Estaba tan distraído por la rabia y mis pensamientos aleatorios, que me sorprendí cuando el Martín me dice:
- ¿Y dónde compramos las chelas? Donde el indio ya no se puede, tal vez donde el Lucho o el Cholo. - ¿Qué chucha? ¿Me escuchó?
- ¿No me vai a decir ni una hueá por lo que te dije?
- ¿Y qué mierda querí que te diga? No es la primera vez que tienes drama con esta mina y tampoco será la última. – No sé qué me molesta más, que trate a mi mina como cualquier hueá o que me diga que ya he pasado por esto antes. – Mira, según lo que me contaste, tu polola tampoco la está pasando tan bien, ya que sus viejos igual la huevean por no tener un culiao con plata y yo cacho que, tampoco eres santo de su devoción.
Me cabrea que este hueón tenga razón, pero tampoco me gusta esa hueá de andar escondiéndome, me gustaría que pudiéramos ser una pareja normal, me cae como patá en la guata esta relación de Romeo y Julieta. De repente me di cuenta de que estábamos a unas pocas cuadras de la casa de Braulio, así que pasamos a comprar un par de pack de cervezas en latas para pasar la tarde.
Apenas llegamos a la vulca, me estacioné en la cuneta que está enfrente del taller, Martín y yo bajamos del auto para ir directo al portón abierto, ahí hay mucho espacio y por lo menos hay entre dos a tres autos esperando por ser revisados. Nos adentramos al taller y vimos a Braulio revisando el motor de uno de los autos.
- ¡Hola, socio! – Braulio levantó la cabeza al escuchar la voz e Martín.
- Buena, cumpa ¿Y qué hacen aquí? – mientras ellos se saludaban, me acordé de que tenía que llamar a este hueón para avisarle que venía.
- Bueno, Rob quería que nos juntáramos, el hombre necesita un poco de apoyo moral. – Braulio se acercó a mí y me dice:
- ¿Ah? ¿Sí? Cumpa, yo pensé que venía a trabajar, me hace falta un poco de mano de obra y mi viejo me está presionando por el auto que me tiene estacionado ahí atrás.
- Puta, compadre, no he tenido tiempo, con esto de estar en el cole y con mi polola, me faltan horas en el día. – Braulio sonrió y me preguntó:
- ¿Y qué hago con tu carcacha? – Levanté los hombros en señal de no saber y con una carcajada entre dientes me dice: - Entiendo, seguiré haciéndome el loco con mi viejo.
- ¡Oye! -Dijo Martín – Trajimos unas chelas ¿Dónde las puedo dejar?
- Entra por la cocina y las dejas en el refri, cuando termine con este auto, podemos relajarnos a dentro. – Martín se fue al final del taller y entró por una puerta que no se ve con facilidad. Mientras esperamos a que vuelva le pregunté a Braulio sobre el auto.
- ¿Y qué le pasa al cacharro? – Mi amigo y yo nos acercamos al auto y me responde:
- Tenía un problema con la refrigeración, el hueón que me trajo el auto me dijo que se calentaba mucho el motor, tuve que hacer una limpieza interna de ductos, algún culiao hizo mal su pega y le echó agua de la llave.
- ¡Ja! Seguramente el dueño del auto. – me acerqué para ver el motor mientras Braulio sacó un cigarro para ponérselo en la oreja.
- No lo dudaría. – Me alejé del auto y vi los otros que estaban en espera.
- Y que le pasa a los demás. – con las manos llenas de grasa me apunta cada auto y me indica el problema.
- Bueno, el “Kia” tiene desgaste de anillos, el “Susuki Balero” le falta mantención y el “Corsa” tiene drama con la suspensión . - ¡Agh! ¡Extraño esto! ¡Quiero arreglar una de estas hueás! – con el “Nissan” me faltan unos detalles, con el “Corsa” necesito mucha ayuda, un cabro del Liceo industrial viene mañana a apañarme, está estudiando mecánica automotriz, le queda un año y medio, quiere trabajar aquí en el taller.
- No tenía ni puta idea que existía un liceo que enseñara mecánica, tal vez si hubiera sabido esa hueá antes, yo estaría trabajando aquí.
- Sí, serias mecánico, tal vez estarías arrendando una casa con una mina a punto de parir. – ¿Por qué me dice esa hueá?
- ¿Me crees tan hueón?
- No, pero así empezó mi viejo, ahora mi vieja está con otro hueón en Quilicura por las malas decisiones de mi papá, a veces me lo haces recordar cuando no piensas bien las cosas y te lanzas al vacío como pollo sin cabeza. – ¿Qué mierda?
- ¡Qué chucha! ¿Qué cresta me querí decir?
- A ver, tú no viniste a verme, el flaco de adentro no fue a dejar un pack de seis cervezas, son cuatro, a ti te pasa alguna hueá que si no la viniste a hablar, te la viniste a tomar. – ¡Mierda! ¡Soy más predecible que la cresta! – Entonces ¿Qué quieres hacer?
