Narra Efraín
Andrea giró su cabeza sorprendida, pero no parece molesta por el trato que le dio ese cabrón, me tragué mi molestia y con educación saludé.
- Hola, no nos presentaron, soy Efraín Cervantes. - Estiré mi mano para saludarlo, pero en vez de eso me miró con malicia, casi como si quisiera hacerme algo malo, por esa razón desistí con mi saludo y continúe hablando. - Tú debes ser Roberto, Rex te aprecia mucho, habla mucho de ti.
Él dejo de mirarme para tomar atención a Andrea quien observa a este imbécil con algo parecido a la condescendencia.
- ¡Eres un roto! ¡Debes tratarme como a una dama! - ¿Está ofendida? ¡Agh! ¿Este idiota la trata mal?
- ¡Ja, ja, ja! ¡Claro! Avísame cuando te operes la cara de Monga y hablamos. - Andrea se sorprendió ante estas palabras, empuñó las manos y enfrentó a ese cabrón con los ojos vidriosos.
- ¡Roberto! - este imbécil, parece arrepentido, pero no cambio mucho su actitud.
- Tss... Me dices roto y por lo general te trato bastante bien, deberías ser más agradecida.
Andrea se ve molesta, dolida y con sus lágrimas a punto de derramarse, él es un gilipollas ¿Cómo puede tratarla así?
- ¡Eres un mecánico de cuarta! ¡Ojalá que tú polola no te hable en una semana! - Al parecer las palabras de Andrea lo hirieron, puso una cara muy peculiar, como de frustración y gruñó sin saber que decir.
- Roberto, estás siendo muy grosero con una señorita como Andrea. - este hijoputa no tiene miedo en mostrar su desprecio hacia mí.
- ¿Y a ti quien te mandó a meter la cuchara? - ¿Qué? ¿Qué cosa de la cuchara? Tiene modismos muy raros y su postura desafiante me es inquietante ¿Acaso aún existe gente tan salvaje como este? Mejor me mantendré al margen con él.
- Andrea, creo que este lugar no es bueno para hablar, que te parece si te invito a una cafetería mañana en la tarde. - fue algo extraño ver a Andrea y a Roberto sorprenderse, se miraron con complicidad y a la vez con dominio, parecía que los dos estaban haciendo una competencia de no pestañear.
- Amh... - me miró Andrea con recelo. - Disculpa, pero no puedo seguirle el juego a mi mamá, no sé qué te habrá dicho para que te encontraras conmigo, pero no estoy interesada en salir con alguien en este momento.
Estoy confundido, ¿qué quiere decir con eso?
- ¿De qué me hablas? No entiendo.
- Deja de hacerte el tonto, sé que mi mamá te convenció para que me conquistaras y fueras mi novio.
Estoy muy asombrado, la verdad si vine con la intención de volver a ver a Andrea, pensé que podía tener una posibilidad con ella, nunca la olvidé, a pesar de que tuve un par de novias, ninguna me hizo sentir como ella, es directa y no tiene pelos en la lengua cuando quiere defender a los demás, es animada y siempre se esfuerza por ser cada vez mejor, es perfecta. Al principio, fui a la empresa de la familia Dossmar para hablar con don Alejandro, pero me encontré a otra persona en su puesto, eso llamó mi atención, me costó mucho convencer a este hombre que me invitará a su casa, también me causó extrañeza que hablara de su hermano, es como si me estuviera advirtiendo de algo, pero no logré descifrar el motivo de que lo hiciera, así que lo ignoré.
No sé qué estaba esperando de esta visita, por alguna razón estaba expectante, estaba ansioso por volver a ver a Andrea y cuando mis ojos se posaron en ella, sentí que un fuego incontrolable nacía de mi pecho ¡Está hermosa! ¡mucho más que en mis recuerdos! Tiene un exquisito cuerpo de mujer y conserva su gracia de niña buena, estaba esperando que me reconociera, pero al final, me di cuenta que ni siquiera me recordaba bien ¿Tanto cambié? Todo lo que imaginé al volver a verla se hizo añicos, ella cree que su madre me manipuló, aunque no es así, ya que todo lo que he hecho es por mi propia voluntad.
- Andrea, a mí nadie de tu familia me ha pedido nada, esto lo estoy haciendo por mi propia voluntad. - un gesto muy dulce salió de su rostro y con amabilidad volví a repetir. - Por favor, acepta mi invitación, solo como amigos.
