Sobre HieloUpdated at Jun 1, 2025, 19:31
El frío de la pista se filtraba a través de los patines de Amara Taylor, intenso y familiar, aterrizándola en la soledad del entrenamiento matutino. La pista seguía oscura, iluminada únicamente por las tenues luces fluorescentes y el tenue destello del hielo bajo ella. Se detuvo al borde de la pista, recuperando el aliento mientras su mirada se perdía en las filas de asientos vacíos. Este era su momento favorito del día, un espacio tranquilo donde el peso de sus sueños no se sentía tan pesado, donde su única competidora era ella misma.
Cerró los ojos, respirando el aire gélido, el tenue olor a metal y agua congelada. En su mente, ya podía ver los destellos de las cámaras, las luces y los rostros absortos de la multitud que observaba cada uno de sus movimientos. Pero en realidad, el viaje había sido solitario, sus éxitos eclipsados por el sacrificio constante, las dudas y las heridas que nunca parecían desaparecer. A pesar de todo el esfuerzo, aún estaba muy lejos del reconocimiento que ansiaba, la chispa que finalmente la haría volar.
Con un movimiento rápido e instintivo, se impulsó desde el borde, deslizándose hacia su rutina. El mundo se desvaneció al saltar en un triple axel perfecto, su cuerpo, una imagen borrosa de control y desafío en el aire. Pero al aterrizar, su patín se topó con una irregularidad en el hielo. Tropezó, y la perfección se hizo añicos en un instante. Su rodilla golpeó el hielo y un dolor intenso le recorrió la pierna. Cerró los ojos, apretando los dientes ante la frustración y la humillación.
En ese momento, el suave aplauso de las manos resonó en los asientos vacíos.
Giró la cabeza de golpe, sobresaltada, con el corazón aún acelerado por la caída. Un hombre al que no había visto antes estaba de pie justo en la entrada de la pista, observándola atentamente. Vestía un traje elegante, impecable y elegante, con una seguridad que destacaba incluso en la sombra. Lo reconoció al instante por las portadas de revistas y los titulares: Liam Blackwell, el magnate que había construido su imperio desde cero. Era uno de los hombres más ricos de la ciudad, conocido tanto por su mente estratégica como por su privacidad cuidadosamente protegida.
"¿Qué quieres?" llamó, con una voz más defensiva de lo que pretendía.
El hombre dio un paso al frente, con expresión indescifrable. "Solo quería decir... que fue impresionante", dijo con voz tranquila y pausada.
"¿Caer?", replicó ella, más por vergüenza que por cualquier otra cosa.
"Levantarse de nuevo." Inclinó la cabeza, sin apartar la mirada. "Cualquiera puede caerse, pero levantarse requiere agallas."
Frunció el ceño, reticente a aceptar sus elogios ni la forma en que sus palabras la habían tocado. No tenía ni idea de por qué un hombre como él estaba en su consulta, ni de por qué la había estado observando. El hielo se sintió más frío bajo ella y, de repente, se sintió expuesta.
"Gracias, pero no necesito público", respondió ella, poniéndose de pie lentamente y con la rodilla palpitante.
Liam asintió levemente, con algo parecido al respeto en sus ojos. «Buena suerte, Amara Taylor. Algo me dice que la necesitarás».
Sin decir otra palabra, se dio la vuelta y se alejó, dejándola sola una vez más en la quietud de la pista.
Amara lo vio irse, con la mente llena de preguntas que no podía responder. No tenía ni idea de que este desconocido, este refinado y poderoso hombre de negocios, pronto se convertiría en parte de su vida de maneras que ni siquiera podía imaginar. Tampoco sabía que él también sentía una soledad que el dinero no podía borrar, y que ambos estaban en una situación delicada, mucho más cerca el uno del otro de lo que creían.