En la pared había una foto, es muy linda, es de la época en la que yo nací, Gabriel me tiene en brazos, él tenía nueve años y Ale seis, ella me está dando un beso en la cabeza y la Anita era una mujer muy joven, preocupada de que mi hermano no me suelte, esta foto a mi mamá no le gusta porque sale mi nana, pero, a mí pensar, es la foto perfecta, ya que todos son auténticos, la sonrisa de Gabriel, el gesto espontáneo de mi hermana ¡Uf! Es extraño darse cuenta de lo superficial que ha sido mi vida.
De repente escucho el sonido de un motor en marcha ¡Lo había olvidado! Tengo que ir a la pieza de la Clara. Estaba por salir de la pieza de la Anita, cuando la puerta principal se abre.
- Primero voy al baño y después destiendo la ropa. – ¡Uy! ¿Por qué justo ahora la Clara tenía que entrar?
Dejé la puerta entreabierta, la escuché entrar al baño y me moví muy rápido a la pieza de ella, cerré la puerta con mucho cuidado y me acerqué a la ventana, me cuesta abrirla, está muy apretada. Mientras me las ingenio para abrir la ventana, se escucha el sonido del tarareo de Clara acercándose, me puse nerviosa y sin querer empujé con fuerza la ventana, casi me caigo al otro lado, pero alcancé a mantener el equilibrio, sentí como se abría la puerta, salté por la ventana y me agaché para que no me viera.
- ¡Vah! Pensé que había cerrado la ventana, a lo mejor lo olvidé. - ¡Uf! ¡Qué bueno que la Clara es algo despistada!
Cuando trataba de recuperarme del susto, veo que alguien se agacha frente a mí, sentí que se me iba el aire y casi me paralizo al escuchar su voz:
- Princesa ¿Qué haces en el suelo? – ¡Es mi pololo! ¿Qué hace aquí?
- Ahm ¿No se supone que tienes que esconderte?
- ¿Yo?
- ¡Sí! ¡Nos pueden descubrir!
- Mi reina, eres tú la que debe esconderse, a mí me tienen que ver salir de aquí.
- Tienes razón. – mi lindo Roberto me ofrece su mano y me guía hasta el auto.
- Princesa, tienes que subirte a la parte de atrás, apenas cierres la puerta yo pongo el motor en marcha. – asentí con la cabeza.
Apenas Roberto me soltó la mano, corrí al asiento trasero, él subió unos segundos después y el auto comenzó a andar, salió sin levantar sospechas ya qué mi pololo siempre hace lo que quiere, por lo cual no es raro que el salga un día viernes en la tarde. Mi lindo mecánico se alejó lo suficiente como para que no me vean bajar del auto.
- Listo, princesa, te dejo hasta aquí, no creo que nadie cache que te bajaste de este auto.
- Sí ¿Y tú que harás, amor? ¿Vas a comprar pizza?
- No, voy a buscar algún lugar piola para dormir, estoy cagado de sueño.
- ¿Eso no es peligroso?
- ¡Naaa! Estando en el auto no pasa nada, a lo más, un Paco me puede echar del lugar donde me estacione, pero nada más.
- Mmm… - No me gusta esa idea, pero él, tampoco dará su brazo a torcer. – Bueno, de todas formas ten cuidado.
- Sí. – Le doy un beso antes de bajar. – Nos vemos más rato, princesa.
Bajé del auto con poco ánimo, traté de darme la fuerza para soportar los retos de mi mamá. Caminé con algo de pereza, no tengo tantas ganas de entrar a la casa, porque ya sé que me espera ¿Qué debo decir? ¿Qué solo fui a caminar? Bueno, en este momento estoy caminando, eso es real, no estaría mintiendo ¡Uf! ¿en qué momento mi casa se volvió una carga?
Estoy a pasos de mi casa e iba a sacar la llaves para entrar, pero, recordé que llevo ropa que no tiene bolsillos y, por la urgencia, olvidé salir con llaves ¡Ay! ¡No! ¿Cómo voy a entrar a la casa? No puedo saltar la reja, tiene dos metros de alto y tampoco se vería bien ¿y si le digo a uno de los choferes que me deje entrar? ¡No! A mi mamá le llamaría la atención el porque me abrió la puerta uno de los empleados ¡Uy! ¿Cómo no se me ocurrió pedirle las llaves a Roberto?
Mientras trataba de pensar en que hacer, la puerta de la reja se abre y veo salir a mi hermana algo preocupada, me quedé muy quieta mirándola y ella a mí, escucho un gran suspiro de parte de ella y me dice:
- ¡Menos mal que apareciste! La mamá está tan preocupada que lo único que quiere hacer es llamar a los carabineros. - ¿Por qué mi mamá exagera tanto?
