PROBEMOS ESOActualizado el Dec 13, 2025, 10:53
—No sé a qué estás jugando, pero si crees que con eso vas a lograr algo… estás equivocada.
Molly sonríe como si nada le afectara, aunque por dentro esté hecha un desastre.
—¿Jugar? —ríe bajo, casi burlona—. Xavier, mi amor, si esto fuera un juego… tú ya habrías perdido. Y no intentaba lograr nada, pero curioso, ¿no? Así sí reaccionas. Mucho más que cuando me esforzaba por agradarte.
Él aprieta la mandíbula.
—No es gracioso. Detente. Todos se están dando cuenta de tus… preferencias.
—¿Y qué más da? —susurra ella, acercándose provocadoramente—. ¿Te molesta que los demás imaginen lo que hago cuando escuchan mis gemidos?
El se queda helado.
—Eso no—
Molly ladea la cabeza, con esa sonrisa que siempre lo desarma y al mismo tiempo lo enfurece.
—¿O te molesta que no seas tú quien los provoca? ¿Te da celos que alguien más tenga lo que tú tiraste como si no valiera nada? ¿Sientes rabia porque dejé de esperarte?
El silencio pesa como acero entre ambos.
Xavier la mira como si quisiera gritarle, besarla o arrancarle esa sonrisa de los labios.
Todo al mismo tiempo.
—…
—Déjame en paz. Tengo cosas que hacer.
—E–espera—
Pero ya es tarde.
La puerta se cierra con un golpe amargo.
Del otro lado, Molly se derrumba. Las piernas ya no le sostienen. El corazón le late como si quisiera escaparse de su pecho. Desde hace años está enamorada de Xavier, pero amarle solo ha sido una herida abierta que nunca cierra.
Ella fue la que se quedó.
La que lo acompañó.
La que lo quiso incluso cuando él no la quería de vuelta.
Pero Xavier siempre dejó claro que no eran nada.
“Solo amigos”.
Amigos que se besaban en la oscuridad cuando nadie los veía.
Amigos que se buscaban con hambre cuando el mundo les dolía.
Amigos que cruzaron una línea tan delgada que se convirtió en un abismo.
Molly le dio su cuerpo, su tiempo, su cariño…
Él le dio excusas, silencio y la ilusión de algo que nunca tuvo intención de cumplir.
Y ahora que Molly intenta rehacer su vida, ahora que alguien más la hace gemir, reír y olvidar…
Xavier arde.
No de amor declarado, sino de ese odio celoso y desesperado que nace cuando pierdes algo que creíste tener siempre asegurado.
Ella intenta seguir adelante.
Él intenta seguir fingiendo.
Y entre ambos, queda ese “algo” que no es amor, pero tampoco ha muerto; que no es odio, pero duele como si lo fuera.
Una historia donde querer a alguien puede ser lo más dulce y lo más destructivo al mismo tiempo.
Donde dos personas tan rotas se atraen como imanes… aunque se lastimen cada vez que se tocan.
¿Y si esta vez… lo intentan de verdad?
¿O es demasiado tarde para que dejar de fingir deje de doler?