¡Mierda! ¡Esa maraca se desató de la cinta! ¡Ahg! ¡Estoy dentro de una puta pesadilla! De pronto, la loca de Martina se lanza como una perra rabiosa sobre la cabra desnuda que está tras de mí, la agarró de las mechas mientras que Nadia, está tirada en el suelo moviendo las piernas con desesperación para sacarse de encima a Martina.
- ¡Puta ofrecida! ¡Roberto es mío! – grita a viva voz la loca de Martina.
- ¡Ay! ¡Él no es tuyo! ¡Loca de patio! – Responde la otra mina afirmándose el pelo.
- ¡Te mataré! ¡Te cortaré la lengua y haré que te la tragues! – Ok, esto ya se volvió escalofriante.
Tomé a Martina por la cintura para alejarla de la otra cabra, fue como tomar un saco de huesos de lo liviana que es, aun así, no pude separarlas, la loca que tengo en los brazos no quiere soltarle el pelo y Nadia grita como chancho en matadero.
- ¡Martina! ¡Suéltala! – la loca esta tiene los ojos desviados y parece estar disfrutando el mantenerla bajo su control.
- ¡Maldita zorra! ¡Nadie puede tener lo que es mío! ¡Primero lamerás mis pies rogando por que seas mía antes de quedarte con mi esclavo!
- ¡Aaay! ¡De qué estás hablando! ¡Loca! – Opino lo mismo que Nadia, a esta mina se le escapan los enanitos pal bosque.
- ¡Martina! – No parece escucharme, se aferra cada vez más al pelo de Nadia, sus manos parecen garras de murciélago, se enredan cada vez más en la chasca de esta cabra, ¡esto me tiene chato! Agarré con mi mano libre la cara de Martina, la tenía muy cerca de mi rostro y le dije con mucho desprecio. - ¡Suelta a Nadia!
- ¡¿Qué?! – nunca imaginé que alguien me podía dar tantas ganas de vomitar como lo hace esta mujer, fue así como apreté más fuerte la cara de esta mina y le dije con asco.
- ¡Suéltala! ¿O debo torturarte igual cómo lo hiciste con Nadia?
La cara de Martina cambió, ¿Qué expresión tengo? Esto me hizo recordar cuando Andrea me comparó con ese hueón de Zanetti, la arrinconé contra una pared y la aprisioné con mi cuerpo, al principio me miraba con asombro y de repente, cambió su rostro de sorprendido a uno con miedo cuando sonreí, a lo mejor si parezco un sicópata de mierda y no lo sé.
Cómo Martina no me responde, apreté más duro e imponiendo mi voz le dije:
- No veo que la estés soltando, te estoy ordenando que la sueltes, no te lo estoy pidiendo cómo un favor. – en ese momento, sin soltar mi mirada, Martina abrió las manos, soltando a Nadia y esta se quedó tirada en el suelo quejándose.
- ¡Mi pelo! ¡Esa estúpida perra me sacó mechones de pelo! – me siento emputecido, estas minas se ponen muy hueonas conmigo, no sé por qué si no tengo nada especial.
- ¡Nadia! Deja de llorar por hueás y vístete. – Sentí los pasos de Nadia yendo al baño, ¡qué bueno que es más obediente que esta otra puta!
- ¡Esto te saldrá caro! – aún la tengo entre mis brazos, la solté y la dejé caer al suelo. - Maldito puto, no sabes con quien te metiste.
- ¿Y tengo que saberlo? – Tampoco es que me importe.
- ¡Te convertirás en mi puta mascota, Roberto! ¡Te arrepentirás! Por cada insulto te daré un varillazo que se reviente en tu lomo.
- ¿Y crees que con eso me asustas? Podrás quebrarme una silla encima, pero jamás me tendrás, yo controlo mi vida, no una pendeja de mierda como tú.
- Eres mi…
- ¡No! – Alcé la voz y le dije con mucha frialdad. – No le pertenezco a nadie.
Martina se ríe con maldad y me desafía:
- ¿Tampoco a Andrea?
- Tampoco. – Ella quedó sorprendida con mi respuesta.
- ¿Qué? – No sé por qué debo explicar estas cosas.
