5. Juego de guerra.

2455 Words
5. Juego de guerra. Mi hermano Ethan había sido el amable que había decido despertarme. Aquí los detalles. Mi mañana inició algo así: —¡Sheidy, Sheidy, Sheidy! —gritó él desde el piso de abajo logrando que abriera mis ojos de golpe, extrañada porque Ethan estuviera gritándome tan temprano—. ¡Me quemo! ¡Me quemo! ¡Se quema! ¡Ayuda! No sabía lo que pasaba, pero de inmediato me puse de pie, dispuesta a correr y ayudar a mi hermano menor, pero en vez de eso, el tratar de correr, me resbalé y caí de trasero. Solté un quejido y me giré para ver lo que había pasado. Mi hermano menor se estaba carcajeando de mí porque había caído en su truco malvado del piso encerado. Cuando logré levantarme, me vi en el espejo y vi que tenía un espantoso corte de cabello disparejo del lado izquierdo. Fulminé a Ethan con la mirada, gateé hasta mis pantuflas, me las puse y empecé a corretear a mi hermano por toda la casa con un sartén en mano. Después, fui hasta su habitación y le di unos sartenazos a su consola de videojuegos. Él palideció y me lanzó una mirada fulminante, pero yo sólo sonreí y pude volver a correr, pero no mucho como para darme cuenta que Ethan había lanzado al suelo mi colección de esferas de distintas partes del mundo, que había tardado dos años en conseguir. —Upss —dijo él y salió corriendo. Así fue mi mañana, hasta que papá se levantó enojado y nos regañó y luego nos mandó a desayunar y a arreglarnos para la escuela. —Tu hermano parece malévolo —comenta Cindy cuanto termino de contarle la historia de mi mañana del martes. —Algunas veces se porta como la persona más tierna del mundo, y otras ¡puff! Aparece un niño malévolo que me dan ganas de mandar a Panem para que se lo coma un muto —Cindy suelta una carcajada con mis palabras y abre las puertas del instituto. Lo primero que veo sobre las paredes son carteles de "¡Vamos, equipo Llamas!" "¡Las Llamas ganarán!". No entiendo mucho y Cindy parece darse cuenta de eso, porque se gira hacia mí y me sonríe antes de posar una mano sobre mi hombro. —Es el partido del viernes. Las Llamas de Paint High contra los Pumas de Woodlestey High —Cindy rueda los ojos y suspira—. Claro que los rojos nunca podemos ir a esos partidos a menos que seas de esos que los azules obligan a ir para que les den botella de agua o cosas por el estilo. —¿Pero te gustaría ir? —pregunto como quien no quiere la cosa. A mí, a diferencia de muchas chicas, me gustan los deportes. Es decir, no los aborrezco. Juego fútbol —pero no el americano—, béisbol y también soy buena sobre ruedas. Así que tampoco me molesta ir a ver los partidos de fútbol, aunque sea fútbol americano. —Claro que sí —ella asiente—. Siempre he querido ver un partido de fútbol de las Llamas, pero tú sabes que no nos dejan —rueda los ojos y yo me limito a quedarme en silencio mientras pienso. —¿Crees que Jordan, Kara y David quieran ir? —me giro a ella con ambas cejas alzadas. —Sí, seguro —vuelve a asentir y camina hasta su casillero. Me llama la atención el hecho de que, así como las mesas, los casilleros también están pintados de dos colores, rojos y azules. Lógicamente, el casillero de Cindy, los demás y yo somos de color rojo—. Jordan juega fútbol americano, bueno, jugaba. Cuando pasó a rojo lo sacaron del equipo. —No me molesto en decir que eso es una injusticia, porque tanto como Cindy y yo sabemos eso a la perfección, pero no porque lo gritemos, se arreglarán las cosas—. Kara tiene dos hermanos mayores y vive sin mamá, básicamente creció con eso en las venas. Y David, David siempre va a donde nosotros vayamos. Es el amigo fiel —Cindy suelta una carcajada y yo me limito a reírme levemente. —Entonces iremos —afirmo. Cindy se gira para verme con los ojos abiertos como platos. —No se puede, Shey, no se puede —chasque la lengua y mueve su dedo índice frente a mí en negación—. Si eres rojo no puedes entrar a esos juegos. —Ya veremos si no. —Alzo la mirada—. Tú alístate el viernes para el partido, yo me aseguraré de que entremos. A pesar de que sé que Cindy tiene sus dudas, deja de discutirlo y me sonríe satisfactoriamente. Vemos que Kara se acerca mientras masca un chicle. —Hey, hola —saluda ella abriendo su casillero, que está a dos del de Cindy—. ¿De qué hablaban? —pregunta sin mucho interés en realidad. —De que Sheidy ha prometido que nos meterá al partido del viernes —la chica a mi lado se cruza de brazos con sus libros en mano y sonríe. Kara deja de sacar los suyos y gira su rostro hacia mí. —¿Eso es cierto? —alza