Capítulo 2: La fruta prohibida

1167 Palabras
Pasaron casi cuatro años luego de aquel incidente con Jean, aunque igual hubo muchos enfrentamientos entre ellos por los sentimientos amorosos hacia la chica. Ya Jilliane estaba por cumplir los dieciséis años, por lo que una gran reunión familiar se avecinaba, Christopher contaba con los diecinueve, y era un exitoso universitario, estudiante de Idiomas. La relación de hermanos entre los chicos en los últimos años había sido igual, él la celaba hasta de su propia sombra, pero nunca le daba una explicación a ella, siempre acababa colocándola con los nervios de punta, con su corazón latiendo apresuradamente mientras él se veía divertido al llevar a cabo sus acciones de "hermano celoso". Había logrado confundirla a tal punto que incluso había ocasiones en las que ella se sonrojaba al verle a la cara durante cualquier momento del día. Recientemente, la mayoría de las veces se quedaban solos en la noche, ya que Hanna debía trabajar algunos horarios nocturnos para pagar los gastos que se avecinaban, puesto que era la única que trabajaba en aquel lugar, por lo que, cuando Christopher no se encerraba a estudiar, se la pasaba al lado de Jilliane haciéndole la vida a "cuadros". — Oye, Jillie... ¿Cara de potro aún sigue enamorado de ti? —¿No tienes examen mañana, Chris? — Responde mi pregunta, enana. — Ahg... sí. ¿Por qué? —¿Y aún piensa que eres mi novia? — No lo sé... no te ha visto más desde que comenzaste la universidad, así que no lo he visto enojado por tu presencia, ni me pregunta por ti, algo que realmente agradezco. — Hmm... entonces debería de llevarte en estos días al instituto en el auto, ¿no? Jilliane no respondió a ello, el comportamiento infantil de su hermano le sacaba de las casillas a veces, sin embargo, él insistía en buscarle charla. — Enana... —¿Qué, Chris? — El día de tu cumpleaños seré yo quien baile contigo la mayoría del tiempo. Sólo te dejaré bailar con mamá, con el tío Sonny y con el abuelo. —¿Tú me vas a prohibir bailar con los demás chicos? — Ya oíste. —¿Acaso te crees mi novio o mi papá? Ante aquello, el chico se levantó del sofá tomándola de ambos hombros mientras acercaba su rostro al ajeno, al punto de sentir ambos la respiración contraria. Nuevamente lo había logrado, dejar a la chica totalmente nerviosa e indefensa, ella no podía negar que el atractivo de su hermano era demasiado atrayente. Mismo caso ocurría con Christopher, la belleza de la menor le tenía un tanto descontrolado, no podía dominar todas sus acciones al estar a su lado. — Yo... no quiero que ningún mugroso de esos te toque. Dejándola nuevamente inmóvil, sonrojada y con los nervios de punta la soltó volviendo a acostarse en su puesto, una vez allí, tomó un libro en francés para seguir estudiando. — Odio que hagas eso... —¿Hmm? — Odio que... me dejes nerviosa. Como si mi corazón fuese a salir por mi boca. —Mientras la chica comentaba aquello, el chico volvió a sentarse, mirándola con atención—. Y tú, sólo te burlas de ello, lo haces a propósito... y no sé cuál es tu intención al hacerlo, no es agradable, al menos para mí... el sentirme de esta manera. El azabache ladeó ligeramente el rostro para luego levantarse, caminar hasta ella y tomarla de la cintura para apegarla a su pecho con una mano mientras con la otra le tomaba el mentón, haciendo que esta le mirase a los ojos. — No estoy jugando. No dejaré que ningún mocoso de esos te toque, lo digo muy en serio. Jilliane intentó empujarle, pero al verse petrificada por él el chico sólo le mostró su típica sonrisa de victoria. —¿Qué ganas haciendo esto, Chris? ¿Por qué haces que me confunda de esta manera? —¿En serio no lo sabes aún? Tch... he perdido mi tiempo estos últimos años entonces. La dejó libre de una forma brusca, haciéndola retroceder un par de pasos comenzando a caminar nuevamente hasta su lugar anterior, esto provocó un gran enojo por parte de la chica, por lo que tomó uno de sus cuadernos y lo arrojó con fuerza golpeando su espalda. —¡Eres un idiota! Frunciendo el ceño, Christopher gira de nuevo hacia ella, tomándola una vez más del mentón mientras acercó de forma precipitada su rostro al contrario, dejando sus labios separados de los ajenos a escasos milímetros de distancia. Por un segundo, Jilliane sintió como si su corazón se hubiese detenido para iniciar nuevamente con una elevada frecuencia cardíaca al tiempo que su respiración comenzó a ser llevada a cabo por su boca, bajó sus ojos a los labios del chico pudiendo notar que estos temblaban levemente. Susurró su nombre. Fue lo único que pudo balbucear la exaltada chica, sus piernas ya comenzaban a flaquear, pudo comprender lo que su hermano sentía por ella. No era amor de hermanos... era algo mucho más allá, algo rotundamente prohibido y peligroso. — ¡Ahg! ... no, así no lo haré. Se alejó el mayor tragando fuerte mientras suspiraba y parpadeaba mostrando una expresión algo frustrada en su rostro, se alejó de la chica una vez más tomando su libro, yéndose directamente a su habitación. Al estar sola, Jilliane cayó de rodillas a lo que llevaba una mano a su corazón, intentando calmarse poco a poco. "Si yo me debilito al estar a su lado... si yo pierdo el control cada vez que él hace eso, es porque tenemos los mismos sentimientos, ¿no es cierto?" Pensaba al mismo momento en que sus ojos comenzaban a lagrimear con suavidad. El tema de la relación prohibida que podría haber entre ellos le resultaba doloroso, no sólo en el momento, sino imaginar que quizás luego el ¿qué pasaría si en el futuro no podría dejarle de amar?, sería un constante dolor para él, para ella y Hanna... Oh, Hanna. El sólo pensar en su madre provocaba fuertes dolores en su pecho rompiendo seguidamente en un llanto donde dejaba brotar todo el dolor y rabia contenida en su interior. Entretanto, Christopher en su habitación oía el llanto de la chica, sin poder hacer más que sólo sentarse en el suelo tras su cerrada puerta golpeando el suelo con ambos puños. Su amor por ella era inmenso, tenía en claro las consecuencias de ese juego prohibido desde hace mucho, aun así, probar la fruta prohibida era su deseo y anhelo, lo había decidido desde que pudo comprender lo que realmente sentía hacia ella. No había nadie más en el mundo que ella, todos esos años, sólo esperó por ella, y no iba a rendirse ahora que ella sabía finalmente de sus sentimientos, que no eran simples juegos. Y mucho menos iba a rendirse al saber que ella sentía lo mismo por él. No iba a rendirse porque ella "no es mi hermana de sangre.."
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