Capítulo 36

1616 Palabras
¡Agh! ¡Tengo sed! ¿Cuánto tomé a noche? Abrí los ojos algo desorientado, miré a mi alrededor, al parecer me quedé dormido en el suelo, alguien me tapó con una frazada muy gruesa. Me senté tratando de recordar que pasó anoche, vi la vieja mesa de centro, en ella había una botella de ron casi vacía y un vodka medio lleno, me restregué la cara y giré la cabeza hacia el sillón, ahí estaba Martín, roncando como si se hubiera tragado una moto. Me levanté, fui al baño a mear, cuando terminé me miré en el espejo, me veo como el pico, pero me importa una mierda, me lavé la cara, después fui a la cocina buscando al Braulio, pero no había nadie, miré mi reloj y son las ocho ¿Por qué chucha desperté tan temprano? Salí al patio, donde está el taller, hace frio y una leve llovizna empapa la calle. - ¡Hola! – un cabro muy flaco con una hueá en el oído izquierdo me saluda. - Hola . – le dije desganado. - ¿Y Braulio? - Dijo que iba a comprar y volvía al tiro. – Sonrió con energía. – también dijo que, apenas saliera alguien de la casa, le dijera que ponga la tetera. Claro, si pidió eso es porque fue a comprar algo para el desayuno, bueno, tendré que hacer lo que me pide. - ¡Oye! – No alcancé a dar ni un solo paso cuando este cabro me habló. - ¿Sabes quién está arreglando el “Kia”? - Sí. – este cabro chico se ve expectante, como si esperara que le dijera un nombre. – Amh… Fui yo. - ¿En serio? – los ojos de este pendejo se abrieron tanto por la sorpresa de encontrar al autor del arreglo, que no dudó en acortar el espacio entre nosotros. - ¡Eres un genio! ¿Cómo supiste qué debías hacer? Braulio no me quiso decir, dijo que tenía que pensar un poco más, que ya lo tenía, estuve viniendo una semana entera y no pude saber cuál era el problema. - Bueno, prácticamente estuve dos años completos trabajando en la vulca, todo lo aprendí sapeando, metiéndome e imitando al Braulio, no es algo tan complejo. – El cabro se desilusionó un poco y se tocó la oreja izquierda. - Es que, Braulio me dijo que sintiera, que escuchara los ruidos del motor, pero no soy muy bueno en eso. - ¿No puedes escuchar bien? - Solo puedo escuchar con el oído derecho, con el oído izquierdo, aunque use un aparato para escuchar mejor, es muy bajo lo que oigo. – Suspiré y traté de animarlo. - Creo que Braulio no espera que escuches más alto, más bien espera que pongas atención a los ruidos que hace el motor, no es lo mismo escuchar un traqueteo cada quince segundos que uno que parece licuadora con tornillos. – Esto dejó pensativo al cabro chico, espero haberlo ayudado un poco. - Ahora me voy a la cocina para poner la tetera, estoy cagao de hambre. El pendejo ni me pescó, se fue corriendo a buscar su mochila. Cruzando la puerta de la cocina, tomé la tetera, la llené de agua y la puse al fuego, mientras buscaba tazas, platillos y cucharitas, también estaba buscando el café, no lo podía encontrar. Mientras buscaba, mi mente divagó en un recuerdo de anoche: “¡Ya me tienes harto! ¡Termina con esta hueá o ya vas a ver! ”, ¿Qué mierda? ¿A quién le dije eso? ¿Se lo dije a Andrea? ¿Pero ni siquiera traje el celular para llamarla? Cuando encontré el tarro de café, lo abrí y le eché dos cucharaditas llenas, necesito reponerme. De pronto escucho: - Yo también quiero uno bien cargado. – Martín entró bostezando a la cocina, abrió el refri mientras yo, le hacía el café tan cargado como el mío. - ¿Ya te tienes que ir? – Me acordé de la nada que este hueón tiene que viajar. - No, tengo algo de tiempo, el bus sale a las doce, también te tengo a ti para llegar luego. - Obvio, yo te traje pa´ca, no tengo drama en llevarte a ti y a la Pauli al terminal. – Martín y yo nos apoyamos de unas encimeras a ver como hierve la tetera, en ese momento se abre la puerta de la cocina y aparece Braulio. - ¡Vah! Pensé que iban a dormir hasta las once. - No puedo, la Flaca me mata si no llego luego, hoy nos vamos por una semana a la playa. – El Braulio afirma con la cabeza, después de este gesto, me mira a mí y pregunta: - ¿Y cuál es tu excusa? – me encogí de hombros y le dije: - Tengo hambre y sed. – Braulio sonríe ante mi respuesta y saca de una bolsa de tela una botella de agua mineral, el pan, jamón y queso. - Toma, después de que te tomaste hasta las molestias, me imaginé que despertarías cagao de sed. – me pasó la botella y tomó un vaso que estaba encima del lavaplatos. – voy a ordenar un poco la mesa, dile al Toño que venga a desayunar con nosotros, hace frío y el muy hueón vino temprano en la mañana. - Oye, sí ¿Qué mierda ese pendejo? No eran ni las ocho y ya estaba metido de cabeza en los autos. – le pregunté al Braulio. - Es un cabrito que está muy ansioso en aprender, pero hay que chantarle un poco la moto para que vaya más lento, intenté decirle que yo me levanto temprano por costumbre, no es necesario que el haga lo mismo que yo. - Bueno, si no me gustara tanto dormir, creo que si hubiera hecho lo mismo. - ¡Ja, ja! – se rio Martín. – No te gustaba levantarte temprano ni para ir a comer gratis. - Pero siempre he madrugado. - ¡A dónde la viste! ¡Hueón! - Cada vez que voy a un carrete me quedo hasta las cuatro de la mañana ¡Ah esa hueá se le llama madrugar! – Nos cagamos de la risa, justo en ese momento sonó la tetera y nos sentamos a desayunar con cabro chico incluido. Tristemente la mañana pasó rápido, dejé al Martín y a la Pauli en el terminal y me devolví a la vulca, no quiero devolverme a la casa todavía, no quiero encontrarme con Andrea, me siento herido por la hueá que hizo, necesito quedarme solo un poco más. Narra Andrea Pasé toda la noche preocupada por Roberto, salió y no sé a qué hora volvió, le mandé un montón de mensajes de texto, pero me ignora, no quiere hablarme, ¡Uy! no debí arreglarme para salir, creo que será mejor que llame a Efraín y le diga que no me voy a juntar con él. Iba a hacer eso cuando salgo de mi pieza y veo a mi cuñado salir de ahí. - ¡Rex! – Lo llamé ansiosa. - ¿Roberto está bien? Él me miró con algo de sorpresa, como si no se hubiera dado cuenta de que yo estaba ahí. - No sé, supongo que sí. - Ah. – Supongo que no quiere hablar con nadie, pero no puede estar todo el día encerrado sin comer nada. - ¿Dijo si se iba a levantar? Rex frunció el ceño algo confundido. - Eh… Roberto salió. - ¡¿Y a qué hora salió?! ¡No lo vi! - ¿Este hombre es un fantasma? ¡lo esperé hasta las dos de la mañana! Después me fui a mi pieza y no desperté hasta las diez, no puedo creer que haya dormido menos de cuatro horas. - Salió ayer por la tarde y no ha vuelto. – Entonces, aún está enojado conmigo, me siento tan triste. No sé qué cara tengo, pero mi cuñado me habló con su suave tono de voz y me preguntó : - ¿Te sientes bien? ¿Pasó algo entre Rob y tú? - No, solo tuvimos una pequeña discusión, pero arreglaré las cosas, sé que debo hacer ¿Podrías llamar a Roberto? No me quiere contestar los mensajes. - Tampoco va a contestarme. - ¿Qué? ¿Por qué mi pololo está ignorando a su hermano también? - ¿Sé pelearon? - No. - ¿Y por qué no te va a contestar? - Porque se le quedó el teléfono en la pieza, lo acabo de llamar y me di cuenta de que está ahí. – Entonces, no me estaba ignorando, por esa razón no puedo contactarme con él. - ¡Uy! Entonces no me estaba ignorando. – pero si me está ignorando, al no llegar a la casa me está evitando. – bueno, no me ignora como me lo imaginé. Bueno, no importa, tengo que hacer una llamada. Marqué el número de Efraín mientras bajaba las escaleras, me contestó al primer tono. - Buenos días, linda. - Efraín, hola, te llamaba porque… - de repente siento que se produce un extraño eco de mi voz en el teléfono. - ¿Dónde estás? Puedo sentir que mi voz rebota en el teléfono. Justo cuando llego al final dela escalera, pude ver a Efraín en el living, está parado con un ramo de flores. Colgué la llamada, me acerqué y con un grito, mi mamá me dice: - ¡Hija! – casi me muero del susto. – Efraín vino a invitarte par a salir ¿No es maravilloso? ¡Ay, no! Esto ya se salió de control.
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