Capítulo 11

1634 Palabras
Me di la paja de leer otra de las cartas de esta tal “N”, a la primera que leí no le puse tanta atención, porque no me importaba, pero esta es la sexta carta que recibo y quiero saber quién es, para que ya no me escriba más, tengo polola y me vale un puto maní cualquier otra mina. Suspiré algo chato de la situación y casi sin ánimo, comencé a leer: ‹‹Mi querido Roberto: No puedo parar de escribirte, mi deseo por hablarte me quema por dentro, pero las palabras se me atoran en la garganta y no puedo decir nada. Anhelo tu boca, estar cerca de tu cuerpo y hacerte mío de muchas maneras. Quiero que sepas que sueño contigo todas las noches, mis fantasías son de fogosas noches haciendo el amor y encuentros clandestinos en sitios públicos, también deseo que sepas que solo pienso en ti y que rezo, para que algún día me des la oportunidad de hacerte feliz. Con Amor “N”. ›› Mmm… Nada de lo que esta mina escribe me parece extraño, es igual a todas las otras cartas que me han escrito, volví a leer la primera carta que ella me envió: ‹‹ Roberto: Es la primera vez que te escribo, creo que es la primera vez que le escribo a alguien, muchas veces pensé que era absurdo mandar cartas, y aquí estoy, sufriendo por mandar una, solo porque no puedo decirte a la cara lo mucho que me gustas y que eres la primera persona a la que no le puedo hablar sin titubear, eres atractivo y sin dudar, desbordas masculinidad, tienes algo que me enloquece, quiero todo de ti y ya no sé cómo controlarlo. Desearía que me dieras una oportunidad, que pudieras responder y quitarme esta angustia, pero eso es imposible, solo me queda la esperanza de que algún día volverás a estar solo y yo estaré ahí para ti, mi querido Roberto. Con Amor “N”. ›› ¡Agh! ¡Esto es una mierda! Comparo las cartas de otras minas con la de la tal “N”, pero ya me di cuenta de que no es mi fuerte el investigar, ya que todas me dicen lo mismo, quieren conmigo, no las dejo dormir o sueñan conmigo, es algo que me enferma. De repente alguien golpea la puerta de mi pieza y yo como si nada grito: - ¡Pase! – Apenas se abrió la puerta y vi pasar rápidamente a mi reina. - Pensé que ibas a ir a mi pieza, pero al parecer me equivoqué. – mi princesa hermosa, me encanta cuando me habla con ese acento coquetón. Andrea cerró la puerta con llave y se lanzó a la cama para abrazarme. - ¿Estás estudiando? - Mmm… Sí, algo así, pero no es importante. – la abracé con fuerza y la dejé debajo de mí, para besarla y rozar mi cuerpo con el de ella. - Entonces, si no era importante ¿Por qué no fuiste a mi habitación? – ella me besa con cada palabra que dice y yo, más que ansioso, le respondo. - Porque a veces me pongo medio hueón. – Ella sonríe y me besa con ganas. - O tal vez ya no me extrañas. - ¡Eso, nunca! Tú vives en mi mente, mi reina. ¡Esta mujer me vuelve loco! Estoy tan ansioso por tenerla que no demoro nada en desnudarla, me desespera mi propia ropa, así que me la saqué y la tiré a la cresta, me posicioné entre sus piernas, las recorrí sintiendo su suave piel, las apreté con fuerza, mis manos siguieron su camino hasta tocar sus ricas tetas, ¡no aguanto más! La penetré con gusto, no puedo evitar salivar, trago cada cinco minutos solo de lo rico que se siente estar dentro de mi reina. - Mi lindo mecánico, ¡Dame más! - ¿Quiere más? - ¡Te doy lo que quieras, mi reina! – Levanté sus piernas sobre mis hombros para tener más acceso a ella, ¡Aaaah! ¡Qué rico! Quisiera meterle hasta mis bolas. - ¡Sigue, amor! ¡Sigue! – siento como se encorva y sus gemidos empiezan a ser más fuertes, así que tomo su boca, para que sus alaridos no se escuchen, eso me llevó a profundizar el beso e introducir mi lengua en su boca. ¡Estoy que me voy! Mi exquisita cuica malcriada me rasguña y me entierra las uñas en la espalda con fuerza, eso me ha ayudado a aguantar, aunque ya no puedo más. Andrea bajas sus piernas de mis hombros y me rodea con ellas la cintura, se cuelga de mi cuello y me besa apenas dejándome respirar, siento como su v****a se calienta y se moja con cada embestida. De pronto, un