Narra Andrea
Han pasado un par de semanas, estoy algo preocupada por las cartas que le llegan a mi pololo, los mensajitos que les mandan las tipas de otros cursos no me importa, pero las de esa “N” me tienen tensa, no es que crea que Roberto me engañe con ella, pero siento que las cosas que le escribe a mi hombre son tan directa y subidas de tono, creo que algo le puede pasar a mi amado. De pronto siento que me abrazan por los hombros y me besan la mejilla derecha.
- Princesa, en la tarde tengo un partido de básquet en el gimnasio del Colegio Montessori ¿Quieres ir? - ¡Ay! ¡Ay! Me invitó a uno de sus partidos formales.
- Sí, si voy.
- Pero…
- ¿Pero qué? – Roberto se ve algo incómodo.
- No puedes decir que eres mi polola. – Me quedé fría ¿Por qué no puedo?
- ¿Por qué no? – ¡Estoy muy enojada! ¿Cómo me puede decir algo así?
- Es por tu culpa, mi reina. – Me sorprendí cuando me dijo esto, en especial porque me está culpando.
- ¿Esa es tu forma de decirme que no me quieres ahí?
- No. – me dice arrastrando las letras. - Por lo que sé, Rex, tu hermano y tu papá van a venir al partido y tú, mi amor, no quieres contarle nada a tu viejo.
¡Ay! ¡No! Esto es muy malo.
- ¡Uy! ¿Por qué se le ocurrió ir?
- Rex me dijo que tu viejo va para ver a uno de los jugadores, al parecer, quiere invitarlo a la casa. – No otra vez.
- Entonces ¿Crees que me quiere meter a otro hombre por los ojos?
- No solo por tus ojos, en tu cama y en tu vida.
- ¿Y con cuál de los jugadores me quiere emparejar? – Roberto se rio entre dientes. - ¿Por qué te ríes?
- Es que, si es quien creo, es imposible que te quedes con él.
- No entiendo ¿Crees que no soy tan bonita para él?
- No es eso. – Roberto me quiere ver enojada hoy. De repente me dice muy cerca del oído. – Me imagino que tu viejo puso el ojo en Luciano, es tirador de tres puntos, ha sido premiado dos años consecutivos como el jugador del año y está en el equipo sub diecisiete de la Universidad Católica, prácticamente él es un jugador de élite, tiene asegurada una carrera.
- Ah, quiere decir que mi papá me lo va a presentar como mi esposo cuando lo lleve a la casa.
- Puede ser, pero dudo que Luciano te acepte.
- ¿Por qué? ¿Ya tiene polola?
- No, tiene pololo, Luciano es gay.
- ¡Oh! – Nunca lo hubiera imaginado, a Luciano le gustan los hombres, creo que debí suponerlo, siempre ha sido un compañero detallista, le gusta peinarles el pelo a algunas de sus amigas y suele dar consejos de belleza, aunque nadie se lo pida, pero solo estoy especulando, tal vez solo es un hombre detallista. - ¿Cómo sabes eso? No parece ser afeminado, es muy masculino.
- Bueno, lo vimos dándose calugazos con un cabro de tercero en el camarín, suponemos que era su pololo, porque no le importó que el hueón se quedara mientras nos preparábamos para irnos.
- Ahora entiendo. – En ese momento, un grito con mucho ánimo se escucha desde el centro de la cancha.
- ¡Bien, jóvenes! ¡Ya conocen mi rutina! ¡Quince minutos de trote por la pista atlética de la cancha! ¡si no comienzan ahora, les restaré decimales cuando sea la prueba! – el profe de educación física es Manu, nunca imaginé que era tan estricto, en este momento odio a este hombre, ya que, me hace trotar y eso me carga.
Antes de empezar a trotar, Eduardo llama a Roberto y le dice:
- ¡Rob! ¡Te echo una carrera! – Mi lindo pololo se entusiasmó y dándome un beso me dice:
- Después te ayudo a estirar. – Fue así como salió corriendo detrás de Eduardo y le dice gritándole: - ¡Oye! ¡Agilao! ¡Empezaste primero! ¡No se vale!
Roberto es muy bueno haciendo cosas deportivas, le gusta el basquetbol, a veces juega partidos de futbol, antes de tener el auto andaba en patineta y obvio, correr no se le dificulta, ¡ah! Y tampoco puedo olvidarme del deporte que hace conmigo, me sorprende lo resistente que es, en especial porque los libros de biología y sexualidad, que leí, hablan de lo mucho que les cuesta a los hombres aguantar y retomar ¿Estará tomando algo para estar siempre erecto?
Mientras iba trotando, se me acercó la Panchi y me dice con falso enojo:
- ¡Esos brutos! ¡Salen corriendo como niños chicos y nos dejan solas!
- Bueno, creo que la mayoría de nuestros compañeros está haciendo competencia por quien corre más rápido. – De pronto veo que mi pololo lleva una ventaja de media vuelta, lo sigue Eduardo y Wincent de cerca. – También me da tiempo para hablar contigo.
- ¡Siii! Eso es cierto, me cuesta mucho conversar contigo cuando tu pololo siempre está cerca de ti, en especial ahora, que Roberto está adquiriendo fama por ser pariente de Rex Anderson y titular en el basquetbol.
- ¿Qué? ¿Dónde escuchaste eso?
- No solo lo escuché, lo vi, la semana que te enfermaste, tu pololo estuvo escapando de las locas de primero y segundo, las que tienen intenciones de quitártelo, además de Martina, es Tabatha Bianchi de Cuarto C y Belén Rincón de Cuarto B, esas perras querían acercarse en la práctica de básquet, pero yo las espanté, aunque no te aseguro que no lo encontraran sólo en otro lugar. – Me sentí hiperventilada, no puedo respirar. - ¿Ann? ¿Qué te pasa?
No pude dar ni un paso más, entré en pánico y no sé cómo salir de él, caí de rodillas al suelo tratando de respirar, pero él aire no entra a mis pulmones. De repente siento que alguien me levanta del suelo y me aleja de la pista de atletismo, me sienta en una de las graderías y me dice:
- ¡Iti! Toma aire lentamente. – no me había dado cuenta de que quien estaba arrodillado delante de mí era Manu, traté de seguí sus instrucciones lo mejor que pude. – Eso, ahora, bótalo lento.
Hice esto unas cinco veces antes de recuperar un poco el control, al parecer, cuando Manu me vio mejor, me pregunta:
- ¿Qué pasó? ¿Es normal en ti sufrir ataques de pánico? – Manu es como Ale, pero en hombre, parece saber qué hacer cuando pasan cosas malas.
- Bueno, fue algo que escuché. – Manu se ve preocupado.
- ¿Qué oíste? – No sabía si decirle, tal vez encuentre que es muy tonta la razón por la que me dio este ataque. – Iti, confía en mí, no le diré a nadie, lo juro.
- No, no tiene importancia, es algo muy tonto.
- Si te dejó en ese estado, es porque no es tonto para ti. – Manu es un gran amigo, si no fuera porque estoy con Roberto y es casi diez años mayor que yo, hubiera deseado tenerlo de pololo.
- Bueno, te contaré, pero no te rías. – él, agitó la cabeza para decir que sí y yo me di el ánimo de hablar.
Le conté lo que la Panchi me dijo, estaba muy concentrado oyendo mientras miraba como mis compañeros se iban acercando al centro de la cancha. Cuando terminé de hablar, Manu me dice:
- Entiendo. Así que crees que tu pololo no te dijo la verdad y ahora, estás insegura.
- Sí, algo así. Es que, no entiendo por qué no me dijo que hay mujeres detrás de él, hace poco me enteré de que una mujer le escribe cartas eróticas muy sugerentes, si no la leo yo, él jamás me la hubiera mostrado. Puede que parezca paranoica, pero no sé si es despistado o mentiroso. – Manu vio a su alrededor y me dijo:
- ¿Quieres ir a la enfermería? Ahí puedes estar un rato tranquila. – No alcancé a responder, ya que Roberto se acercó algo enojado y me dijo:
- Princesa ¿Qué te pasó?
Narra Roberto
¡ESTOY CON LA MIERDA HIRVIENDO! ¡QUIERO MATAR A LALO! ¡No me dejó ir dónde mi reina! Cuando estaba por completar una vuelta a la pista, vi que Andrea estaba de rodillas en el suelo, ¡Pero el Lalo me empujó para que terminara los quince minutos mientras el profe se lleva a mi mina a las graderías! El muy hueón de mi amigo me dice: “tranquili, qui il profi la va vir”, ¡Puto culiao! Si le hago la misma, el saco de huea me manda a la cresta y va llorando detrás de su polola, aunque lo peor no es eso ¡Odio al profe Oroiti!
Me molesta que ese hueón del profe sea tan cercano a Andrea, me pasa lo mismo cuando el hueón extranjero se acerca a mi princesa, me dan ganas de reventarle la cara contra el suelo, pero como ese viejo de mierda no es un estudiante, me tengo que tragar hasta el orgullo para no gritarle. Estaba tan ido en mis pensamientos que no escuché lo que me dijo mi reina.
- ¿Amor? No me respondiste.
- Aaah ¿Qué me dijiste?