¡Aaaagh! No quería despertar, Andrea estuvo culeando conmigo hasta las cuatro de la mañana, estaba muy fogosa y se le ocurrió cada juego raro, creo que voy a tener que revisar lo qué ve, no sé de dónde sacó las posiciones del acróbata y el trapecio, la única idea que se me pasa por la cabeza al escuchar el nombre de estas posturas es que al circo no le va tan bien y se puso a vender porno independiente. También estaba algo agresiva, me duele un poco la espalda de todas las veces que me rasguñó, ahora no estoy muy seguro el porque estaba tan apasionada, supongo que los días que no tuvimos sexo le afectaron más de lo que imaginé.
Son cerca de las once de la mañana, si no fuera por toda la bulla que hay afuera de la casa, hubiera dormido hasta las tres de la tarde. Me di una ducha para sacarme el sudor de anoche y borrar cualquier olor que mi princesa me haya dejado encima, no quiero que la asocien conmigo de ninguna forma. Salí de mi pieza y fui directo a la cocina, pero apenas puse un pie ahí, un viejo canoso y panzón me dice:
- ¿Quién eres tú?
- Amh ¿Roberto? – el viejo de mierda se cruzó de brazos, ¿qué chucha quiere?
- ¿Eres el que corta verduras? - ¿Qué?
- Aaahm… no
- ¿El que pela las papas? ¿el que corta la carne? ¿o el que lava los platos? - ¿Por qué chucha me pregunta todo eso? ¿me va a contratar o qué?
- No, no soy nada de eso. – el viejo culiao apuntó hacia la puerta y me dijo muy prepotente:
- ¡Entonces salga de mi cocina! – le iba a gritar un par de chuchás, cuando siento que alguien me toca el hombro.
- Señor Gustavo. – respiré profundo y lleno de rabia, Rex me apretaba el hombro para que me calmara, pero esto me emputece más.
- ¡Ah! ¡Don Rex! – de pronto escucho la voz sombría de mi hermano diciéndole al viejo de mierda.
- ¿Qué le estaba diciendo a mi hermano Roberto? – la cara del hueón se puso pálida, no creí ser capaz de volver a sorprenderme con la facilidad que tiene Rex para poner a la gente en estado de shock.
- A… a… Aaah, su hermano, claro, solo trataba de decirle que en este momento el espacio esta siendo ocupado, no puede entrar por ahora.
- ¡Qué rara forma de hablar! Cuando se las dijo a Roberto, me pareció que quiso insultarlo. – giré la cabeza para ver con más detalle el rostro de Rex, reconozco esa mirada y da mucho miedo, parece un puma esperando atacar.
- Yo… yo… - ¡Agh! Me dio un escalofrío que recorrió desde mi cabeza hasta la espalda baja, sé que no me está atemorizando a mí, pero puedo sentir como su presencia es intimidante, eso me hace empatizar un poco con el viejo. – Disculpe joven, no fue mi intención.
Giré mi cabeza para ver la reacción de Rex, antes de volver a ser un sujeto agradable, pone una sonrisa diabólica, llena de satisfacción por haber conseguido lo que quería.
- ¿Crees que esa disculpa es suficiente? – me dijo Rex, miré al viejo de mierda y está sudando tanto que ya no me dan ganas de comer lo que hay en la cocina.
- Me da igual, solo quiero comer algo, aún no desayuno. – mi hermano me sonrió y me dijo con mucho ánimo:
- Sabía que no ibas a poder desayunar, así que te guardé un pan con queso y jamón, está en el comedor con una lata de bebida.
- Bakán.
Apenas vi la mesa, mi guata empezó a rugir, pude ver que ahí estaba mi sanwuchito y yo cagao de hambre, me moví lo más rápido que pude, me senté y empecé a comer ¡Mmmm! ¡La hueá rica! Me comí el pan en menos de quince minutos, me bebí la lata de un trago y con un potente “chancho” que me salió del alma, demostré que me gustó.
- ¿Quedaste bien? – me pregunta el hueón de mi hermano.
- Sí, aunque igual me hubiera gustado comerme otro. – Rex tomó aire y lo botó de manera pesada.
- Si no fuera porque te dejaron pa’ la cagá anoche, pensaría que tu guata es un saco roto. - ¿Qué chucha trata de decirme?
- No estoy tan mal, ayer no hice nada especial, lo mismo que hago todos los viernes.
- ¿Seguro? – por un momento dudé, pero estoy seguro de lo que digo, aunque Rex no piensa lo mismo. – Entonces, las marcas en tu cuello ¿qué son?
- ¿Qué marcas? - Rex levantó una ceja y me pregunta:
- ¿Acaso no te lavas los dientes cuando te levantas?
- No, es una mierda que la comida tenga gusto a pasta de dientes, me los lavo después. – Rex giró los ojos y me responde:
- Hay un espejo en la pared que está detrás de ti. – Me giré para ver la muralla.
