XIOMARA
.
.
Hoy se cumplen dos meses de ser la solitaria y callada que siempre fui, las chicas han querido acercarse a mí, pero no se los permito.
Erika un día me llamó para preguntarme qué debía hacer, uno de los trillizos estaba con fiebre y no sabía qué más hacer para que le baje. Le respondí que llevara al bebé a urgencias, pero de inmediato me invadió la culpa, ellos no tienen nada que ver en los asuntos de los grandes; así que me acerqué hasta su casa. Resultó ser una mentira y una muy mala; con la salud de los niños no se juega, con la de nadie.
Cuando me di cuenta, ella solo cerró la puerta con seguro para que no pudiera huir y habló. Habló de todos ellos, habló de cómo la están pasando, dijo que me extrañan y, por último, se disculpó. Se sinceró conmigo, me pidió perdón por haberme tratado tan mal aquel día y yo acepté porque los entiendo.
La vida me ha enseñado a hacer lo que siento que es correcto y para mí, eso lo fue, acepté sus palabras, sus disculpas y hasta el abrazo que me regaló. Lo disfruté mientras duró y luego pasé a dejar un besito a cada niño. Les pedí que me dejaran, que ya no me buscaran, les expliqué que no eran ellas sino que soy yo. No quiero tener ninguna relación con nadie para no perjudicarlos y el hecho de no involucrarme sentimentalmente me ayuda a no extrañar y tampoco duela.
Desde lo que pasó con mi familia me dije que si no tenía a quién querer, tampoco tendría a quien perder y así la llevé cómoda hasta hace un tiempo.
Recuerdo cuando estaba en la universidad de medicina, veía a mis compañeros lastimados una vez al mes. Las bajas de estudiantes no eran porque desertaban, sino por fallecimiento, estaba el que tenía alguna patología y el estrés lo atacaba al punto de quitarle la vida o el que simplemente se rendía, se la quitaba por sus propios medios. Yo no estaba incluida, no participaba de las charlas de auto ayuda para quienes quedaban con el dolor de ver a sus amigos partir. Tampoco asistía a los entierros, nada tenía que hacer allí donde no conocía a nadie, me catalogaban de iceberg, me daba igual.
Algunos, al final de la carrera, terminaron por entenderme, otros no. Me tacharon de ser arrogante por mi inteligencia, fría por mi comportamiento o falta de sentimientos. Yo lo llamo protección.
Cuando comencé a trabajar en la agencia, me dejé llevar. Me sentí amada, más que querida, y eso me encantó, hacía mucho que no recibía tanto cariño. Por un momento creí que todo iba a estar bien.
El beso con Minjim despertó algo en mí que creí muerto hace mucho tiempo o directamente nunca despertó; para ser sincera nunca me he enamorado de nadie.
Sigo siendo la asistente de ellos, pero en cierta medida, ya que también me estoy encargando de los asuntos del hospital. Todo está pasando muy rápido. Una semana después de aquel horrible día, recibí la noticia, muchos de los inversores han dado el ok para mi proyecto. ¿Estoy feliz? Me da lo mismo, solo es trabajo, amo mi profesión, pero carezco de personas con quien compartirlo.
Hoy los chicos se han retirado temprano, al parecer Victoria sigue teniendo ataques convulsivos y eso afecta a todo el mundo aquí dentro. He visto a Namhyun cada vez más sumido en el asunto y no es para menos, es su mujer.
Ahora al que he visto bastante extraño es a Mou, algo no anda bien con él desde que llegaron de su último viaje y ese fue a Perú. Está cabizbajo, como triste. De vez en cuando existen algunas discusiones que, la verdad, no entiendo bien porqué son y tampoco he querido preguntar.
Minjim sigue insistiendo con las llamadas, menos que antes, pero de igual manera insiste. No entiende que no quiero, no puedo tener nada con él ni con nadie, ya no quiero perder.
