¡Es lunes! ¡Y estoy muy contento! Mi reina y yo estamos juntos de nuevo, ya las clases no me parecen tan agotadoras cuando ella está cerca. Me gustaría sentarme al lado de mi princesa, pero no nos concentramos en la clase cuando estamos tan juntos, a mí se me pasan mil hueás por la cabeza, tengo varias ideas para quedarnos encerrados en esta sala y darle duro todo él recreo, pero Andrea no piensa lo mismo, en especial cuando le entregaron la última prueba de matemáticas, me echó la culpa por su mala nota, aunque no hice nada, solo le estaba acariciando su suave pierna el día de la prueba, mientras imaginaba como la culeaba en el escritorio de la profe, así que, ahora se sienta en el puesto de al frente.
Estamos en la primera clase de hoy, que es Historia, estamos viendo algo sobre la industrialización o algo así, me distraje al ver el pelo de mi princesa, es lindo, suave, me dio por tomarle un mechón y jugar con él. Su pelo es liso, pero las puntas son curvas, se ve bonito, las mechas que pasan entre mis dedos se deslizan sin enredarse, así de suave es, me gusta como es, me calma. Me sentía muy feliz hasta que mi princesa me dice:
- ¡Roberto! ¡Ya córtala! ¡Me desconcentras! - ¿Está enojada?
- ¿No te gusta que te toque el pelo? – Mi reina me respondió con algo de comprensión.
- No es eso, estamos en clases y nos van a… - No alcanzó a terminar de hablar, porque la profe de Historia metió su cuchara.
- Joven, cámbiese de puesto.
- Pero profe, yo no hice nada.
- Está desconcentrando a la clase.
- Profe…
- Cámbiese de puesto o llamaré a su apoderado. – Ya tuve un sermón de mi hermano, no necesito otro. Me paré y la profe me dice. – desde ahora, cada vez que entre en mi clase se sentará al lado de la señorita Martina Tassara.
¡Por la rechucha! Me debo sentar al rincón con una mina que ni conozco y quien se va a sentar detrás de mi mina es el extranjero culiao, me emputece que el mierda esté cerca de ella. Traté de calmarme mientras escuchaba a la profe, pero me cuesta más que la cresta, empecé a mover la pierna sin parar, no puedo quitarme de la mente que si yo estaba jugando con el pelo de mi princesa, ese maricón puede hacer lo mismo, ese pensamiento hace que me hierva la sangre. Intento mantenerme tranquilo, tomo apuntes de lo que dice la profe hasta que siento una mano que aprieta mi muslo con fuerza, miro desconcertado hacia el lado donde está mi compañera y con mucha coquetería me susurra muy cerca de la cara:
- Al parecer tienes mucha energía, podría ayudarte a gastarla de otra manera en el recreo. - ¿Qué chucha? Ella empezó a subir su mano por mi pierna y eso me hizo enojar, le tomé la muñeca con fuerza y la paré en seco.
- No me hueí, tengo polola y no estoy dispuesto a perderla por putas como tú.
- Eres muy bruto, eso me gusta en un hombre. - ¿Qué mierda? Esta mina está más loca que una cabra.
- ¡Profe! ¿me puedo sentar solo atrás? – Tengo que sacarme a esta mina de encima antes de que se suba por el chorro.
- Ese es un privilegio que se tendrá que ganar, señor Anderson. - ¡Por la cresta! Esta clase se volverá un infierno para mí.
¡Ya estoy chato de esta mina! Se sacó el zapato para acariciarme la canilla con el pie, más de una vez se ha apoyado en mi muslo y lo apreta hasta enterrarme las uñas, de vez en cuando finge que no entendió algo y me pone las tetas encima ¿Qué mierda hago para alejarme de ella? Me volveré loco si esta mina me sigue toqueteando. De repente siento un golpe de una mesa unos cuantos puestos más atrás y una mina se pone a gritar como loca:
- ¡Roberto! ¡deja tranquila a Martina! – me sorprendí, porque yo no estaba haciendo nada.
- Señorita Márquez ¿Qué son esos gritos? – Así que Victoria es la que gritó.
- Miss Alvear, Roberto no para de molestar a Martina. – está mina miró con odio a Victoria.
- Miss, no es nada solo… - Victoria continuó hablando, imponiéndose ante esta loca.
- ¡No mientas! Roberto la está empujando y le entierra el lápiz en el brazo.
- Miss, ella no ve bien desde donde está, las cosas no son como… - estoy tan confundido que no alcanzó ni a responder:
- Miss, Roberto está tratando muy mal a Martina y eso no puede ser. – los gritos entre ellas se intensificaban y la profe golpeo el escritorio con un libro y dijo:
- ¡Ya Basta! ¡Es suficiente! Señor Anderson, acompáñeme a la oficina del inspector.
