Narra Roberto
Sonó el timbre de salida, antes de irnos para la casa, Andrea me dijo que ya no podía venir conmigo en el auto, una de las condiciones que le exigieron para que la dejaran tranquila es que, tiene que volver con el chofer, esto me bajonea caleta, pero me consuelo con saber que hoy en la noche le daré como caja.
Cuando llegué a la casa, escuché a mi sobrino hablando sin parar de su día en el colegio, por lo general habla conmigo y me aburro más que la cresta al escucharlo, pero lo hago porque Rex llega muy tarde en la noche, me quedo para que tenga una presencia masculina distinta al hueón de su abuelo. Bueno, supongo que si está tan hablador, es porque Rex está en la casa.
- ¡Hola! – Saludé mirando al living.
- ¡Tío! ¡Ya llegaste! – El enano de mi sobrino corrió hacia donde yo estaba, me tomó de la mano y me obligó a sentarme al lado de él, frente a la mesa de centro. – Mira, tío Rob, ya sé escribir los números.
Me mostró su cuaderno, escribió al revés el tres y el cinco, miré a Rex para saber que debía decir, pero él, solo me veía con una sonrisa amena, se encogió de hombros mientras sostenía a Selenita, tiene apenas un mes y la pequeña está muy despierta observando a mi hermano.
- Sí, están bakanes tus números, campeón, sigue practicando. – mi sobrino se pone muy contento y sigue escribiendo en el cuaderno, mientras empiezo a hablar con Rex. - ¿Y Ale?
- Está durmiendo.
- ¿Por qué? ¿Está enferma? – Rex sonríe con malicia.
- No, se durmió después de… - mi hermano dudó al responder, ya que su hijo está aquí, así que utilizó otras palabras. – después de hacer mucho ejercicio conmigo.
- Claro, ¿y tú no dormiste? - Rex cambió de posición a su guagüita y la acomodó en su pecho.
- ¿Tú qué crees? Después de saciarnos “del ejercicio”, me quedé dormido como un tronco, desperté cuando la enfermera que cuida a Selenita tocó la puerta de mi pieza, pero mi mujer no fue capaz de despertar, pero no importa, prefiero que ella descanse, ha tenido meses agotadores y puedo cuidar de los niños un par de horas.
- Ah jam. – Me es inevitable sentir envidia, Rex cuida a sus hijos como a mí me hubiese gustado que me cuidaran, pero perdí esa posibilidad hace mucho tiempo. De repente me acordé de lo que pasó hoy y le pregunté. – ¡Oye! Necesito hablar algo urgente contigo.
- ¿Qué cosa? – en ese momento escuché que se abría la puerta de entrada y se cerraba de golpe.
- ¡Ay! ¡Aquí están mis sobrinos favoritos! – Justo hoy tenía que venir este hueón de Gabriel.
- ¡Tío Gabo! ¡Mira! – este hueón mira con sorpresa el cuaderno de Ricky, a este culiao le encanta llamar la atención.
- ¡Pero que sobrino más inteligente tengo! ¡Te mereces un premio! – de una bolsa que trae con él, saca un juguete. – ¡Es un auto con control remoto!
Ricky le agradeció y tomó el juguete, corrió a hasta nosotros para mostrarnos su nueva adquisición.
- ¡Mira, papá! – Rex le da una falsa sonrisa a su hijo, ya que, al parecer, le molesta la presencia del hueón de Gabriel, aun así, toma aire y le dice a Ricky:
- Dile a tu tío Gabriel que te ayude a abrirlo.
- ¡Sí! – mi sobrino salió corriendo hasta donde estaba Gabriel y mi hermano suspiró pesado para pedirle un favor a ese hueón:
- Gabriel ¿Puedes quedarte un rato con Ricky? Voy un rato al estudio. – ese culiao dio una sonrisa tan amplia de placer por ver a Rex pidiéndole algo, que hasta se le hinchó el pecho al decir:
- Sí, cuidaré a mi campeón favorito y también puedo cuidar de mi linda sobrinita, no hay nadie mejor que yo para protegerlos. – a este se le suben los humos rapidito.
