Narra Roberto
¡Agh! ¿Cómo mierda pasó esta hueá? Esperaba estar solo con mi reina, incluso, tenía en mente que el Lalo se pegaría el alcachofazo y se iría a otro lado, pero al parecer a la Pancha le gustan las películas de terror, por lo cual ella quería quedarse y el hueón de mi amigo no fue capaz de decir que no, hasta los otros cabros que venían con nosotros fueron más piola y se sentaron lejos ¡Grrrr! ¡Esta hueá me está cabreando! Yo solo quería entrar a ver esta película para comerme a mi mina, ni siquiera me importa verla, pero ahora estoy aquí, frente a una pantalla mirando como un sicópata mata a un montón de gente.
En una de las escenas más sangrientas, mi princesa se agarra fuerte de mi brazo y me dice:
- ¡Roberto! ¿Por qué querías qué viera esta película? ¡Odio las partes sangrientas! ¡Me dan mucho miedo! – Bueno, esto era lo que quería, consolarla, besarla, manosearla y tal vez algo más.
Estaba por acercarme a ella para comerme su boca, cuando siento que me agarran la otra mano con mucha fuerza, giro la cabeza con disgusto y escucho un leve susurro:
- Esto no es real, esto no es real, aunque los cortes y la sangre se vean de verdad, esto no es real. – el Lalo no paraba de repetir mientras me apretaba cada vez más fuerte la mano.
- ¿Qué mierda te pasa hueón? ¡Suéltame! – le dije en voz baja.
Mi amigo me miró con ojos de cordero degollado y con temblor en la voz me responde:
- Eh… Es que… – de repente escucho un susurro entusiasta de parte de la Pancha, que dice muy emocionada.
- ¡Bebé! ¡Parece que lo va a matar! – Lalo apretó mi mano y comenzó a tiritar.
La mina del Lalo esta pegada en la pantalla, al parecer las películas de terror le gustan más de lo que imaginé, esto no es muy típico en una mujer. Lalo, en cambio, parece que no es lo primero que elegiría ver.
- ¡Sí! ¡Mi flaquita! ¡Estoy viendo! Estoy viendo. – La Pancha muy emocionada veía la muerte de un hueón mientras que mi amigo se aferra a mi mano, está tiritando y con mucha dificultad me dice en voz baja: - Por favor, no me sueltes, no quiero que mi flaca se asuste, ella es muy sensible.
¿En serio piensa eso? La Pancha parece disfrutar la película, está muy concentrada y no parece asustada. Al ver la pálida cara del hueón de Lalo, suspiré y le afirmé la mano, mientras que al otro lado, mi reina tenía hundida su cara en mi brazo ¿En qué chucha estaba pensando? Debí llevar a mi reina a algún mirador, por lo menos ya le hubiera dado como caja.
Después de que salimos del cine, la amiga de mi polola no me paraba de hablar y recomendar películas de terror, el Lalo pasó al baño, me imagino que para mojarse la cara, en ese momento, mi reina, le ofrece esta hueá al grupo:
- ¿Alguien quiere que lo llevemos a su casa? – ¡Ahg! Me pasé la mano por la cabeza, chato de esta hueá, quería culear con mi mina y esta manada de asopaos no atina a que quiero estar solo con ella.
- ¡No! Con mi Luchito vamos a caminar un rato, no me tienen que llevar a ninguna parte. – Por lo menos la mina del rugbista quiere estar sola con su pololo.
- Yo llamaré a mi chofer, pasaré a comprar algunas cosas antes de volver a mi casa. – ¡Bakan! Tres menos, faltan dos.
Antes que la Pancha pudiera hablar, llegó el Lalo y dijo en voz alta:
- Me tengo que ir, mi viejo nos invitó a comer, mandó un auto para buscarnos. – Con un puchero, la Pancha le dice a mi reina.
- Pucha, amiga, quería ir a tu casa para hablar con tu mamá y que te dejara salir los viernes conmigo, pero no puedo dejar a mi pololo solo.
- Te entiendo, bueno, pásala bien mientras estés allá.
- Gracias. – dijo de manera cantarina.
Así fue como todos nos despedimos, prometiendo que nos íbamos a juntar otra vez. Justo en ese momento traté de abrazar a mi reina, pero se puso algo arisca, eso me confundió y le pregunté:
- ¿Qué pasa, princesa? – mi reina me lanzó una mirada aniquiladora y me dijo muy molesta:
- ¿Qué crees tú? - ahora me mira como una asesina serial. No sé qué responder, cualquier cosa que diga puede hacerla enojar.
