MINHO (Mou)
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—Ya, no sean tan molestos.
—Pero es la fiesta de celebración por el mv, no puedes quedarte durmiendo. Además, hay que aprovechar la ínfima libertad que hoy tenemos, nadie sabe que estamos aquí.
—¡Qué libertad, ni qué mierda! Divertidísimo, siempre las mismas caras. Los amo y me la paso súper, pero una fiesta entre nosotros y la gente del staff, no es precisamente lo que yo entiendo por libertad. Nunca una cara nueva, jamás podremos bailar con chicas reales, mucho menos tener amigos que no sean del medio. Eso no es libertad. Además, con todos los problemas que tenemos en casa, creo que no estamos para fiestas.
Me enoja cuando Mun se conforma y pretende que los demás actuemos de la misma manera. Encima, me tiene de mal humor este molesto dolor en mi hombro, ya me está hartando. Fueron muchas las horas de trabajo sin cesar y eso ha repercutido de lleno en mi lesión.
Aunque me opongo y pataleo, termino cediendo a las peticiones de mis amigos, al fin y al cabo, quieren festejar todos juntos para así, al menos, entre todos levantar el ánimo de Namhyun, que es quien está peor de todos nosotros. Terminaré como casi siempre, codeado a la barra con un trago en mi mano, sin nada interesante que ver, o dormido en algún sillón.
Una vez que nos terminamos de arreglar todos, nos subimos en las camionetas y partimos al dichoso lugar.
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00:35 HS, SÁBADO
Las luces tenues y los reflejos de la bola de disco ambientan lo que yo llamo un enorme bar vacío. Vamos, es que no entiendo el afán de alquilar un local de esta magnitud para, no sé, ¿30 personas? Innecesario.
Se habla del DJ, dicen que es excelente y a mí por lo que escucho, no me da a nada especial.
—Pidamos algo para beber…
—Contrólate, Minjim. No termines enredado con ninguna del staff, que luego las corren por un polvo contigo.
—No me jodas, Min, tú y tu mal humor… Ten, bebe. Y en todo caso, eso es algo que dejé de hacer hace mucho tiempo.
Ahí me quedo acodado, como lo predije, a la barra con un shop en la mano y un pocillo de maní.
Diviso al grupo y todos se encuentran en algo, bailan, ríen, conversan, pero siempre con las mismas personas.
Tres cervezas me alcanzan para querer instalarme en el baño de caballeros, mi vejiga revienta. Me escabullo entre la poca luminosidad del antro para dar con la puerta con el sombrerito dibujada en ella. Es lo que distingo, aunque a estas alturas, ya entiendo esa palabra en español, al igual que “DAMAS” o “ELLAS”.
De regreso, me pido una cerveza más y para cuando me la entregan, me pongo de frente a la pista apoyando ambos codos en la barra y sonrío. Observo a mis amigos y compañeros de trabajo, bajo mi brazo, el de mi hombro jodidamente doloroso, y levanto la mirada hacia donde se encuentra el dichoso DJ para darme cuenta que justo cambia la música y suena una de mis canciones. Está arreglada a electro, no hay dudas de que es un genio, se escucha realmente bien.
Muevo mi pie al ritmo e increíblemente mi cabeza se balancea al compás de lo que oyen mis oídos.
—¡Tiene buen oído el mezclador! —susurro para mí mismo curvando mis labios hacia abajo, asintiendo con la cabeza.
—¡Es increíble!
Escucho a mi lado y giro la cabeza para encontrarme con el rostro sorprendido de Choi
—Es una chica. —Continúa hablando a mi lado.
—¿Qué? No te escuché…
— Dije, es una chica, la DJ, es una chica. Y es increíble, estuve conversando con ella.
—Oh, qué bien. —Asiento varias veces, también al compás de la música.
—Deberías verla. Me mostró otros remixes con nuestras canciones, son muy buenos. ¡Es Locky!
La sonrisa enorme de mi amigo me da a entender que no me equivoco, la DJ tiene su toque y el hecho de que sea una de las nuestras le añade un plus.
