¿Por qué la Panchi es así? Saqueó mi closet buscando ropa, tomó una minifalda blanca que no uso hace cómo un año, eligió un peto azul que no me alcanza a cubrir el ombligo, la falda queda muy bien con una chaqueta blanca de cuero, con unos bonitos botines negros y pantys del mismo color, me arregló el pelo haciéndome una media cola y me dejó dos mechones que caen a los lados de mí cara. También me maquilló, me resaltó mucho los ojos con delineador y rímel en las pestañas, me sentía como una payasa.
Mientras la Panchi hacia algunos retoques, recordé lo horroroso que fue pedir permiso para esta fiesta, prácticamente fue Rex quien tuvo que convencer a mis papás para poder salir, incluso mintió diciendo de que Roberto me cuidaría, que él sería como mi chofer personal, para esto tuve que fingir indignación, así mis papás no sospecharan que algo pasa entre el pobretón y yo, pero por dentro estaba rebosando de felicidad por ir junto a mí amado mecánico a esa fiesta.
Después de echarme perfume, ya estábamos listas para irnos, mi mamá me dio un montón de consejos antes de cruzar la puerta, yo estaba desesperada por salir, así que saqué a tirones de la casa a la Panchi. Corrí al estacionamiento para subir al auto de Roberto, mientras que mi amiga venía detrás de mí. En el segundo que abrí la puerta del copiloto, mi lindo pololo me mira con sorpresa y sisea para después decir:
- Cómo que ya no quiero ir al carrete. – apenas me senté, mi amado Roberto me apreta el muslo con fuerza. - ¿Y si mejor nos escapamos a otro lado?
- Ni se te ocurra, recuerda que la Panchi viene con nosotros y Eduardo la va a estar esperando.
- Ah jam… - se quedó callado por un segundo y con una gran sonrisa pícara me mira para decirme: – pero eso no me quita las ganas de secuestrarte y hacer algo más rico.
De repente se escucha que se abre la puerta del pasajero, mi amiga entra con una falsa molestia y haciendo un poco de berrinche dice:
- ¡Ya me están pelando! Espero que sean cosas buenas.
- Claro, estábamos hablando de lo copuchenta que eres. – mientras mi pololo saca el auto, se me ocurrió preguntar al aire. - La fiesta se hace en la casa de Nadia ¿Verdad?
- A mí me dijeron que sí, solo invitó a gente exclusiva del colegio, por lo cual no son tantos. – dijo la Panchi.
- ¡Qué bueno! – después de despejar las dudas, Roberto se puso en marcha.
Es otoño, las hojas de los árboles están cayendo, mi pololo puso música y cantaba una canción muy particular, no conozco al grupo, pero pasa diciendo “Enamorado de tii, mi amor. Enamorado de tii, my love, Enamorado de tii, mon cheri. Enamorado de tus ojos, wuo, oh, oh, oh, oh...” de pronto, mi amiga da un grito y dice:
- ¡Ah! Esa canción es de Glup.
- Sí, la tocan a cada rato en la radio.
- ¡Es bakán!
Y fue así como el ambiente cambió, Roberto empezó a hablar sin parar, al parecer la Panchi tiene muchas cosas en común con mi pololo, casi sentía celos por su compatibilidad, hasta que mi pololo tomó mi mano y me sonrió, es cómo si me quisiera decir sin palabras que solo me ama a mí, eso me hizo sonreír también ¡Qué agradable es esto! Es muy extraña esta sensación de alegría, aunque a mí se me vinieron encima los peores recuerdos. Mi mente vuelve a traer el cumpleaños de Sergio, esa fue la primera vez que me sentí atemorizada por Javier, cuando íbamos en el auto, su mirada era diabólica, esa fue la primera señal que debió advertirme que él no quería nada bueno para mí, pero actúe como una tonta, lo ignoré porque creía que eso me llevaría a la cima del mundo y la verdad, casi me mata.
- Amor ¿Pasa algo? – me llamó la atención su pregunta.
- No. - Roberto me miró extrañado.
- Entonces, ¿estás nerviosa? Me estás enterrando las uñas en la mano. – Solté a mi pololo como si tuviera la peste.
- ¡Uy! Perdona, amor.
-Tranquila, no pasa nada. – mi lindo pololo me tomó mi mano y la besó mientras sonríe con calidez.
- ¡Oigan! No me gusta tocar el violín, así que no se pongan tan empalagosos.
- Ok. – es raro, pero Roberto me trae tanta seguridad y paz, al parecer el destino me quiere al lado de este hombre.
Apenas llegamos a la casa de Nadia, vimos a Eduardo pasearse de un lado a otro, supongo que nos está esperando, mi amiga al notar la silueta de su pololo, se soltó el cinturón, abrió la ventana y le gritó para que la viera, él sin dudar se acercó, esta parejita parece un par de cachorros desesperados por abrazarse, bueno, para ellos es fácil estar juntos, ya que no tienen que estar cuidando sus pasos por donde vayan.
