Narra Roberto
Llegué muy tarde, eran cerca de las doce, sé que incumplí varias reglas de un contrato que hice con Rex, pero ¡Me importa una mierda! Me gané unas cuantas lucas, arreglé un auto y me vine a la hora que se me dio la puta gana, con todas las reglas hueonas impuestas por mi hermano, se me estaba olvidando que tengo diecinueve años y no catorce, esta escapada me recordó que ya soy adulto y puedo hacer las hueás que quiera.
Es domingo, así que la casa está muy silenciosa a esta hora, todos se acostaron temprano para ir al trabajo o al colegio mañana ¡Agh! ¡Mierda! Se me olvidó que tengo clases mañana ¡Y yo que quería dormir hasta las tres de la tarde! ¡Qué más da! Me doy una ducha rápida y me acuesto. Apenas entré a mí pieza, noté que había una figura curvilínea adornando mi cama ¡Tsss! Debí imaginar que ella estaría aquí, ahora me arrepiento de haber vuelto a la casa.
- ¡Roberto! – En el momento en que Andrea me vio, cambió su posición de estar acostada con las piernas cruzadas a estar de rodillas saltando feliz en el colchón.
- ¡Ah! Pensé que estarías en tu pieza masturbándote por tu nuevo pololo. – en el momento en que ella escuchó mis palabras, dejó de rebotar en mi cama y me miró muy seria.
- ¿Por qué me dices esas cosas tan desagradables? – me saqué la chaqueta, la lancé a un sillón que hay al lado de la puerta.
- Porque tú haces hueás desagradables conmigo. - de reojo pude ver que Andrea lleva puesta una de mis camisetas, me es difícil ignorarla, en especial porque sus pezones están erectos y me dan unas ganas de apretarle las tetas, para no excitarme, mire a otro lado, me iba a sacar la camiseta, pero Andrea fue más rápida, bajó de la cama y me abrazó.
- ¡Amor! - ¡Agh! ¡Me va a volver loco! Me encanta cuando me hace pucheros, me dan ganas de morderla con fuerza.
- ¿Qué? – no sé cómo chucha separarla de mí, porque su cuerpo se siente muy rico.
- Mi amor, tú sabes que esto no lo hice porque me guste, lo hice para que mi mamá no me moleste y podamos estar tranquilos, sabes que lo hice por los dos. - ¡Mierda! ¿Por qué chucha todas las conversaciones se tratan del mismo tema?
- Tu mamá… - la alejé de mí a la fuerza. – todo lo que hablas es de tu mamá, esa es la única hueá que tenemos en común últimamente.
Otra vez me siento con rabia, otra vez estoy enojado, pensé que salir y sacarme la mierda de encima me calmaría, pero estoy viviendo en ella.
- ¡Roberto! – me metí al baño lo más rápido que pude, no quiero escucharla, cerré la puerta con llave, me desvestí y me metí a la ducha.
Mientras el agua tibia caía en mi cabeza, recordé la conversación que tuve con Braulio y Martín:
“ – No es tan fácil, ella es muy terca y siempre me sale con el mismo chiste, Andrea cree que sus viejos no me van a aceptar como su pololo y que me van a echar de la casa. – Con esta afirmación, Braulio me cuestiona:
- ¿Y no es verdad? ¿Estás seguro de que no te rechazarán? Recuerda que tu mina conoce a sus papás mejor que tú.
- Bueno, desde que llegué no les caigo bien, pero los papás de cualquier mina llegan a aceptar a los pololos que sus hijas eligen ¿Cierto? - El Martín me ve con escepticismo y me dice:
- Oye, hueón, pero yo me acuerdo de que tu mina es super cuica y que a ella le importa mucho las apariencias, yo cacho que igual sus viejos deben ser cuáticos, así como que, si les dice que está saliendo con voh, a ella la meten pa monja.
- Yo creo que ella no me quiere, está conmigo porque sabe que yo salgo corriendo cada vez que me necesita.
- ¿Y no es eso lo que hace un pololo por su mina? Si a mi flaquita le pasara algo, yo dejo todo tirado y sin dudar la voy a buscar. - ¡Martín de mierda! ¿Por qué me hace dudar de las hueás que pienso?
- Entonces ¿Por qué me hace esta hueá? ¿Por qué se fue con ese hueón? ¡Ni lo conoce! Pensé que con decirle al colegio entero que era mi polola era suficiente, pero la verdad, es que sigo dándole vergüenza.
- Oye, socio, como que te estás enrollando tú solo, tú mismo me dijiste que la mamá de tu mina esta bien loca y casi no la deja salir, yo cacho que ella igual le acompleja esta hueá.