- Sí, Andrea es mi polola, pero no es mi esclava, ni yo soy su esclavo, no necesita someterme y tratarme como si yo fuera un puto juguete de su propiedad. Si mi cuica quiere dejarme, tiene toda la libertad de hacerlo y viceversa, yo decido estar con ella porque quiero, porque puedo y me da la regalada gana, pero contigo... – solo con mirar a esta mina me dan ganas de mandarla a la chucha. – ya te lo había dicho antes, ni a la esquina, así que hazte la idea que la próxima vez que me hables te voy a mandar a la mierda.
Salí de la pieza, me siento demasiado cabreado para seguir al lado de esa puta barata mal paria, antes de bajar las escaleras escucho que esa maraca culiá me grita algo, pero me da lo mismo, entre más lejos esté de ella, menos problemas tengo. Cuando estaba en la segunda planta, siento que alguien me agarra la chaqueta, estaba dispuesto a defenderme cuando veo a Nadia, lleva un vestido algo escotado, pero por lo menos esta vestida.
- ¡Rob! – esta cabra me mira con, ¿esperanza?
- ¿Qué quieres?
- ¡Quiero saber si es verdad! - ¿Por qué estas minas piensan que soy adivino?
- ¿Si es verdad qué?
- ¡Qué tu pololeo con Andrea no es serio! – ¿Cuándo dije eso?
- No, no es verdad. – se desilusionó cuando escuchó mis palabras.
- Pero tu dijiste que Andrea no es tuya, entonces tú… - ¡Agh! ¡Por que las minas se pasan películas por cualquier hueá!
- ¡Espera! Baja un poco a tus revoluciones, fui bien claro, Andrea no es un objeto para mí y yo no lo soy para ella.
- Quieres decir que, ¿tienen una relación abierta? – esta mina es muy burra.
- ¡No! Andrea es mi mina, a lo que me refería es que ella no es mi propiedad, no la compré, sí estamos juntos es porque queremos, nadie nos obliga. – el rostro de Nadia cambió a uno triste.
- Así que ¿No quieres una polola más? – ¿Qué mierda les pasa a las cuicas? ¿Es normal que se obsesionen tanto conmigo? Boté aire de manera pesada y dije con desgano.
- Nadia, yo solo quiero estar con Andrea, ella es mi polola, la amo y solo la quiero a ella, así que deja de mandarme cartas, no me gusta que mi mina se sienta mal por tu culpa.
- ¿Cartas? Yo no te he enviado ninguna carta
- ¿Ah no? – Entonces me equivoqué. – Bueno, no importa, olvida lo que dije, me voy a buscar a mi reina y no me sigas, estoy harto de que me estén hueando por nada.
Bajé las escaleras y me encaminé hacia el patio, espero encontrar a mi reina ahí, por lo que recuerdo, la polola del Lalo se la llevó a ese lugar. Iba pensativo mientras caminaba, me generó muchas dudas el saber que Nadia no es la que escribe las cartas, todavía quedan dos cabras que su nombre comienza con “N”, la verdad, no me importa tanto descubrir quién es, pero a mi reina si le importa, creo que es algo celosa, le molesta que me sigan otras minas ¡Ay! Si mi princesa pudiera entrar en mi cabeza y se diera cuenta de que solo pienso en ella.
He chocado con muchas personas, se supone que esta mina había invitado solo a sus más cercanos, ¿Es posible que una persona tenga más de cincuenta amigos cercanos? Mi grupo de amigos no alcanzan a ser ni diez personas y eso que estoy contando al Lalo. Por fin pude llegar al ventanal, al parecer por ahí se llega al patio.
Cuando puse un pie en el patio, me di cuenta de que acá está la cagá, son recién las doce, ya hay cabros cocios que se les apagó la tele, algunos están fumándose unos porros y hay otros que están tan jalaos que bailan como si no hubiera mañana. No me gusta este ambiente, los carretes a los que voy tiene copetes, puchos y tal vez alguno que otro p**o, bailamos cumbias y después todos nos echamos a dormir a donde caigamos; aquí es diferente, todos se exceden con todo, no les importa si están en la casa de sus viejos, solo lo hacen, incluso el tener orgias en la piscina en este momento, mejor busco a mi reina y nos vamos, como que ya me aburrí.
Me iba dar la media vuelta hasta que, siento como unos brazos me rodean la cintura, me asusté, ya que no escuché cuando esta persona se acercó a mí
- Por fin te encontré.