- ¿Cuándo pusieron ese espejo?
- Siempre ha estado ahí, que a ti te importe una mierda que haya un espejo es distinto.
Me paré y me revisé el cuello, ¡por la rechucha! ¡A mi reina se le pasó la mano! Me mordió tantas veces que parece que tengo urticaria.
- No sabía que me había dejado así.
- ¿No te duele?
- No, me duele más la espalda. – Rex se paró y se acercó a mí.
- ¡A ver! Déjame revisarte. – me levanté la camiseta, escuché un siseo de parte de él ¿Qué cresta me hiciste, reina? – Al parecer, Andrea se ensañó contigo ¿Hiciste algo para que te marcara de esa forma?
- Tan mal se ve. – Mi hermano mueve la mano de lado a lado, pero con un gesto en la cara que no me convence mucho.
- Más o menos. – boté aire pesado y le respondí:
- No sé qué le pasa a mi reina, anoche tenía tantas ganas que no me dejó dormir hasta que quedara satisfecha, ella llegó cinco veces y yo apenas pude con tres.
- ¿Cinco veces? – preguntó algo confundido
- ¿Ale no es así? – él me miró y me dijo:
- Mi mujer es más de juego de roles.
- Ah, sí.
Todavía recuerdo la vez en que Rex y yo llegamos algo tarde a la casa, mi hermano cerraba la puerta de entrada mientras yo me dirigía a las escaleras. Antes de pisar el primer escalón, escuché cuando mi cuñada llamaba a Rex “mi lobo” y ella se nombraba a sí misma “Caperucita”, como me llamó la atención la voz de Ale, traté de encontrarla con la vista, pero su voz venía de la oficina que está al otro lado del living, mi hermano al darse cuenta de esta situación, sonrió y me dijo que me fuera a mi pieza, que él tenía que hacer “las tareas” con su mujer, yo me quedé como hueón mirando como mi hermano, de cuatro zancadas cruzó el living y se encerró en la oficina, lo que pensé en ese momento es que Ale tiene voz de mina de película porno.
Pasaron unos cuantos segundos en donde solo nos veíamos las caras, hasta que Rex tomó aire para hablar:
- ¡Roberto! – la voz de mi hermano no alcanzó a salir, mi reina acababa de abrir la puerta de forma repentina . - ¡Oh! No sabía que también estabas aquí, Rex.
- Sí, estaba hablando con Roberto. – él le sonrió a Andrea y le dijo:- pero ya me voy, tengo que cambiarme de ropa.
- ¿Tú también? – Fue extraña la pregunta, sin ningún contexto.
- Sí, la visita que viene hoy es algo importante, quiere hacer negocios con ADS y como soy su gerente, debo dar una buena impresión.
- ¡Oh! Así que por eso mi mamá contrató a uno de los mejores chef de Chile, también puedo entender porque eligió vestirme como una cualquiera.
No me había fijado en cómo estaba vestida hasta que ella lo mencionó, ¡se ve muy rica! Lleva esa falda que me encanta y una polera corta que no alcanza a cubrirle la guatita, pero se le ven las tetas enormes.
Estaba tan sumido en su figura y las mil ideas que se me ocurrían para hacerle el amor encima de la mesa, que no me fijé que estaba frente a mí.
- ¿En qué piensas, amor? – le sonreí y le contesté con una gran sonrisa.
- En ti, mi reina. – la tomé por la cintura mientras me iba poniendo duro de a poquito.
- ¡Roberto! – ella me alejó y me dice: - ¡Ahora no!
- Eso no es lo que me dijiste anoche. – me pegué a ella, podía sentir mi pene rozando su bajo vientre.
- Amor, tú sabes que aquí no se puede, en especial porque cualquiera nos puede ver.- gruñí, tengo clara la posición en la que estoy en este momento y no me agrada que tenga que esconder lo que siento por ella.
- Lo sé, si no queremos que nos separen debo fingir demencia, pero… - sonreí con malicia. – Reina, no puedo fingir las marcas que me hiciste en el cuerpo, me mordiste y me rasguñaste como una gata salvaje, mírame el cuello ¿Cómo se supone que debo esconder esto?
Andrea se mordió el labio inferior, esa acción me provoca un montón. Iba a tomar su boca, cuando hace un puchero y me dice:
- No fue mi intensión, no quise ser tan despiadada, pero eres tan sexy y tu cuerpo es tan firme, que me dio una ansiedad por apretarte, morderte y demostrarte todo el amor que te tengo. – Y me dice esas palabras mostrándome su lado más coqueto.
Mis ganas locas de comerme su boca y arrinconarla para sobajarme con ella son más fuertes que yo, estaba por subirle la falda mientras ella recorre con sus manos mi pecho y mis hombros, pensé que podíamos estar cinco minutos tranquilos, hasta que la puerta del comedor se abre.