Capítulo 41

1548 Palabras
Narra Andrea Mi mamá y yo nos quedamos mirando a Roberto, no entiendo el por qué salió y me llamó, ahora solo veo que está teniendo dificultades para decir algo. - Oye… Cabra chica ¿Me ayudas a buscar un libro? - A ver ¿Qué son esos modales? ¿No ves que estoy hablando con mi hija? ¿Y en qué momento entraste ahí? ¿Acaso nos estabas espiando? – Roberto frunció el ceño y le respondió a mi mamá. - Señora, me importa bien poco lo que usted y la loca de su hija hagan. – ¡Uy! ¡Me llamó loca! Ya vera lo loca que estoy más tarde. - Estaba en la oficina de mi hermano buscando un libro que no puedo encontrar, al escuchar que su princesita estaba aquí, en el living, decidí salir y llamarla, ya que ella sabe lo que hay en esos estantes. Quise decir algo, pero mi mamá respondió por mí. - No son simples estantes, son bibliotecas, esos muebles fueron hechos para ser bi-blio-te-cas. - Ah jam… Bibliotecas ¡Cómo sea! Enana ¿Me ayudas o qué? – estoy algo confundida, no entiendo que está haciendo, tengo que decirle la verdad a mi mamá, pero Roberto hace este show y me deja de brazos cruzados. - Ira después. – mi mamá me volvió a mirar fijamente y me dice: - ¡Ya pueh! ¿Quién es su pololo? Tomé aire para hablar, pero está conversación se volvió entre mi pololo y mi mamá. - ¿Por eso no me puedes ayudar? ¿Por qué no le quieres decir qué tu pololo es un hueón de tercero? – Quedé impactada con las palabras de Roberto, pero ¡Si él quería que dijera la verdad sin importar las consecuencias! ¿Por qué está haciendo esto ahora? - ¡Ah ha! ¿Te gusta alguien menor? ¿Cómo se llama? – mi mamá se giró hacia Roberto y él responde: - Juan. - ¿Juan qué? - Juan López. - ¿Juan López? ¿Es broma? ¿Verdad? – mi mamá me miró a mí, se le salió una risa nerviosa y yo solo alcancé a abrir la boca, porque Roberto fue quien le contestó a mi mamá. - No, señora, no es broma, el hueón a veces juega fútbol, si no, vaya al colegio y averigüe. - ¡Andrea! – mi mamá se alteró, me agarra de los brazos y me zamarrea. – ¡Dime que ese no es su nombre! ¡Dime que ese roto está equivocado! Miré a Roberto por sobre el hombro de mi mamá, el agitó la cabeza para que dijera que “sí”, se ve algo preocupado. - Amh… Sí, ese es su nombre. – mi mamá me soltó, se tapó la cara y casi corrió para subir las escaleras llamando a mí papá. Me acerqué a Roberto, para preguntar el por qué me detuvo, iba a decir que es mi pololo, pero él fue el que se retractó. - ¿Qué pasó? – pregunté mientras mi pololo se aseguraba de que nadie nos viera. - Ven. – me tomó del brazo y me llevó a la oficina, cerró la puerta después de que entramos. - ¡Discúlpame, reina! - ¿Por qué? – le dije, esperando que la disculpa fuera porque me llamó loca. - Porque no sabía lo loca que estaba tu vieja. – me atrajo a su cuerpo y me abrazó con fuerza. – Discúlpame, mi amor. Escondí mi cara en su pecho, ¡huele tan bien! Su perfume es muy masculino. Le rodeé la cintura con mis brazos y me quedé disfrutando el amor que me entrega, hasta que mi mente me juega sucio y la realidad me da de golpe en la cara. - Amor ¿Qué vamos a hacer ahora? Le mentimos a mi mamá, sabes que llamará al colegio y descubrirá que no hay un tal Juan López. - Pero sí existe. – Me alejé de Roberto y lo observé con curiosidad. - ¿Y quién es? - Es un hueón de tercero que a veces juega a la pelota con nosotros, se llama Juan Ignacio López Iturra, es un pendejo mexicano, me repitió muchas veces su nombre porque yo lo llamaba por otro, ahora no me acuerdo como le decía. – No sé qué pensar de esto, creí que había inventado ese nombre. - ¿Y por qué yo no lo conozco? - Porque no te gusta el fútbol, es un hueón piola y que no habla mucho. - Ok, de todas formas mi mamá llamará al colegio ¿Qué vamos a hacer con eso? – Roberto me dio un tierno beso y me dice: - Fingir demencia y hablar con Rex para ver que puede