La mañana caía, y El abogado se dirigía en su auto a una zona baja de la ciudad, a los barrios más marginales de todo Shangai. Vestía un chaqueta negra de cuero, una gorra y lentes de sol, cubría bien su apariencia. Con determinación cruzo, el pequeño parque donde criminales aguardaban sentados en las bancas. —Uno de ellos lo miraba con fiereza— estaciono el auto en un parking cercano, el salió del auto, y abrió el maletero. Una pistola —La enfundo en su cinturón— Un bate, —Se lo amarro a la espalda— Y una katana —Se la amarro a la cintura. También saco de su billetera un billete de cien Yuanes.
Salió caminando por la entrada del estacionamiento, —Arrojo el billete al hombre que cuidaba el estacionamiento— y con destreza llego a la calle de arriba. Cruzo dos cuadras, pasando desapercibido, —Aunque la gente lo miraba con miedo— Llego a un edificio de ventanas altas, y con dos puertas abiertas en la entrada, no había ningún hombre fuera de la estructura. Con sigilo llego a la puerta asomándose por la rendija del marco, de la entrada. Miro el pasillo pero no había nadie. > musito en vos baja, —Metiendo el cargador de la pistola— Dos disparos asustaron a la guardia del edifico.
Tres hombres salieron por la puerta de una habitación, —Carlos empuño la katana— y el hombre que llevaba un cuchillo se lanzó a él. Carlos esquivo todas las puñaladas que lanzaba el sicario. —Carlos con un corte en la clavícula dejo al sicario fuera de combate— Los otros dos hombre dudaron en atacarlo, —Iban desarmados— con asombro Carlos saco su pistola, y disparo a los otros dos. —Disparo en la pierna y rodillas— El abogado sin piedad siguió con la exterminación, subió al piso uno del edificio. Dos hombres bajaban por la escalera, adyacentes al ruido producido por los cañones.
Estos si llevaban pistolas, y las tenían empuñadas, ellos al ver la silueta de Carlos empuñando la katana, dispararon. Carlos en un reflejo rápido, se tiro al suelo, y se cubrió con el barandal de la escalera. Ellos se acuartelaron en los escalones, mientras que Carlos en el primer instante, de calma, se levantó rápidamente y apunto al hombro de los sanguinarios. Y este acertó con total precisión. Los dos cayeron en picada al suelo, y Carlos aprovecho para acercarse, de una patada alejo el arma de los mafiosos, pero El siguió avanzando dejando a los hombres tendidos en el piso manchado de sangre.
En el piso de arriba le esperaban dos hombres con una metralleta, —Parecían recién levantados de la cama— los hombres al ver a la silueta negra, dispararon una ráfaga. —No la lograron acertar— Carlos se echó al piso, y se apoyó en la esquina de la pared. Cubriendo su cuerpo, no dejaba que nadie le disparara. Con gran precisión se lanzó al suelo y con un salto disparo a su objetivo. —Logro acertar a un hombre— El otro sicario siguió disparando sus ráfagas. El volvió a la pared y espero a que el terminara de disparar. Los disparos eran constantes, pero después de un largo minuto, las balas se le acabaron. Momento que Carlos aprovecho para disparar. Siguió avanzando por el pasillo. —Vio un cuarto abierto— Con rapidez él se lanzó dentro del cuarto. —No vio nada— Del piso agarro una pistola que estaba tirada.
Dos hombres llegaron Gritando algunas palabras en chino. Carlos al tacto, volteo y con ambas pistolas disparo. Ninguno de los hombres quedo con vida, y cayeron al suelo. El salió del cuarto, y siguió al piso de arriba. En el piso dos había siete hombres desarmados. El guardo sus pistolas pero saco el bate. Los hombres gritaban palabras en chino. El no las entendía pero estaba seguro de que no era un saludo de bienvenida. Tres hombres atacaron a la par, con el bate golpeo la barriga de uno de ellos, dejándolo inconsciente. El otro intento golpearle la cara. Pero Carlos con sigilo le pego en la mandíbula. —Cayo desmallado— el último hombre venía dando patadas. Pero el las paro con el bate.
El hombre se alejó un poco del bate. Y cuando Carlos avanzaba el retrocedía. El abogado con una sonrisa siniestra se acercaba lentamente. El chino lanzo otras patadas. Carlos las esquivo y agarrando una de sus piernas, lo hizo caer al piso, acto seguido con su rodilla, la pego al cuello del sicario y lo dejo sin aire. Haciéndolo desmayar. Los cuatro hombres restantes, corrieron fuera del edificio al ver como estaba le habían dado una paliza a sus compañeros. Carlos paso por el medio de los miedosos mafiosos. Subió con tranquilidad a la tercera y última planta de la estructura. Había una mujer afuera de la estructura. —Era bella— Esa mujer china, no dejo pasar a Carlos por la oficina.