Me niego un par de veces a las insistencias por ir a conocer a la señorita que nos musicaliza la noche, pero es tan persuasivo que me termina por arrastrar diciendo, “anímate, eres su bias”. No me tranquiliza, al contrario, me pone más nervioso. Sin poder emitir ni una sola palabra, a menos de un par de metros logro ver a una chica con cubrebocas detrás del atril donde descansa la laptop y una consola.
Lo primero que siento es vergüenza, no es secreto para nadie que soy bastante tímido a la hora de encontrarme con una mujer, indiferentemente a que sea Locky o no. Al acercarnos un poco más, me doy cuenta de que ella está más nerviosa que yo y eso me tranquiliza, al menos no va a ser una de esas que son muy descaradas.
Para cuando estamos a su lado, noto lo pequeña que es, y cómo titubea la mirada debatiendo si mirarme a la cara o no. Me da ternura y agrega un poco de confianza en mí mismo.
—Tatiana, él es Minho…
Noto como sonríe, la misma llega a sus ojos, los cuales se achinan en demostración, pero aún no me miran.
—¡Hola, es un placer conocerte!
Hablo de una haciendo una reverencia, el contacto físico no es lo mío y si lo puedo evitar, mejor. Para mi pesar, la mujer a mi vista levanta la mirada dirigiéndola a mi dirección, y estira la mano para estrecharla con la mía. Acepto y al hacerlo, la retiro de inmediato sintiendo algo extraño recorrerme.
Nos quedamos charlando por un buen rato y se nos une Nam a la conversación, también asombrado con su trabajo. No es que por ser mujer sea extraño, es solo que nos deja boquiabiertos su manera de mezclar los distintos ritmos y que estos queden en armonía perfecta.
La observo por unos cuantos minutos dándome cuenta de los hermosos ojos que tiene y lo natural que se ven, a pesar de llevar un mínimo maquillaje.
Es una mujer real.
Su cabello lacio, entre claro y oscuro, llegando hasta sus hombros, piel clara y radiante, es todo lo que se puede ver de su rostro. Su cuerpo ya es otra cosa, reparo en sus curvas, esas que su atuendo deja imaginar y me invitan a palpar. Lleva un jean de tiro alto, n***o, enmarcando desde su cintura hacia abajo, demostrando la acentuación en sus caderas. Arriba está cubierta por un top, que apenas deja una pequeña línea de piel de su abdomen al descubierto, y una chamarra de cuero, culminan su belleza.
El mío me pide más.
Es extraño en mí, nunca me he sentido así de atraído por alguien, no tanto como con ella, ni mucho menos tan rápido. Me encantaría poder ver ese rostro entero, está escondida detrás de la mascarilla que lleva su distinción, pero cabe mencionar que, aunque tuviera la boca extraña, el aroma que emana me tiene cautivado, y sus ojos no me sueltan. Jamás pensé que un par de ojos acapararían mi total atención.
—¿Me escuchas, Mou?
—Perdón, Nam, ¿qué decías?
—Que deberíamos denunciarla por realizar mejor que nosotros las melodías.
—Sí, claro. —No despego mis ojos de ella y no soy consciente de lo que me están hablando en realidad.
—Ok, acompáñame…
Siento ser jalado hacia un costado por parte de Namhyun, quien cuando estamos un poco alejados pega su boca a mi oído para demandar…
—Al menos disimula, ¿no? Parece que jamás has visto a una mujer en tu vida.
—Como esa mujer, no creo haber visto. Lamento ser tan evidente, pero… ¿Tú viste el cuerpo que se carga?
—Sí, tengo un par de ojos al igual que tú, pero respeto a mi mujer y me enseñaron a no ser imprudente…
—No lo puedo evitar…
—No me interrumpas y haz el favor de ser más recatado, no la desnudes frente a todos.
—Exagerado, además ¿de qué te quejas? Aprendimos del mejor. —Ambos reímos.
—¿Qué te traes, Min? —Llega a nosotros Mun, con su risa escandalosa—. No querías salir de la habitación y llegaste queriendo matar con la mirada a alguien, pero de la nada te comportas como perro con dos colas.
