Capítulo 2

2574 Palabras
Saludé a Marcela, la secretaria de Rex; lleva a su pequeño hijo en brazos y detrás de ella viene un hombre grande, ancho de hombros y con un pañuelo en la cabeza, parece un pirata. - Hola, niña. – me saluda, muy animado y con una sonrisa tan amplia que se le ven los dientes. - Ho… Hola. – contesté algo confundida, el hombre es algo atemorizante, tiene una cicatriz en la cara, se ve como un delincuente, este me mira con curiosidad y me pregunta. - ¿No me recuerdas? – ¿Qué? ¿Tendría que recordarlo? - Ahm… no. - Fuimos a Farellones juntos. – traté de recordar esos días, ahí tuve mi primera vez con Roberto, creo que a ellos no los recuerdo porque estaba muy desesperada por ser la mujer perfecta para Javier, ¡qué tonta! Desde el primer momento que estuve con mi amado mecánico nunca debí separarme de él. En ese momento mi mente empezó a tener recuerdos de una pareja con un niño. - ¿E...eran ustedes? ¡Ustedes son los amigos de mi cuñado! - Sí. - respondió el hombre sonriendo de manera amable. Recuerdo que Rex había dicho esa vez que llevaría a unos amigos, ya que mis papás decidieron no ir al viaje, pero no sabía que eran su secretaria y su pareja ¿De verdad soy tan narcisista para no darme cuenta de que hay más gente a mi alrededor? De pronto, el hombre me dice: - ¡Ah! Rex me dijo que necesitabas esto. - el hombre traía una chaqueta de cuero, de un bolsillo interno saca el cargador de mi teléfono. - ¡Mi cargador! ¡Gracias! - lo tomé sin pensar y corrí a buscar mi teléfono. Me estoy quedando en la pieza extra que Marcela ocupa para las visitas, enchufé el cargador y conecté el teléfono, lo dejé tranquilo en el velador mientras aún trato de procesar lo que hice hace una semana, me cuesta creer que tuve el valor para escapar de mi casa y todavía me da vueltas por la cabeza el recuerdo de mi huida: ‹‹ Llamé a Manu, pero no contestó, creí que podía ayudarme, se supone que me dio su número de celular para llamarlo cuando lo necesitara, pero ni siquiera contesta, ahora estoy viajando en el taxi sin rumbo fijo, la verdad, no tengo donde ir, ya que si voy a la casa de mis amigos, sus padres se darán cuenta de que algo raro pasa y llamarán a mi casa. En ese momento se me ocurrió ir a un restaurante, tengo algo de hambre, así que llegué a un lugar muy reconocido llamado “Confitería Torres”, comí algo y me quedé ahí hasta la hora de cierre, volví a llamar a Roberto, pero no contesta ¿Le habrá pasado algo? Caminé a la deriva hasta que llegué a un parque, me siento perdida, así que le pregunté a una pareja que pasaba por ahí "¿qué lugar era ese?" y con mucha amabilidad me respondieron que estaba en el Parque Forestal, les agradecí y caminé por el lugar hasta encontrar una banca para sentarme. Es tarde, volví a llamar a Roberto y no contesta, también le he enviado muchos textos y no los responde ¿Qué estará haciendo? ¿Por qué no responde a nada? Ya son las once de la noche, le mandé un mensaje a mi pololo con el nombre del parque para que viniera a buscarme, pero no me ha contestado todavía, decidí llamarlo por última vez, casi sin esperanzas, pero en ese momento escucho la voz de mi amado Roberto. - ¡Mi amor! - Roberto se oye feliz. - ¡Roberto! ¡Por fin contestas! ¿Dónde estás? - Siento que con solo oírlo las cosas se van a solucionar. - ¿Dónde estás tú? Voy a ir a buscarte. - ¡Mi lindo pololo va a venir a buscarme! ¡Es mi héroe! - Te mandé un mensaje con la dirección ¿No lo leíste? - - No alcancé, justo llamaste. – Roberto está muy ansioso, habla muy rápido. - Bueno, léelo y nos juntamos en... - de repente se cortó la llamada, mi teléfono aún tiene batería, a lo mejor me cortó para ver el mensaje, bueno, él no es así, mínimo me hubiera dicho que cortaría la llamada, a lo mejor se le fue la señal, eso es muy probable ¡Uy! ¿Ahora que hago? Tengo que buscar algún lugar donde dormir, me levanté de mi asiento e iba a comenzar a caminar hasta encontrar un hotel, pero en ese momento mi teléfono suena, es un número extraño, no puedo reconocerlo ¡Claro! A lo mejor Roberto se quedó sin batería y me está llamando de otro lado. Estoy muy emocionada, contesté con rapidez y sin pensar dije: - ¡Amor! Pensé que no volverías a llamar - Andrea, no soy Roberto. - ¿Qué? ¡Esto es raro! Suena como mi amado mecánico, pero mi pololo no es tan cortante al hablar. - ¿Dónde estás? - Ahm...