Estoy con la mierda hirviendo, estaba por agarrar al hueón del polaco para reventarle la cara contra el suelo, cuando escucho el sonido de una cachetada, no fue fuerte, puede ser porque la música está demasiado alta, pero logré captar el impacto, también en ese momento oí la voz de mi princesa muy enojada.
- ¡Ya basta! ¡Estoy cansada de tu acoso, Wincent! No voy a cambiar a Roberto por ti, no lo voy a cambiar por nadie, él es mi pololo, mi hombre, lo amo y nos ha costado mucho estar juntos para que vengas tú a separarme de él, ya no quiero que te acerques a mí, hasta que te ubiques y me trates como corresponde.
- Pero… - No puedo ver la cara de mi princesa, pero me imagino como debe estar arrugando el entrecejo y con sus mejillas rojas de ira.
- ¡Nada de peros! Ahora voy a buscar a mi pololo y no quiero que me sigas.
Me quedé tan sorprendido, mi corazón late con furia y siento que mi amor por ella desborda de una manera incontrolable, quiero abrazarla, besarla, ¡hacerle el amor como un loco! ¡Mi reina me ama! Iba a salir corriendo detrás de ella cuando veo que la amiga de Andrea se acerca con dos minas más y se la llevan al jardín, mi intención era seguirla, cuando me acordé de que debo buscar las cartas de la tal “N” ¡Agh! Quería llevar a mi cuica hermosa al auto y demostrarle cuanto la amo, pero si vine a esta puta fiesta fue para encontrar a la mina que me está escribiendo hueás, bueno, también vine a tomar y pasar un rato piola con mi mina, aunque por lo que estoy cachando, no voy a estar con mi princesa.
Esta casa es muy grande, tiene tres pisos, revisé como tres piezas antes de encontrar una con cosas de mina, supuse que era donde dormía Nadia. Entré al lugar, ahora, ¿qué mierda debo buscar? Piensa, piensa… Busqué en los cajones del velador, en un escritorio, en una cómoda, tiene que haber una libreta o cuaderno que diga algo sobre mí. Levanté el colchón de la cama y había una de esas mierdas que usan algunas cabras, diarios de vida, creo; No tiene nombre, así que decidí abrirlo y leerlo:
‹‹ Aun no entiendo por qué me gusta, es un salvaje y rebelde, no ha hecho nada extraordinario, con suerte le va bien en deporte y habla sin ningún respeto por sus pares, un bestia. ››
Ya he escuchado esas palabras antes. Adelanté algunas páginas para averiguar más:
‹‹Ya no lo puedo ignorar, a pesar de ser un bruto animal, me atrae más de lo que imaginé, es tan guapo y atlético, pero tener algo con él es algo imposible, por mucho que me guste, no hay nada seguro con él››
Esto no me dice nada, no soy el único que hace deporte:
‹‹Esta noche lo haré, me acostaré con él, ya soy mayor de edad y nadie me detendrá…››
¿Qué?
‹‹No me importa que sea mi primo, pero él tiene que ser mi primera vez››
Su…Primo, ¿Nadia tuvo sexo con su primo? En ese momento veo un corazón al pie de la hoja que dice “Elena y Benjamín”, ¡oh! No es el diario de Nadia. Entonces, ¿de quién es?
De pronto, alguien abre la puerta y entra cerrando con llave:
- Por fin te encontré, mi pequeño ratón. - ¡Mierda! ¡Qué hace Martina aquí!
- Bueno, yo ya me iba. – dejé el diario debajo de la almohada de la cama y me dirigía hacia la puerta, pero Martina es una puta salvaje y se lanzó a mí cómo un león ambiento, caí a la cama y ella quedó encima de mí.
- No vas a ir a ningún lado. – Esta maraca es muy astuta, para inmovilizarme puso sus rodillas sobre mis brazos y me enterró las uñas en la cara, obligándome a mirarla. – ¡Oh! Me desilusiona un poco que no luches, creí que eras más salvaje, pero no me molesta que tengas algo de sumisión ante mí.
¿Quién mierda se cree esta puta? ¡A mí nadie me viene a dar órdenes! ¡Yo hago las hueás que quiera! Aguantando el dolor, saco mis brazos de debajo de sus piernas, la empujo hacia un lado, me pongo encima de ella y la agarro por las muñecas dándole una advertencia.
- ¡Tú no me vienes a controlar! ¡Puta de mierda! – Estoy enojado, ella me saca los choros del canasto, así que le apreté las muñecas más de lo que debía y le dije: - Deja de huearme, no tengo tanta paciencia.
Volví a dar un apretón más fuerte mientras da un gemido sugerente.
- Ah, no me gusta la posición de sumisa, pero por ti, haría la excepción. – esta mina me da asco.
- ¡Para de decir hueás! ¡Yo no soy como voh! ¡Tú estay bien cagaita de la cabeza!