Después de decirme tanta hueá y llevarme al matadero como a un ternero, lo único que fui capaz de decir fue esta hueá:
- ¿Puedo echarle mano al “Kía”?
- Si querí, mañana el cabro chico termina de ajustarlo.
- No, tranqui, si me tengo que quedar hasta mañana arreglando este auto, me quedo, no tengo ni otra hueá que hacer. – me saqué la polera que llevaba puesta y me puse uno de los overoles del Braulio, me queda un poco grande, pero eso son detalles.
Cuando el Martín volvió, llega y nos dice reclamando:
- ¡Puta, los hueones! Les traje unas chelas y se ponen a reparar autos, así me voy a curar yo solo. – Nos reímos con el Braulio mientras Martín se acomodaba en una asiento de auto que estaba apoyado en la pared.
Estuvimos unas cuantas horas trabajando en los autos, hasta que el Martín se quejó de que estaba haciendo mucho frio, en ese momento me di cuenta de que eran como las diez de la noche y le pregunté al Braulio.
- ¡Oye! ¿Nos podemos quedar? – el Braulio sin titubear dijo:
- Obvio.
- Pero antes, tenemos que entrar el auto.
- ¿Qué auto? -Salimos para que viera el auto, Braulio tuvo el mismo gesto que Martín al verlo, pero este se preocupó mucho más cuando lo vio estacionado en la calle. - ¡Erí bien hueón! Tú sabí lo peligroso que es por aquí y se te ocurre traer el pedazo de máquina a este lugar ¡Éntralo luego al taller antes de que se lo lleven por piezas!
Después de dejar el auto en el taller y cerrar el portón, entramos a la casa, nos acomodamos en el sillón y Braulio fue hasta la pieza de su viejo y se le escuchó decir:
- ¡Viejo!
- ¿Qué querí hueón?
- Rob y Titín se van a quedar a dormir.
- ¿Por qué chucha se van a quedar? ¿La Susy los echó de nuevo? – Qué raro, el guatón César, el papá del Braulio, hace rato que sabe que ya no vivimos con la tía Susana.
- No, viejo, vinieron a tomarse unas chelas y a pasar el rato.
- ¡Esos cabros de mierda! ¡Pasan tomando! Cuando la Susy los pille, los va a castigar, apenas tienen diecisiete y se andan mandando cagás.
- Viejo, todos son mayores de edad.
- ¿Qué? Claro que no, el mocoso del Titín recién tiene dieciséis, pero no es hueá mía las cagás que se manden esos dos, se pueden quedar, pero si la Susy los viene a buscar, no es mi problema.
- Bueno, acuérdate de apagar la tele antes de dormirte.
- ¡Qué me vení a dar órdenes tú! ¡Mocoso de mierda! ¡Cuando tu mamá llegue de visitar a tu abuela se las va a ver conmigo! ¡Te tiene más malcriado que la cresta!
- Bueno, viejo. – escuchamos como cerró la puerta, pasó a la cocina, trajo uno de los pack de cervezas, repartió para todos y yo cómo hueón, pregunté:
- ¿Qué le pasa a tu viejo? – Se formó un silencio incómodo, pero él respondió de todas formas.
- Le detectaron alzhéimer, el año pasado, pero mi viejo ya estaba mal unos meses antes de que te fueras, Rob. Según los médicos ha avanzado muy rápido y mi viejo es muy joven, tiene cincuenta y ocho años, nadie sabe qué cosa le provocó esta hueá, según los médicos es algo genético.
- Puta, perdón, yo no sabía.
- Tranquilo, tampoco es que vengas tanto para acá, mi viejo igual pasa todo el día encerrado, piensa que trabaja todos los días. – volvimos a tener otro silencio incómodo, pero el Braulio cambió el tema y me pregunta: - Bueno, tu viniste por algo, así que suelta la pepa.
- Bueno, lo que pasa es que, me cansé de tener un pololeo a escondidas con mi mina, quiero que ella les diga la verdad a sus viejos, quiero tener un pololeo normal, me cansé de que sus papás le busquen un hueón con plata y con éxito, no me gusta verla salir con hueones porque quiere dejar tranquilos a todos en su casa, quiero que ella sea completamente mía, ¿Es muy hueón lo que estoy pidiendo? – Braulio se quedó pensativo y me dijo:
- ¿Y tienes claro que pasará si ella habla con sus viejos sobre ti?
- Más o menos. – la verdad no tengo idea, me estoy lanzando al precipicio con esto.
- Bueno, entonces habla con tu mina.
- Hueón, no es tan fácil… - Y fue así cómo se nos fue la noche hablando y tomando, no tengo idea en qué momento me quedé dormido, pero dormí tan bien que no recuerdo ni lo que soñé.