Capítulo 32

1579 Palabras
Narra Andrea Sin dudar, empujé a Roberto, nadie puede saber que él es mi pololo, no quiero que se vaya de la casa, quiero que se quede conmigo más tiempo. La puerta se abrió sin que nadie entrara, mi pololo y yo nos miramos confundidos ¿Acaso se abrió sola? De repente, escucho una voz aguda y chillona - ¡Tía Ann! – ¡Ay! ¡Menos mal! ¡Es Ricky! - ¡Ricky! ¿Qué pasa? – No sé si mi sobrino se dio cuenta de algo, pero sus ojos me miran algo confundidos. - La abuelita Nena te llama. - ¡Ay! ¡Mi mamá! - Ok, dile a la abuelita que ya voy. – Ricky se cruza de brazos y me dice algo molesto. - Ella dijo que vayas ahora. – Le di una mirada de disculpas a Roberto y de mala gana salí del comedor y fui a buscar a mi mamá. Salí hasta él patio trasero, en la terraza estaba preparada una gran mesa con muchas exquisiteces de un restaurant de alta cocina, esto no es muy recurrente, a menos que haya un invitado muy importante… Mmm… ¿Quién será? Algunos muebles que estaban en la terraza fueron movidos cerca de la piscina, fue en ese momento que me di cuenta de que ahí estaban unas personas conversando, una de ellas es mi mamá, quien sonríe de oreja a oreja. También está mi cuñado, quien escucha atentamente a un tipo que está sentado en un sillón que no me dejaba ver su cara, así que no pude ver bien quien es. Me acerqué a ellos, ya que mi mamá me había mandado a llamar, cuando ella se da cuenta de mi presencia, se levanta de su puesto y le dice al extraño: - Aquí está mi hija pequeña, Andrea. – el hombre se para rápidamente, poniéndose enfrente de mí. Es un hombre alto y delgado, sus rasgos son muy masculinos y agradables, se le marca la mandíbula, tiene una sonrisa amable, su pelo rubio oscuro es algo largo, si no estuviera bien peinado algunos mechones cubrirían la mitad de su cara, sus ojos azules me miran con cariño, como si él ya me hubiera visto antes, pero yo no lo recuerdo. - Hola. – dije con algo de recelo, pero el tipo tomó aire, se pasó la mano por el pelo y metió una de sus manos a uno de sus bolsillos, casi parecía nervioso al hablarme. - Hola. – me quedó mirando y yo no sabía que hacer, varias veces pareció tener la intención de decirme algo, pero no habla. De pronto veo que Rex se acerca y presenta al invitado. - Andrea, él es Efraín Cervantes, un empresario español que quiere expandirse en Latinoamérica. – Los ojos de este tipo se abrieron con emoción y mi única respuesta fue: - ¿Efraín? – ese nombre es… - No es muy común. - No, no es tan común. – este hombre me mira algo expectante. - Yo… - Miré a mi mamá, no sé qué tiene en mente, pero su sonrisa me da mala espina, por esa razón, dije en voz alta algo completamente diferente a lo que pensaba. – Yo tuve un amigo hace un par de años que se llamaba Efraín, era muy bueno conmigo. - ¿Amigo? – parece decepcionado, a lo mejor mi mamá le prometió algo que yo no puedo cumplir o quien sabe qué. - Creo que el almuerzo está listo ¿Vamos a la mesa? - suspiré aliviada, gracias a la intervención de Rex, ya no me siento tan acosada. Mientras ellos se acomodaban, vi a Roberto que estaba en el ventanal con Ricky, no sé qué le dijo mi pololo a mi sobrino, pero él vino corriendo hacia mí con una gran sonrisa. - Tía Ann, mi tío Roberto dijo que te veías rara y que parece que estabas mal. También me dijo que si estabas mal, me daría cien pesos y si estabas bien, me daría doscientos pesos ¿Estás bien? ¿Verdad? – Miré hacia Roberto, se ve preocupado, sonreí y le dije a Ricky. - No quiero que pierdas, así que dile que sí, que yo nunca voy a estar mal, porque a mí nadie puede ponerme mal. – Mi sobrino sonrió y miró a mi lindo pololo, después él salió corriendo para reclamar su premio. Roberto al recibir el mensaje, me dio una amplia sonrisa, Ricky le agarró el brazo y lo obligó a darle sus dos monedas, después lo guio para que se sentara al lado de él en la mesa. Fue un almuerzo tranquilo, aunque algo incómodo, mi papá en la cabecera, al lado derecho estaba Efraín, el invitado y al lado de este