Capítulo 40

1616 Palabras
Cómo prometí, la llevé a un mirador bien piola, nos dimos como caja, apenas me di cuenta cuando me mordió y me arañó la espalda, a veces pienso que en vez de una mujer tengo una leona y quiere mutilarme de alguna forma, sé que de mi parte sonará extraño, pero ¡Me encanta lo salvaje que es! Creo que su brusquedad es a base de todos los límites que le han impuesto sus viejos, ya que cada vez se ha vuelto más agresiva al entregarme su amor ¡Qué bueno que soy resistente! No cualquiera llevaría un mordisco en el cuello como si fuera un tatuaje. Frené a una calle de la casa de los Dossmar, suspiré pensando en que las cosas van a cambiar sea para bien o para mal, y que esto no va a ser tan malo, porque estaré con mi cuica hermosa como corresponde, como mi polola. De reojo puedo ver que mi reina está tan ansiosa, ya que no para de peinar uno de sus mechones de pelo con la mano. - ¿Princesa? – Mi cuica hermosa me miró y me dijo: - Tengo miedo, tengo un mal presentimiento. – Quiero calmar a mi reina, así que le tomo la mano y la reconforto. - Sé que no quieres que te acompañe, pero ¿qué te parece si me quedo en la oficina de Rex? Así, si las cosas no salen bien, saldré para enfrentarlo contigo. - ¿Quieres que lleve a mi mamá al living? ¡Ay! ¡Diosito! ¿Qué hice para pasar por todo esto? – Me saqué el cinturón de seguridad y acuné un lado de su cara en mi palma. - Reina, estoy contigo, pase lo que pase, no te dejaré. – Andrea también se soltó el cinturón y se lanzó a mi boca, se aferró a mi ropa y de manera agresiva me besó. Su pasión está desbordada, como si quisiera comerme o algo, aunque recibo su beso con gusto, siento su ansiedad en su cuerpo rígido y en su respiración agitada, de pronto siento un fuerte dolor en mi labio inferior y la alejo de mí. - ¡Agh! ¡Eso me dolió! – Vi como mi reina me mira con preocupación ¡Tsss! No logré bajar ni un milímetro de su angustia, solo la aumenté. - ¡Ay! ¡Disculpa, amor! – Me tomó la cara con sus suaves manos y con el dedo pulgar rozó mi boca, la miré y vi lo arrepentida que está por morderme. - ¡Uy! Déjame buscar mi pañuelo, está en la mochila. ¿Para qué quiere un pañuelo? Por curiosidad pasé mis dedos por mi boca, fue ahí donde me fijé que cuando me mordió me rompió el labio. - ¡Ach! – Andrea buscó entre sus cosas y saca un pañuelo blanco. - Ven amor, te limpio. – ese trozo de tela es tan blanco que me da como cosa mancharlo, así que le digo. - Reina, estoy bien, ahora vamos a entrar a la casa y le dirás la verdad a tu mamá ¿Bueno? – Ella asintió con la cabeza, le besé la frente y le limpié el rastro de sangre que le dejé en la piel. Puse en marcha el motor y entramos al estacionamiento de la casa, bajé primero, para seguir manteniendo las apariencias, apenas crucé la puerta principal me fui derechito a la oficina de mi hermano, dejé la puerta entreabierta y me senté al lado de esta para escuchar. Pasó un buen rato antes de escuchar dos voces familiares, son mi reina y su vieja, me puse muy ansioso y puse mucha atención a todo lo que decían. - ¡A ver! ¿Qué es eso tan importante que tienes que hablar conmigo? – la voz de la señora Magdalena suena casi como una burla, como si todo lo que dice su hija no tuviera valor. - Quiero decirte… - escuche un gran suspiro de mi princesa antes de responder. – Quiero contarte de que ya tengo pololo. Se formó un silencio que pareció eterno, aunque en el momento que la mamá de mi reina habló, sonaba muy feliz. - ¡Ay! ¡Hija! ¡Me alegro tanto! ¡Sabía que Efraín era el indicado! ¡Él es perfecto para ti! ¡Se nota a leguas que ustedes son el uno para el otro! – esa señora acaba de herir mi ego. - ¡No! ¡No mamá! Efraín no es mi pololo, es otro hombre. – de nuevo se formó un silencio incómodo. - Oh… - la mamá de mi reina sonó decepcionada y preguntó: - ¿Y de qué familia es este joven? El tenso silencio que se forma ante las palabras frías y con desdén de la señora, me hicieron empuñar las manos de tal modo que me dolían, me siento muy frustrado al no poder estar con mi reina. - Él no es de