bc

La Duquesa de Edimburgo

book_age16+
4.3K
ติดตาม
26.6K
อ่าน
ล้างแค้น
แต่งงานตามสัญญา
เย่อหยิ่ง
ดราม่า
โศกนาฏกรรม
ชายจีบหญิง
ยุควิกตอเรีย
ทรยศหักหลัง
ancient
duke
like
intro-logo
คำนิยม

Christopher Maxwell juró de rodillas sobre la tumba de su hermano que haría pagar a la mujer responsable de su muerte. Con el alma consumida por la rabia y el duelo, cruzó el mar desde Escocia convencido de que la venganza sería sencilla. Lo que jamás anticipó fue encontrarse ante dos rostros absolutamente idénticos.

Las gemelas Campbell comparten sangre y apellido, pero poco más. Ellenor es luminosa, extrovertida y de un carisma difícil de ignorar, una naturaleza que escandalizaba a quienes esperaban recato en una mujer de su posición. Elise, en cambio, encarna todo lo que la sociedad exige de una dama: modales impecables, porte sereno y una elegancia discreta que cautiva sin estrépito. Dos almas opuestas atrapadas en el mismo rostro.

Todo lo que Christopher posee es una inicial. Un único trazo de tinta que podría pertenecer a cualquiera de las dos, y sobre esa sombra de duda descansa el peso de una venganza implacable.

Porque habrá mentiras que lo destruyan todo, palabras que corten más hondo que cualquier espada, y al final de esa larga cadena de daño, una inocente terminará pagando el precio por un crimen que jamás cometió.