- Es… ¿Estás enojada? – se cruzó de brazos y empezó a caminar hasta el estacionamiento ¡Mierda! Creí que pasaríamos una tarde piola, pero ya caché que todo se va a pique.
Nos subimos al auto, me puse en marcha y traté de hablar con mi princesa, pero ella me ignora, sigue con los brazos cruzados y mirando por la ventana ¡Agh! ¿Qué mierda hice? Yo quería estar con ella, no con la manada de hueones que se coló a nuestra salida, no es mi culpa que me cagaran la onda. Un par de cuadras antes de llegar a la casa, me estacioné y fui directo con ella:
- Princesa ¿Qué te pasa?
- ¿Qué crees que me pasa? - ¡Grrr! ¡Es obvio que no sé! ¡Por eso estoy preguntando!
- Reina, hoy estoy chato, no tengo ganas de andar adivinando que cagá me mandé ¿Me puedes decir qué mierda hice? – Andrea se giró bruscamente, mirándome con odio.
- ¿No sabes? ¿Acaso no estuviste ahí? – que me lance preguntas en vez de respuestas solo me confunde más. – ¡Eres un inconsciente! ¿Cuántas veces te dije que no me gustan las películas sangrientas?
¡Ah! Por eso está enojada.
- Princesa, no te llevé a ver la película, solo quería estar contigo, quería manosearte sin pensar que tu familia nos va a pillar cada cinco segundos, mi idea era que pasáramos una tarde como pololos normales, pero las cosas no salieron como yo quería, se colaron algunos amigos y todo se salió de control.
Andrea se puso triste, posó sus manos entrelazadas sobre sus piernas y me dijo desanimada:
- Disculpa, no puedo darte una relación normal. – el verla de esa manera, me destroza por dentro, así que solté el cinturón de seguridad y me acerqué a ella para abrazarla.
- Lo sé, sé que nuestro pololeo no es normal, pero mientras sigas queriéndome contigo, aguantaré lo que sea. – Mi reina levantó la mirada y me besa con amor, eso me da fuerzas para seguir aguantando esta situación.
- Amor, antes de que volvamos a la casa, necesitamos pensar en algo para que piensen que no estamos juntos. – No había que pensar mucho, hay algo que queda bien en este caso.
- Bueno, yo tengo una idea. – La volví a besar antes de acomodarme en mi asiento y poner el auto en marcha.
Apenas llegamos a la casa, mi reina entró bruscamente por la puerta y dijo a viva voz:
- ¡Eres un tonto! ¿Cómo se te ocurre ver una película tan horrible? – deberíamos ser actores, siempre nos sale bien esta pantomima.
- Yo no te invité, te colaste sola, se suponía que íbamos solo el Lalo y yo, no tengo idea porque se invitaron tú y todos tus amigos. – mi princesa se pone en plan dominante poniendo una mano en la cadera, con la otra me apunta con un dedo y me toca el pecho, se ve tan sexy.
- ¡Eres un bestia! – de repente, la señora Magdalena se asoma desde el living.
- ¡Hija! ¡Llegaste! – los dos nos giramos, nos llamó la atención que estuviera tan alegre y receptiva. – ¿La pasaste bien?
- Amh… Sí, algo.
- ¡Qué bueno! – esto me parece extraño ¿Por qué esta tan alegre?
- Mamá ¿Pasó algo? Te ves feliz.
- ¿Ah? ¿Sí? No lo noté. – de pronto como si se acordara de algo dice. - ¡Ah! Hija ¿Vas a salir mañana?
Andrea tiene salidas limitadas ¿Por qué le pregunta si tiene algo que hacer? ¿Qué mierda tiene esta señora en la cabeza ahora?
- Eh… No. – la señora aplaudió con ansiedad y le dijo a mi reina.
- Mañana tendremos una visita importante y quiero que todos estén presentes, incluso tú, chiquillo – ¿Chiquillo?
- ¿Quién es?
- Ya verán, es una sorpresa. – la voz de la señora Magdalena sonó de manera cantarina, se fue al patio trasero y nosotros nos quedamos mirando.
- ¿Qué le pasa a tu mamá?
- No sé, pero la última vez que estuvo así, casi me casa con un tonto. – Mi reina se ve tensa y algo preocupada.
- Mi reina. – me acerqué a ella con cuidado y le dije muy cerca de su orejita: - mientras yo esté contigo no dejaré que ningún hueón te aleje de mí.
Mi reina sonrió, miró para todos lados y me dio un rápido beso.
- A medianoche te daré un poco más. – le sonreí con malicia y ella subió corriendo las escaleras.
¡Ay! ¡Princesa! Le voy a dar toda la noche, apenas podrá levantarse mañana.