Andrea me mira con enojo, ¿ahora que hice?
- Amor, te dije que me acompañaras a tomar agua. – Ahora sé que cagá me mandé.
- Ahm ¡Sí! Vamos. – la ayudé a levantarse, la afirmé bien, ya que se tambaleo al ponerse de pie. Iba a avanzar, cuando el profe Oroiti me aprieta un brazo y me susurra:
- Ten cuidado con lo que omites, a Iti le afecta más de lo que piensas y yo estoy dispuesto a olvidar que soy profesor para sacarte la chucha por cada lágrima que ella derrame por ti. – El profe me soltó, logré ver su cara y me dio una sonrisa desafiante, como si estuviera esperando con ansias el día para sacarme la cresta, sentí como crecía dentro de mí una ira incontrolable.
- ¡Roberto! ¡Me estás apretando muy fuerte! ¡Me duele!
- ¡Ay! ¡Discúlpame, princesa! Yo… no… no quiero que te caigas y por eso te agarré tan fuerte. – Mi reina me sonríe y yo me trago la furia mientras escucho como el profe llama a todos al centro de la cancha, no sé por qué pienso que sus gritos de ánimo son una burla.
Cuando llegamos a los bebederos, Andrea se mojó la cara y tomó un poco de agua, luego caminó un poco para sentarse en una escalinata, yo la seguí y me senté detrás de ella para abrazarla. Por alguna razón, las palabras del hueón del profe me calaron hondo en el cerebro, así que, le pregunté:
- ¿Qué te pasó? ¿Te caíste? ¿Te hiciste alguna herida? – Pude oírla suspirar, su cuerpo se dejó caer con desgano.
- Nada. – la forma en que dijo “Nada” no me convence.
- ¿Segura?
- Ah jam. – Supongo que es cierto y no tiene nada. De pronto siento que se cruza de brazos y me pregunta. – Roberto ¿No tienes nada qué decirme?
- Sí. – Ella se giró con brusquedad y me miró con expectación. – Te amo.
- Oh. – Se volteo algo desanimada, esperaba que se alegrara y también me dijera “Te amo”. – Nunca hablamos de lo que hiciste en el colegio mientras yo no estaba.
- Ahm… No, no hablamos de eso.
- ¿Y qué hiciste? – Me está preguntando de esa manera arrogante, igual que antes, como el día en que la conocí.
- Yo… - ¿Qué hice esa semana? No me acuerdo de ninguna hueá en especial, ¡a ver! Trataré de contarle de lo que me acuerdo. – Yo te busqué, llamé a varios hoteles de Zapallar.
- Pero, aquí, en el colegio. – ¿Se está enojando?
- Ahm… tuve que hacer un trabajo de Castellano con el Lalo, también tuve entrenamiento de básquet porque estaba cerca un campeonato, en ciencias nos juntaron en grupos y me tocó con tu amiga, esa cuica pesá y su pololo, el hueón que apañaba a Zanetti y una mina tímida que no le entiendo ninguna hueá de lo que me dice porque habla muy bajo y…
- ¡Roberto! – Ok, si esta enojada y no tengo idea por qué. – ¿Cuántas mujeres se acercaron a ti mientras yo no estuve?
Esa pregunta me confundió un poco ¿Por qué necesita saber cuántas minas se me acercaron?
- A ver, no recuerdo que ninguna mina me hablara. – Mi princesa se levantó con mucha rabia y me dijo:
- ¡Eres un mentiroso! ¡La Panchi me dijo que muchas niñitas de primero y de segundo te hablaron! ¡También, dos perras de cuarto te han estado seduciendo! - ¿Qué mierda? ¿En qué momento hice eso?
Me paré para abrazarla, pero ella se aleja, ¡agh! ¿Qué chucha le dijo su amiga de mí?
- Princesa, yo no he estado con nadie, no sé qué hueá te dijo tu amiga, pero yo solo pensé en ti toda la semana.
- ¡Ja! ¿Y acaso no te movieron el piso la Tabatha y la Belén? - ¿De quién mierda me está hablando? – Las dos son muy sexys, cómo modelos de pasarela y yo, estoy gorda como una ballena, ¿por eso dejaste que te hablaran? ¿Verdad? ¡Porque debes creer que soy una horrenda vaca!
Ok, esto ya no se ve normal, Andrea no es tan insegura, pero últimamente parece que no confía en mí, tampoco en su belleza, no se da cuenta que es ella la que me tiene loco y no la cambiaría por ninguna puta ofrecida del colegio. Ya que se siente tan herida, voy a hacer que me escuche a la fuerza, así que, le tomé una mano como pude y la atraje a mi cuerpo para abrazarla.
- Mi reina ¿Por qué desconfías tanto de mí? No te he dado razones para que pienses eso, eres mi princesa, la reina de mi corazón, aunque me pongan mil mujeres enfrente, tú eres la diosa que me cautiva y me excita, ¡nunca podría cambiarte por una puta cualquiera que se me ofrezca! – Sentí las manos de mi hermosa polola rodeándome y seguí hablando. – Recuerda que me enamoré de la consentida, arrogante y soberbia Andrea Dossmar, ella es la que me gusta, me encanta tu cuerpo…
- ¿Aunque este gorda? – no sé dé donde rechucha saco la idea de que está gorda, si yo la encuentro perfecta.
- ¡Mi reina hermosa! – acuné su cara en mis manos y la besé entregándole todo mi amor. – No sabes las ganas que tengo de hacerte el amor y tocar tu exquisito cuerpo, eres tan perfecta, muero por tocar tus pechos, tu culo y toda tu figura.
- Te amo. – mi hermosa reina me dio una linda sonrisa mientras decía estas palabras que me llenan el corazón.
- Yo también te amo, princesa. – Le acaricié su bonitas mejillas con mis pulgares y le volví a dar un beso, ahora, tengo una pregunta ante su extraño comportamiento. – Andrea, mi amor ¿Por qué no confías en mí?
Ella se acurrucó en mi pecho y me dice:
- No sé, no podría decirte el por qué tengo tanto miedo a perderte. - ¿A perderme? Eso me hizo pensar en la secuencias de cosas que he hecho para que no crea en mí, le mentí cuando le dije que iba a volver, no fui claro con lo que sentía por ella y mucho peor, ni siquiera sabe que casi me doy como caja con una extraña, debo arreglar esto.
- Princesa, voy a hacer lo que sea para que vuelvas a sentirte segura conmigo, quiero que creas en mi cuando te digo que solo me importas tú. – Andrea me abrazo con amor, le iba a decir algo hasta que escucho una tos detrás de mí.
- Cof, cof, cof… - me giré y era ese hueón del extranjero. – Bella, el Profesor Oroiti te llama.
- ¿La llama solo a ella? – ¡hoy día es un día de mierda! Si no es el hueón del profe, es este concha su madre que me viene a molestar.
- Ahm, sí, voy altiro. – Andrea me dio un beso fugaz y se fue, en cambio, el hueón polaco me quedo mirando de forma extraña.
- ¿Qué le ves? – dice este hueón. – ¿Qué te atrae de alguien tan común cómo śliczny?
Sus palabras fueron raras, sí le gusta Andrea ¿Por qué la trata cómo alguien común?
- ¿Qué te importa? - Iba a comenzar a caminar para ir a la cancha, pero este hueón llega y suelta de su hocico estas palabras:
- Podrías tener a cualquier otro, alguien que de verdad te merezca y sepa cómo tratarte. - ¿Dijo otro? – ¡Tienes el mundo a tus pies, Drogi!
¡Me apesta que me hable en un idioma que no conozco! Me acerqué a él y le increpé:
- ¡Fuiste tú! ¿Verdad? ¡Tú le metiste hueás en la cabeza a la amiga de mi polola! ¡Por ti ella está sufriendo! – Le tomé la polera con la mano izquierda obligándolo a mirarme.
- Co? Nie! Tú estar equivocando, yo aún no hace nada. – Una risa llena de ira me gobernó.
- ¡Ja, ja, ja! ¿Crees que me la vas a quitar? ¡Andrea es mi mujer! ¡Nada de lo que salga de tu puto hocico me va a separar de mi reina! ¡Ni siquiera diciendo hueás tan mariconas! ¡Andrea es perfecta y muy especial! ¡Ni un hueón de mierda la va a rebajar a menos! ¡Y para que te quede claro! ¡Te sacaré la sonrisa de un solo combo! – Estaba por volarle los dientes a este hueón cuando siento que me agarran con mucha fuerza el brazo.
- ¡Ya para! – ¡Es el hueón del profe! ¿Por qué chucha se tuvo que aparecer ahora? – Señor Wincent, vaya a la cancha, tengo que hablar con su compañero.
El puto extranjero no dudó en salir corriendo ¡Maricón culiao! Algún día me vas a encontrar y te voy a volar todas las perlas de la boca.
- ¡Qué mierda te pasa! – Ahm, no esperaba que el profe me tratara a chuchás, creo que eso va en contra del reglamento interno.
- Nada. – traté de hacerme el loco, entre menos diga, mejor.
- ¡Oye, hueón! ¡No soy ciego! Le querías sacar la cresta a Nowak ¿por qué? – ¡Mierda! Parece que todos me quieren sacar de quicio hoy.
- ¿Por qué? ¡Porque me tiene chato! El muy hueón me busca para separarme de mi polola, al igual que tú. – Espera, no debí decir lo último, miré al profe Oroiti y su mirada es asesina ¡Qué mal! Otra vez van a llamar a Rex.