SHOTS

1827 Palabras
CAPÍTULO 7 CAMILE Aunque hubiese querido negarme, no pude. Él ocupaba un gran lugar en mi vida y corazón. Me quedó perfecta aquella frase: " no era el indicado, pero sí el favorito". Comenzamos a salir de nuevo, Sean trataba de ganarse mi confianza, iba por mí a tiempo al aeropuerto, me invitaba a cenar, y dejaba lindos obsequios en la puerta de mi hogar. Sin mencionar los melosos textos que mandaba a mi celular cada cinco minutos. El sueño de toda chica enamorada, ¿no? Al parecer, todo marchaba de maravilla. Sinceramente, ni siquiera prestaba atención a lo que estaba a mí alrededor. Me mantuve tan distraída un par de largos días, que ni siquiera tenía conocimiento de la fecha en la que nos encontrábamos. ─¿Qué harás hoy?, ¿vamos a Barcineo? Se pondrá espectacular. ─Mi querido Oscar, de nuevo me incitaba a perder la poca cordura que tenía en uno de los centros nocturnos más populares de la ciudad. ─Lo siento. ─Sonreí─ Tengo planes esta noche. ─Déjame adivinar ─soltó mientras ponía sus ojos en blanco─, Sean. No hice más que mirarle perdidamente enamorada. ─Deberías pensarlo mejor ─Advirtió Tina a mi costado. ─Chicos, él está arrepentido. Ambos suspiraron no muy convencidos, y yo debí hacerles caso, pero vamos,  a veces nos mantenemos ciegos hasta que de verdad nos dañan tanto que comprendemos lo que los demás ya habían visto. Cuando la jornada llegó a su fin, me dirigí a casa y puse todo el empeño posible para lograr verme espectacular. Sean me había invitado a cenar a un fino restaurante, y la emoción que sentía me hacía volar. Aunque...me estrellé contra el piso en un parpadeo cuando recibí una llamada de él mismo, haciéndome volver a la realidad en tan solo un segundo. ─No me mereces ─ soltó, acongojado. ─¿Qué? ─La confusión se apoderó de mí. ─Soy un idiota, y lo lamento. ─¿Sucede algo? ─No podré salir esta noche como lo tenía planeado. Mi madre me pidió cuidar a Matthew de último momento y... debo quedarme en casa. Perdóname de verdad Cami, no es mi intención. ─No... te preocupes, Sean ─dije, sintiendo la decepción inundarme─. Si quieres, puedo acompañarte. ─Gracias, Cami. Pero sé que tienes días muy cansados en el trabajo. Mejor descansa. ─No sería molestia, mañana es mi día libre. ─En verdad, prefiero que descanses. Te prometo que el sábado iremos, y no habrá interrupción alguna, ¿De acuerdo? Sonreí tristemente. ─ Está bien Sean, que te diviertas con Matty. ─Lo intentaré. Buenas noches, Cami. Descansa. Sabes que te amo. La llamada terminó, y miré a través de mi ventana por un momento. Una parte de mí se sentía ilusionada, pero otra justo acababa de darse cuenta que quizá, sólo quizá, el Sean miserable seguía ahí, sin intenciones de marcharse. Ahogada en mis pensamientos, logré escuchar mi celular sonar. Insistente. ─¿Segura que no quieres ir? ─ Oscar estaba al otro lado de la línea─ Estoy a punto de salir y... ─Si voy. ─¿Qué? ─Preguntó incrédulo─¿Te convencí? ¿Tan rápido?, rayos...¿quién eres? Reí. ─ Sean canceló de último momento. Ya estoy lista, ¿pasas por mí? ─No tardo, querida. Una hora más tarde, Oscar y yo nos encontrábamos en la entrada del bar. La noche comenzó divertida, aunque no fuese fan de las bebidas alcohólicas. Un par de piñas coladas fue lo que degusté. ─¿Shots? ─preguntó Oscar. ─Ya te dije que no ─reí─ Iré al baño un minuto, no tardo. No conocía el lugar, mucho menos dónde se encontraban los baños. Comencé a buscarlos, pero por alguna extraña razón terminé en la entrada. Bufé molesta, que si era tonta. Decidida a entrar de nuevo, una escena para nada grata me hizo paralizar. Un bonche de sentimientos negativos se hizo presente, no hacia la escena... hacia mí misma. Lo merecía, sí. Una parte de mí se alegraba, pues era justo lo que mis ojos necesitaban presenciar para tomar esa tajante decisión de amor