—Su felicidad tiene bragas —comenta el moreno y me alegra que al menos nos esté hablando, aunque en su rostro se refleja la tristeza y el cansancio.
—¡Oooouuuhh! ¿La chiquita detrás de la consola?
Nam asiente y yo, inevitablemente, me pongo serio. No me agrada que todos sepan lo que me atrae, no es secreto que les encanta burlarse de todo, como tampoco, que suelo ser muy reservado.
Me alejo de mis tontos amigos, al menos esta noche me soltaría un poco y entablar una charla con la desconocida no es mala idea. Me acerco a ella con un par de cervezas en mis manos, dándome cuenta que lo de la charla no fue buena idea. Taty, así entendí que le dicen, como puede me comunica que no domina bien el inglés, yo tampoco, y no habla nada de coreano. ¡Qué suerte la mía!
Pasando un par de tropiezos en el intento de conversación que mantenemos, le pido que hagamos música juntos. Ella me enseña cómo utilizar la consola y, aunque ya lo sé de memoria, le presto atención como si no lo supiera. Hay que ser caballero.
La observo con insistencia, muero por jalar el cubrebocas y verla por completo, pero debo contenerme. Tal vez es de esas personas que malinterpretan y terminaría denunciado como aquella vez con Jihee, cuando sin querer, por error en un programa, toque su pierna. ¡Ni que fuera la gran cosa como para acusarme de abusador!
De la nada saca el teléfono y la veo, me quedo mudo, con la boca entreabierta al ver la foto de su rostro en la pantalla, es hermosa, también observo que la acompaña un pequeño niño. ¿Será su hijo?
Como puedo le pregunto.
—¿Eres madre? —Hay cosas básicas que sé decir en inglés.
—No, no. Es el hijo de mi amiga. —Alza ambas manos agitándolas en negación.
—Eres hermosa —susurro embobado.
Miro hacia todos lados encontrando a cada quien en lo suyo y ahí me animo. Corro su cabello del rostro, nunca despegamos nuestras miradas, tomo el elástico del cubrebocas y se lo quito. Parece hipnotizada, como perdida en mis ojos. La observo, la acaricio y le planto un beso en esos hermosos labios, sin poder contenerme.
El beso comienza cálido, ya saben, de esos tiernos que uno da con timidez, pero… ahí está el problema conmigo, una vez que la misma me abandona, soy yo.
Ella, por su parte, aún se muestra avergonzada. Un pequeño suspiro se le escapa y eso me da luz verde para intensificar la situación. Solo eso alcanza para que mi mente vuele, pero nos despegamos y nos quedamos mirando agitados.
Miles de cosas pasan por mi cabeza, desde plantarle un nuevo beso, hasta llevármela bien lejos, y eso es lo que voy a hacer…
Me disculpo con ella, creo notar que tiene ganas de lo mismo que yo y no creo equivocarme. Salgo en busca de HoChoi.
—CHO, te necesito.
—MO. —Carcajeamos. Desde que Locky nos shippea, este tipo de bromas son frecuentes entre nosotros—. A quién me cargo, amigo. —Con los puños en posición de pelea.
—Tranquilo, boxeador, que tú le temes hasta a las hormigas.
—Es verdad. —Alza los hombros y sus labios forman una línea. Me vuelvo a reír.
—¿Puedes distraerlos? Me voy a escapar.
—¿Estás loco? No conoces nada aquí, te vas a perder —habla alarmado como siempre.
—No lo voy a hacer solo…
—¿Al menos le preguntaste? ¡Es linda! ¿Desde cuándo eres tan atrevido?
—No, no le pregunté, solo leí las señales. —Suspiro—. Quiero algo real, Ho, tú más que nadie lo sabe. Quiero algo como lo que tú tienes con Suemmy o Suk con Erika, Mun con Debby. Incluso amaría tener algo como lo tuvo Nam con nuestra querida Victoria.
—Lo sé, amigo. Pero es arriesgado.
No sé en qué estoy pensando, nos escapamos, ¿y luego qué? Ni siquiera nos entendemos, la diferencia de idiomas es muy marcada. No me importa, quiero algo real, aunque sea por un par de horas y eso es lo que voy a tener.