CAPÍTULO 23

2691 Palabras
NARRADOR . . Aquella chica no puede creer nada de lo que está ocurriendo, y sin darse cuenta comienza a pensar en voz alta, es una suerte para ella que lo haga en español. —Si esto es un sueño juro que al que se atreva a despertarme lo corto en pedacitos y alimento a mi gato Holly con ellos. ¿Qué acaba de ocurrir? Min Minho, Mou, el hombre de mis sueños, el amor platónico de mi vida, me acaba de comer la boca y… ¡Me encantó! “¡Dentro de mi pecho hay una fiesta que desemboca toda la emoción a mis bragas, maldita sea! “No puedo creerlo. Es que, si alguien me dijera que esto iba a ocurrir… no lo creería. Jamás en la vida me esperé algo tan increíble. ¡ME DIJO HERMOSA!”. Los nervios se apoderan de ella una vez más, al verlo terminar la charla con Choi y volver a donde se encuentra. —¿Tienes vehículo? Pregunta Mou acercándose peligrosamente al oído de ella y esta asiente sorprendida ante el cambio de actitud, hasta le desanima un poco. Mou al volver a su lado, está completamente serio, como si estuviera enojado. —¿Esto es tuyo? La manera de preguntarle, su tono seco, y esa mirada sin emociones que, por lo general, demuestra que es frío. Mira para todos lados y deja escapar una risita nasal observando cómo Choi baila tal cual un payaso en medio de la pista, arrastrando a todos con él. Taty desvía su mirada para volver a la consola que está siendo tocada por el hombre a su lado, él la mira, le guiña, toma su bolso, su mano y comienza a correr. —¿Dónde está tu auto? —No tengo auto. Responde un tanto seria y agitada, le señala la moto notando cómo inmediatamente le brillan los ojos. Parece otra persona nuevamente. Ambos se acercan al bi rodado, ella con la mirada hacia el suelo toma las llaves de su bolsillo trasero y la desbloquea agarrando el casco. —Solo tengo uno, ¿dónde necesitas que te lleve? Debo volver —habla señalando con el pulgar hacia adentro y su tono se ha vuelto seco—. Es mi trabajo… De repente, y sin previo aviso, él se aferra a las caderas de ella, tomando el control de esa boca nuevamente, estampándola contra la pared, dejándola atónita una vez más. Al separarse, pero sin soltarla del todo, saca su teléfono y rebusca deslizando su dedo en la pantalla, y habla en coreano. Posa su vista en Taty y presiona la misma. —Perdón por comportarme como idiota allí adentro. Necesitaba disimular para poder huir. Llévame a donde quieras, no te preocupes por tu trabajo, luego yo lo arreglo. Quiero estar contigo, enséñame quién eres. Ella sonríe con dulzura y vuelve a pensar en voz alta, algo que se ve que acostumbra hacer bastante seguido. Todo el tiempo que tardó en reproducir la traducción, la deja oírlo entre caricias. No se equivoca a la hora de rebatir a las miles de personas que lo tachan de frío y tosco, él es todo lo contrario. Detrás de ese hombre malhumorado y renuente al contacto físico con sus amigos, se esconde un ser súper tierno y que me está llenando de mimos. Taty comenta que él debe utilizar su casco y discuten unos cuantos minutos por ello. No está dispuesta a permitirlo, además servirá para que nadie se dé cuenta de que es él. Lo termina por convencer. Ambos suben, arranca, y ella siente los brazos de Mou anclarse a su abdomen entrelazando sus dedos en medio. Ambos pegados, ni el viento pasaría por entre medio de los dos. —La primera parada que se me ocurre hacer es, “Miraflores Beach Viewpoint”, una zona turística donde cientos de parejas llegan a diario para ver el atardecer. En nuestro caso, si aguantamos el sueño, podremos apreciar el hermoso amanecer. Algo cursi para mí, pero lindo, supongo, para ti. —Mira el teléfono en el soporte de la moto y la pantalla indica las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada, el sol sale a las cinco y treinta. Sabe que valdrá la pena—. No sé por qué sigo hablando si no me vas a entender. Al llegar a su destino aparca donde puede y del interior del asiento saca una correa con candado para dejar amarrada la moto con el casco, algo que suena estúpido, pero que, si no lo hace, corren el riesgo de volver a pie. Ahí en Perú no es tan seguro. Acomoda su cabello, la ropa y estira la mano en dirección a la suya para que él la tome. Ambos se regalan una bella sonrisa y caminan de la mano por la arena. —¡Espera! Lo mira confundida mientras él se agacha frente a su cuerpo, se descalza y la mira. Supongo que espera que haga lo mismo y es una suerte que esté de Converse, no le molesta tanto, pero de igual manera lo imita. Ambos tomados de las manos retoman camino. Sus pies sienten el frescor de la arena; sus manos, la tibieza de la otra y sus cuerpos el nerviosismo de tenerse cerca. . . . . MINHO . . La suelto y rodeo los hombros con mi brazo para detenerla, la aprieto contra mi cuerpo y vuelvo a besarla. Mentiría si dijera que no siento felicidad en mi corazón, me corta