Elena. La casa estaba en silencio. Más silenciosa que nunca. La mesa ya estaba servida. Dos copas de vino esperando. El mantel blanco. Velas encendidas. Elena se miró en el espejo del salón. Maquillaje suave, vestido oscuro, perfume que sabía que a Marco le gustaba. Ese pequeño gesto… una tregua. Una última oportunidad. Tomó el celular. Escribió: > “Quiero que esta noche sea solo nuestra. Preparé la cena. No tarden. Los espero.” Y lo envió a ambos. Marco leyó el mensaje a las 8:04 p.m. Estaba en el auto, con Amara, de regreso de un restaurante discreto en la periferia. Dante lo leyó a las 8:06 p.m. Estaba en un hotel, reunido con Catalina, aún vestido de traje, hablando de cosas que ya no tenían que ver con negocios… sino con emociones pasadas. Ninguno respondió. No d