una ceja. —Tengo ganas de ver ese partido, haré todo lo posible para que entremos —asiento con decisión. Kara no discute nada y se limita a sonreír de lado y apoyarse en el casillero. —Increíble—murmura—. Me agradas, chica nueva. La sonrisa en mis labios es inevitable. —Por cierto —Kara cierra su casillero—. Vi que subiste al auto de Jordan ayer, vaya. —Alza ambas cejas coquetamente, como si él y yo nos hubiéramos besado ayer. Ruedo los ojos. —¿En serio? —A Cindy se le iluminan los ojos y bajo la cabeza. —Sí, mi mamá no pudo venir a recogerme —respondo, esperando que eso sea lo único que me pregunten. —¿Y te llevó a tu casa? —pregunta Kara. —No —murmuro. Por más que quiera, no soy una chica que dice mentiras, es mi ética. Y tampoco me vengan con que "es una mentira piadosa" es una mentira igual. Simplemente, digo la verdad y ya. —¿Adónde fueron, entonces? —Kara cuestiona de nuevo. —Por ahí —hago una seña con mi mano derecha, indicando que no es la gran cosa, pero d todas formas, Cindy y Kara me miran con atención. —Pero... —Cindy se ve interrumpida por la campana. —Oh, vaya, será mejor que me vaya a mi clase de deportes —sonrío y sacudo mi mano en modo de despedida, para luego salir corriendo hacia el pasillo izquierdo. —¡Shey! —grita Kara detrás de mí. Me detengo y me giro—. ¡El gimnasio es por allá! —señala el lado contrario por el que iba. Me quiero hacer un facepalm, pero mejor sonrío ocultando mis nervios cuando paso a su lado. —Sí, lo sabía, estaba probando para ver si me prestaban atención —trato de excusarme y desaparezco por el pasillo que me indicaron que sí iba al gimnasio. . . . Al parecer, compartía deportes con mi buen amigo Jordan y con David. Casi no había hablado con este último y bueno, tampoco hubiera hablado mucho con Jordan de no haber sido porque fuimos juntos a la casa de Levi. —Hey, Shey —me saluda Jordan una vez termino de cambiarme y aparezco por el gimnasio. El uniforme es algo incómodo, pero me acostumbro. De nada servirá que refunfuñe en mi interior. Shorts —que casualmente son rojos— y una blusa blanca con las Llamas de la escuela en el lado superior izquierdo. Había recogido mi cabello en una coleta improvisada, porque lo había traído suelto por la mañana. —Hola, Jordan —le sonrío y me agacho para abrocharme bien los cordondes de mis converse. —No he podido dejar de pensar en lo que nos dijo la abuela ayer —confiesa él de pronto. La verdad es que yo tampoco, pero me había hecho a la idea de que no iba a saber nada a menos que la volviera a ver, y no tenía idea de cuándo sería eso, por lo que preferí sacármelo de la cabeza. —¿De verdad? —Sí, incluso traté de investigar en la biblioteca de MI abuela. —Esas palabras llaman mi atención y de inmediato levanto la mirada, con las dudas recorriéndome el rostro a la espera de que Jordan decida explicarse. —¡Bueno, jóvenes! —Todos nos giramos hacia el entrenador. Es un señor joven, fuerte y musculoso, con rasgos definidos. Para su edad, puede ser hasta guapo para una señora. Veo que los del equipo de fútbol están a su alrededor y las porristas se ríen de todo lo que dice, así que quiero asumir que ese maestro también vino a esta escuela y por lo que parece, fue un orgulloso azul toda su estancia en este lugar. —Vamos a tener un amistoso partido de quemados—él mira a los del equipo de fútbol y suelta una desagradable carcajada burlona—. Aunque ustedes saben lo que significa "amistoso" en este gimnasio —las porristas sueltan su risa fresa que acuchilla mis oídos. Nunca creí que en la vida real se rieran así, de hecho, no creo que sea posible que un ser humano se ría así. Quiero pensar que muchas de las porristas, fingen esa risa. —Divídanse en rojos y azules, ¡ya! —ordena y en un abrir y cerrar de ojos, todos están divididos en lo que ordenó el profesor. Las porristas y los jugadores de fútbol americano tienen sonrisas prepotentes en sus rostros y los rojos están cabizbajos. —Aquí vamos de nuevo —suspira David a mi lado derecho. Me giro hacia él. —¿A qué te refieres? —Los azules suelen dejarle hasta moretones a los rojos, que sólo andamos cabizbajos por toda la cancha tratando de huir de la pelota —resopla de nuevo el de cabello n***o—. El único que logra eliminar a veces a unos cuantos azules es Jordan —señala al rubio que parece estar distraído viendo la pelota—, pero también debe ser agotador para él. Asiento. —Pues esta vez no será así —afirmo. Me pongo en medio de la cancha para que el entrenador me note—. Entrenador, necesito tiempo para decirle algo a