Cuando Roberto estacionó el auto, la Panchi no dudo en abrir la puerta y correr a los brazos de Eduardo, yo los veía por la ventana mientras escucho que mi pololo baja muy rápido del auto, da la vuelta hasta que queda al lado de mi puerta y la abre.
- Princesa, ¿vamos? – me ofrece su mano para bajar del auto, yo muy confiada, salgo del vehículo y éste bruto bestia me atrae a sus brazos con malicia. – ¡Te vez tan rica! ¡Eres la cuica más rica del mundo!
- No seas tonto. – Le tomé la mano y lo guie para entrar a la casa, mientras mi corazón late como loco por sus palabras de devoción.
Antes de cruzar el portal, repasamos el plan de encontrar a la tal “N”, aunque no creo que sea ella, la forma de escribir es rara, parece la de una adulta y me saca de quicio lo que quiere hacerle a mi hombre, lo quiere pervertir. De pronto siento cómo Roberto me abraza pegándome a su cuerpo.
- Mi reina hermosa, te tengo algo. - ¿Se le ocurre darme un regalo justo en este momento?
- Amor, después me lo das. – traté de separarme de Roberto, pero él no me suelta e insiste.
- Es importante que recibas esto.
Con frustración le dije que sí, tampoco podía negarme, ya que él no me iba a soltar hasta conseguir la respuesta que quería, así que, con una gran sonrisa de gato me suelta y mete la mano en el bolsillo superior de la chaqueta de mezclilla que lleva puesta. De pronto veo algo parecido a una cuerda brillante, cuando observo con más detalle, me fijo que la cuerda tiene una medalla de la virgen de los milagros, ¡un momento! ¡Es mi cadenita!
- ¡Amor! ¡es mi cadenita! ¿Dónde la encontraste?
- La última vez que estuvimos juntos, antes de irme a Italia, Rex la encontró en el suelo y me la pasó. Me di cuenta de que la cadena estaba rota y la cambié cuando estaba en la ciudad de San Marino, te la iba a dar cuando nos encontráramos, pero me olvidé y cuando me estaba cambiando ropa, se cayó de una camisa. – La tomé para corroborar que si es mi medalla y es imposible equivocarme, esta medalla tiene un picotón en la parte de atrás.
- ¡Ouw! ¡Extrañaba mi cadenita! Me hizo tanta falta cuando tú no estabas. - mi lindo pololo me quitó la medalla y me dice:
- Ahora la vas a llevar puesta , quiero que te proteja en los momentos que no estoy. - ¡Uy! Es tan lindo. Después de que me puso la cadenita, lo besé y le dije:
- Gracias, pensé que no la recuperaría. – en ese momento nos tomamos las manos entrelazando los dedos.
- Bueno, mi reina, entremos.
Narra Roberto
Estoy algo preocupado, llevamos media hora en la fiesta y no he podido moverme mucho, ya que la mina loca que se llama Nadia, creo, me agarró de un ala y ha tratado de mantenerme muy cerca de ella desde que crucé la puerta, no sé cómo le hizo para separarme de Andrea, pero ahora estoy desesperado por encontrarla.
- ¿Te está gustando la fiesta, Rob? – La verdad me tiene chato, quiero estar con mi reina, pero tenía que responder algo.
- Ah jam. – no estoy muy pendiente de las hueás que está haciendo para que no me mueva del lado de ella, pero de vez en cuando noto que se pone nerviosa cuando hay silencios largos.
- Rob… – en ese momento se me ocurrió algo.
- ¡Oye! ¿Dónde está el baño?
- ¡Ah! ¡Yo te llevo! - ¡Ésta mina es hueona!
- No soy un pendejo de cinco años, puedo ir solo, solo dime dónde está.
- Pero si te vas me dejarás sola. - ¿En serio? ¿Con toda la gente que invitó se va a sentir sola?
- Voy y vuelvo.
- ¿Me lo prometes? – ¿Qué mierda? Ni que el baño fuera Narnia.
No le dije nada más, ¿cómo voy a andar prometiendo hueás? Ni que fuera mi polola para decirle cada puto paso que doy. Le pregunto a un cabro que, estaba tomando, dónde estaba el baño, me mostró con la mano la dirección, le agradecí y justo cuando iba a avanzar, alguien choca conmigo, me giré para ver quien era y solo pude ver una espalda con una chaqueta de terno, lo iba a ignorar cuando escucho.
- Es que estoy buscando a mi pololo, no lo encuentro. – esa voz…
- Bella, él se olvidó de ti, si yo ser él, hubiera encontrado mucho muy rápido.
- No, Roberto no es así.
- Piękny, el amor lo puede todo, yo quiere encontrarte y yo lo hago, me gustas mucho. – de reojo pude ver cómo le tomó el mentón a mi princesa y le trata de robar un beso ¡Culiao de mierda! ¡Voy a matar a ese hueón!