- No entiendes que este salvajismo no lo puede controlar cualquiera ¡Tu brutalidad solo puede ser dominada por mí! Sé que tienes una bestia indomable dentro de ti y que necesita una entrenadora, alguien con carácter que te convierta de un brutal lobo a un pequeño cachorro. - ¿De qué chucha está hablando?
- ¿Yo, contigo? ¡Ni a la esquina! A ti te falla el mate.
- ¡Ja, ja, ja! De esta pieza no sales hasta que seas mío, querido. - ¡Por la rechucha! ¿Qué cresta hago?
Miraba para todos lados y me di cuenta de que colgada en la pared que está enfrente de nosotros hay una cinta muy rara con un palo, solo necesito alcanzarla, por esa razón obligué a esta pendeja a que sus dos manos quedaran sobre su cabeza y las afirmé con fuerza, para que no se me fuera a escapar y me atacara con sus largas uñas.
Trataba de alcanzar esta cinta, estoy muy cerca, pero la puta salvaje que está debajo mio, me mordió él pecho.
- ¿Qué chucha te pasa? ¿Te crees una piraña o qué?
- ¡Eso!, me gusta que sientas el dolor que te ofrezco, ya verás lo rico que es cuando te acostumbras. – arrastra las palabras al hablar, me dio un extraño escalofrió al escuchar esta frase, así que apenas alcancé la hueá de cinta, le amarré las manos y la levanté para ponerla muy cerca de la cabecera.
- ¡Ay, sí! Estoy ardiendo por ti, estoy muy mojada. - ¿En qué momento me empezaron a seguir locas de patio? La amarré a la cabecera de fierro, apreté bien la cinta y me apuré para salir de ese lugar. – ¡Roberto! ¿Qué hiciste? ¡No me puedes dejar amarrada aquí! ¡Desátame! ¡Es una orden!
La dejé gritar, salí de la pieza cerrando la puerta detrás de mí, subí al tercer piso, entré a la primera puerta que vi y la cerré con llave, respiré aliviado, tenía un tiempo para pensar en cómo escaparme de esa maraca y encontrar la pieza de Nadia.
- ¡Oh! Roberto, no te esperaba aquí. – ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
No quería ver, pero no tengo otra, me giré lentamente y vi a Nadia, solo tiene puesta la ropa interior.
- Ahm… Disculpa, pensé que era el baño. – Nadia se rio y me dijo:
- ¡Ji, ji! ¿Has estado buscando el baño por más de una hora? - ¡Agh! No tengo una excusa mejor.
- Sí.. – arrastré la palabra mientras buscaba la perilla de la puerta a ciegas.
- Pues, no es el baño... - ¡Qué mal! Me está hablando como calentona. – Es mi pieza.
¿Su pieza? Tengo una oportunidad de encontrar algo que me diga que es ella la que escribe las cartas.
- Bueno, tienes una bonita pieza. – trato de observar cualquier cosa que me dé una pista de un papel o cuaderno donde escriba sus cartas.
- Sí, es bastante grande. – caminé por el lugar sin acercarme mucho a ella, trataba de llegar a un escritorio que está frente a una ventana.
- ¿Tú lees? – Bakán, logré llegar al escritorio.
- No mucho. – a la rápida, revisé un libro y una libreta, tenía muchas cosas escritas, pero no sé qué dice exactamente, parecen borradores de poemas.
- ¿Escribes? – ella cada vez habla de manera más sensual.
- Sí, escribo, poesía erótica, erótica y gótica. – suspiré lleno de tención, ya que sé que esta mina está detrás de mí.
- Entiendo, se la escribes a alguien en especial.
- Sí, pero, la verdad, no creo que le interese, es demasiado oscura y no creo que la entienda. – Ok ¿Me está diciendo que ella escribió las cartas?
- Ah. – Ahora tengo que salir de aquí.
- Roberto, date vuelta. – me giré pensando en cómo escapar, pero Nadia no tiene intenciones en que me vaya, ya que mientras no la veía, se sacó el resto de la ropa. - ¿Cómo me encuentras? ¿Soy más bonita qué Andrea?
- No. – No hay nivel de comparación, mi reina es hermosa.
- ¿Qué? – Y aquí me condené solito, por un segundo ella me miró con odio y acorto la distancia para abrazarme. – Yo soy mucho mejor que Andrea y te lo puedo demostrar.
Logré esquivarla, pero esto no me exonera en el caso de que alguien entre de la nada y me vea con ella ¿Qué hago? No si salgo de aquí y a ella se le ocurre gritar, estaré frito.
- Nadia, vístete. – miré a otro lado, la verdad no quiero verla.
- ¿Por qué? ¿Te molesta? - ¿A caso es normal desvestirse delante de un extraño?
- Mejor me voy. – Me moví rápido, antes de que las cosas se salieran de control y que Nadia fuera la segunda mina que intente culear conmigo.
- No. – Esta mina se agarró de mi brazo acomodando sus tetas, intenté que me soltara antes de abrir la puerta, pero esta se abrió de manera repentina, provocando que me quedara sin aliento.
- ¡Maldita perra!