Capítulo 19

1579 Palabras
Narra Andrea  Lo escuché suspirar, por mi mente aún retumban como ecos las palabras de Roberto, esto me hace cuestionar si quiero un hombre que violenta a las mujeres. - No, no golpearía a una mujer, pero eso no significa que no voy a defenderme de una, hay mujeres agresivas... - Roberto tiene la mirada perdida, parece pensativo, como si estuviera recordando algo. - hay tipas tan locas que son capaces de amenazar con armas para conseguir lo que quieren, están dispuestas a dañar lo que, supuestamente, tanto aman, sólo para quedarse con lo que creen que les pertenece. Ver a Roberto tan triste me oprime el corazón, a veces pienso que oculta cosas de su pasado, cosas dolorosas, pero no me las cuenta y lo único que me queda es darle mi amor con un simple gesto, por eso le iba a hacer cariño, pero él se va hacia un lado apoyando su cabeza contra el vidrio, se ve extraño, está un poco pálido: - ¿Amor? ¿te sientes mal? - mi pololo está con los ojos cerrados y con dificultad le escucho decir: - Tu voz se escucha como si estuvieras muy lejos. - ¿Roberto está descompensado? ¿a él le pasan estás cosas? - ¡Uy! ¡Amor! ¡No sé qué hacer! - Estoy muy nerviosa, esto es como lo de Ale, no sé cómo actuar cuando a las personas les pasa estas cosas, por eso, lo único que se me ocurrió hacer fue tomar mi celular. - ¡Voy a llamar a Rex! ¡Él sabrá qué hacer! - Princesa... - mi amado pololo dejó caer su mano sobre mi pierna de manera pesada, aún tiene los ojos cerrados y sus palabras al hablar suenan muy cansadas. - Dame algo dulce... ¿Algo dulce? ¿Por qué querrá algo así? Trato de pensar si en este auto hay algo dulce, pero no recuerdo que hayamos comido algo como eso en este vehículo, abrí la guantera, revisé en mis bolsillos ¿Qué? ¿Qué es esto? Hay algo al otro lado de los bolsillos ¡Uy! ¡Olvidé que esta no es mi chaqueta! Aunque, puede que encuentre algo en los bolsillos. Busqué en los bolsillos internos, pero solo tiene su billetera, las llaves y su teléfono, ahora que lo pienso, mi celular debió morir con el agua de la piscina, bueno, le pediré a mi papá uno nuevo. Mientras revisaba me di cuenta de que es una chaqueta de mezclilla, así que busqué en los bolsillos de arriba, escuché el sonido de un papel, espero que sea algún dulce. Cuando saqué el empaque, me sorprendí y me vino una ira muy grande, ¿Por qué Roberto tiene un condón en la chaqueta? No lo necesita, yo me cuido con pastillas, ¿acaso me está engañando con alguien? ¡Cómo es capaz de hacerme esto! Quería confrontarlo, pero no me atreví, Roberto sigue pálido. Busqué en el otro bolsillo superior y había unos dulces ¡Qué raro! Estos dulces se parecen a unos que se repartieron para el cumpleaños de Ricky y eso fue a finales de septiembre del año pasado ¡Iugh! ¿Cómo puede tener esto en los bolsillos? De pronto sentí que mi pololo respiraba pesado y, aunque no me guste, estos dulces añejos es lo único que tengo a mano, por lo tanto, abrí uno y se lo acerqué a los labios, él abrió la boca y tomó el dulce chupando mis dedos, eso se sintió coqueto, aunque no creo que Roberto lo haya hecho con esa intención. Mientras esperaba que el tonto de mi pololo se sintiera mejor, no podía quitarme la idea de que me está engañando con alguien más, ¿acaso ya no soy tan bonita para él? Debe ser por que estoy gorda y las mujeres que buscan a Roberto están tan delgadas que parecen modelos de pasarela, cómo Nadia y Martina, ellas se dedican mucho a su cuerpo, las he visto hacer dietas estrictas, son buenas haciendo deporte, yo también hago deporte, estoy en vóley y hago yoga, ¡uy! Debe ser lo que como, mi pololo come cualquier cosa, pero también es muy atlético, es muy riguroso al seguir rutinas de ejercicio y además está en el equipo de básquet, su cuerpo es muy atractivo para la mayoría de las mujeres del colegio y su actitud de rebelde le agrega un extra irresistible para algunas niñas de primero y segundo medio, creo que tendré que hacer dieta desde hoy, no puedo volverme una vaca solo porque Roberto cree