mi equipo. —Vaya, una roja con carácter —él se ríe y eso me provoca un escalofrío—. Reúnete, será divertido ver cómo pierden a pesar de tu optimismo. Aunque los azules se quejan con el hombre, las ignoro y camino hacia mi equipo. Los rojos se han puesto a mi alrededor sin que tuviera que decírselos, sé que han escuchado lo que le dije al entrenador. Por primera vez, veo que los rojos alzan la mirada y puedo verlos a los ojos. Sonrío. —Bien, sé que apenas es mi segundo día en esta escuela y que no sé mucho de cómo se manejan los azules y los rojos, pero —alzo el dedo índice y señalo a los azules que se están burlando de nosotros— sé que ustedes también están hartos de ellos, de los azules, de sus burlas. Y es que están mal. No porque no seamos porristas o jueguemos cierto deporte, somos menos y deberíamos ser degradados. Así que, por favor, no bajen la mirada, estén atentos a las pelotas y trate de esquivarlas, ¿de acuerdo? Mis improvisadas palabras parecen haberlos alentado, porque de alguna manera todos asienten y me dan medias sonrisas. —Está bien. Yo seré el que atrape la pelota para lanzarla a el otro equipo —dice Jordan y no se lo discuto. Ya me lo esperaba de alguna manera—, pero se necesitarán más lanzadores. Alzo la mirada extrañada hacia Jordan porque no recordaba que eso se hiciera en los quemados normalmente. —En Paint High todo se pude, Shey —me explica en voz baja David—. Aquí los quemados son distintos. Todos pueden lanzar y eliminar. Asiento y no pregunto nada más. —Bueno, ¿quiénes son buenos lanzadores? —pregunta Jordan. Sé que son rojos, pero muchos ocultan muchas habilidades por temor a la burla. De los veinte que estamos en el equipo, ocho levantan la manom incluyéndome, porque a pesar de todo no soy un desastre lanzando—. Entonces ustedes tendrán que tratar de atrapar la pelota conmigo para lanzarla a los azules. Lancen con fuerza, es nuestra venganza —sonrío y veo que muchos de los demás rojos lo hacen. Entiendo que Jordan vendría siendo algo como el capitán de los lanzadores. —Los demás sigan a David —ordena Jordan. David asiente—. Él es bueno esquivando y corriendo. —Tengan la mirada arriba y traten con todas sus fuerzas de esquivar la pelota —tomo aire para decir lo siguiente—. Este es nuestro juego de guerra, podemos vencerlos. Después de eso, Jordan hace una seña hacia el entrenador, quien se ríe y suena el silbato. El juego de guerra ha empezado. La guerra ha iniciado. Los azules son los que se apoderan de la pelota. Es cuando me doy cuenta que Hunter y Sharpay se encuentra en el equipo contrario, realmente no les había prestado atención. Hunter es quien toma la pelota color blanco y la lanza directamente hacia mi lado. Logro esquivar el golpe y detrás de mí, una chica que identifico como Lilah la atrapa. Ella la lanza con energía y una sonrisa en sus labios. Su lanzamiento es casi perfecto y logra sacar a una porrista de cabello castaño oscuro. Los rojos festejan y los azules parecen estupefactos por el logro de una roja. De hecho, los azules parecen hasta molestos. Sharpay toma la pelota blanca y la lanza con todas sus fuerzas y un ceño fruncido al lado izquierdo, donde se encontraban alrededor de seis rojos. Los seis logran esquivar la pelota. De nuevo, los azules parecen molestos por el fallo. Corro por la pelota y la lanzo hacia el equipo contrario, con dirección directa hacia Sharpay. Ella es lista y veloz, así que la logra esquivar apenas. La pelota pasa rozando, la azul que estaba detrás de ella, no es lo mismo, así que la pelota termina impactándola a ella. Los rojos ya han sacado a dos azules, y los azules por otro lado, no han logrado nada. —¡¿Qué les pasa?! —grita el entrenador hacia el equipo azul. Hunter se pasa la mano por el cabello y nos lanza una mirada furtiva a mí y a Jordan—. ¡¿Por qué están jugando tan mal?! —Los rojos nunca habían jugado así, entrenador —se queja Sharpay con una mueca. El entrenador rueda los ojos. —No me importa, tienen que jugar mejor, ¿me oyen? —Hunter se interpone entre el entrenador y Sharpay. —Lo haremos —masculla él. Vuelven a sus lugares. Hunter toma la pelota y la lanza. Este es un buen lanzamiento de su parte y logra sacar a una chica que no logró esquivar la pelota. Le sonrío a la chica para que se dé cuenta que está bien, no pasa nada. Ella sale de la cancha. —En estos momentos estás cavando tu propia tumba, Sheidy —dice Hunter y entonces lanza la pelota justo a mi cara. Luego todo se vuelve n***o.
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