termina de contar, intentando hacer una broma. Ninguno de los dos la encuentra graciosa. —Bien. Volveré enseguida. Se disculpa y sale de la habitación. Levanto la mirada hacia el hombre y lo observo con curiosidad. No parece tan mayor. De hecho, parece tener más o menos mi edad o quizá ser un poco mayor. Cumplo veinte años este año y él probablemente tenga veintiuno o veintidós. Tiene el cabello castaño oscuro y unos ojos verde claro. Y, dejando de lado todos los moretones... Es bastante atractivo. —¿Cómo te llamas? Le pregunto mientras intenta acomodarse mejor en la cama. —Andreas. Responde lentamente. —¿Por qué me ayudaste? Frunzo el ceño. —No quería seguir viendo cómo te lastimaban... o algo peor. Le hablo con sinceridad y él levanta las cejas, sorprendido. —Ni siquiera sabes quién soy y arriesgaste tu propia vida. —Sí... Dejo la frase en el aire. Lo hecho, hecho está. —Podrías haberte lastimado. Y ya lo hiciste. Probablemente se refiere a la gran marca de una mano que tengo en la mejilla izquierda. Aparto mi cabello oscuro hacia delante para intentar ocultarla. —No importa. Estoy acostumbrada. Me encojo de hombros mientras miro las palmas de mis manos. Después de un momento, siento cómo toma suavemente una de ellas. —Sabes, para ser la hija de un Don, eres muy dulce. Sé que ya te lo dije antes, pero gracias, Elena. Me sonríe y siento cómo mis mejillas se calientan cuando me llama dulce. Antes de que pueda decir nada más, la doctora Martinez regresa con unos documentos y una silla de ruedas. Le indica a Andreas que se siente en ella. Lo ayudo a levantarse y lo acomodo lentamente. —Volveré más tarde para ver cómo estás. Él me dedica una pequeña sonrisa de despedida. La doctora Martinez se lo lleva fuera de la habitación y yo salgo poco después para arreglarme un poco porque probablemente tengo un aspecto horrible. Subo las escaleras y entro en mi habitación, cerrando la puerta con llave detrás de mí. Con tantos hombres viviendo en esta casa, considero que la privacidad es muy importante. Apenas hay chicas de mi edad. La mayoría son esposas de los hombres que viven aquí o familiares. También hay otras mujeres, pero mi padre dice que no debería relacionarme con personas de una «clase tan baja». Nuestra casa ni siquiera parece una casa. En realidad, es una mansión. Tiene aproximadamente cuatro pisos, más de treinta habitaciones, una sala de juegos, gimnasios, jardines, piscinas... Ya sabes. Decido tomar una ducha rápida e intentar aliviar el dolor de mi mejilla. Después de unos quince minutos bajo el agua, tomo una toalla pequeña, la humedezco con agua caliente y comienzo a masajearme la mejilla. Por suerte, el dolor desaparece después de un rato y comienzo a sentirme mucho mejor. Así que salgo del baño. Me visto y recojo mi largo cabello castaño oscuro en una coleta baja antes de bajar las escaleras para buscar a Daniel. Él también es mi mejor amigo dentro de esta casa y prácticamente la única persona con la que paso tiempo. Bueno, él, Carmelo y Claudo. Cuando no están siendo insoportables. Encuentro a Daniel en el pasillo que conecta con la sala y parece estar mirando algo en su teléfono. Aprovecho la oportunidad para sorprenderlo. Me acerco silenciosamente por detrás y lo abrazo, dándole un pequeño apretón. Al principio se sobresalta, pero después se relaja cuando se da cuenta de que soy yo. —Daniel. Apoyo la cabeza sobre su espalda. Es alto. Creo que al menos treinta centímetros más alto que yo. —Hola, tú. Se gira para mirarme y me abraza. Le devuelvo el abrazo y, cuando finalmente nos separamos, levanta ligeramente mi barbilla y besa mi frente. Le sonrío, pero él frunce el ceño al mirar mi mejilla. Ah. Claro. El