que estoy bien. - ¡Ah! Me siento mejor. - ¡Por fin! Ahora si lo puedo confrontar. - Me alegro. – todavía sigo enojada. - Mmm ¿Qué pasa? – Ahora se hace el cínico. - Nada, ¿qué puede pasar? – Roberto tiene un mejor semblante, pero me mira algo confundido. - ¿Estás enojada? – me pregunta como si no supiera lo que hizo - No, no estoy enojada. – me cruzo de brazos y miro de reojo para ver lo que hace y solo se queda mirando el techo, apuesto que está buscando la mentira que me dirá. - ¿Te enojaste por qué le saqué la chucha al hueón que se tiró contigo a la piscina? – Su pregunta me sorprendió, es obvio que eso me enojó mucho, en especial cuando sentí que el pene de ese tipo asqueroso se enterraba en mi pierna, pero no es eso lo que me tiene molesta en este momento. - ¡No- estoy- enojada! - ¡Princesa! ¡Traté de botarle los dientes al hueón! ¡pero no me dejaste! - ¡YA TE DIJE QUE NO ESTOY ENOJADA! Roberto me mira fijamente y yo lo miro de manera desafiante, estoy con mucha rabia, de pronto este mecánico de cuarta gira la cabeza y observa para un lado, ¿está ignorándome? Me irrita esa actitud, le iba a gritar, pero de la nada se acerca a mí y me besa ¡Uy! ¡Este hombre no debería besar tan bien! ¡Me confunde! ¡No! Lo alejé de mí lo mejor que pude y le dije: - ¡No! No me vas a sobornar de esta forma, no te vas… - Tomó mi cara entre sus manos y sin titubear me besa cada vez más profundo. Cuando pensé que ya no podía respirar, él se separó de mi boca y con deseos de más se me salió una palabra: – Roberto… ¿Por qué me derriten sus besos? ¡No! ¡No! ¡No! ¡Me tiene que escuchar! - ¿Con quién ibas a usar él condón? – Mi tonto pololo mira con credulidad, preguntando de manera torpe: - ¿Qué? ¿Qué condón? – no me sirve de nada mirarlo con desprecio, porque parece no entender esa indirecta. - Sí, el condón que estaba en uno de los bolsillos de esta chaqueta. – todavía tengo el preservativo en mis manos, asi que alcé la mano y se lo mostré. Roberto miraba oscilando entre la chaqueta y el condón, como si no recordara de que era, hasta que llega y me dice: - A lo mejor es uno de los condones que compré para culear con Carmen… - ¡Uy! ¿Por qué tenía que recordarme a esa mosca muerta de Carmen? ¿Acaso no se irá de nuestras vidas? – O, a lo mejor, lo llevaba para estar preparado. - ¿Estar preparado para qué? - ¿Cuántas más tenía aparte de Carmen? - Para darte como caja. - ¿Cómo? - ¿A mí? - Princesa, te paseaste por toda la casa en pelota frente a mí por más de un mes, no sabes cuantas veces estuve a punto de entrar a tu pieza, muerto de cocío, con ganas de darte hasta quedarme seco. Andrea, siempre estoy preparado para ti, incluso en las veces que no te hablaba, me volvía loco el no tenerte y fingir era una tortura. - Entonces, ¿no lo vas a usar con nadie? – la sonrisa de Roberto se volvió pícara y me dice con hambre en los ojos. - Puedo usarlo contigo, pero me lo sacaré después de un rato, ya que me encanta sentir tu mojada y caliente v****a alrededor de mi pene. - ¡Eres un sucio mecánico! - ¡Ah jam! - Roberto acomodó mi asiento para que quedara acostada y se posicionó entre mis piernas, estoy ansiosa, ¡él me gusta tanto! Pero, hace poco estaba descompensado. - Roberto, mejor vayámonos para la casa. – mi pololo no parece escucharme, ya que se está sacando la ropa sin dudar. - ¿Por qué? ¿Te sientes incómoda? - No es por eso, es porque hace poco casi te mueres. – mi tonto mecánico me dice entre risas. - Obvio que no me iba a morir, siempre me pasa cuando me baja la adrenalina, no me acuerdo muy bien, pero una enfermera me dijo que le suele pasar a algunas personas y uno de esos hueones soy yo. - mmm… entonces ¿Estás seguro de que quieres hacerlo? – Roberto me sonrió con dulzura. - Siempre quiero hacerlo contigo, aunque me esté medio muriendo. – me hizo reír, lo abracé por el cuello y lo besé de manera lenta, con ganas de sentir todo su amor penetrándome con suavidad, ¡Ay! Es inevitable, que también quiera hacerlo con él siempre.
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