Capítulo 22

1565 Palabras
‹‹ - ¿Grupo de tenis? – Dalia se acerca a mí, de manera sugerente, trato de ignorarla, no quiero que piense que estoy dispuesto a hacer alguna hueá con ella. - Sí, "el club de Tenis" – ¡Agh! ¡Odio esto! ¿Por qué chucha me quiere poner las tetas encima? Sé que detrás de mí hay un par de cojines, agarré uno sin que Dalia se diera cuenta, ella es muy obvia y se inclinó para darme un beso, pero puse el cojín en su cara y le dije: - Mejor me voy si me vas a huear de esta forma. - ¡No! – retrocedió al lugar donde estaba, cruzó los brazos con la intención de acentuar sus tetas, como tengo claro qué es lo que quiere hacer, solo la ignoro mirando a cualquier otra parte. - Ok, ahora dime, ¿es un club o grupo? – de soslayo la veo y ella parece algo molesta ¡Me importa una mierda lo que sienta! Yo solo vine por una razón. - ¡Agh! No pienso decirte ni una hueá, ya que no gano nada al soltar la lengua. – Suspiré algo chato, ya sabía que la mina que tuviera información sobre esta hueá me pediría algo a cambio, pero esta maraca seguramente va a pedir algo muy rancio, alguna mierda que no puedo cumplir. - ¿Qué quieres? – Esta puta no me va a dejar en paz, se acercó a mí gateando por el sillón cómo gata en celo, puso una de sus manos en mi pierna y me dice: - Bueno, ahora que estás grande y sobrio, podríamos jugar juntos un rato. - su mano iba subiendo lentamente por mi muslo, mientras mi mente imaginaba varias formas de romperle la mano. - Aún recuerdo lo bien que se acopla tu arma con mi choro. Emputecido le tomo la muñeca, de verdad Dalia saca lo peor de mí, ella me da asco, si no fuera porque es mujer, ya le hubiera sacado la cresta. Tomé aire de manera pesada y con todo el autocontrol que tengo le dije golpeado. - Puedo conseguirte contactos poderosos, joyas caras, un departamento en el lugar más caro y exclusivo de la ciudad, incluso puedo darte tu propio puterío, pero de mí, no tendrás ni una hueá, te lo dije antes y lo volveré a decir. - me acerqué a ella mirándola fijamente a los ojos, me es inevitable verla con desprecio y desdén, los recuerdos que tengo de ella me enerva la sangre, le apreté con fuerza la muñeca, esto la hace gemir de dolor. - Tú vales menos que nada para mí. - ¡Ja, ja, ja! ¿Valgo menos que nada y me ofreces tanto lujo? ¡Tsss! Solo quieres sentirte poderoso, comprándome no eres mejor que los mierdas de afuera. - ella no tiene ni puta idea de nada. - No te estoy comprando, estoy pagando la tranquilidad de mi familia, de los seres que amo, si quisiera comprarte ya serías mía, pero nadie compra una concha abierta y podrida, por lo menos yo ni la miraría. Los ojos de Dalia se llenaron de lágrimas, se soltó de mi agarre y se sentó lejos de mí, muy indignada. - Ya me aburriste, tengo muchos culiaos esperando que los atienda, solo me haces perder plata, así que ándate a la chucha con tus preguntas hueonas. - Bueno, sabía que no iba a obtener nada de ella por las buenas, así que tendré que usar otro método. Tomé mi celular y busqué un nombre en específico, antes de marcar el número, de reojo pude observar que Dalia, trataba de hacer algo al moverse el pelo y acomodándose la poca ropa que lleva. En ese momento le dije: - ¿Te acuerdas del cliente que le quitaste a Monic? - ella giró la cabeza con brusquedad, casi como si me estuviera diciendo "si ¿y qué?" - Gojan lo trajo para ti. Ella se cruza de brazos y piernas, como si eso no le importara ¡Ja! veamos cuánto le dura esa actitud soberbia e intransigente. - Yo convencí a De la Roja para que se quedara contigo. - abrió los ojos de par en par, no creo que tuviera conocimiento sobre esto, pero sé que entiende a dónde quiero llegar. - Así como lo conseguiste, lo puedes perder. - ¡No te atrevai! ¡Ese hueón es mío! - Dalia no quiere perder a la gallina de los huevos de oro. De la Roja es un maricón que le gusta acostarse con minas que parecen muñecas, tiene tanta plata que no sabe qué hacer