chap-preview
อ่านตัวอย่างฟรี
PREFACIO
6 de mayo de 1837 El viento agitaba las enormes ramas del árbol de caoba, arrastrándolas sobre las tejas de la modesta cabaña con un sonido sordo y persistente. Dentro yacía un hombre tan ebrio como si hubiera bebido sin parar durante dos días, aunque la verdad era que llevaba apenas seis horas haciéndolo; la cantidad consumida, sin embargo, habría bastado para cubrir setenta y dos. Aquel hombre era Arthur Maxwell, el gran duque de Edimburgo y el hombre más poderoso de Inglaterra después, claro está, de los reyes y príncipes de la Corona. Sus ojos, enrojecidos por el alcohol, emanaban un dolor que le quemaba el alma y le hacía preguntarse si acaso debía seguir viviendo. Ese pensamiento lo carcomía por dentro mientras abría una nueva botella y la llevaba a sus labios sin el menor recato. Era un hombre joven, posiblemente el más codiciado de todo el reino, y aun así nada de eso lo había protegido de verse envuelto en la más devastadora historia de amor que podría haberle tocado vivir. —¡¡Maldita!! —gritó el duque mientras, de rodillas, pasaba las manos por su cabello con desesperación. Estaba perdido entre el licor y la angustia. En sus manos apretaba con fuerza una carta cuyo contenido seguía siendo un misterio para quienes lo rodeaban, aunque los trabajadores de su mansión sabían bien que en cuanto la recibió no dudó un solo instante en llenar un pequeño maletín con cuatro botellas y cabalgar hasta la cabaña sin decir palabra. Un sollozo escapó de su boca mientras a duras penas lograba llevar aire a sus pulmones. Aquella misiva había asestado un golpe certero a su corazón del que no esperaba recuperarse jamás. Esos ojos azules, esos labios que tantas veces le prometieron amor, esas cálidas manos que no dudaron en abrazarlo con ternura: todo ello le había propinado la más letal de las estocadas. —¡Esa maldita mujer! ¡Maldita sea la hora en que te conocí, Ellenor Campbell! —La lluvia comenzó a caer con violencia y los truenos se hicieron presentes, haciendo que los gritos del duque se fundiesen con el rugido de la tormenta. Aquella noche anticipaba que nada de lo que ocurriera terminaría bien. Ellenor Campbell era la mujer más bella que había conocido el día en que se perdió entre las enormes propiedades de los Maxwell. Aquellos ojos azules lo hechizaron desde el primer instante. La conoció y quedó prendado de ella sin remedio. Arthur siempre había sido un hombre que apreciaba la sinceridad y dejaba de lado los prejuicios, de modo que, guiándose por lo que sus ojos le transmitían, mantuvo una relación con ella sin revelar jamás su verdadero nombre ni su posición. La distinguida dama, por su parte, no parecía interesada en el estatus social, y ambos, o al menos eso creyó Arthur, se enamoraron profundamente el uno del otro sin importar rangos ni títulos. Lamentablemente, nunca llegó a conocer a su amada por dentro. Podía tener unos labios que incitaban a ser besados, pero guardaba un alma tan oscura que, de haber vislumbrado esa faceta el primer día, o si tan solo ella hubiera sido un poco más transparente, habría deseado no volver a mirarla nunca. Para su desgracia, incluso en la traición ella fue cobarde: no fue capaz de decirle en la cara aquel horrible contenido que terminó escribiendo en papel. "Tú siempre serás lo que eres. Fuiste tremendamente iluso, o demasiado necio como para imaginar que una señorita respetable y de alta alcurnia se enamoraría de alguien que no posee ni una sola libra. Jamás cambiaría mis largos y ostentosos vestidos por telas miserables, ni mucho menos confinaría mi existencia a permanecer al lado de un hombre de tu condición por la vana ilusión del amor. Fue divertido. Disfruté estar a tu lado observando cómo me adulabas como a una diosa mientras yo te tomaba como mi entretenimiento. Un hombre sin estatus ni poder no vale nada. Me arrepiento de haber pasado tantas noches contigo; fuiste un gran amante, pero demasiado humilde como para mirarte como algo más. Mi vida está destinada al lujo y a la ostentosidad. Detestaría abandonar mi hogar por una residencia de menor clase. Me casaré. Con un Lord, no diré el título porque estoy segura de que no lo conoces. Un hombre de noble cuna me ha brindado amor, dinero, poder y un estatus muy por encima del que tú jamás podrías ofrecerme. Te escribo de esta manera porque no desearía que alguien más jugara contigo. No te preocupes, encontraré la forma de ocultar que he dormido contigo, aunque tampoco es que valgas demasiado la pena como para ser llamado 'el primero en mi vida'. Fuiste nada y seguirás siendo nada." A medida que aquellas líneas se repetían en su mente, cada una más degradante que la anterior, el orgullo de aquel hombre quedaba hecho añicos. Para alguien de su verdadero estatus, semejante humillación era algo que jamás habría podido anticipar. ¿Un Lord? ¿Qué era un barón comparado con un duque? Nada. Absolutamente nada. Era la imagen viva de un hombre herido hasta los huesos, y su reacción no era para menos: su amada lo había rechazado, estaba a punto de casarse con otro y él no podía hacer nada al respecto. No podía presentarse ante ella y revelarle su verdadera identidad porque, a pesar de ostentar el título de duque, debía respetar las etiquetas propias de las Ladys. Confesar su amor era confesar todo lo demás. No le cabía duda de que, al conocer la verdad, ella se arrepentiría, pero Arthur no deseaba eso. Deseaba olvidarla, y solo conocía una manera de lograrlo con rapidez. Llegó como pudo hasta la caja de metal que escondía bajo un estante. De su interior extrajo un arma. No dudó ni un instante en apuntarla directamente a su cabeza. Su respiración se agitó al notar el cañón posicionarse contra su sien. Temblaba, y el alcohol no hacía sino acentuar su quebranto. Un hombre ebrio es capaz de cometer las peores insensateces; su conciencia, su cordura, todo quedaba opacado por el licor. El duque de Edimburgo era ahora un hombre cegado por el dolor, un dolor que no cesaba de invadir su pecho y que estaba dispuesto a silenciar de una vez y para siempre. No deseaba nada más que morir, y con ello matar el amor que sentía por aquella ingrata y cruel mujer. —Perdón, hermano —susurró casi entre dientes, pensando en que posiblemente su hermano jamás le perdonaría dejarlo solo, y mucho menos con una carga tan pesada como el ducado, que nunca deseó para él—. ¡Con mi muerte se irá el dolor, y la muerte misma consumirá el amor que algún día te tuve! Un trueno fue lo último que se escuchó antes de que el cuerpo inerte de Arthur Maxwell cayera al suelo. Se convulsionó levemente cuando la bala del revólver le traspasó la cabeza y, durante unos breves segundos, luchó por tomar aire antes de exhalar su último aliento en el mundo terrenal. No tardaron más de dos minutos en que su cuerpo se tornara completamente blanco, pálido, sin vida.

editor-pick
Dreame - ขวัญใจบรรณาธิการ

bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
61.0K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
15.7K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
224.1K
bc

el amor lo cura todo

read
2.3K
bc

Domando al Amor

read
6.8K
bc

Tras Mi Divorcio

read
577.8K
bc

DIVORCIADA: MI EX-MARIDO ME QUIERE DE VUELTA

read
6.3K

สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook