Me giré de forma brusca, la verdad me fue muy incómodo sentir la voz de una mujer susurrándome en el oído.
- ¡Ay! ¿Te asusté? ¡Pobrecita! Apuesto que esperabas a un bruto salvaje que no tiene ningún tipo de control. – esta situación no es típica, Martina no parece la misma de siempre.
Cuando Martina se presentó por primera vez, se veía una tipa muy seria y cuerda, pero sus intenciones por quedarse con mi pololo a cualquier precio fue algo raro, ahora que ella solo está conmigo, tiene una sonrisa atemorizante, sus ojos parecen de loca y sus movimientos son amenazantes. Retrocedía por instinto, algo en mí me decía que Martina es muy peligrosa.
- ¿Me tienes miedo, Andrea? No deberías ¿Qué podría hacerte? – De repente ella estira la mano y toma un mechón de mi pelo. - Puedo entender el por qué le gustas a Roberto, eres como una muñeca, deben gustarle mucho los juguetes lindos y delicados.
¿Por qué me trata así? Aparté su mano y la encaré.
- ¡No me toques! No eres nadie para acercarte a mí. – ella, en vez de enojarse, sonrió y cada vez se acercaba más, yo no sé cómo actuar, solo puedo seguir retrocediendo.
- Tal vez te estoy subestimando, a lo mejor serías una buena mascota, también sería más fácil dominar a Roberto. – ¿Qué quiere decir con “dominar a Roberto”? No sé de donde estoy sacando valor, pero no puedo actuar sin pensar.
- ¡Eres una loca! ¿Qué te hace pensar que Roberto quiere estar contigo? Él me ama, no me cambiaría por cualquier persona.
- ¡Ja, Ja, Ja! – Su carcajada asusta, suena como la de una enferma mental. – No tienes idea de nada, eres demasiado inocente, no me interesa amar a ese salvaje, esto va más allá, él será mío, mi lindo y tierno muñeco.
- ¡Roberto no es un juguete! ¿Qué clase de loca eres? - Su sonrisa se vuelve cada vez más amplia.
- La única en mi clase.
- ¡Martina! Roberto jamás me dejará, menos por ti, él siempre hace lo que quiere y lo que quiere es estar conmigo. – ella me observó con la mirada perdida y me dijo sin titubear.
- Entonces, eres un estorbo y a los estorbos hay que sacarlos del camino.
Martina levantó la mano, yo cerré los ojos y di dos pasos hacia atrás, choqué con alguien, sentí cómo esta persona me abrazó por los hombros con fuerza, abrí los ojos, vi a Martina muy seria, una mano masculina le sujetaba la muñeca, miro por sobre mi hombro y es mi lindo pololo.
- ¿Qué mierda ibas a hacer? – Martina se quejó entre dientes por el agarre de Roberto.
- Nada, Andrea tenía una hoja en el pelo, solo se la iba a sacar. - ¡Maldita mentirosa!
- ¡Amor! Ella…
- Solo soy hueón hasta las ocho de la mañana, Martina, el resto del día estoy bien despierto para cachar las hueás que hacen los demás y algo que me emputece, es que quieran hacerle algo a mi mina, eso no se lo permito ni a los ahueonaos de mis amigos, menos a una maraca como tú. - ¿Es posible que alguien tenga una mirada tan lúgubre? Martina, da una sonrisa e inclina su cabeza hacia un lado.
- ¡Ay! Roberto, ya sabes mi nombre. – miré a mi pololo y él no le suelta la mirada a Martina, creo que Roberto le apretó la muñeca con más fuerza, ya que volvió a quejarse, pero en vez de que ella parezca molesta por este hecho, sonríe más y continúa hablando. – estoy esperando el día que seas mío.
Martina le toma el antebrazo a Roberto con la mano libre y le entierra las uñas con satisfacción, mi pololo traga saliva tratando de aguantar el dolor, ¡no puedo quedarme mirando! Me liberé del abrazo de Roberto y empujé a Martina, mi pololo la soltó y ella cayó al suelo, esta loca me mira muy sorprendida, me sentía muy molesta y le dije:
- Roberto es mi pololo, ni tú ni nadie me lo va a quitar, maldita perra. – Tomé la mano de mi pololo y me lo llevé a otro lado.
Caminé sin ningún rumbo específico, solo quería alejarme de ahí, algo raro pasó y todavía no sé qué fue, trato de asimilar, pero es la primera vez que le siento miedo a alguien de esta manera, ella debe tener un problema mental, ¡no debería estar en nuestra clase! ¡No tendría que estar en este colegio! ¡Tiene que estar en un psiquiátrico! De pronto siento un jalón que me hace retroceder.
- ¡Amor! Si sigues caminando vas a chocar con la pared. – estoy a medio metro del límite del colegio, crucé toda la cancha sin darme cuenta. – ¿Estás bien? Te ves un poco pálida.
Quería decir algo, quería contarle todo, pero ni siquiera sé que es lo que debo contarle, no estoy segura cual fue la situación, fue algo tan raro. Tratando de ordenar mis ideas, solo hallé una cosa por hacer, abrazar a mi hombre. Me acurruqué en sus brazos, escondí mi cara en su pecho y él me abrazó con su brazo izquierdo y me acariciaba la cabeza con la mano libre, me siento tan protegida por Roberto. – Princesa ¿Estás segura de que estás bien?
- Sí. – Apenas me salió la voz.
- ¿Y por qué estás tiritando? - ¿Estoy tiritando?
Me separé de él para ver mis manos ¡Es cierto! ¡Estoy temblando! Roberto me iba a abrazar para contenerme de nuevo, pero me fijé que en su antebrazo derecho tenía unos rasguños con un poco de sangre, con preocupación lo agarré para ver más de cerca.
- ¡Roberto! ¡Esa estúpida te dejó marcas! - ¡Maldita Martina! ¡Heriste a mí amado pololo!
- Princesa, no es nada. – Enloquecida le grito:
- ¡CÓMO QUÉ NO ES NADA! ¡Mira cómo te dejó! ¡Hasta te sacó carne! – Roberto se zafó de mis manos y me acercó a su cuerpo abrazándome con fuerza.
- No es nada, me he hecho quemaduras más graves arreglando autos. - ¡Y lo dice así como si fuera una gracia! – Por lo menos estás más tranquila, tal vez ahora me puedas decir qué te hizo la puta de Martina.
No dije nada, ni siquiera sé cómo decirle lo que pasó. El abrazo de mi pololo fue más fuerte y amoroso, siento como trata de darme seguridad. Mientras me restriego en su pecho, Roberto me habla con dulzura.
- ¡Qué tal si nos vamos a sentar! – sin decir nada, muevo la cabeza y le digo que sí.
Me llevó hasta las graderías de la cancha, apenas nos sentamos, él me acomodó entre sus brazos y me motivó a hablar. Le conté todo lo que había pasado, Roberto me escuchó atentamente, no me interrumpió ninguna vez, cuando terminé de hablar, me di cuenta de que mi lindo pololo miraba fijamente hacia la nada y tenía los puños de sus manos muy apretados.
- ¿Amor? – apenas escuchó mi voz, agitó la cabeza y me sonrió.
- ¿Qué?
- ¿En qué piensas?
- Mmm… En algo que me dijo Victoria, pero me cuesta creerlo.
- ¿Qué cosa? – Roberto parece dudar en lo que me quiere decir, pero se anima con una pregunta:
- Princesa ¿Tú sabes si existen lugares turbios?
- ¿Turbios? ¿A qué te refieres?
- No sé, sitios donde se droguen o tomen hueás raras ¡Qué se yo! – traté de pensar en algo como eso, pero no conozco ninguno.
- Los amigos de Javier deben saber, ellos solían fumar marihuana.
- Mmm… Sí, claro, supongamos que eran pitos de marihuana. – Mi Roberto suspiró y me dijo. – Princesa, Victoria me dijo que hay una especie de disco secreta o algo así, en donde todos se dan como caja, pero es una hueá muy freak, porque te torturan para volverte esclavo y no sé qué más, la cosa es que, Martina busca a personas para hacer esas hueás extrañas, Victoria cree que me quiere a mí para esas mierdas.
Las palabras de mi pololo me pusieron la piel de gallina.
- No, nunca había escuchado algo así. Sé que hay clubes deportivos o similares, pero algo así, no lo había escuchado ¿Cómo se enteró Victoria?
- Ni puta idea, ella dice que en los círculos donde se mueve se habla de todo.
- ¡Iugh! ¡Qué asco! Te dije que ella era una zorra.
- ¡Agh! Me hincha las bolas esta hueá, por alguna razón siento que algo nos quieren hacer. – Yo también estoy inquieta, las cosas son muy extrañas y siento que no solo Martina me quiere separar de mi lindo mecánico ¡Cómo odio esto!
De pronto, siento que Roberto me abraza por la cintura con deseo, me toma el lóbulo de la oreja con su boca y me susurra con picardía:
- Mejor nos olvidamos un rato de esta mierda y aprovechemos lo que queda de recreo.
- ¿Qué quieres hacer?
Roberto me guía para sentarme a horcajadas sobre él, no puedo evitar sonreír mientras él se acomoda debajo, quedando mi vulva sobre su duro m*****o, me atrae a su cuerpo abrazándome con fuerza, me besa por el cuello, llega a mí boca y me besa con pasión ¡Adoro a este hombre!
- Mi reina, te parece si… - sus palabras se quedaron en la boca, ya que justo sonó el timbre para volver a clases.
- Mmm… Creo que ya tenemos que volver a la sala.
- Si sé. - me paré y comencé a caminar por la cancha, pero Roberto estaba sentado, apoyando sus codos en las rodillas mientras sus manos sujetan su cabeza. Me llamó la atención su actitud y le pregunté:
- ¿Qué pasa amor?
- Dame unos segundos. – ¿Qué le habrá pasado? Creo que tendré que esperarlo.