8 de Junio, 2017
Querida Moon...
Han pasado dos semanas desde que llegué a casa de Tada.
Estoy rodeada de personas pero se siente como si algo faltara. Y no puedo dejar de preguntarme: ¿Qué es?
Quizá una sonrisa específica.
Una palabra de aliento de unos labios que ya no pueden hablar.
O una pizca de culpa.
No lo sé, Moon. Me siento vacía en algún lugar. Y es frustrante. Y es contradictorio.
Pues algo en ese vacío se retuerce de dolor. Y nunca he sabido como calmar sus sollozos. Quizá por eso dejé de intentarlo.
Y sé que estoy siendo problemática. Pero sencillamente no puedo evitarlo. Y es que... ¿qué tiene de malo?
¿Qué daño puede hacerme que camine de puntillas al filo del abismo?
¿Que quiera gritar en medio del silencio?
¿O que quiera hacerme daño en cada pesadilla que me atormenta por la noche?
Me atormentan los recuerdos.
Me lastiman los sueños que se rompieron mucho antes de que empezara a tenerlos.
Y quizá por eso nadie me juzga cuando lo único que quiero hacer es llorar y darme de golpe contra las paredes.
Aunque lo segundo no lo he hecho aún. Tadaline no me lo permitiría.
Podría decir que muchas cosas influyen en mi comportamiento inestable. Pero no sabría decir cuál de esos factores encabeza la pirámide.
Cuando me entregaron el cuerpo de mi madre, Esme me alentó a decir unas palabras antes de que su cuerpo fuese engullido por las fauces de una tumba oscura.
Mi madre odiaba la oscuridad.
Mis únicas palabras fueron:
— Lo siento.
¿Y sabes, Moon? Sigo sin saber exactamente qué es lo que lamento. Quizá una de las dos debía disculparse en algún momento.
Y como siempre debía ser yo.
Supongo que lo que realmente lamentaba, aunque no fuese así, era que sentí alivio en lugar de pesar.
Y aun cuando me he tomado mis lágrimas, sólo para darme el exquisito placer de volver a derramarlas, puedo decir que siento alivio.
Supongo que estoy bien.
Pero ¿acaso no dicen que el planeta está bien, aún cuando está infestado de lamentos, corrupción y guerras? Es una forma distorcionada de decir "estoy bien". Es como esbozar una sonrisa a medias, no llega a tus ojos pero permanece allí.
Tadaline suele quejarse porque no como demasiado. Pero es lo único a lo que le pone peros.
Cuando la despierto con mis gritos por las noches me acuna en sus brazos. Y no dice nada hasta que me vuelvo a dormir.
Cuando me rehúso a salir de la casa o siquiera dejar la habitación sólo dice:
—Quizá luego.
O...
—Comeremos aquí abajo.
Ella observa, analiza y calla. Sé qué lamenta mi pérdida. Esme incluso lo comprende. Ella acepta que quizá me sienta demasiado inestable como para salir de casa. Como para ir al instituto.
Mi nueva madre adoptiva (Y tía falsa) también se encargó de eso.
"Esme tiene un lugar especial en mi marchito corazón". Si fuese poeta, eso es lo que diría. Pero yo simplemente estoy agradecida.
Y por eso he decidido que debo lidiar con mis frustraciones fuera de casa. Lo quiera o no.
Debo regresar al instituto. También seguir con mi vida como si nada hubiese pasado. Y pienso que también debería regresar a mi trabajo. Es un buen paso.
Ah, y olvidé mencionar, Moon. Que Garret, mi amable jefe, es el prometido de la tía de Tada. Esme.
Sí, yo estoy tan conmocionada como tú, Moon.
Fue un giro inesperado, pero bastante conveniente. Él consintió que me ausentara en el trabajo el tiempo que necesitara.
Pero ya no puedo seguir aprovechandome de su bondad.
Así que, para resumir, conocí a Garret por segunda vez en la mesa a la que ahora formo parte. Fue agradable. Sobre todo porque no había ni una pizca de conmiseración en su mirada.
Fue refrescante por un segundo.
Pero ya ha pasado mucho de eso. Es momento de salir a escena.
Al menos debo intentarlo, pues Esme quiere enviarme con algún Psicólogo. Y es algo que no debo permitirme.
Me impacta lo rápido que ella decidió asumir un papel que ella misma se otorgó. A pesar de todo no me quejo.
Por eso se lo prometí a Tada. Que mi vida debía seguir. Quizá dos semanas fueron suficiente. Se lo prometí ayer por la noche, antes de irnos a dormir.
Y lo volví a prometer a Adrien, quien se ha convertido en la sombra de un chico muerto que formó parte de mi vida...
Y me temo que eso no es algo bueno.
Me encanta Adrien siendo él. Su personalidad. Sus ojos. La forma en la que sus brazos me envuelven.
Pero sencillamente ellos son similares.
Y no sé por cuál estoy más perdida.
Si por el recuerdo hueco.
O por el presente borroso.
No lo sé.
Adrien a veces se ausenta por días, y luego regresa como si nada. Él sigue lidiando con sus problemas familiares. Y yo sigo sin saber cuáles son.
Quizá no es un tema que sea de mi incumbencia. Pero igual no puedo dejar de sentirme curiosa.
Supongo que siempre van a rodearme los misterios.
Misterios como los de Adrien.
Misterios como los de Tada.
¿Que tanto tenemos ella y yo en común? No puedo evitar preguntarme.
Tadaline tiene o tenía una hermana. Eso fue lo que entendí luego de una tensa conversación a la hora de la cena. Un simple comentario que quedó flotando en el aire, como el humo de un incendio que se te mete por la naríz.
—A Steph, le habría encantado conocerte Romina. Aunque ya no se podrá —los músculos de Tada, sentada a mi lado se contrajeron y dejando caer estrepitosamente su tenedor salió rápidamente de la cocina.
—Necesito aire fresco.
Y abandonó la casa. No sé donde estuvo esa noche, pero regresó exactamente a la hora de dormir.
Quise preguntar, me vi tentada, pero no le haría algo como eso. No cuando ella ha respetado mis gritos y mi silencio.
Y yo aún me pregunto: ¿Quién es, Steph?
O quizá, ¿quién fue?
¿Quién sabe? Sólo sé que mañana será el gran día. Empezaré de cero. Yo sé que puedo.
O al menos eso quiero creer.
Para siempre tuya...
Romina