- No, solo cuida a Ricky. – Rex fue tajante y el hueón de Gabriel lo mutilaba con la mirada.- Si necesitas algo, estoy en el estudio.
- Nadie te necesita T-Rex, tú estás de sobra en este mundo. – Mi hermano entornó los ojos y se dio la media vuelta para ir al estudio, yo lo seguía de cerca.
En el momento que cerré la puerta, Rex se sentó en el sofá que hay ahí y yo en una de la sillas que está frente al escritorio.
- ¿Qué querías decirme?
- Oye, ¿tú sabes sobre la disco sexo?
- ¿Qué? – Rex se ve confundido ¿Lo habré dicho bien?
- No, no era así… son las discos que dan sexo.
- ¿Hablas de un toples? – ¡Qué mierda! Eso no es lo que quise decir.
- ¡No! Sí sé que es eso. De lo que estoy hablando es una hueá en dónde esclavizan y torturan o algo así, me cachai ¿verdad? – Mientras Rex dormía a mi sobrina, él, me responde con algo de sorpresa.
- ¿Me estás hablando de un Club de Sexo? - ¿Los conoce?
- ¡Sí! ¡Esa hueá! – mi hermano, algo preocupado me mira con una ceja alzada y el ceño fruncido.
- ¿Eso te interesa?
- Aaah… No. – Al parecer no soy muy bueno comunicando mis ideas ¡Espera! Si Rex los conoce ¿es porque ha ido a esos lugares?- ¿Tú has ido a uno?
- No, pero sé que existen, es muy común en el barrio alto que haya lugares donde la gente quiera satisfacer sus más asquerosos deseos, drogarse y putear es como un tabú en esta clase social, por lo cual estos mierdas prefieren ocultar sus fetiches en Clubes supuestamente secretos, presumo que es más fácil para ellos compartir sus morbosidades en vez de hacerlas solos. – Esto me preocupa un poco. – Rob, tú no haces este tipo de preguntas, ¿pasó algo?
- Es que, hoy pasó algo muy freak… – suspiré y le conté todo lo que pasó este día de mierda, con todo lo que pude recordar, incluso lo que me dijo Victoria.
- Mmm… es muy chica para estar en un mundo así, es algo extraño, aunque, como te dije, ese tipo de Clubes fueron hechos para romper tabúes o más bien, para cometer delitos sin ser vistos. – Rex se quedó pensativo mientras que a mí, no me cabía en la cabeza esta información.
- Entonces ¿Los clubes de sexo son ilegales? – mi hermano me ve de una manera neutra, odio esa mirada, no sé si me está observando con condescendencia o solo piensa que soy hueón.
- No, no son ilegales y la mayoría cuida mucho su imagen, así que tienen reglas muy estrictas para sus socios, empezando por la edad, algunos de esos lugares ni siquiera admiten gente que tenga menos de veinte años, en otros tienes que presentar papeles médicos cómo exámenes físicos y sicológicos, hasta certificados de antecedentes penales, si no cumples o rompes las reglas te echan sin derecho a poder regresar, incluso, algunos quedan fichados de tal forma que no pueden ir a otros Clubes. – No sé qué me tiene más choqueado, el saber sobre está hueá de lugares o que mi hermano sepa tanto, es imposible que tenga tanto conocimiento sin haber ido a uno de estos lugares.
- Oye, hueón ¿Cómo sabes tanto? ¿De verdad nunca has ido a uno? – No sé qué cara puse, pero Rex al observarme respondió sin titubear.