la respiración de una y mil maneras. El sabor a menta con alcohol en su boca se mezcla con el mío, fresas y cervezas. Entre una cosa y la otra, la hora pasa rápido, sin esperarnos. El señor sol comienza a demostrar sus primeros rayos y es todo un espectáculo del cual somos testigos abrazados. Su espalda descansa en mi pecho, me tiembla hasta el alma de solo saber que es ella. El silencio es nuestro compañero, lo único que se escucha es el romper de las olas en la orilla, las gaviotas que sobrevuelan en la playa y el latir de nuestros corazones. El mío juega una carrera y va ganando, el suyo no se queda atrás. —Eres tan real que me asusta. Entiendo cuando susurra en mi oído, captamos las vibraciones que emergen nuestras cuerdas vocales, un tanto graves, y envían la señal que se divide en dos. Una proyecta en mi cerebro dándole la orden de ponerme más nervioso y la otra obliga a mi músculo cardiaco latir con más fuerza. Es cuestión de minutos la salida del sol se encuentra en su esplendor mientras nos disfrutamos el uno del otro. Increíble complicidad, la respiración, los latidos, las caricias. Mi mano derecha acaricia la piel de su abdomen que queda descubierta gracias a su atuendo y ella lo hace sobre la mía. Sin más, se remueve, acomodándose de rodillas entre mis piernas, pegando su boca a alguna parte de mi piel. Me eleva un par de grados el sentir su respiración en mi cuello, viajando hacia el borde de la oreja donde pega y roza con sus labios dejando pequeños toques casi siendo besos. Siento la humedad de los mismos haciéndome estremecer. Toma mi barbilla con dos dedos obligando a ligar mi mirada con la suya, uniendo una vez más nuestros labios en un acalorado, ruidoso, morboso y jugoso beso. . . . . TATY . . ¿A veces no les pasa que las palabras sobran? A mí en este momento no me hacen falta para incitar a nuestros cuerpos de volver donde se encuentra la moto y tomar rumbo derecho a mi apartamento. Los toqueteos son inquietos y juguetones mientras las ruedas acarician el asfalto debajo de nosotros, la velocidad aumenta al igual que las ganas de volver a sentir su boca encajada en la mía. La carrera me toma menos tiempo de lo pensado, aparco en la acera y bajamos. Casi al borde del enojo, me dedico a asegurar mi vehículo cuando un tironeo en mi chaqueta no me lo permite. —Déjala así… Ese casi rugido me quema junto con la mirada cargada de lo que tiene para mí, deseo. Le hago caso, dejo hasta el casco sobre el asiento en la locura de continuar camino, nublada de mente y no sé si llegué a sacar las llaves. Soy pobre, mi edificio no cuenta con ascensor, tampoco es muy grande. Tiro de su mano en dirección a mi depa con el paso ligero y cuando llegamos a la puerta, me enfoco en meter la llave en la cerradura, tarea que se ve dificultada por las manos que rodean mi cintura y besos en mi cuello. Me enfoco y lo logro, abro y me empuja dentro, girando mi cuerpo para hacer posesión de mi boca nuevamente. Estoy presa entre sus brazos y su lengua es como un verdugo, quiere matarme de calentura y deseo, la excitación es algo que no puedo ajustar para demostrarla menos desmedida. Es entre tropiezos y prisas que nos desvestimos avanzando en dirección hacia mi cama, cada prenda es dejada cual camino hasta el paraíso. Soy quien recibe el impacto del colchón contra mis nalgas desnudas, ambos solo con la ropa interior puesta. La erección de Minho está a pleno y lo sé porque la siento clavada a mi abdomen, no es algo descomunal como toda Locky se imagina, es más bien algo normal, está bien dotado y muy animado. —Necesito saber por qué no te atravesaste en mi camino tiempo antes, por qué no supe de tu existencia… Las palabras salen acompañadas de caricias por su parte y lamidas por la mía, y lo que compartimos son las ganas de entregarnos, apasionados y calientes. Su mano va directo a mi muslo desnudo, acaricia lentamente hasta llegar al monte de venus para frotar con suavidad, creo que me voy a desmayar, ya estoy hiperventilando y sintiéndome inundada con el resultado de la excitación. Confieso que un poco de vergüenza me da estar así tan… urgida, pero en mi defensa, no todos los días tenemos la dicha de sentir las manos de quien amas en tu cuerpo. Estoy petrificada, no me animo a nada, los nervios me juegan en contra haciéndose notorios con un leve temblor en mi anatomía. Él lo nota e inmediatamente toma una de las manos que cuelgan a los laterales de mi cuerpo y la dirige a la roca que carga entre las piernas. ¡Dios! No sé si es peor, porque ahora estoy más nerviosa. Me cuesta respirar, pensar o cualquier otra acción. Mou me trae a la realidad pasando sus dedos sobre la piel de mi sexo, de un momento a otro me enciende más aún, logrando que comience a mover lo que toca a través de la fina tela del bóxer que lo oculta. Ambos nos tocamos, nuestros ceños fruncidos