Pero el solo la aparto con un suave golpe en la cintura. Ella callo casi desmayada al suelo. Pero seguía dando guerra. Aunque la mujer estaba jadeante. Ella no dejaba abrir la puerta de esa habitación. Se pegó a Carlos en la espalda y empezó a golpearlo en los hombros. El agarro el trasero de la chica, —Ella grito— y después sus brazos y la pego contra la pared sosteniéndola del cuello. La chica intentaba zafarse. Pero Carlos la dejo sin aire antes de que ella pudiera escaparse. Ella quedo inconsciente en el acto. Carlos con delicadeza la recostó a la pared. Finalmente entro a la oficina. —Estaba llena de libros— y en un escritorio estaba un hombre. El giro la silla.
Carlos apunto sobre el hombre y sin pensarlo le disparo en medio de las dos cejas. Sin piedad alguna Carlos abatió con toda una base de la mafia. En el escritorio estaba un laptop, encendida. —Se acercó al escritorio— la luz estaba encendida, y en la pantalla la silueta de Patrick. Preguntando que le había pasado a su compañero. El cual Carlos había acabado de matar. Apago la computadora al instante y se la llevo de bajo del hombre. —Reviso al mafioso También cogió un collar del susodicho como muestra para Lee— después llamo a la policía avisando que había encontrado una base de la mafia. Pero la llamada no duro ni diez segundos. Salió rápidamente, y vio a la chica tirada en el suelo. —Tú te vas conmigo— Dijo mientras cargaba a la chica como un saco de papas.
Regreso al parqueadero, no tuvo tiempo para distinguir los hombres que estaban observándole con atención desde hacía rato. Uno de ellos salió de entre las sombrar. Y en perfecto español dijo:—Vaya que chica tan bonita llevas ahí. Nos las prestas un rato amigo. Carlos saco la pistola rápidamente apuntando a los mafiosos. —Ellos se alarmaron— El líder de ese grupo estaba en el medio. Cuatro hombres conformaban la banda de criminales. Ellos se les vinieron a Carlos encima como si nada. El abogado sin más remedio disparo a las piernas de cada uno de ellos. Estos cayeron adoloridos casi al instante. Jadeantes de dolor maldecían a Carlos en chino cosa que a él no le importó mucho. Puso a la chica con cuidado en el asiento de atrás acostándola de cúbito dorsal. Él se metió al carro y lo encendió saliendo del lugar haciendo una brecha de polvo.
La chica estaba despertando del sueño intenso donde se encontraba divagando. Ella miro al cielo, ¿dónde se encontraba? Preguntaba absorta con el dolor de cuello que le ardía. Miro desconfiada al conductor del auto, ella recordó que había sido el mismo que le hizo perder el conocimiento. Echándose para atrás, recogió sus brazos y los cruzo a cada hombro. También cruzo las piernas. —Suélteme bastardo— dijo la chica. Carlos al percatar que se sentía bien. La miro por el espejillo del auto. —Estas Suelta.— Dijo Carlos con parsimonia. Pero él se fijaba en la carretera, atento para no chocar. —A donde me llevas —La aptitud de la chica era cortante y frívola— Carlos solo dijo dos palabras en la ancho del camino: — ¡A Casa! Con toda humanidad puesta en cero. La verdad es que faltaban cosas por resolver en el caso, de las mafias.
Pero Carlos hoy había hecho mucho por su amigo Lee. Además consiguió una chica y una computadora con potencial información para su amigo. Esto era un buen botín así que el resto del camino solo hizo una mueca burlona. Que decía sin emitir palabras > la chica estaba en estado de trance y no podía decir nada, solo esperar a que el extraño y desconocido la llevara a su lecho.
El carro finalmente llego al edificio donde se quedaba Carlos. Él se metió al estacionamiento con rapidez, mientras se quitaba la ropa ensangrentada. —La chica lo miraba con atento— Carlos se quitó la camisa, y dejo ver su abdomen marcado. —La chica se sorprendió— El abogado ser cambio de camisa, y se puso una con adornos, y figuras de dragones. Se volvió a meter al auto, para ver a la chica.