con ella y solo la gasta en putas como Dalia, les da regalos caros, especialmente joyas y esta maraca las adora, por esa razón le duele perderlo. Fue difícil convencer a De la Roja para que dejara a Monic, una chica con rasgos nórdicos y carita de guagua, él estaba loco por ella, pero el pendejo de Gojan se empotó con una mina, la quería a tal nivel que consiguió convencer a un joyero que le vendiera un collar más barato a cambio de los servicios de Dalia y esta puta exigió quedarse con De la Roja. Ahora no estoy muy convencido de que eso haya sido buena idea, porque la mina de la que se enamoró mi amigo es mi secretaria. - ¿Y qué vas a hacer? – Dalia me mira como si supiera que hacer, pero no dice nada. Sonreí y le dije: – Supongo que tienes más que claro que hay mujeres mucho más jóvenes que tú en este lugar y que varias se acercan al gusto de ese maricón de De la Roja, solo tengo que llamarlo y tu mundo de riquezas se irá a la mierda. - ¡Eres un culiao de mierda! ¡Eras tan tierno antes! ¿Qué pasó con el joven que prometió sacarme de aquí? ¿Dónde está el cabro que se decía mi amigo? – ¡Ja! Chantaje emocional, eso no funciona conmigo. - Está en el mismo lugar donde lo dejaste, en tu cama, drogado y sin control alguno de su cuerpo. – vi cómo Dalia empuñaba una de sus manos sobre su pecho, según ella, se arrepiente de lo que hizo, a mí pensar, creo que esta puta no siente culpa por nada de lo que ha hecho en su vida. Presioné el botón de llamada, me apesta este hueón de De la Roja, la ambición y depravación que posee es la hueá más asquerosa que he presenciado en un hombre, por alguna razón tengo hasta la sospecha de que ha abusado de su hija y todas las empleadas de su casa, pero no tengo pruebas de eso, tampoco puedo involucrarme mucho, eso puede afectar a todos los que están a mi alrededor, es mejor mantener un bajo perfil. De pronto, escucho la voz de un hombre, algo aturdido y a la vez ansioso. - Ah… Hola. – Dalia me agarra el brazo libre, me suplica con la mirada y me susurra: - Te ayudaré, te diré todo. – No creo en su palabra. - Hola, me comunica con… - Ella agita la cabeza, se aferra de mi ropa y me vuelve a susurrar. - Lo juro, te ayudaré en lo que me pidas, pero no me lo quites, a él no. – Debo ser un hueón, pero tampoco es que tenga otra alternativa ¡Agh! Está no es la primera vez que voy en contra de mis instintos, pero a veces hay que arriesgase por un bien mayor - Me comunica con el abogado Esteban Ortiz. – el silencio del otro lado de la línea parecía eterno, hasta que la ronca y rasposa voz del hombre me dice: - N…no, ¡está hablando con Hernán De la Roja! – con desprecio contesté. - ¡Ah! Me equivoqué, buenas tardes. - ¡Espera! Don… - Colgué la llamada y miré con desdén a Dalia por estar agarrándome de la camiseta. - Suéltame. – Ella me soltó cómo si mi ropa tuviera espinas y se sentó lejos de mí, cómo antes, con las piernas y los brazos cruzados. – Pues, habla, no tengo toda la noche para escucharte. - ¡Iagh! – Mientras ella se da el ánimo de hablar, yo aproveché de sacar un cigarro y un encendedor barato, fumar me mantendrá tranquilo, ya que creo que lo que escucharé me dejará pa la cagá. - Eres un culiao de mierda. - ¿Se supone que me debo ofender? – Sé que Dalia está más que enojada, pero me importa un puto maní lo que sienta, ella suspira con frustración y comienza a hablar. - El Club de tenis es una fachada, suelen arrendar casas aisladas para que nadie escuche o vea lo que pasa ahí, uno de mis clientes es un hueón muy raro, le encanta que nos disfracemos, él se viste de perro y yo de tigresa, le gusta mucho que lo culeen, pero no le gusta que lo haga un hombre, tampoco cualquier mujer, le excitan las tetonas y por esa razón estoy metida en esta hueá. - ¿Solo eso? ¿No hay menores de edad en esta mierda? - Mmm…- ¡Mierda! ¡Me apesta esta hueá! - Dalia ¿hay cabros chicos en esta hueá o no? ››
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