- ¿Y si no es así? ¿Y si soy su puto personal? Total, con lo ninfómana que es, seguramente solo quiere culear conmigo porque sabe que me tiene ahí mismo.
- ¿Cómo qué ninfómana? ¿Cómo en las películas porno? – ¡Martín culiao! ¿Por qué chucha no piensa antes de hablar?
- ¡Qué te importa, hueón!
- ¡Tsss! Solo era una pregunta.
- Oye, Rob. – me dice Braulio con duda. – Tomando las palabras de Martín ¿No crees que ella la pasa tan mal como tú? Al final, es ella la que se tiene que enfrentar contigo y con sus papás, ¿le has preguntado lo que piensa? Igual, ponte en su lugar, me tinca que no te has puesto a pensar que ella solo tiene diecisiete, todavía es chica y le debe costar tener este tipo de relación.
- ¿Me estás diciendo que soy una carga para ella?
- No… me refiero…
- ¡Ja! ¿Sabes cuánto he dejado por ella? ¿Sabes cuántas veces he tenido que aguantarme las ganas de sacarle la chucha a cada hueón que se le acerca y es aceptado por su familia? ¡Yo le daría todo lo que me pide! ¡Pero ella no! ¡Soy su puto juguete!
- Rob, estás mal, la circunstancias que tienen los dos es compleja, ella también debe estar esforzándose para que…
- ¡Braulio! ¡No necesito escuchar como la defiendes! ¡necesito tomar algo más fuerte! ¡Cómo un tequila o un “wiski” a la vena! ¡Dame cualquier cosa que me borre de la mente que soy un mierda para mi polola!
- No eres muy diferente a tu mina, eres igual o más pendejo que ella. – Braulio se para, saca un par de botellas de un mueble y me las deja en frente, abrí el ron y me lo tomé directo de la botella, me arde la garganta, pero es mejor que sentir el dolor de pensar que mi mina me ve como nada.”
Ahora que reviví esa conversación, creo que si he sido bien pendejo.
Salí de la ducha, me sequé y me puse la toalla alrededor de la cadera. Cuando volví a mi pieza, mi reina estaba sentada en la cama jugando con sus pies, todavía estoy enojado, pero creo que se como solucionar toda esta mierda.
- Deberías irte a tu pieza, mañana hay clases. – Andrea me miró con tristeza, su dolor me apuñala el corazón.
- ¿Ya no soy tu reina? ¿Perdí ese privilegio? – me estremecí al escuchar sus palabras. - ¿Qué más perdí? ¿Sigo siendo tu polola?
- No sé ¿Seguirás con este jueguito macabro? – Andrea se ve molesta y con los ojos vidriosos.
- ¿Jueguito macabro? ¿A qué te refieres?
- Sí, el juego de salir con uno y otro hueón hasta que me cambies por el que cumpla todos los estándares de tu familia. – mi princesa esta muy enojada, se paró encima de la cama para quedar más alta que yo y empezó a levantar la voz.
- ¡Roberto! ¡No estoy jugando!
- Entonces ¿Por qué saliste con ese hueón?
- ¡No quería salir con él! ¡Me arrepentí y le iba a cancelar! Pero él llegó más temprano de lo que pensé, mi mamá lo recibió y prácticamente me obligaron a salir.
- ¿Por qué no le dijiste qué no antes? Debiste negarte ayer, cuando te lo pidió.
- ¡Porque era una salida de amigos! – estoy tan emputecido que empecé a levantar la voz también.
- ¡¿Cómo puede ser tu amigo si no lo conoces?!
- ¡Sí lo conozco!
- ¡¿De dónde?!
- ¡Es el tipo que viste en la foto de mi pieza el otro día! – sentí que se me salió el alma ¿Ese hueón no era su ex?
- Pero él… - Andrea se arrodilló en la cama y me miró con más serenidad.
- Él fue mi ex, pero éramos muy chicos para pensar que era algo importante, ahora solo somos amigos, incluso quiere ayudarme a que tu y yo estemos juntos, me propuso pedirle permiso a mi mamá para salir con él, pero la verdad estaría contigo. – no entiendo nada, estoy muy confundido.
- Andrea… - no sabía que decirle, el que un hueón del pasado de mi reina vuelva es una amenaza para mí, no es algo que me haga sentir mejor.
De repente, siento como me abraza la cintura y me mira con dulzura.
- Ahora podemos salir y estar solos. – Ante tanta información y tratando de mantener el control de la situación, le tomé los brazos y le dije lo más serio posible.
- No, no quiero esto, estoy cansado de esta mierda. Mañana, le dirás a tus viejos que yo soy tu pololo. – Andrea se puso pálida y me dijo muy asombrada.
- ¿Qué?