Narra Rex
Dejé a mi hija en su cuna, ¡por fin se quedó dormida! Y me alegra que Ale pueda dormir sin tomar pastillas, se nota que los niños la agotan, incluso teniendo ayuda de la niñera.
Me senté a ver mi Notebook y revisé algunas fotos que saqué en esta "junta privada" de sexo, aún me cuesta creer lo que vi ahí, está demasiado fresco el recuerdo y me perturba. Todo empezó hace unos cuantos días atrás, mi plan se enfocaba en encontrar a alguien que pudiera entrar a este lugar, fue así como se me ocurrió ir al burdel "Las rosas de la Meche", alguna de estas putas debía tener algún contacto para entrar a estos juegos macabros, por lo cual, fui a hablar con la vieja Meche:
‹‹ - ¿Qué mierda estai haciendo voh aquí? La última vez que viniste pa'ca, le echaste la foca a Dalia y le juraste a diosito que nunca mah ibai a poner una pata en este lugar. - La vieja es una cizañera de mierda, pero mientras tenga plata, le da igual si soy un rey o un puto vago.
Estamos sentados frente a una mesa cerca de la puerta principal, sobre esta puse unas trescientas lucas, dudo que se niegue a darme información.
- ¡Hueón! ¿Cómo se te ocurre poner esta cantidad de plata sobre la mesa? ¡Las maracas culiás se van a lanzar como moscas encima tuyo! - la vieja tomó los billetes igual que un niño que se lanza a los dulces cuando se rompe una piñata. - ¡Ya! ¡Dime al tiro que querí, hueón!
- Quiero saber cuál de tus minas sale con algún cliente que vaya a clubes de sexo clandestinos. - la vieja estaba contando la plata, en el momento que verificó la cantidad de billetes que había en ese fajo, me miró con malicia y me dice:
- Así que al príncipe le aburrió la vida de cuico, ¿qué buscas? ¿Sadomasoquismo? ¿sumisión? ¿esclavitud? o tal vez ¿Algo de Bondage? Ya sabí que las putas de este lugar pueden hacer todas esas hueás y más. - No me sorprende que esta vieja quiera convencerme de culear con las minas de este lugar, solo le importa que mi plata se quede en sus manos.
- No es eso lo que te pregunté. - en este momento no estoy para hueás, necesito encontrar ese club porque me preocupa la seguridad de mi hermano.
-¡Tsss! - la ñora no se ve contenta ante mi postura. - Maraco puto mandón que erí.
- Solo quiero que respondas a mi pregunta. - a regañadientes me dice:
-La única puta que sale con clientes del barrio alto es Dalia, ella está dispuesta a todo con tal de tener más lucas y comprarme esta cagá de puterío. - ¡Mierda! ¡No puede ser! ¡Esa maraca no puede ser la única!
- Debe haber otra, alguien más joven.
- No, las nuevas se empotan con los hueones del Refugio y las más viejas están con clientes fijos, la única que sale con hueones sin pensar es Dalia. – ¡Por la rechucha! ¡Esta hueá me emputece!
Hace muchos años que no hablo con ella, desde la vez que me drogó para tener sexo conmigo, todavía recuerdo la sensación de estar medio dormido y a la vez completamente erecto. En esa época me faltaba un par de meses para cumplir diecisiete, yo creía que Dalia era una buena amiga, confiaba ciegamente en ella y ese fue mi peor error, no sabía que esta puta estaba enamorada de mí, tampoco le importó que tuviera cinco años menos que ella o que fuera menor de edad, era obvio que esta maraca se calentó conmigo y estaba dispuesta a todo para tenerme. Cuando se me pasó el efecto de la droga, estaba emputecido, me sentí traicionado, ella no me gusta y me asquea imaginar como ella me montó para darse placer más de una vez, me hierve la sangre cada vez que recuerdo que trató de convencerme de que ella era la indicada para mí, que sería mi sumisa, mi esclava y cumpliría todas mis peticiones si la hacia mi mujer, pero yo, no tenía guata para tolerar sus hueás, lo único que recuerdo que le contesté fue: “¿harás lo que yo te diga? Entonces, muérete, para no volver a verte nunca más en mi vida”. Creo que le dije algo más, pero no me interesa volver a recordarlo.
- ¿Y? ¿Vas a hablar con la princesa de la casa? – Luchando contra mi sentido común, le respondí a la vieja.
- Llámala. – escucho como la ñora me dice con una risa burlona.
- ¡Ji, ji, ji! Ya sabía yo que ningún hombre cumple sus hueonas promesas, siempre terminan cayendo en los mismos putos pecados. – La ignoré, ya sé que hice muchas promesas sobre volver a esta cagá de prostíbulo, pero me importa más mi hermano que los juramentos que hice en el pasado.
La vieja doña ordenó que me sirvieran el mejor trago de la casa, un wiski añejo bien fuerte que me quemaba la garganta, la verdad no suelo beber, pero en este caso sería capaz de tomarme la botella completa, solo para no tener que tratar con la puta de Dalia.
Esperaba que esta mina se demorara más en llegar a mi mesa, pero parece que corrió una maratón cuando se presentó ante mí. Sin perder la gracia y su soberbia, pone las manos en sus caderas y me dice de manera arrogante:
- ¿Pero a quién tenemos aquí? Nos vino a visitar el príncipe de la empresa “ADS Maquinarias”, ¡a ver! ¿Cuál es la razón para tener tan honorable visita? – Esta puta no pierde oportunidad para mostrar sus atributos, hasta podría decir que, la ropa interior que lleva puesta la eligió pensando en mostrármela.
- Solo quiero preguntar algo y te dejo tranquila. – miro hacia otro lado para no verla, pero de soslayo pude observar que su rostro cambió al oírme hablar.
- Puedes preguntar, pero yo veré si te contesto. – de verdad ella me cabrea, hubiera preferido que se hubiera muerto y buscar otra persona para esta hueá.
- Bien ¿Sabes sobre algún club de sexo clandestino? – Su rostro se oscureció, hasta podría decirse que le incomodaba hablar del tema.
- ¿Acaso cambiaste de gustos, Anderson? No te imagino teniendo partusas u orgias con gente extraña. – ¡Agh! Verla por el rabillo del ojo casi deleitándose con esta hueá me deja la mierda hirviendo. – o tal vez buscas a una sumisa con quien jugar ¿Puede ser que tu mujer ya no te llena y tienes que buscar por fuera para complacer tus pervertidos deseos? Pues no me sorprendería, esa mujer debe estar toda suelta y gorda después de que tuvo a tu cabro chico.
Puede decir cualquier cosa de mí, se defenderme de las hueás que me dicen, pero no aguanto que se metan con mi mujer y mis hijos.
- Debí imaginarlo, eres la misma maraca de mierda de siempre, hubiera preferido escuchar que estabas muerta que tenerte en frente. – la miré con desprecio, me levanté de mi asiento y estaba por irme, pero antes de dar media vuelta, veo que Dalia también se levanta y se lanza a mis pies aferrándose de una de mis piernas.
- ¡No te vayas! ¡Discúlpame! ¡Sé que hablé de más! ¡Te diré lo que quieres saber! ¡Pero quédate un rato más! – Pensé que esta mina había cambiado, que ya no sentía nada por mí, han pasado como ocho años para que me dejara de querer, pero al parecer me equivoqué, su cara muestra el mismo gesto que esa noche; una expresión de arrepentimiento.
- ¿Sabes algo sobre ese lugar? – ella agitó la cabeza y me responde:
- Sí, sí lo sé, te lo contaré todo. – Suspiré con desdén, me iba a sentar en mi puesto cuando ella me dice:
- ¿Por qué no vamos a mi pieza? Nadie nos molestará ahí. – La miré con desprecio y ella inmediatamente me dice: - También podemos ir al privado, no es tan íntimo, pero no hay tanto ruido ahí.
De mala gana accedí, pero esta vez no tomaré nada de lo que me ofrezca, no caeré en sus hueás.
El privado es una pieza pequeña, tiene un sofá de medialuna y una mesa de centro, encima de esta hay dos pocillos, uno con condones y lubricantes, y el otro tiene algunas drogas, como la cocaína y el éxtasis, es así como la doña controla a las minas de este lugar, dándole hueás que las hagan olvidar que son humanas. Este privado está hecho para los hueones que quieren culear rápido, se conforman con una mamada o les dan a las putas en cualquier lugar donde le quepa la pichula, por lo general, los culiaos que hacen esa, son taxistas o hueones que inconformes que prefieren gastar las pocas chauchas que tienen en una puta cualquiera.
¡Agh! Es penosa la vida de mierda que tienen estas mujeres, he tratado de ayudarlas, pero ellas insisten que están bien con este estilo de vida, ellas eligieron ese mundo y les acomoda, tampoco están seguras si son capaces de llevar una vida normal, prefieren atender hombres que hacerse cargo de marido e hijos, aun así, cada cierto tiempo logro rescatar a una joven y le ofrezco una vida común, las pocas que decidieron tener un trabajo y un lugar decente donde vivir, no vuelven a los burdeles, pero eso sucede cada dos años y las demás solo creen que es una ilusión imposible, bueno, no puedo hacer nada contra eso, por eso suelo enviar a gente para que convenza a alguna mina de que hay algo mejor que este puto burdel.
De pronto, veo como Dalia cierra una gran cortina que ocupan como puerta, la luz es baja, me acomodo en una esquina del asiento, mientras que la puta que tengo cerca toma una posición seductora, mostrándome todos sus atributos.
- Entonces ¿Qué quieres saber del “Grupo de tenis”? ››