moretón. Pensé que ya no sería tan visible... —¿Otra vez? Asiento. Daniel es el Underboss de mi padre, su segundo al mando dentro de la Familia. Está bien, así que es más que un simple mejor amigo... Nuestra relación es bastante complicada. Antes tuvimos algo. Más que algo. Pero eso ya pertenece al pasado. —¿Qué ocurrió? Me pregunta mientras me hace un gesto para que lo siga hacia la sala. —Intenté ayudar a alguien a quien él estaba interrogando. Se llama Andreas y mi padre casi lo mata a golpes. Daniel suspira mientras nos sentamos en el sofá, pero de pronto parece darse cuenta de algo y vuelve a mirarme, esta vez con el ceño fruncido. —¿Dijiste Andreas? Asiento. Permanece en silencio durante un momento mientras mira hacia abajo antes de volver a hablar. —Elena, podrías conseguir que te maten por enfrentarte al Don. Sabes cómo se pone, así que deberías saberlo mejor. Tiene razón. Por supuesto que mi padre podría matarme. Ha estado a punto de hacerlo innumerables veces. Pero... ¿Qué se puede esperar de un psicópata maniático? —Lo sé, Daniel. Solo tenía que ayudarlo. Sabes cómo me siento cuando otras personas resultan heridas. Incluso verlas en ese estado me altera y me hace sentir un poco mal. Es como si... La frase queda interrumpida por el sonido de varios disparos. Grito por el estruendo repentino. Daniel reacciona de inmediato y se pone de pie de un salto. Saca su arma y me levanta del sofá al mismo tiempo, llevándome hacia una esquina de la sala para protegernos. Hay una enorme conmoción. Se escuchan más disparos. Hombres gritando. Voces elevándose en italiano. Daniel me lleva hasta una mesa grande y saca otra pistola de uno de los cajones. —Toma. Quédate cerca de mí. Asiento rápidamente. Decir que estoy aterrorizada sería quedarse corto. Mis manos tiemblan. Todo mi cuerpo tiembla de miedo. He tenido experiencias cercanas a la muerte antes, pero nada tan grave como esto. Nunca nos habían atacado. Cualquiera en su sano juicio sabe que no debe meterse con la Familia Dulanto. Además... ¿Cómo logró alguien atravesar a todos los protezioni que estaban afuera? Nos asomamos por un lado de la esquina y vemos hombres tirados en el suelo, rodeados por charcos de sangre. Me cubro la boca para evitar gritar. O vomitar. O hiperventilar. O romper a llorar. ¿Quién podría estar haciendo todo esto? ¿Y por qué? —Daniel... Susurro mientras las lágrimas llenan mis ojos. Ya no puedo contenerme. Nunca había visto tanta sangre en un solo lugar y la escena me está destrozando. Él se vuelve hacia mí, genuinamente preocupado. —No te preocupes. Vamos a salir de aquí. Te protegeré pase lo que pase. ¿De acuerdo? Sostiene mi mejilla con su mano libre. —De acuerdo. Asiento. Él besa mi frente durante unos segundos antes de volver a mirarme. —Ahora vamos. Me hace un gesto para que lo siga. Hago una mueca al ver cada vez más cuerpos sin vida en el suelo. Algunos han quedado sin rostro. Otros sin cabeza. Por la cantidad de veces que les dispararon. Es una escena horrible. De pronto me detengo. Hay otro cuerpo tendido en el suelo. Tiene varios agujeros de bala en la cabeza y tres en el pecho. Sus ojos siguen abiertos. Aún sostiene un arma. Más lágrimas llenan mis ojos cuando finalmente reconozco a la persona. —¿Papá...?

editor-pick
Dreame - ขวัญใจบรรณาธิการ

bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
66.2K
bc

La Venganza de la Exesposa Curvy con el Gigoló

read
166.7K
bc

LA BAILARINA DEL MAFIOSO

read
6.0K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
62.7K
bc

Profesor Roberts

read
1.7M
bc

DOMESTICANDO AL CORAZÓN

read
125.1K
bc

Daño colateral

read
9.6K

สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook