Mi reina se baja de la cama y comienza a moverse de un lado a otro, se ve algo preocupada, de pronto se detiene y me dice:
- No, no puedo decirle eso a mis papás, ellos van a poner el grito en el cielo, van a hacer todo lo posible para separarnos, son capaces de enviarme lejos solo para que no esté cerca de ti.
- Andrea, es mejor arriesgarnos a decirles la verdad a tener que estar fingiendo que nos caemos mal ¿Qué es lo peor que puede pasar? Es a mí a quien van a echar cagando de esta casa, tú vas a seguir viviendo aquí. – mi princesa se agarra la cabeza, se acerca a mí y me dice:
- Roberto, tú no conoces a mis papás, ni siquiera yo estoy segura de que los conozco. – Andrea se gira, camina hacia la puerta y vuelve a girar para mirarme. – desde lo que pasó con Javier ellos ya no son los mismos, imagínate si les digo que eres mi pololo, seguramente que me encerraran en un convento solo para mantenerme lejos de ti.
Suspiré, mi cuica hermosa está exagerando, sus viejos no serían tan malos con ella como lo van a ser conmigo.
- Sabes, lo único que quiero es poder salir contigo sin que una manga de hueones nos siga, quiero estar cerca de ti como tu pololo y no como el hueón con quien “supuestamente” te llevas mal, no quiero esconderme más y tampoco me gusta que tengas que ver a otros para que estemos juntos, solo te quiero para mí. – mi reina al escuchar mis palabras se abraza así misma y me vuelve a decir:
- No, no les puedo contar, no te puedo perder. – sus palabras me destrozan, pero esta vez no estoy dispuesto a ceder, así que con el dolor de mi alma le dije:
- Entonces, si no les cuentas, voy a terminar contigo. – mi cuica hermosa se sorprendió al escuchar mis palabras.
- ¿Vas a terminar conmigo?
- Si no dices la verdad… - empuñé las manos y tragué duro, esta vez no puedo echarme pa’ tras – Sí, terminaré contigo.
Andrea retrocedió hasta apoyarse contra la puerta, se tapó la cara y susurró algo que no logré escuchar, me pone ansioso verla así. Pasaron un par de minutos antes de que mi reina me mirara, sus hermosos ojos brillan por las lágrimas que se acumulan y están a punto de derramarse, mi primer instinto al verla es correr hacia ella y abrazarla, pero no puedo, debo mantenerme firme ante esta decisión. De pronto cierra los ojos y me dice con mucha tristeza:
- Mañana hablaré con mi mamá, ella es más comprensiva y me ayudará a decírselo a mi papá. – No me di cuenta de que estaba aguantando la respiración mientras esperaba su respuesta, fue un alivio escucharla, la iba a abrazar y darle todo mi apoyo, pero mi reina abrió la puerta y de manera muy fría me dijo: –espero que duermas bien, Roberto.
Mi reina cerró la puerta con cuidado, sin meter ruido, algo se sintió raro en este momento y no fui capaz de ir a buscarla para aclarar las cosas, algo me decía que algo se rompió ente mi princesa y yo. Me senté en la cama sintiéndome muy culpable por todo lo que pasó, pero ¿Está mal que quiera una relación normal con mi polola? ¿No tenemos derecho a eso? Me acosté con una amarga sensación, como si Andrea ya no fuera mía.
A la mañana siguiente, cuando bajé a tomar desayuno, todos estaban en el comedor, se veían muy alegres, menos mi reina, que se ve muy triste y sin ánimo. Como esta es la última vez que voy a fingir que mi reina me cae mal, le dije con sarcasmo:
- Oye ¿Me pasas el azúcar? ¿o es demasiado esfuerzo para una princesa cómo tú? – Andrea no me contestó, me pasó el azucarero y ni siquiera me miró.
- ¿Ann? ¿Te pasa algo? – le preguntó Ale.
- No, no me pasa nada, solo tengo sueño, anoche no pude dormir hasta las tres de la mañana. – mi cuñada dio una leve sonrisa y no preguntó más, pero la mamá de mi polola le preguntó con una insinuación:
- ¿Y estuviste hablando con alguien especial? ¿Tal vez con Efraín? – mi reina sé paró de repente y dice:
- No tengo hambre, permiso. – Me apuré en comer, me tomé un vaso de leche, tomé un pan, le eché un poco de jamón y corrí para alcanzar a mi reina, gritándole algo para que no se notara lo preocupado que estaba.
- ¡Oye! Espérame, tú no sabes manejar. – tuve que correr, subir las escaleras de dos en dos para buscar mi mochila y bajar de la misma manera, pero de todas formas no la alcancé, decidió irse con Julián y yo me quedé en el umbral de la casa tirando puteadas.
En el colegio, las cosas no mejoraron, Andrea se sentó con una de sus amigas, no tengo idea como se llama, sé que no es la Pancha, porque ella esta sentada con su pololo y otra mina ocupó mi lugar, así que me tuve que sentar con el saco de huea del extranjero, me tuve que tragar mi rabia y por exigencia de los profes, aguantar a ese hueón.
Mientras estábamos repasando materia para una prueba, el hueón extranjero me dice:
- Amh ¿Tú y Andrea están peleados? – ni siquiera yo estoy seguro, ella solo me ignora.
- ¿Qué te importa? – esperaba que con esto ya no me hablara más, pero el hueón no parece entenderme.
- ¿Y esta pelea es algo irreversible? – me molesta que quieran meterse en mis hueás.
- Sabes, hay otra cosa que es irreversible.
- ¿Qué cosa?
- ¡El botarte los dientes de un solo combo! – al parecer mi declaración lo dejó tranquilo por un rato.
De un momento a otro, este pendejo empezó a mover la pierna de tal forma que chocaba con la mía, eso solo aumentaba mi rabia.
- ¿Qué mierda te pasa? ¿tení piduyes? ¿te molestan las bolas?
- Amh…- movió la cabeza para negar y yo le volví a advertir.
- Entonces ¡Dejas las patas tranquilas! ¡O te saco la chucha!
- ¿A qué te refieres? – Antes de que le pudiera contestar, sonó el timbre para el recreo, supongo que este hueón no merece mi tiempo.
No sé como Andrea se me a escapado en los dos últimos recreos, necesito hablar con ella, pero siento que se está escondiendo de mí, es por eso por lo que no la perdí de vista en el último recreo y antes de que entrara al baño de mujeres, la tomé por el brazo y le dije:
- ¡Andrea! – aún esta desanimada
- ¿Qué quieres?
- ¿Qué quiero? Hablar contigo, me estás ignorando desde la mañana.
- No hay nada que hablar. – De pronto, sentí que se me apretó el corazón.
- ¿Por qué no? ¿Qué está pasando? ¡No entiendo!
- No está pasando nada. – Molesto, la obligué a entrar al baño de mujeres y la metí en una de las casetas, no me fijé si había personas a dentro del lugar, solo quiero hablar en privado con ella. - ¡Uy! ¡Roberto! ¡Este es el baño de mujeres!
- Sí sé, ya había estado aquí antes. – Andrea me miró con las cejas fruncidas, por lo menos está enojada conmigo y no me hace la desconocida.
- Eres bien bruto, me dejaste el brazo adolorido.
- Perdón, pero necesito saber que está pasando entre nosotros, porque tu forma de actuar conmigo me causa dudas ¿Sigo siendo tu pololo o decidiste terminar? – Andrea con molestia me dice:
- ¿Ahora perdí tu confianza? Perfecto, no crees en mí, me pones un ultimátum ¿Y tengo que estar feliz de la vida? ¿Qué más esperas de mí? ¿Una sumisa? ¿o tal vez una esclava? – ok, no está molesta, está más enojada que la cresta.
- ¡Agh! Discúlpame, pero ¿qué querías que pensara?
- En que te amo, en eso quiero que pienses antes de creer en estupideces.
- Ok, sí, la cagué, pero no me ignores así, en especial porque me alejaste de ti.
- ¡Uy! ¡Está bien! También me disculpo, pero, para serte sincera, no quiero estar cerca de ti. – Esta afirmación me dolió.
- ¿Por qué no?
- Porque cada vez que te veo me dan ganas de llorar. – su voz empezó a quebrarse. – Roberto, me estás pidiendo que me enfrente a mí mamá sola y estoy segura de que las cosas no van a mejorar, se van a poner cada vez más complicadas.
Las lagrimas empezaron a rodar por su linda carita y la cercanía que tengo con ella rompe todas mis barreras y no puedo evitar sostenerla entre mis brazos para entregarle todo mi amor.
- Reina, no estás sola, me tienes a mí, estaré contigo, los dos le diremos a tu mamá que somos pololos. – siento el tacto de sus manos sobre mi pecho y ella me dice entre sollozos:
- No, no es buena idea que estés a mi lado, si las cosas salen mal, quiero que estes cerca de Rex, él es el único que puede protegerte. – eso me sonó tan raro, como si ella supiera la verdad de mi hermano.
- ¿Por qué dices eso?
- ¡Solo hazlo! ¡Promételo! ¡Dime que estarás al lado de Rex! – me siento algo confundido, pero si eso la hace sentir segura, lo haré.
- Te lo prometo. – La abracé por mucho rato, hasta que tomé su mentón y la vi a los ojos ¡Se ve tan linda!
No aguante las ganas de besarla y arrinconarla contra la puerta de la caseta, la amo tanto que no sé como controlar mis impulsos cargados de deseo por hacerle el amor en todas partes. Mi reina se cuelga de mi cuello mientras mis manos exploran por enésima vez su exquisito cuerpo.
- Amor, va a sonar el timbre para volver a clases. – con frustración mire mi reloj y solo tengo siete minutos… Mmmm
- Tenemos siete minutos. – sonreí y le dije: - entonces tendré que esforzarme para que también lo disfrutes.
La cambié de posición, le bajé la sexy tanga que lleva puesta y comencé a penetrarla ¡Se siente tan rico! Mientras mi reina se afirma de la pared, aprovecho de tocarle el rico par de tetas que tiene, después, mis manos llegan a sus caderas para embestirla con fuerza, con ansiedad bajo hasta los labios vaginales y los abro en busca de su clítoris, apenas lo toco, mi cuica hermosa se estremece, el calor aumenta dentro de ella y con cada penetración se moja más y más. Fue un desafío para mi reina llegar sin gemir, como a mí me costó aguantar la eyaculación, la extrañé mucho anoche y este encuentro me llevó muy rápido al clímax.
Sonó el timbre y Andrea fue la primera en salir, diciéndome de manera muy coqueta:
- ¿Crees que podamos desviarnos cuando nos devolvamos a la casa? Si las cosas salen mal, quiero sentirte por última vez. - ¿Por qué mi reina ve esto cómo una sentencia de muerte? ¡Agh! Creo que ese tema lo dejaré para después, ahora que lo pienso, entrar al baño de mujeres no fue la mejor idea que tuve.
- Obvio, lo que quieras, mi reina.