Mañana se reintegra JiHu. Estos dos meses su cardiólogo le exigió reposo absoluto y, al parecer, su novia se lo ha hecho respetar. Otro que insiste en el teléfono.
.
.
.
.
Exactamente, unos casi 4 meses más pasaron, evito todo tipo de acercamiento con cualquier persona, ya no es solo con la banda y toda su familia, ahora es con todo el mundo. Me limito a realizar mi trabajo y volver a casa.
Las obras del hospital avanzan rápido, se hizo la compra de los equipos pertinentes, se obtuvieron todos los permisos y licencias, casi no queda nada para finalizar y me alegra en lo que cabe.
Con los chicos casi ni nos vemos, por suerte cada quien está en lo suyo, ellos están ocupados con entrevistas, presentaciones y producciones; y yo con el hospital.
Minjim ha intentado varias veces acercare a mí, ¿no se cansa de ser rechazado? ¿No se da por vencido? Le cuesta entender mi punto de vista, no soy para él, se lo he repetido hasta el hartazgo, pero no lo acepta.
La última vez que le dejé en claro que no iba a cambiar de opinión, fue hace un mes, me dolió ver como su mirada cambió desde entonces. Lo poquito que me lo cruzo, él se nota apagado y triste.
Ahora estoy en mi departamento, sí, por suerte ya es mío. Una tarde que estaba libre le pedí permiso a JiHu para tener una charla de negocios con él y le compré la propiedad. No ha sido fácil, me he tenido que ajustar bastante, volver a comer solo ramen y trabajar de más, pero vale la pena.
.
.
Alguien golpea mi puerta y me acerco para abrir casi corriendo porque creo que si no lo hago, me va a tirar la puerta abajo.
—¿Xiomara, puedo hablar contigo?
—¿Minho? ¿Pasó algo? —Me preocupa, pero no demuestro nada. Siempre me preocupo por ellos aunque no quiera y los extraño demasiado.
—Sí, pasa que necesito hablar contigo... ¿Puedo pasar? ¡O me atenderás en la puerta! —dice con su típico sarcasmo.
—¿Es muy urgente? Debo... —No me deja terminar y me empuja leve, entrando.
¡Sí, pasa, estás en tu casa! No sé ni para qué pides permiso.
—¿No crees que ya fue suficiente? —Lo miro indiferente—. ¿Hasta cuándo vas a lastimarnos a todos? ¡Acaba con el juego de una vez por todas!
—Yo no juego a nada, no sé... No sé de qué estás hablando. Y si se sintieron lastimados, no fue mi intención, solo los estoy cuidando —respondo sincera.
—¿Tú eres tonta o te haces? ¿No ves que te queremos? ¡Te extrañamos! ¡Cambiaste a Minjim! No nos deja acercarnos a él. ¡El jefe te ama como si fueras su propia hija, carajo! ¡Nosotros te adoramos como nuestra hermana, no nos alejes más! Puede sonar exagerado, por el poco tiempo que transcurrió al conocernos, pero te metiste en nuestros corazones —dice mientras golpea su pecho.
—¡Basta, Minho, por favor! —No aguanto las ganas de llorar y golpean la puerta nuevamente, pero esta vez gritando,
—¡Mou, sal de ahí! —grita aún desde afuera. Es Minjim.
—¡Minjim, vete a casa!
—¡Abre la maldita puerta o la tiro abajo y te saco a patadas! —Amenaza desde el otro lado.
—¡Que te vayas! ¡Mierda, Xiomara, recapacita!
Solo se escuchan los golpes en la puerta y si no abro, se va a lastimar
—Minjim, ¿por qué actúas así? —Cae de rodillas, por estar apoyado al momento de abrir.
—No es nada. ¡Hyung, vámonos! —Me acerco para ayudarlo a levantarse y el olor alcohol emana de su cuerpo, asqueándome un poco.
—Minho, ayúdame a llevarlo al baño. —Se niega y desaparece cerrando la puerta.
—ES TU PROBLEMA… —Escucho desde el pasillo la voz de Mou.