- No, pero recibo muchos informes del Refugio y ahí hay cada caso; a uno de ellos lo tuvimos que internar, fue vetado de varios lugares por no escuchar a sus sumisas cuando utilizaban la palabra clave, o algo así leí. – Rex se quedó callado y yo, trato de tragar tanta hueá. – Aun así, como te dije antes, hay lugares super turbios en la alta sociedad, en donde no les importa llegar a la ilegalidad mientras puedan cumplir con sus más oscuros deseos, hasta podría decirte que hay una posibilidad de que esta tal Martina haya sido iniciada siendo muy niña.
¡Agh! Eso me dio escalofríos, si Rex llegara a tener razón, quiere decir que han violentado a Martina hasta el punto de volverla loca ¿Quién mierda puede ser tan maricón para hacerle algo así a una niña?
De pronto se abre la puerta, entra Alejandra muy feliz, por lo que veo, Rex tenía razón, ella necesitaba un descanso, se ve revitalizada, ¡lo que pueden hacer un par de horas de sueño!
- ¡Aquí están! Estaba buscando a mi princesita, tengo que amamantarla.
- Acabo de hacerla dormir. – Ale tomó en brazos a mi sobrina y nos miró a los dos algo extrañada, por esa razón ella pregunta dando una gran sonrisa:
- ¿Y esas caras? Parece que hubiera muerto alguien. - ¿Así de hueón me veo?
- No, no es nada, Rob me estaba diciendo que tiene algunos problemas con algunos compañeros, pero nada grave. – La preocupación de mi cuñada la reflejó en su cara y me preguntó ansiosa:
- ¿Estás bien? ¿Te están tratando mal en el colegio? Si es así tienes que decirlo, no quiero que te pase lo mismo que a Rex, nunca me dijo que lo trataban horrible. - ¿A mi hermano lo trataban mal?
- No, no es eso, preciosa, es algo distinto.
- ¿Están seguros? ¿No me están mintiendo? – Ale es tierna, me agrada cuando se preocupa por mí, me hace recordar a mi mamá.
- Ale, no es nada, ya sé cómo solucionarlo. – La verdad, no tengo ni puta idea que debo hacer, pero ver la delgadez de mi cuñada me hace pensar que está muy frágil y no quiero preocuparla con mis hueás.
- Preciosa, vamos a la pieza para que le puedas dar pecho a Selenita.
- ¡Aaaah! No quiero estar ahí, paso casi todo el día en cama por tu culpa, la enfermera que contrataste no me deja hacer nada, si no fuera porque la doctora me dio el alta, estaría amarrada al colchón por esa mujer. – Rex se levanta de su lugar y se lleva a su mujer sin decir nada, solo le sonríe y escucha sus quejas, me pregunto si yo podría ser así de paciente con alguien.
Ya es tarde, no he visto a mi princesa desde que llegué, fui a mi pieza y no vi ese exquisito cuerpo esperándome en la cama, supongo que hoy, me toca a mí escaparme a su pieza ¡Agh! Esperar me pone ansioso, voy a estudiar un rato.
Saqué las hueás de mi mochila y me di cuenta de que cayeron seis sobres de ella ¡Qué mierda! ¿Quién chucha está echando hueás a mi mochila? Las tomé y las revisé, tres de ellas son de minas de otros cursos, me hablan de que me esperarán y que no pueden dormir desde que me conocieron, debo ser como un demonio que ronda sus sueños si no pueden dormir. Hay otras que son de la misma persona, hace dos semanas que estoy recibiendo cartas de alguien que pone solo una inicial al final de sus cartas, es la letra “N”, pero no sé qué mina tendrá un nombre con esa letra, tampoco recuerdo cuales son los nombres de mis compañeras para saber quién es, he tratado de estar atento cuando pasan lista, pero cuando dicen el nombre de mi princesa, me olvido de lo que estaba haciendo y centro toda mi atención en ella ¡Soy malo siendo detective! Pero veré si encuentro algo en las palabras que escribió, tal vez algo me suene familiar a alguien.