- Pero profe, yo no hice nada.
- ¡Ya dije! Los demás lean la página cuarenta y dos del libro. – Me paré y seguí a la profe, ella le dijo al inspector que llamaran a mi apoderado, que ella quería hablar con él.
Pasó como media hora antes de que llegara Rex, me perdí el primer recreo, este día es una mierda. El inspector salió al patio un rato, advirtiéndome de que no podía moverme de mi lugar, yo estaba echado en la silla que está enfrente del escritorio de inspectoría, mirando el techo, cuando escucho la linda voz de mi reina.
- ¿Roberto?
- ¡Princesa! – ella me alegra el día.
- ¿Qué le hiciste a Martina? – ¿de quién está hablando?
- ¿Quién es ella? – Andrea se ve enojada ¿Ahora que hice?
- ¡Martina! ¡La compañera con la que te sentaron hoy!
- Ah, la puta esa. – me emputece saber que, por culpa de Victoria y esa maraca, me llamaron al apoderado.
- Sí ¿Qué le hiciste?
- Nada. – Andrea en vez de alegrarse, se enoja más conmigo.
- ¿Ah? ¿Sí? Entonces ¿Por qué la cualquiera de Victoria te culpó? – Buen punto ¿Por qué chucha dijo eso?
- No sé.
- ¡Roberto! – mi reina está roja de rabia. - ¡Dime la verdad!
- Te estoy diciendo la verdad ¿No confías en mí? – Andrea se quedó callada y con frustración me dice:
- Sí, si confío en ti, es que… - Que dude de mí hiere mi corazón.
- Este día es una mierda, me cambian de puesto solo porque le hago cariño a mi mina, me mandan a llamar al apoderado por no hacer nada y ahora mi polola no cree en mí ¡puto día de mierda! – de reojo pude ver a mi reina arrepentida, se acercó a donde yo estaba y se agachó al lado mío.
- ¡Ay! ¡Amor! No desconfió de ti, es que, esto fue tan raro, Victoria es muy directa y no tiene pelos en la lengua, así que me hizo dudar, pero sé que no eres así, solo quiero entender lo que pasó. – Puso una cara tan tierna, que conquistó mi corazón de nuevo, quiero decirle lo que pasó, pero todavía no, se volverá loca si sabe lo que hizo esa cabra en la clase de Lenguaje. – Amor ¿Me perdonas?
¡Claro que te perdono! ¡Una y mil veces te perdonaría! Pero no te lo voy a decir, porque merezco una compensación por dudar de mí.
- Mmm… te perdono solo con una condición.
- ¿Cuál?
- Quiero escuchar tus disculpas mientras te mueves encima de mí esta noche. – Andrea se puso un poco roja, se paró y me susurró en el oído.
- Haré lo que quieras, mientras me perdones. – me dio un rápido beso en la boca y se fue ¡Estoy loco por ella!
No pasaron más de cinco minutos cuando veo cruzar por la puerta a Rex ¡Agh! Esto se pone cada vez más asqueroso. Mi hermano se puso a mi lado y me pregunta de manera muy tranquila.
- ¿Qué pasó? – Estoy chato de esta situación y él hace que me enoje aún más.
- ¿No sabes? Pensé que tus perros culiaos te decían todo lo que hago.
- Y yo creí que no tendría que venir hasta la reunión, pero aquí estoy. – Como si fuera un gran sacrificio venir a paquearme. – Dime ¿Qué pasó?
De mala gana, le conté la hueá que me pasó, Rex puso mucha atención antes de comentar cualquier cosa.
- Así que, una mina te estuvo acosando.
- Sí, pero no sé por qué, a la mina ni la conozco, no sé ni su nombre.
- ¿Cómo que no sabes su nombre?
- No, Andrea me lo dijo hace poco, creo que es Mariana o María, algo así.
- Me la dejas difícil ¿Cómo te puedo defender de ella si no sabes quién es? - ¿Qué quiere hacer qué?
- No hueí, no quiero que le digas eso a la profe.
- Pero lo que hizo esta compañera tuya, está mal.
- Sí, pero no quiero que los hueones de aquí me traten como las hueás porque no supe controlar a esa maraca.
- Rob, no la trates así, te he dicho que no le hables mal a las mujeres.
- ¡Como sea! Al final la profe tampoco me va a creer. – justo en ese momento entro la profe de Historia. Quién sabe que chucha le va a decir al hueón de Rex