Las dudas en Andrea eran evidentes, miró al tal Roberto como si esperara una señal de aprobación, de pronto recordé la insistencia de Rex al hablar de su hermano ¿Es posible que ellos tengan algo más que un simple parentesco familiar?
Estaba por desistir de mi oferta cuando Andrea me dice con algo de arrepentimiento.
- Bueno, si es solo como amigos... - Nunca he sentido celos por nada, mis relaciones suelen ser fluidas, pero la cara de Roberto se transformó de tal modo que parecía que quería matarme ¿Así son los celos? Aun así, eso no detuvo mi alegría y le respondí a ella:
- Perfecto, dame tu número y te llamaré para darte la dirección. - ella me repitió dos veces su número para que lo anotara en mi celular, me sentía lleno de alegría y con esa emoción le dije: - Bueno, ahora voy a dentro, deben estar preguntándose el por qué no vuelvo.
- Sí, debes tener a todos locos dentro de la casa. - sonrío tanto que me duele la cara, todo en ella me hace feliz.
- Entonces, nos vemos mañana. – Le sonreí esperanzado.
- Sí, hasta mañana. - agité mi mano como un tonto y me alejé con mucha ilusión, pero eso no duró mucho, podía oír que Andrea y Roberto se increpaban, me preocupé, quería ir a protegerla, pero una mano me detuvo.
- Ellos son así, suele ser su dinámica. - Era Rex, quién al parecer me estaba buscando.
- ¿Seguro? No creo que eso sea normal.
- Roberto no puede evitar estar cerca de mi cuñada, esos dos son polos opuesto, al igual que un par de imanes.
¿Imanes? ¿qué quiere decir con eso? ¿por qué no es más directo y me dice exactamente lo que quiere decir? ¡Agh! mejor lo omito y voy al salón de la casa.
Narra Andrea
Después de que acepté la invitación de Efraín, Roberto se volvió loco, sentía como emanaba su ira, la verdad no hice nada malo, solo quiero distraer a mi mamá para que ya no me busque más pretendientes, pero mi pololo no está de acuerdo con ese hecho y me increpa muy molesto.
- ¿Por qué cresta aceptaste esa hueá?
- Lo hice para estar tranquilos un tiempo y que mi mamá no sospeche de lo que pasa entre nosotros. - Roberto se para frente a mí, poniendo sus manos en la cadera.
- ¡Claro! ¡Tu mamá! ¿Te has dado cuenta de que todas nuestras conversaciones son sobre tu vieja? ¡Me tiene chato esta hueá? - aquí vamos de nuevo, este tema es de nunca acabar.
- Amor ¿podrías entenderme? – ¡Uy! ¿Por qué tiene que ser tan terco? En ese momento, Roberto empezó a mover sus brazos bruscamente y a levantar la voz.
- ¿Qué te entienda? ¡Reina! ¡lo único que hago es entenderte! ¡Paso todo mi tiempo escuchando cada palabra de angustia que sale de tu boca! ¿Y para qué? ¿Para quedarme cruzado de brazos? Amor, necesito que le digamos al mundo que estamos juntos, necesito que también entiendas que yo quiero estar contigo sin límites.
- Roberto, sabes que no puedo hacer eso todavía, si decimos la verdad te van a llevar lejos.
- ¡No lo sabes! - mi pololo está muy enojado, pero, aun así, intenta tranquilizarse moviéndose con brusquedad. - ¿Sabes que me emputece más? el que hueones como ese culiao que se fue, piense que estás sola, ninguna vez le dijiste que estabas pololeando, que tienes un guacho que te ama y está contigo en todas.
Aunque me molesté, sé que Roberto tiene razón, no le dejé claras las cosas a Efraín y puede pensar que llegará lejos conmigo, pero eso no pasará.
- Amor, se lo quería decir, pero las cosas no se dieron.
- Sí, sí caché que valgo hongo, ni siquiera lo pensaste mucho para cambiarme por un ahueonao extranjero.
- Roberto, sabes que las cosas no son así.
- No, si la hueá está clara ¡Ándate con ese perro culiao! Ya que tú pololo está pintado en esta hueá de relación.
Roberto dio unas cuantas zancadas y entró a la casa, no alcancé a decir ni su nombre cuando dio un fuerte portazo tras él. Con frustración me senté en uno de los sillones del patio, puse mis codos en mis piernas y tomé mi cabeza tratando de buscar una solución, pero solo tengo una fuerte jaqueca ¡Uy! En este momento solo quiero que Efraín se vaya.