Corrí hasta la puerta y la abrí un poco para ver el comportamiento de esta pareja, no sé por qué me provoca tanta curiosidad, puede ser porque Marcela es muy fría al conversar con él, en cambio, el tal Miguel, mueve las manos de manera muy ansiosa, con intención de tocar a la mujer que tiene enfrente y no deja de mirar con mucha atención cada movimiento que Marcela hace, como cuando se acomoda él pelo detrás de la oreja o gira para buscar algo. Casi como hipnotizado, Miguel inclina la cabeza hacia un lado para apreciar mejor a mi anfitriona, por alguna razón no puedo dejar de mirar la escena y es así como me doy cuenta de que él, toma aire para botarlo con pesadez, tratando de tragarse la frustración de no poder tocar a la mujer que quiere.
- Bueno, esta es la receta, fíjate bien que sea la misma marca, me ha funcionado muy bien cuando Chelito ha tenido tos. – Marcela le pasa un papel al hombre sin mirarlo a la cara.
- Ah ja. – de pronto veo que él hombre cambia su postura, se apoya en la pared mostrándose seductor ante Marcela, con una mirada llena de hambre, esa mirada es igual a la que Roberto me muestra cuando tiene muchas ganas de estar conmigo.
- Ahm… También te hice la lista de las cosas que debes comprarle, mucha ropa ya le está quedando chica. – Miguel se acercó a ella como un tigre que ya divisó a su presa.
- Ah ja. – el hombre arrinconó a Marcela contra una pared, no puedo ver muy bien, espero que no le esté haciendo nada malo.
- Miguel, ya hablamos de esto, todavía estoy procesando las cosas y prometiste que iríamos lento. -Marcela habla entre jadeos, como si estuviera esperando que él la atacara de alguna forma.
- Lo sé, para mí, esto también es nuevo, pero me cuesta mucho ir contra mi naturaleza, me esfuerzo mucho para respetar tus tiempos, tus espacios y no volverme loco en el intento. – Creo que las cosas se volvieron algo extrañas. Estaba por cerrar la puerta cuando escucho a Marcela.
- Miguel, es mejor que te vayas, sabes que no doy mi brazo a torcer con tanta facilidad. – la posición del hombre es muy dominante, eso me hace sentir algo preocupada, esa fue la manera en que Javier se propasó conmigo, mostrando el poder que tenía sobre mí.
- Sí, sí sé, pero… – Miguel es muy alto y fornido, a diferencia de Marcela que se ve muy pequeña y frágil a su lado. – ¿Me podrías dar aunque sea un beso?
- No. – Marcela respondió con mucha frialdad y Miguel con gran frustración se alejó y le dijo botando aire de manera pesada.
- ¡Ok! ¡Me voy! mañana temprano te traigo lo que me pediste. – el hombre salió del departamento, mientras que Marcela camina hacia la puerta, la cual cierra con llave mientras ella se sienta en el suelo agarrándose la cabeza.
Yo me puse nerviosa, a lo mejor este animal le hizo algo cuando yo no veía, me acerqué corriendo a ella y le pregunté muy preocupada:
- ¿Estás bien? ¿Te hizo algo ese salvaje? – Marcela levantó la cabeza y tiene la cara muy roja.
- No te preocupes, no me hizo nada.
- ¡Ay! ¡Qué alivio! Creí que te había hecho algo cuando te tenía arrinconada en la pared. – Nunca imaginé que ella se podía poner más roja de lo que estaba.
- ¿Nos estabas mirando? ¡Ay! ¡Qué vergüenza! – puso sus manos en las mejillas, como si quisiera ocultar lo colorada que está.
- ¡Uy! Disculpa, es que, después de que me contaste todo eso en la pieza, me quedaron dudas sobre Miguel y creí que… - Marcela me sonrió y me dijo interrumpiéndome:
- Te entiendo, tal vez hubiera hecho lo mismo en tu lugar. Pero no te preocupes, Miguel no hace nada sin mi consentimiento. – de pronto, Marcela apoya su cabeza en la puerta y suspira.