propio que decidí ignorar antes. Pero, ¡joder! Sí que dolía. Sean y una hermosa mujer de cuerpo perfectamente delineado, se dirigían hacia un auto abrazados. ¿Matthew creció y le salieron pechos? , ¡Por favor, Sean! Rabia, coraje, frustración, decepción y tristeza me invadieron al instante; especialmente cuando logré ver cómo ambos se besaron. Todos lo habían advertido, pero como siempre... pecaba de tonta (y más). Era culpa mía, lo sabía. Pero igual hacía daño. No quise saber más nada. Me sujeté los pantalones que no llevaba puestos y a paso seguro regresé al bar, Oscar notó rápidamente que algo sucedía. Se notaba en la mirada, en el caminado, en cada centímetro de mi ser. ─¿Qué sucedió? ─Dame los shots ─Solté, decidida. ─¿Qué? ─Quiero esos shots ─Los apunté. ─¿Qué pasó con la chica "No gracias, sólo una piña colada"? ─¿Me los darás tú, o tendré que ir a pedirlos yo? Shot tras shot. Intenté levantarme, pero el suelo se movía tal cual una cama de agua. En efecto, estaba ebria. ¡Gracias, Sean! La primera vez que me ponía ebria, y era gracias a un idiota. Si antes era patética, creo que ahora sí, había llegado a los límites existentes. ─Camile, ya basta. Te llevaré a casa ─dijo Oscar, su preocupación era gigante y aunque él también estaba bajo el efecto del alcohol, no era tanto. ─¿Pero por qué, Oscarsito?, ¡Todo está súper divertido! ─Exclamé con gran felicidad─ ¡Wu! ─Iré por el auto. No te muevas de aquí ─ advirtió. El auto lo habíamos estacionado a largas cuadras de distancia. Sin embargo, como toda buena ebria, no lo obedecí. Me adentré entre la multitud, el ambiente y la música eran muy buenos. Comencé a bailar, ¿con quiénes? No lo recuerdo. De repente, sentí cómo todo a mi alrededor daba vueltas. Tuve que sostenerme de las paredes y algunas personas con la intención de llegar hasta los sanitarios. De nuevo llegué a la calle. Carajo. Para mi suerte, o no tan suerte, alguien conocido se aproximaba a mi rescate. Y no, no era Oscar, ni tampoco era Sean. Fue la persona que menos hubiese imaginado, aquella última de la lista, la que menos hubiese querido o deseado en aquel momento, en aquel estado, cerca de mí. ─¿Camile? ─Inquirió, bastante extrañado; tanto por el lugar como por el estado en el que me encontraba. ─¡Brian Mouque! ─Exclamé con gran felicidad─ ¿Qué haces por estos rumbos? ─Solté, apenas legible. Él me miró, su ceja levantada y un aire de confusión. ─ ¿Con quién vienes? ─Con Oscarsito ─sonreí─ ¿Lo has visto? Ops, creo que lo perdí ─reí de nuevo. ─¿Te... sientes bien? —su tan típica gran seriedad estaba apoderado de él hasta los huesos. Dios santo, siempre era igual. ─Mi novio, que no era mi novio, pero que sería mi novio de nuevo, acaba de estar aquí, besándose con otra mujer... ─Sonreí con aquellos ojos ebrios─ ¡Estoy muy feliz! ─Ven, te llevaré a casa ─Dijo con rectitud, sujetando mi mano. ─Gracias, pero vengo con Oscarsito. ─En realidad, no sé cómo lograba entender lo que le decía. ─Lo llamaré y le avisaré que te llevaré a casa. No creo que él se encuentre en muy buen estado tampoco. Brian planeaba llevarme a casa, pero pensó que llevarme a su casa era una mejor idea. Eran tan inteligente el hombrecillo. No me conocía mucho, pero algo le advertía que no solía ser de aquellas mujeres que se ponían ebrias cotidianamente. Su alma caritativa no quiso dejarme lidiando con ello sola. Era un amor de persona, ¿no? ─Puedes dormir aquí ─Dijo él, mientras me ayudaba a sentarme sobre la cama de una gran y acogedora habitación. ─¿En dónde estoy? ─Cuestioné, observando todo a mi alrededor. ─En mi casa ─aclaró. ─¿Estoy en casa de Brian Mouque? ─Cuestioné, haciendo énfasis en su nombre. Era bastante sorprendente desde mi perspectiva. ─Mantengamos esto en secreto. Reí, como la tonta que sí era─ Claro... Ambos nos encontrábamos sentados sobre la cama. Brian