ninguna familia, está becado en el colegio, es una persona humilde, que se esfuerza mucho por ser mejor, es el mejor en matemáticas y… - De pronto, la señora Magdalena la interrumpe. - Bien, entiendo, podemos arreglar esto, vamos a ocultar este desliz antes de que Efraín se entere, hablaré con tu papá para que contacte a este joven, podemos conseguirle una beca en una escuela fuera de Santiago y pagaremos cualquier gasto adicional. - ¿Qué? - ¡Mamá! ¡No pueden hacerme esto! ¡Yo amo a mi pololo! – ¡Reina! Yo también te amo. - ¡Ja, ja, ja! – la risa burlona de la mamá de mi princesa me irritó ¿De qué mierda se ríe? – Por favor, hija, tú ni siquiera sabes que significa esa palabra, el amor es algo que se cultiva, que se aprende con el tiempo, solo tienes que compartir más con Efraín para darte cuenta de que él es tu pareja ideal. - Mamá… - Andrea no alcanzó a decir nada cuando la señora Magdalena le dijo algo molesta. - ¡Ya basta! No entiendes que la gente pobre solo quiere sacar ventaja de nosotros, esa gentuza es floja, quieren que les regalen todo y como tú eres buena persona, abusan de tu bondad. – Mi ira empezó a crecer ¿Qué mierda tiene en la cabeza esta ñora? Los pobres nos sacamos la cresta trabajando de lunes a lunes, muy temprano en la mañana y llegando muy tarde por la noche ¡Grrr! Odio a estos putos arrogantes de la clase alta. - Mamá, él no es flojo, él trabaja, jamás me ha dejado gastar ni un peso cuando salimos. – mi reina lucha por mí y solo me enamora más, pero su mamá solo la ataca de manera soberbia y burlona. - ¿Y en qué trabaja? ¿De garzón? O ¿empaquetando bolsas en un supermercado? - ¡No! Es mecánico y es muy bueno en lo que hace. – mi corazón latió con fuerza al oírla, está defendiendo las cosas que me gustan ¡Ahora la amo mucho más que antes! - ¿Mecánico? ¿Igual que el hermano de tu cuñado? - ¡Reina! ¡respóndele! ¡Dile la verdad! - ¡Ja! ¡Ese joven que te atrae es un mediocre! no tiene ambición, no quiere crecer en esta vida, solo busca trabajos de poca monta. Efraín en cambio, tiene todo, es un empresario bien posicionado, puede darte la vida que te mereces. A menos que quieras un hombre patético como el tal Roberto. Excelente, esta vieja se cree superior por vivir en un barrio cuico de mierda, ojala se atragantara con sus palabras. De repente, escucho la voz de mi reina apelando por mí. - ¿Y qué pasaría si mi pololo es Roberto? ¿Qué harías? – la tensión se siente en el aire, los segundos son una tortura al no escuchar la respuesta de la señora Magdalena. - Te interno. - ¿Qué mierda dijo? - ¿Qué? - Ya me escuchaste, te interno, no voy a dejar que un pobre diablo se quede contigo, además, será muy fácil llevarte a un hospital psiquiátrico, solo debo decir que aún no superas la violación, que inventas cosas, que no duermes en las noches, que estás engordando por el estrés y que imaginas un pololo que no existe. – Sentí que la guata se me apretó y con frustración, me tuve que quedar escuchando con los brazos cruzados. - ¡No puedes! ¡Ustedes firmaron un contrato frente a Rex! ¡Se supone que tengo libertad para decidir con quien estar! - ¿Rex los hizo firmar un contrato? No debería sorprenderme, a mí me ha hecho firmar dos. - ¡Ay! ¡mi niña! Los contratos no están sobre tu salud mental y como todavía soy tu tutora, puedo llevarte donde sea necesario para sanarte. ¿Qué clase de mujer es esta vieja? No pensé que su mamá fuera tan cruel, parecía tan relajada cuando la conocí, pero ahora ¡es una maldita loca! Quiero estar con mi reina, quiero defenderla, protegerla, pero si me levanto de aquí, dejaré la cagá y ella recibirá un castigo que no se merece. ¡Piensa, hueón! ¡Piensa! O nunca más vas a ver a tu mina. - Bien, entonces ¿Quién es tu pololo? ¿O de verdad es ese mecanucho de mala muerte? - Pues… - ¡Andrea! - ¡Mierda! No pensé en nada cuando me paré, solo seguí un impulso, ahora mi reina y su mamá me ven raro, una de ellas parece que me quiere matar, bueno, tendré que salvar a mi reina, aunque no sé exactamente cómo.
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