- aún estoy confundida. - Andrea, soy Rex. - ¿Rex? - ¡Ah! - confundí la voz de mi cuñado con la de mi pololo ¡Qué tonta! pero... - ¿Por qué me estás llamando desde otro celular? - Supuse que no contestarías, estás escapando y no responderás a ninguna llamada que sea de la familia. - Tiene razón, tanto mi papá como mi mamá me han llamado como locos. - ¡No te voy a decir dónde estoy! ¡no quiero volver a la casa! - Rex de forma muy calmada me dice. - Fui yo quién te dio la idea de escapar y esconderte, no tengo ninguna intención de llevarte a la casa, solo quiero que estés en un lugar seguro en donde sé que de verdad estarás bien. - Mi cuñado suena sincero, pero... - ¿A dónde me llevarás?›› Y fue así como llegué a este pequeño departamento, estaba esperando que se cargara una rayita de energía al celular, cuando Marcela me dice: - ¡Andrea! Ven a comer, Miguel trajo ensalada César, la que te gusta. - es raro escuchar que la secretaria de Rex conozca todos mis gustos, en especial porque apenas le he dicho lo que me gusta comer, al parecer mi cuñado está muy atento a lo que como. Después de comer, volví a la pieza donde estoy durmiendo y por fin se había cargado mi celular, una rayita de carga es suficiente para hacer una llamada, con ansias encendí el teléfono, la espera me está matando. Apenas brilló la pequeña pantalla llamé a mi amado pololo, el sonido de marcar tarda una eternidad en pasar hasta que escucho lo que anhelé toda la semana: - ¡Princesa! ¿estás bien? ¿Dónde estás? ¡Te extraño mucho! ¡te iré a buscar! ¿Dónde estás ahora? ¡Extraño abrazarte! ¡Dime dónde estás! ¡No aguanto más estar lejos de ti! - ¡Oouw! ¡Mi lindo Roberto! ¡Estuvo pensando en mi todo este tiempo! - Amor, estoy bien, pero aún no puedo volver hasta que mi mamá y mi papá desistan de casarme con ese asqueroso de Leonel. - hubo un momento de silencio así que continué hablando. - Amor, también te extraño mucho. - Entonces...- Roberto respondió deprimido.- ¿No puedo ir a verte ni una sola vez? Mi corazón se partió, no quiero que mi lindo mecánico esté triste, tampoco quiero estar lejos de él, pero Rex me dijo de manera tajante "No le puedes decir a nadie dónde estás, ni siquiera a Roberto, él va a ser el primero en cagarla si te encuentra". No sé cómo animarlo, lo único que puedo hacer es darle una pequeña esperanza. - Tranquilo, amor, falta poco para que estemos juntos, espera un poco más.- Roberto, con algo de melancolía en la voz me dice: - Bueno, te voy a esperar, pero...- de pronto mi pololo parece animarse y me habla con un tono pícaro: - Entre más espero, se me ocurren ideas cada vez más cochinas para hacer contigo. - ¡Roberto! - como estoy en casa ajena, me da mucha vergüenza que me diga esas cosas, pero eso no quita que me guste escucharlas. - ¿Sabes que quiero hacer contigo? - mi pololo se queda callado por unos segundos y puedo imaginar su sonrisa de sinvergüenza. - Quiero hacértelo en todas las posiciones de yoga que conozcas. - ¿Posiciones de yoga? - ¿Qué tienen las posturas de yoga? – Amor, las posiciones de yoga son para hacer ejercicio, tonificarse y para meditar, no para “hacerlo”. - Bueno, no es lo que veo cada vez que te agachas o cuando elongas levantando una pierna por sobre tu cabeza o cuando te pones en cuatro levantando ese exquisito culo que tienes mientras apoyas tus pechos contra el suelo. – Ahora que lo destaca, las posiciones que me nombra si son excitantes y me dan ganas de probar. – No sabes las ganas que tengo de enterrarme duro dentro de ti mientras tus manos se afirman fuerte de tu alfombra de ejercicios. - ¡Para! Ahora no podré hacer el “Chelasana” sin pensar en lo que me quieres hacer. – De repente se forma un largo silencio, pensé que se había cortado la llamada, hasta que mi Roberto me dice con torpeza. - Princesa ¿Qué es eso de la “Chela que sana”? – ¡Uy! Olvidé que Roberto no sabe los nombres de las posiciones. - No es la “Chela que sana”, amor, así se llama la postura que estás describiendo, “Chelasana”. – Mi lindo pololo, sin perder el hilo de su libido me dice: - Bueno, si quieres reeducarme, dime dónde estás y me enseñas con tu exquisita boca como se dice. - ¡Roberto! – no puedo evitar morderme el labio e imaginar que besarme no es lo único que haría si es que viniera por mí. - ¡Ya po, mi reina! ¡Dime dónde estás! Necesito poner en práctica mis fantasías o me volveré loco. – Yo también me estoy volviendo loca. De pronto escucho que mi teléfono suena, lo miro y está por apagarse, así que le dije: - Amor, tengo que dejarte, se está por apagar el celular. - ¡Princesa! ¡Dame una pista, aunque sea! ¡Prometo no ir! Solo quiero saber que estas cerca para ir a protegerte. - ¡Ouw! Es tan lindo cuando ruega. - No, amor, no puedo, te llamo mañana, te amo. - Andrea, mi amor, solo… - Justo en ese momento se apagó él teléfono y dejé de escuchar la voz de mi pololo, con tristeza me acurruqué en la cama abrazando mi almohada, en ese momento Marcela golpeo la puerta y dijo: - Andrea, quieres un poco de leche asada, está muy buena. - No sé si estoy muy sensible o esta situación me sobrepasa, pero entre sollozos contesté: - No, gracias. - Andrea ¿Estás bien? – Marcela preguntó con una voz muy dulce y yo me largué a llorar sin control. - Siii, estoy bien. – escucho que la puerta se abre y Marcela me dice de manera muy tierna. - ¿Qué pasa, linda? – Ella se sentó al lado de mi cama tratando de no ser tan invasiva. - Es que… Es que siento que esta situación es tan injusta, porque mi vida es tan horrible ahora. - ¿Lo dices por qué te escapaste de tu casa? - No, es más que eso, no puedo estar con mi pololo, mis padres quieren casarme con un hombre que odio y parece que no basta con que hayan abusado de mí, soy yo la que recibe las críticas de que me hayan violado. – Ni yo me entendí cuando empecé a escupir mis palabras, por lo cual no me sorprende que Marcela haya entendido todo mal. - ¿Me estás diciendo que tu pololo abusó de ti? - ¡No! Fue otro tipo, un tonto del cual pensé que estaba enamorada, ahora estoy con un hombre bueno, Roberto es todo un amor conmigo. - ¡Oh! Entonces, estás saturada, creo que te entiendo, me pasó algo igual cuando un hombre extraño usurpó el lugar de mi papá hace unos años. – algo cambió en el rostro de Marcela, es como si su alegría se perdiera, solo quedara un rostro neutro y vacío. - Mmm… no es fácil tratar con esas cosas desagradables. - No, no es fácil ¿Estás segura qué tu pololo no se ha aprovechado de ti? - No. – me senté en la cama al lado de ella y con algo de preocupación, pregunté: - Ese hombre del que hablas ¿Te hizo algo? - Algo así, no me tocó ni nada, pero si me obligó a estar con un hombre que no quería, ahora estoy comprometida con él. – ¿Estará hablando del hombre que está afuera? - Entonces ¿te vas a casar con un hombre que no amas? – la oscuridad gobernó la esencia de Marcela, ella respondió como si fuera un robot. - Es algo compleja esa situación, no es algo que se resuelva de la noche a la mañana. - ¿Y porque no lo echas? - No es tan simple, en especial cuando él, apenas está aquí. – me siento muy molesta, no me imaginé que Rex tuviera amigos tan desgraciados. - Marcela, debes echarlo, yo te ayudaré, llamaremos al conserje para que eche a ese maldito. - ¿Qué? - ¿No me entendió? Seré más clara. - A lo que me refiero es que, hay que echar al mastodonte que está con tu hijo, no puedes estar con un hombre tan abusivo. - Andrea, Miguel no es el hombre con quien estoy comprometida, él es el papá de mi hijo. – Quedé muy confundida, entonces ¿Quién es? - A ver ¿Tú estás comprometida con otro hombre, pero tienes al hijo de ese tal Miguel? No entiendo - Esa situación también es algo compleja. - ¿Y quién te gusta? – Hubo una leve luz en los ojos de Marcela y dijo: - ¿No se nota? Me gusta el bruto de Miguel. - Entonces ¿él es tu pololo? – Marcela se ve algo agobiada. - No, la verdad, también estamos pasando por algo complejo, se podría decir que nos estamos reconciliando a nuestra manera. – Justo en ese momento, golpea la puerta de la pieza el amigo de Rex. - Marce, me voy, el campeón se quedó dormido. - Ya voy. – Marcela de nuevo sonríe y me dice: - ¿Segura que estás bien? ¿No necesitas nada? - Sí, estoy bien, no te preocupes. - ¡Qué bueno! Voy con Miguel. – Marcela salió muy segura de sí misma, me dio la impresión de que se dio mucha fuerza de voluntad para salir a encarar a Miguel ¿Ese comportamiento es normal? La actitud de Marcela me llamó mucho la atención ¿Por qué tiene que tomar tanta fuerza para estar frente al papá de su hijo? Creo que entre ellos hay algo extraño, eso me trajo malos recuerdos, fue así como tomé valor para espiarlos.
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