—¡Dios! ¿Qué voy hacer contigo en este estado?
Con todas mis fuerzas y un mínimo de su parte, logro ayudarlo a ponerse de pie, así que lo encamino hacia el baño, abro la llave de la ducha y entibio el agua. Quito su buzo, remera y pantalón para meterlo debajo del chorro.
Solo mira al suelo, conmigo de sostén, se marea un poco y tambalea, obligándome a entrar y mojarme; terminamos cayendo ambos.
Como puedo, lo dejo sentado en el suelo con la lluvia en su cuerpo. Salgo, me seco y cambio, aprovecho para preparar un café bien cargado y unos analgésicos. Corro al antiguo departamento que tenían en este edificio para cuando querían estar solos, sé que han dejado algunas pertenencias y busco ropa, encuentro un canguro y un short, bóxer no hay, pero esto bastará.
—¡Te sientes mejor! —Me mira desde el piso, sus ojotos están rojos—. Ven, para secarte, te traje ropa. —Se para y se me acerca—. ¿Por qué tomas de esa forma? Solo lastimas tu hígado y tu cabeza va a explotar de dolor. —No responde, pero se deja pasar la toalla—. Ten, sácate el bóxer y termina de secarte, voy por la ropa que deje en el sillón.
Corro hasta la sala y tomo la ropa, dejando escapar un largo suspiro, este hombre no merece estar de esa manera por mi culpa. Me siento una pésima persona, debo afrontar mis miedos y no lastimar a los que me rodean.
—Volví... ¿Minjim, que haces? Al menos te hubieras tapado con la toalla... ¡Ponte esto! —Le paso el short y decido ayudarlo porque veo que aún sigue un poco mareado.
—¡Perdón, esto es vergonzoso! —Cubre su cara con las manos —. Parezco un niño. —Al verme agachada para ponerle el short.
—No des tanta vuelta, ya te conozco —agrego —, ten ponte el canguro, olvide agarrar una camiseta, vamos a la cocina para que te tomes un café que ya te preparé. —Lo llevo al sillón, mejor.
Le entrego primero el analgésico junto a un vaso con agua y luego el café, no es el mejor estado el que tiene en este momento y no sé qué hacer para ayudarlo.
—Xio, sé que no quieres hablar conmigo, pero ya no actúes así, ¡por favor! ¡Ya no me alejes de ti! —Toma mi mano, ¡cuánto me duele verlo así! —. Tú sabes lo que yo siento con respecto a nosotros... ¡Me enamore de ti! —Sonríe triste—. Me enamoré de tu locura, de tus arranques, de tu cara, tu forma de ser, de tu cuerpo y hasta tus cicatrices. De tu pasión por la medicina, de tu inteligencia y de tus inseguridades.
“Amé que me entregaras tu cuerpo, te di todo de mí, ¡ya no me rechaces! —No salen las palabras de su boca—. Si supiera que yo no te gusto, que no me quieres ni siquiera un poquito, no estaría de insistente pero...”.
—¡Escúchame! Yo sí te quiero, es verdad que me gustas, pero no puedo. —Duele, como duele, acaricio su mejilla—. Todos son especiales para mí, los adoro, pero tengo miedo.
—¡No debes tener miedo a amar o ser amada! ¡No te aferres a estar sola! No me sigas apartando, ¡te necesito! ¡Te extraño! ¡Te quiero, te amo! —Acerca su cara a la mía, mirándome con los ojitos desbordados—. Sé que puede ser difícil entenderme y puede ser apresurado, pero, ¡es lo que siento aquí! —Lleva nuestras manos a su pecho, haciéndome llorar arrepentida de mis actos.
—¡Perdóname por lastimarte de esa manera! — Lloro y nos abrazamos—. No sé qué decir….
—¡No necesito más nada, solo a ti! ¿Entiendes? —Me besa.
Un beso cargado de amor, vale más que mil palabras. Besarnos transmite un sinfín de emociones, es algo íntimo y profundiza el vínculo entre dos.