de placer, su frente pegada a la mía combinando la poca sudoración que emitimos. Mezclando nuestros alientos, cada quien masajea a su antojo y yo estoy al borde del abismo, llegué al punto en el que se tensan todos y cada uno de mis músculos. Al punto en que contengo la respiración y llevando la mano hacia su nuca para sujetarla, exploto en un delicioso orgasmo. Mi cuerpo convulsiona extasiado y Mou me abraza apretándome contra él. Alza una de mis piernas colocándola en su cadera y liberando el pene para luego enterrarlo en mí. Besos, lengüetazos, caricias, todo pasa entre nosotros mientras las embestidas surgen con energía aumentada a cada segundo. Sus manos hundidas en mi cadera, o viajando por mis nalgas y espalda, las mías abrazándolo, el sudor, el calor… Nuestros gemidos y gruñidos intercalados con jadeos. Todo es perfecto. Un segundo orgasmo arrasa mi cuerpo haciéndome perder el aliento, escucho mi nombre salir de los labios de él y el incremento en la velocidad, las arremetidas se avivan con intensidad, y la última lo hace aferrarse a mí de una manera exquisita. Terminamos como empezamos, con las frentes unidas e intentando respirar con normalidad. Las escasas palabras que salen de su boca con la voz entrecortada, agitados aún por el asalto. —Eres hermosa… hermosa… —Vuelve a unir nuestros labios con ternura. Mis ojos se fijan a los suyos y una hermosa sonrisa me deslumbra y a la vez me inquieta. No deja de latir con fuerza todo dentro de mí. Si es posible, lo amo más… . . . . MINHO . . Siento que la vida se está emperrando en demostrarme lo que me pierdo por tener la fama que tenemos. El sexo no es algo que tengamos vetado, porque sí, tenemos sexo. Sin embargo jamás había experimentado lo que hoy, varias noches he terminado recibiendo placer brindado por alguna prostituta o alguien casual. Esta vez se me hizo algo totalmente diferente y bello, algo único. Por primera vez no me siento vacío. Tampoco me he quedado en la cama para ser mimado como con Taty, antes ninguna mujer me ha hecho el desayuno o que directamente lo cocinemos juntos, es genial debería hacerlo siempre, pero no me puedo acostumbrar. Al menos lo voy a disfrutar mientras pueda. Comemos en el pequeño balcón al sol y en medio de las plantas que hay en este. Taty es una mujer súper atenta, más allá de ser quien soy, se nota lo hogareña y compañera que es. Acurrucada contra mí pecho nuevamente, la siento un poco más pesada y con la respiración súper relajada. Se ha dormido y como puedo me levanto del pequeño camastro para poder tomarla en brazos. Desde aquí hasta su cama son solo un par de metros, que con cuidado y esfuerzo camino para poder recostarla, dejándola descansar. Prácticamente es mediodía, tomo el pantalón y me lo coloco, recordando que mi celular descansa en el bolsillo trasero; apagado. Termino de abotonar la camisa que llevo puesta y enciendo el celular, para cuando termina de cargar, el pobre se tilda al recibir tantas notificaciones, tanto de mensajes como llamadas perdidas y correos de voz. Deslizo entre los nombres y me voy al último mensaje de Choi. “Bro, aparece porque la cosa se está poniendo tensa por aquí. Namhyun está a punto de colapsar, has retrasado nuestro regreso”. Y justo me cae un último mensaje de él mientras estoy dentro del chat. “Vamos, amigo, yo te entiendo, pero en este momento estás siendo un poco egoísta. Sabes que si no regresas, no nos podremos ir. Es más, han llamado a la policía”. “En 20 minutos estoy ahí” Es lo único que respondo. Me siento un poco mal, no me di cuenta de que estaba retrasando el vuelo, no recuerdo que se haya estipulado el horario para hoy. Levanto la vista de la pantalla para encontrarme con la imagen de una diosa recostada en la cama, de inmediato me inunda la sensación de… no sé, tristeza. Voy a tener que abandonarla como si yo fuera un vil hombre de esos que usan a las mujeres para luego desecharlas y no es así. No hay tiempo de despertarla. Me acerco a ella y deposito un beso en su frente, inhalando la última bocanada de su olor. Me calzo mis zapatos, olvidando las medias y el cinturón que están por ahí regados, y me dirijo hacia la puerta para salir, topándome con la notebook que descansa en la mesa. Está abierta, muy rápido la enciendo y abro un documento de Word, a la par de Google traductor. Coreano/español “Taty, he pasado las mejores horas de mi vida a tu lado. He sentido varias cosas, pero sobre todo tranquilidad y ese amor que me tienes, aunque no sé bien porqué. “Te dejo mi número de teléfono, por favor, comunícate conmigo, no creas que me voy como uno de esos tantos idiotas que viven en este mundo. Si me retiro de esta manera, es por un caso de fuerza mayor y ten por seguro que es en contra de mi voluntad. “Adoré cada segundo que pasé contigo. ¡Gracias!”.
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