- Ahm… Así que ¿Por qué te tiraste al suelo? – Marcela se ve más calmada, pero aun así esta avergonzada.
- No sé, creo que es la forma que tengo de contenerme, ya que se me hace muy difícil no caer en la seducción de Miguel, es muy coqueto y seductor, tampoco puedo olvidar lo bueno que es para algunas cosas y si no me tiraba al suelo, seguramente hubiera corrido tras él y estaríamos haciéndolo en el ascensor.
- Oh. – ahora entiendo, como no pude ver la escena completa, no pude captar que era lo que estaban haciendo.
- Pero, si te gusta tanto ¿Por qué no dejaste que se quedara? – Marcela suspiró con pesadez y me contestó:
- Es que, tenemos que resolver unos problemas antes, por eso no dejo que me toque; por muchas ganas que tenga de estar con él, primero tenemos que arreglar un tema delicado. – por lo que veo, no me quiere contar cual es el problema, o sería más directa al hablar y me contaría que es eso tan delicado.
- Marcela.
- Dime, linda. – esta mujer se ve tan fuerte, emana tranquilidad y un gran poder, pero a la vez se ve cansada y frágil.
- ¿Cómo lo haces para tratar con todos estos problemas? Yo apenas puedo con lo que estoy viviendo, hasta me dan ganas de que me trague la tierra y olvidarme de todo. – Marcela dio una carcajada de agotamiento y me dice con mucha amabilidad.
- A veces pienso igual que tú, me dan ganas de desaparecer, pero tengo un hijo y no puedo flaquear cuando las cosas salen mal.
- Claro, tienes un hijo, yo no tengo a nadie como él. – empecé a dudar sobre huir de mi casa, si no lo hubiera hecho, estaría con Roberto ahora.
- No digas eso, en este momento tienes a tu pololo, si te escapaste para no casarte, principalmente fue por él, tal vez no te diste cuenta, pero tomaste valor para proteger el amor que sientes por ese hombre. – es cierto, todo esto lo hice por el amor que le tengo a Roberto.
- Creo que he hecho muchas cosas locas por él, cosas que, por nada en este mundo las hubiera hecho antes de conocerlo.
- Debes estar muy enamorada. – sentí un calor en mis mejillas al escuchar esas palabras, me es inevitable no sonreír.
- Sí, es que, no sabes las cosas que ha hecho por mí, siempre ha sido bueno conmigo, incluso cuando yo he sido muy pesada con él, me protege, me ama, incluso, en este momento solo piensa estar conmigo, cuando lo llamé me dijo que me extrañaba y que quería venir a buscarme, estoy casi segura de que debe estar como loco pensando en encontrarme. – Marcela se ve preocupada y me pregunta.
- Andrea, no le dijiste a tu pololo en donde estás ¿Verdad?
- No, no le dije nada. – Marcela respira aliviada.
- ¡Qué bueno! Don Rex se enojaría mucho si sabe que te encontraron. – Sus palabras me llamaron la atención, es raro que ella hable de esa forma de mi cuñado.
- ¿Rex se enoja mucho en el trabajo? – Marcela con su dulce voz me responde:
- No, no suele enojarse, pero cuando lo hace, pareciera que el mundo tiembla, a Don Rex le importa mucho la discreción, puede tolerar errores, pero no soporta que se rompa la confidencialidad de su círculo. - ¿Rex tiene un círculo cerrado de personas?
- Entonces ¿Mi cuñado hace cosas ilegales?
- Ahm… – En ese momento suena el teléfono de la casa de Marcela, ella se levanta del suelo y contesta rápidamente:
- ¿Alo? – la conversación de Marcela solo son monosílabos, pensé que no era nada importante así que, me paré para ir a dormir. – Sí… sí, señor, se lo diré, hasta mañana ¡Andrea!
Escuché cuando Marcela colgó el teléfono, me giré, pensé que habíamos terminado de hablar, pero parece que no fue así.
- Linda, mañana don Rex viene por ti, al parecer tus papás quieren hablar contigo.