Rex, acompañado de mi hermana y mi sobrino, yo justo quedé enfrente de mi cuñado y el tal Efraín no paraba de mirarme, tampoco Roberto, me imagino que debe sentirse muy mal al verme algo inquieta. Bueno, trataré de mantener la calma, en la noche iré a la pieza de mi pololo para acurrucarme a él. Mientras mi cuñado y el invitado hablaban de futuros proyectos en conjunto, mi papá saca a relucir sus acertadas decisiones al elegir a Rex como gerente, pero yo sé que no es así, prácticamente el dueño de la empresa es mi cuñado ¡Uy! No quiero pensar en eso, yo recuperaré la empresa y volverá a ser de nuestra familia. De pronto, veo que mis ojos se encuentran con los de Efraín, él me sonríe como si me conociera, como si hubiera vivido con él ¡Qué escalofriante! A lo mejor mi mamá me ofreció como su futura esposa ¡Agh! ¿Por qué hace esto? ¡No quiero vivir esto otra vez! Después de comer, todos se levantaron, como no quería estar cerca de la visita, me quedé de pie, justo en ese momento veo que Roberto está huyendo de Ricky, corre dando vueltas por la mesa hasta que se acerca a mí y me pone de escudo ante mi sobrino. - ¡No me pillas! – mi pololo me agarra de los hombros y con un susurro muy rápido en mi oreja me dice: - espérame en los sillones que estan frente a la piscina. - Ok. -le devolví la respuesta y para disimular esta situación grité: - ¡Bruto, salvaje! ¡Suéltame! Roberto corrió adentro de la casa y mi sobrino lo va siguiendo mientras ríe como un loco. Yo me puse en plan de caminar hasta la piscina, cuando llegué me senté en el sillón que da la espalda a la casa, me quedé ahí esperando a que mí pololo viniera, pero sorpresivamente siento una voz inesperada: - ¿No tienes frío? – me dio un escalofrío escuchar eso, ¿Qué hace aquí? ¿No debería estar con los demás? - Amh, un poco, pero estoy bien ¿Y usted? ¿Por qué esta acá afuera? - ¿Usted? Eso es nuevo. Bueno, dije que iba a fumar y que me esperaran un rato. - ¡Oh! Va a fumar. - ¿Es fumador? ¡Qué asco! Eso me hace recordar al desgraciado de Javier. - ¡No! No fumo. – Sentí miedo ante su respuesta ¿Por qué me sigue? ¿Esto es un plan de mi mamá? - Entonces ¿A qué salió? – se sentó en uno de los sillones y se inclinó para hablar más de cerca y yo, solo quiero salir corriendo. - ¿No me recuerdas? – tiene una mirada triste, pero, aún tiene algo de esperanza en su rostro: - Yo te hice una promesa, te escribí y te dije que, ya no podía cumplirla. Mi mente viajó a la época cuando tenía trece años, en ese momento todo era más simple, todo parecía un lindo cuento infantil, pero ahora… - ¡Efraín! ¿En serio? ¿El que conocí cuando iba en octavo básico? No puedo creerlo. – me tapé la boca con las dos manos por la sorpresa y las saqué rápidamente para decir. – De verdad, no puedo creerlo ¡Has cambiado mucho! Ya no tienes el pelo rubio brillante que recordaba. A Efraín se le iluminó la cara cuando recordé quién era él, y, tocándose el pelo, me responde: - Sí, mi pelo se oscureció. – Sonríe con sinceridad. - Tus rasgos cambiaron, ahora son más toscos, no te pareces en nada a la foto. - ¿Tienes una foto? - ¡Uy! ¿Qué tonta? - ¿Todavía miras esa foto? - Pues… - cambié el tema y le dije: - es sorprendente ver que te convertiste en un gran empresario, siendo tan joven, incluso ya tienes pensado tener sucursales aquí, en Chile, con solo dieciocho años. - Sí. – le salió una carcajada de modestia, creo. – pero no tengo dieciocho, tengo diecinueve años, estudié una carrera de administración, algo rápido para seguir con la empresa de mi papá, él quería que su empresa trascendiera, pero apenas comenzó, él se fue. Se desanimó, al parecer quería mucho a su papá, debió ser muy bueno, me da pena verlo así, le iba a tomar la mano para darle ánimo, pero no quiero confundir las cosas, así que solo dije: - Tu papá estaría orgulloso de ti, cumpliste su sueño. - La expresión maravillada de su rostro al escuchar mis palabras cambió al mirar por sobre mi hombro. - Así que aquí estás, enana.
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