- ¡Ahg! Solo fui a dar una vuelta, quería despejarme y respirar ¿Acaso ni eso podré hacer ahora? – Sé que no debería hacerme la indignada, pero tengo que aparentar que no me dejan en paz.
- Ann, trata de entender a la mamá, ella estuvo como loca toda la semana, está tratando de aceptar muchas cosas, una de esas cosas es vivir con la vergüenza de todo lo que ha pasado. – ¿Por qué me dice eso? ¿Ella también cree que todo es mi culpa?
- ¡Ale! ¿Tú también crees que todo es culpa mía? ¡Yo no quise que nada de esto pasara! ¿Crees que quería que Javier me hiciera algo tan horrible? ¿Crees que fue mi idea casarme con un imbécil como Leonel? ¿Por qué soy yo la más afectada por las decisiones de hombres asquerosos? – Ale me abrazó de la nada y me dice con mucho cariño:
- No es tu culpa, la mamá conoce tu dolor y no quiere que sufras por tus decisiones, quiere protegerte de la humillación pública, pero no conoce otro método, a ella le enseñaron a ocultar las cosas feas, no a enfrentarlas. – Mi hermana me abrazó más fuerte y suspirando me dice casi suplicando: - Se paciente, la mamá no es mala, solo no sabe tratar con estos temas.
Creo que Ale ya me había dicho esto antes, pero que me lo diga no me hace sentir mejor, es como si me hubiera convertido en una fea mancha para la familia y ellos solo me tratan de esconder.
- Mejor entremos antes que la mamá se ponga a llamar al amigo del papá y te empiecen a buscar como si fueras una delincuente. – A regañadientes, entré a la casa, supongo que tendré que aguantar el reto de la mamá, bueno, no sería la primera vez.
Narra Roberto
¿Qué es esa hueá que suena? ¡Me molesta más que la cresta! ¡Suena y suena sin parar! Mmm… A ver… Mi despertador no suena así… Esa mierda es… ¡Mi teléfono! Me levanté algo desorientado ¿Qué chucha hago en un auto? ¡Ah! ¡Verdad! Se me olvidó de que me había quedado dormido aquí. Siempre dejo el celular en la guantera, así que con torpeza abrí esa cosa y contesté con sueño:
- ¿Alo?
- ¿Dónde estás? Son las tres de la mañana. – Es Rex ¿Cómo que son las tres de la mañana?
- Ahm… Estoy cerca, solo quería dormir un poco y se me pasó la hora.
- Bien, te espero. – después de esas palabras, colgó sin dejarme hablar.
Me puse en marcha, no me demoré mucho en llegar y Rex está en el patio esperándome, no se ve enojado ni nada, pero estoy seguro de que pretende darme un discurso sobre alguna hueá que hice. Estacioné el auto y me acerqué a él, sin decir nada nos sentamos en la escalinata, me pareció una eternidad esperar a qué uno de los dos hablara, tomé aire para darme ánimo de comentar cualquier hueá, pero Rex empieza la conversación.
- Andrea discutió con su mamá hoy, según ella, salió a caminar, pero revisé las cámaras de seguridad y después de qué llegó a medio día, no puso ningún pie fuera de la casa ¿Qué hiciste? – No sé si me está retando o me está preguntando porque no sabe.
- ¡Agh! No hice nada malo, solo me emocioné un poco al verla y estuvimos culeando, solo que no me fijé de que había gente en la casa y tuve que ayudarla a salir, solo para que no sospechen.
- ¿Y no pensaste en la hora que era? Debiste meditar que en cualquier momento podían buscarla, que se espantarían si no la encontraban en la casa. – tiene razón, el cansancio y mi emoción me nublaron la mente.
- Ella me sorprendió, no he dormido en días y la extrañaba mucho. – soné como pendejo de catorce.
- Tú mejor que nadie sabe que Andrea es la que la pasa peor en esta situación, es a ella a quien retan, es a ella a quien le limitan las salidas, las personas y los tiempos, a diferencia tuya, nadie sospecha que tú eres su patas negras, nadie se imagina que te metes a su pieza y ella a la tuya, tienes que ser más cuidadoso o se ponen las pilas para decir la verdad. – Suspiré y le respondí a mi hermano.
- No creas que no quiero hacerlo, pero Andrea me lo impide, dice que no quiere que me echen cascando de la casa, quiere mantenerme cerca. A mí pensar, prefiero tenerla lejos antes de seguir mintiendo. – Rex se quedó callado, se ve pensativo, miró al cielo, luego su reloj y me dice.
- Me voy a dormir, de todas formas, en esta casa sean cuidadosos, ya te dije antes que Don Alejandro no tiene miedo en deshacerse de quien le molesta.
Rex entró a la casa, yo suspiré y me dije a mi mismo “No tengo sueño ¿Qué mierda hago hasta qué amanezca?”