no decía nada y yo... No estaba en mis cinco sentidos. Lo abracé, como si fuese un gran oso de peluche, esponjoso y suave. ─No te he agradecido por la vez que me defendiste en el aeropuerto. ─No fue nada ─Su incomodidad se percibía en el ambiente, pero por supuesto, me importaba un carajo en ese momento. Vaya vergüenza que debí haber sentido, pero esos shots me ayudaban a no saber nada, entonces... ¡Hay que aprovechar! ─En serio, muchas gracias ─Articulé. ─Creo que debes descansar ─Intentó levantarse, pero impedí que lo hiciera al sujetar esos brazos que... oh, sí que eran musculosos. ─No te vayas, no quiero estar sola. No de nuevo ─solté, aferrándome a él. ─Te traeré un café. ─Sólo tengo sueño ─respondí, aun abrazándolo. Sin embargo, esta vez levanté mi rostro hasta toparme con el de él. Me centré en sus labios. Esos marcados, gruesos y ... bueno, dejémoslo hasta ahí. ─Entonces, deberías dormir. ─Tienes mucha razón ─Reí despacio─ Debería. ─Cualquier cosa, estoy en la habitación de alad... ─No lo permití terminar. Lo besé. ¿Qué más sucedió? La respuesta es nada. Al instante, caí en un profundo sueño. Él tan sólo me recostó sobre la cama, dejándome descansar. Cuando la noche terminó y el sol golpeó a través de la ventana, abrí los ojos. Mi cabeza estaba a punto de estallar, pero mi corazón estuvo a punto de salir de mi pecho al no reconocer el lugar en el que me encontraba. No era mi casa, no era la casa de Oscar, y mi memoria no pasaba de los shots. ¿Qué demonios había hecho? Casi comenzaba a hiperventilar. Me levanté, y al encontrar el baño de la habitación intenté alinearme un poco, para después, salir cautelosamente de ahí. Recorrí los blancos pasillos, hasta llegar a unas escaleras. Comencé a bajarlas lenta y sigilosamente, tratando de evitar a cualquier individuo. ─Buenos días ─Escuché. Pegué un brinco y mi corazón se aceleró. ─ ¿Brian? ─Cuestioné en secreto, bastante sorprendida. ¡¿Era Brian?! Mi vista bailó en todas direcciones, un tanto alarmada. ─Grecia hizo desayuno. Si gustas, hay en la cocina. Terminé de bajar las escaleras y me acerqué a él con ese paso de niña regañada ─ ¿Qué hago aquí? ─Pregunté totalmente asustada. Él me miró sin expresión alguna. ─ Te encontrabas bastante... ebria. Quise hacerte un favor solamente. ─¿Que yo qué?─Solté con sorpresa, más para mí misma. ─¿Desayunarás? ─Lo siento ─Articulé avergonzada. ─¿Por qué? ─Porque, no lo sé... yo, no... recuerdo nada. ─No tienes por qué sentirlo ─aclaró─ Si quieres desayuno, insisto, en la cocina hay. Debo salir, así es que...─Lo interrumpí. ─Iré... a casa. ─Bien ─Dijo sin más y sin importancia. ─Me siento muy apenada contigo. Te juro que yo jamás había... ─No tienes por qué darme explicaciones, Camile. No supe qué más responder. Me mantuve en silencio y él también, hasta que decidió que era tiempo de partir. ─En serio, debo irme. ─Gracias por todo ─Solté con la mirada baja. ─No te apures. Nos vemos mañana en el trabajo. ─Brian... ─ Lo llamé, pero no supe qué más decir, y él lo notó Solo asintió y emprendió marcha. ─¿Me dejarás sola aquí? ─No estás sola ─Aclaró, señalando la cocina. ─¿En verdad te irás? ─Replanteé la pregunta ─Tengo cosas importantes por hacer hoy ─Levantó una de sus cejas. Sacudí mi cabeza, ¿era tonta o me hacía? Por supuesto, yo no era nadie.  ─ Claro, yo... lo siento. Brian desapareció. Asimilé las cosas un momento, y decidí que regresar a casa era la mejor opción. Busqué a la tal Grecia, y me despedí de ella. No desayuné, fue demasiado tan sólo el hecho de prestarme una de sus habitaciones. Regresé a casa y me dediqué a ignorar los remordimientos que mi mente se empeñaba en mostrar. Acababa de pasar la peor vergüenza de mi vida, y a parte, mi corazón se había roto... de nuevo. Vaya noche. Vaya estúpida.
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