- ¿Qué? – ¿Mi mamá y mi papá quieren hablar conmigo?
- ¡Ouh! ¿Por qué quieren hablar conmigo? ¿Me echarán de la casa? ¡Tal vez me van a casar si o si! – Sentí que me estaba ahogando, me duele el pecho, sudo frio y estoy tiritando.
- ¡Linda! ¡Tranquila! Respira profundo y escúchame. – Hice lo que me pidió y traté de no hiperventilar. - ¡Perfecto! Escucha, Don Rex no te vendría a buscar sin haber solucionado las cosas, él ya debe tener todo preparado para cualquier resultado que salga de esta conversación, si las cosas salen mal, estaré feliz de tenerte por otro tiempo más, si las cosas salen bien, volverás a tu casa y tu vida será como antes.
- ¿Y si no es como antes? ¿Si las cosas se ponen peor?
- Si Don Rex está manejando este problema, estoy segura de que todo saldrá a tu favor. – es increíble toda la fe que Marcela le tiene a mi cuñado, habla de él como si fuera un dios o algo así. De repente Marcela ve hacia la cocina y me dice: - Es algo tarde, es mejor que te duermas, tienes que descansar y estar con todos tus sentidos bien puestos para mañana.
No alcancé a contestar nada, ya que ella, prácticamente, me empujó a mi pieza, me senté en la cama un rato, pensando en qué me dirán mis papás cuando me vean, ya los escucho gritándome y diciéndome lo mucho que los decepcioné, pero acaso ¿no fueron ellos los que me decepcionaron primero? Creí que estaban orgullosos de mí hasta el día en que decidieron comprometerme a un hombre extraño, y peor aún, me querían casar sin haberme consultado nada ¡Uy! ¡No quiero seguir pensando, prefiero dormir! Iré a lavarme los dientes y espero poder quedarme dormida apenas toque la almohada.
Narra Roberto
No pude dormir en toda la noche, estaba ansioso esperando a que mi princesa volviera a llamar, cualquier ruido me despertaba y si lograba dormir, soñaba con muchas cajas y que buscaba algo que no podía encontrar, al final me quedé dormido en clase de historia y me pusieron una anotación negativa. En clase de Educación física, se suponía que estábamos haciendo abdominales y me quedé dormido mientras el profe Manu daba las instrucciones, el profe fue muy maricón cuando me gritó cerca de la oreja, pero, según el compañero que me tocó para hacer el ejercicio, no pudo despertarme por mucho que me zamarreó.
Llegué a la casa con muchas ganas de tirarme a la cama, antes de cruzar la puerta revisé el celular, por si mi reina me había llamado, pero ni un mensaje me envió, eso me desanima mucho. Entre a la casa, comí algo y recibí una llamada de Lalo:
- ¡Alo!
- ¡Rob! Oye, tenemos un partido amistoso con los del Cuarto “C” ¿Te tinca?
- No, socio, estoy cagao de sueño, lo único que quiero es pegar mi cabeza en la almohada y olvidarme del mundo.
- Ya po, huevón, nos falta uno para tener un partido bueno.
- Lalo, me quedé dormido en educación física, todo el curso se cagó de la risa cuando el profe me gritó y eso te incluye.
- No quise reírme, pero fue gracioso verte saltar.
- Mira, Lalo, no estoy enojado ni nada similar, solo quiero dormir.
- ¡Buuu! No sé cómo se te agotó la energía, eres como las pilas Duracell, no se agotan nunca. – La verdad, me tiene cansado el hecho de que mi reina no está conmigo, no saber dónde está me tiene ansioso y sin fuerza.
- Lalo, para la próxima voy sin dudar, pero hoy estoy hecho bolsa.
- Ok. – me dijo él, sin ánimo. – a la próxima te obligo a jugar aunque te estes muriendo.
- Ah jam, nos vemos, chao. – terminé la llamada, subí las escaleras casi con pesar, abrí la puerta de mi pieza, lancé la mochila al sillón y en ese momento veo una figura en mi cama que me dice con ternura:
- Hola Roberto, volví.