Bajo la sabanas de mi hermanastroUpdated at Mar 27, 2026, 19:49
En el corazón de Argosía, las leyes de los hombres son tan rígidas como el mármol, pero la sangre que corre por las venas de Eris es puro fuego. Con solo 20 años y una melena roja que parece arder bajo el sol griego, Eris sabe que su mayor peligro no son los enemigos de su padre, sino su hermanastro, Damon. Él es el guerrero perfecto, frío y letal, destinado a proteger un linaje que no le pertenece por nacimiento, pero que desea por instinto.
Lo que comenzó como una rivalidad silenciosa en los pasillos del palacio se ha convertido en una obsesión oscura. Bajo el techo del Arconte, el deseo es un sacrilegio y la entrega es una traición. Pero cuando las sombras caen sobre los jardines de marfil, las túnicas sobran y las leyes se olvidan.
El Encuentro en el Templo Privado
Damon la tenía acorralada contra la fría pared de piedra, sus manos grandes apretando los muslos de Eris mientras la levantaba sin esfuerzo. El contraste entre la piel pálida de ella y la fuerza bruta de su hermanastro era casi insoportable.
—¿Sabes lo que pasaría si tu padre nos encontrara así, pequeña llama? —gruñó Damon, su voz resonando en el pecho de Eris mientras su polla, rígida y enorme, golpeaba contra la entrada de ella.
—Me importa un carajo mi padre, Damon —jadeó Eris, envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de él, sintiendo cómo su propia humedad empapaba la piel del guerrero—. Solo métela de una vez. Sé que te mueres por romperme.
Damon soltó una risa ronca, su mirada gris cargada de una lujuria salvaje. Sin previo aviso, se hundió en ella de una sola estocada, llenándola por completo y arrancándole un grito que se perdió en el eco del templo.
—Joder, Eris... estás tan caliente. Tu coño me está apretando como si nunca hubiera sentido nada igual —dijo él, empezando a embestirla con una violencia rítmica que la hacía estremecerse.
—¡Ahí, justo ahí! —chilló ella, echando la cabeza hacia atrás, con su cabello rojo cayendo como una cascada—. ¡Eres un animal, Damon! ¡Fóllame como si fueras a reclamar cada centímetro de mi cuerpo!
—No te preocupes, nena —respondió él, aumentando la velocidad hasta que el sonido de sus cuerpos chocando fue lo único que quedó—. Cuando termine contigo, vas a olvidar que somos familia. Solo vas a recordar el tamaño de mi polla dentro de ti