hacer. – Suspiré algo frustrada por la situación. - Amor ¿Todavía quieres que les diga la verdad a mis papás? – mi pololo acomodó su cabeza entre mi hombro y mi cuello, besándolo suavemente. - No. – Siento su cálida respiración sobre mi piel. – Supongo que tendré que seguir aguantando que tu vieja quiera meterte por los ojos a hueones con plata. Cuando Roberto comenta lo de los hombres que mi mamá me va a buscar, recordé el plan de Efraín. - Amor, ¿recuerdas que anoche no me dejaste hablar del plan de Efraín? – Roberto me alejó y me miró con desdén. - No. – Sé que Roberto es algo celoso, pero esto nos va a beneficiar mucho. - Bueno, te estaba diciendo que Efraín va a pedir permiso para que salgamos juntos, digamos que va a ser el novio que mis papás quieren ver en la casa, mientras que tú, eres el pololo con quien disfruto en todas partes. – Roberto torció la boca y me contesta: - ¡No me gusta esa idea! ¿Y qué va a pasar cuándo lo inviten a comer y quieran verte pegada al hueón? – entiendo las preocupaciones de mi amado pololo, pero no tenemos muchas alternativas. - Podemos juntarnos con Efraín y resolver esas dudas. – Roberto me soltó y se sentó en el borde del escritorio. - Reina ¿Por qué es tan difícil estar contigo? – Me acerqué a él y me puse entre sus piernas. - Puede ser porque lo bueno cuesta. – Rodeé su cuello y le dije de manera muy seductora. – Y yo soy muy buena, toda una joya. Un gruñido salió del fondo de su garganta, me abrazó y me dijo: - Eres más que una joya para mí, reina, eres la dueña de mi corazón. – este hombre me vuelve loca, puede ser tan salvaje como amoroso y no puedo ignorar sus ojos llenos de adoración hacia mí. - Te amo, mi amado mecánico. - Yo te amo mucho, princesa. – me besó con ferocidad, como si quisiera comerme. Roberto me acerca a su cuerpo, recorriendo cada centímetro de mi piel con sus ásperas manos, tomó una de mis nalgas con fuerza mientras su otra mano masajea uno de mis pechos. Solté su boca para poder respirar, le di acceso a mi cuello y comenzó a morderme con suavidad, buscando la forma de sacarme de quicio. Pero a la fuerza tuve que recordar que mi mamá no se encuentra bien en este momento y que puede aparecer de la nada, abriendo la puerta de la oficina descubriendo que estamos regaloneando. - Amor, es mejor que paremos, puede llegar alguien y no quiero que las cosas empeoren. – Mi amado pololo, apoyó su frente en mi pecho y resignándose gruñe. - ¡Grrrr! Odio tener que esconderme de tu familia. - No te escondes de toda mi familia, solo de mis papás. - Ah jam… Bueno, vamos, voy a tratar de ver que hago el resto de la tarde para quitarme las ganas de darte como caja. - ¿No vas a estar conmigo en la noche? - Sí, pero no sabes lo mucho que me cuesta no imaginarte encima de mí mientras tus pechos rebotan. – tengo claro que he estado en esa posición antes, pero que Roberto lo diga en voz alta me da un vértigo en el estómago. - Sssh… no digas eso aquí, mis papás te pueden escuchar. – Roberto solo hizo un gesto de insatisfacción. En ese momento, mi amado pololo, me soltó, se acercó a la puerta y antes que saliera recordé algo importante: - Amor ¿No olvidas algo? - ¿Qué cosa? – me acerqué a la biblioteca y saqué un libro de historia. - Toma, para que mi mamá piense que estuvimos buscando un libro y así no sospeche nada. – Roberto sonrió, tomó el libro y me besó rápidamente. - Gracias, reina. – él salió de la pieza y ya que estaba ahí, buscaría un libro. Sin querer, en el espacio que quedo al sacar el libro de historia, se veía algo raro, por curiosidad, metí la mano hasta el fondo y había un pequeño libro, no tiene nombre en la portada, tampoco dice algo en el lomo, al ver la primera página, decía: “ 22 de mayo Esta es la primera vez que recibo un regalo tan bonito… “ ¿Qué? ¿Esto es un diario de vida?
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