El ambiente era tan denso que se podía cortar con una mirada. Elena lo había invitado con palabras, pero su cuerpo hablaba aún más claro. Lo deseaba. Lo llamaba. Y él… ya no podía contenerse. Se acercó sin pensar, sin permiso, como si algo invisible lo arrastrara. Dante no lo detuvo. Lo miró. Nada más. Como si dijera sin hablar: es tu decisión. Marco se inclinó sobre ella, y Elena lo miró de una forma distinta. No con lujuria esta vez. Con entrega. Con confianza. Sus manos fueron cuidadosas al tocarla, a diferencia de la fuerza con la que siempre la había deseado. Dante ya la conocía, pero Marco… Marco la estaba descubriendo. Y lo que encontró lo dejó inmóvil. Se quedó en silencio, respirando agitado. —¿Qué pasa? —murmuró Dante desde un costado, notando su rigidez. Marco trag