gemido ahogado de mi reina me manda cortado ¡Mierda! Me será difícil volver ha estar listo para otra ronda. - ¡Ay! ¡Mi amor! ¡Me encanta como lo haces! – Ok, si la penetro con mis dedos, puedo llevarla al orgasmo otra vez. Estaba listo para seguir jugando con mi reina, cuando ella me abraza y me dice: - Hazme cariño. - ¿Cariño? ¿No quiere más? - ¿Estás segura? Puedo hacerte llegar otra vez. - - Sí, por ahora, solo quiero tu cariño ¡Acaríciame! - ¡Agh! Y yo que me estaba preparando hasta para una tercera cesión, aunque también me gusta complacerla en otras cosas. - Bueno, voy a regalonearte. Me gusta acariciar a mi reina, ella estan suave, tan blandita, con unas ricas tetas firmes y apretables, ¡ay! Creo que me volví a excitar. Cómo me distraje, no me di cuenta de que Andrea tomó una de las cartas de “N” y con curiosidad me dice: - ¿Qué es esto? – No le iba a mentir, no quiero que ella piense que la estoy engañando. - Es una carta que me echaron a la mochila. – mi princesa se puso tensa y se quedó un buen rato leyendo, hasta que de pronto se sienta en la cama y me dice: - Esta tipa que te escribe es algo descarada. – También me senté y le pregunté: - ¿Por qué? - Es que, es algo directa al escribir, escucha esto: ‹‹…Solo pienso en ti cuando me masturbo, quiero sentir tu dominio sobre mí, cada día deseo más tu cuerpo, tu brutalidad, eso me excita al punto de acabar en mi mano y volver a desearte para volver al éxtasis. No sabes cuantos celos tengo de Andrea, ella te puede tener las veces que sea y eso me enoja, pero sé que algún día Andrea te dejará, ya que ella no es suficiente para ti, y, ese día, yo estaré allí, amándote…›› - ¿Qué? – Tomé el papel y lo leí ¿No recuerdo haber visto esta carta? Aunque solo leí dos. - Esta carta es tan descarada que me hace pensar que la escribió una mujer mayor. – miré a Andrea muy confundido ¿Una anciana quiere conmigo? - Las mujeres mayores que conozco son las señoras del aseo y la directora. – Andrea me miró sorprendida. - Roberto, esas señoras tienen sesenta años. - ¿Qué otras mujeres mayores hay? – Andrea se subió arriba de mí y me respondió. - Hablo de las profesoras, hay algunas que son jóvenes y les gustan los tipos como tú, en especial, porque deben saber que eres mayor de edad. – de pronto se me pasó por la mente una mina loca: - ¿Y si es Martina? Ella está bien loca para hacer estas hueás. – Andrea se queda meditando sentada en mi guata ¡Ayayai! ¡Qué hermosa diosa está sobre mí! - Mmm… lo dudo, Martina te ha dicho a la cara que es lo que quiere contigo, pero esta mujer piensa al revés, ella quiere ser tu sumisa. – Andrea suspiró con cansancio y posó sus manos en mi pecho, esto me está dando ganas. - ¿Crees que sea la profe jefe? - No. - ¿Y por qué no? – Andrea cruzó los brazos, como si se hubiera enojado. - Porque no, a la profe le importa alguien más. – y me da mucha plancha decirlo. - ¿Y cómo tú sabes eso? – cada vez está más enojada. - Princesa… - - ¡Nada de princesa! ¿Acaso te gusta la profe? – ¿Por qué me gustaría una mina que está loca por mi hermano? Mi cuica malcriada, no tiene que sentir celos por la profe jefe, ella ni siquiera me gusta, pero, por las dudas, le demostraré cuanto me calienta. La obligué a moverse hasta dónde está mi pene y le dije con hambre: - Mi reina consentida ¿Me sientes? ¿Puedes sentir lo duro que estoy? – con mis manos la sujeto por la cintura y yo, empujo mis caderas por instinto, rozando sus labios vaginales, mi princesa gime y eso me excita. - ¡Esto es tuyo! ¡Mi cuica malcriada! ¡Tú me pones así de duro! Andrea sonríe y se muerde los labios de manera incitante, de pronto, mi reina empieza a moverse y empieza a mojarse, ella con toda su coquetería me dice: - Creo que he sido muy mala contigo ¿Verdad? – Ya me encendí y estoy listo para los rounds que quiera. - Muy mala y creo que me debes un par de disculpas, por suerte, no me importa pasar toda la noche escuchándote. – Esta noche no voy a dormir, pero me importa una mierda, por mi reina soy capaz de no dormir una semana.
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