— ¿De dónde eres? ¿Cuál es tu nombre? Pregunto Carlos interesando por la procedencia de la extraña chica, no le extrañaba que fuera una prostituta, los mafiosos tienden a llevar mujeres a sus bases para satisfacerse. —Miro con compasión a la chica— Ella se negaba a contestar. Por más que lo intentara preguntaba una y otra vez su nombre pero ella no cedió en ningún momento y mantuvo el orgullo.
Carlos intento sacarla del carro tomándola por los brazos, pero ella con sus uñas rasguño toda su cara. Dejando una cicatriz en el ojo izquierdo, de un lado al otro. —argh— Exclamo Carlos al dolor. El abogado se echó para atrás quejándose del dolor. La muchacha salto del coche y salió corriendo del estacionamiento, y Carlos sin pensarlo, se echó a correr, para atraparla. Sabía que si salía a la calle, lo iban a acusar de secuestrador. La chica corrió tan rápido como pudieron sus piernas. Ella hizo un corto vistazo para atrás, y no vio al abogado detrás de ella. Entonces bajo el paso. Mientras que fundió una pequeña sonrisa. —De que te ríes Mocosa. La chica vio la silueta intimidante del Hombre parado adelante suyo. — Carlos la agarro de los brazos— Ella grito con todo lo que pudo. La gente se estaba empezando a alarmar. Carlos en un reflejo rápido volvió a dejarla inconsciente asfixiándola.
Carlos la subió al departamento antes que la gente viera ese espectáculo. La chica abrió los ojos al rato. Pero no se podía mover, estaba atada de pies y manos, con una mordaza. Carlos apareció en el cuarto. —Ella se asustó mucho— La chica se retorcía en la cama como un puerco, al que iban a matar. —Calmada— Dijo Carlos con una voz ronca y cortante. La chica al instante se quedó quieta como una piedra. >pensó Carlos. —Te voy a quitar la mordaza, pero promete no gritar. No te voy a hacer daño. Explico mientras se acercaba con una tasa en la mano. Ella afirmo con la cabeza. Acto seguido el saco la mordaza. La chica cumplió al pie de la letra la promesa y no hizo ni un solo jadeo mucho menos un portentoso grito de desconsolación.
La chica suponía un peligro para Carlos, pero también una oportunidad debía saber algo de la mafia, y también una poderosa herramienta si resultaba ser hija de algún mafioso. —Aunque con eso conllevara una guerra segura— Con cariño el joven le pregunto cuál era su nombre. Ella carrasqueo antes de decirlo, pero después de un momento de silencio la chica hablo por primera vez en todo el día. —Yo me llamo Elly Yoko Xhian. Gracias por cumplir tu promesa hombre moreno.
—Oye no te aproveches que eres más clara de piel. —El carcajeo—¿Por qué estabas en ese lugar?
—Yo… —Dudo en responder— Estaba haciendo mi trabajo.
— ¿En la mafia? ¿Eres prostituta?
—No claro que no. Solo me dijeron que si mantenía segura la puerta me iban a dar un buen dinero. —> Dijo El abogado.
—Ellos no te iban a pagar, encima de eso tal vez terminaras violada. Menos mal que llegue a tiempo. ¿De dónde eres?
—De china. —Contesto ella. Mirando al resto de la habitación.
— ¿Por qué estás en Shangai?
—Venía a ver a alguien.
Carlos dudaba de las respuestas sin bases que le daba Elly. Pero seguro que esa chica estaba metida en algo grave. No la iba a dejar sola, antes debía conseguir un poco más de información. Carlos vio que la chica estaba algo incomoda, así que le soltó los brazos y pies, de las ataduras que la pegaban a la cama. —Te solté pero no me hagas daño. La chica recordó lo que le había hecho al abogado. Sintió un poco de culpa, en intriga, la cicatriz era llamativa, y parecía que le hubiera atacado una animal salvaje. —Bebe algo de Té. El abogado extendió los brazos con una taza llena de té. La chica con una sonrisa en la cara recibió la taza. —Bebió un sorbo—
—Mmm de manzanilla es mi favorito Gracias. El abogado vio como ella sonreía y quedo mirándola.
—Es la primera vez que te veo sonreír. —Elly produjo un pequeño rubor.
—Bueno es que tu no me has hecho nada malo, pero discúlpame por lo de la herida. —Tranquila solo era lo hiciste porque tenías miedo. Igual yo también te apreté muy fuerte el cuello discúlpame. —Bajo la cabeza.
—Tranquilo no te disculpes. ¿Dónde está el baño? —Pregunto ella con gran ímpetu. Carlos señalo la segunda puerta de la habitación, ella salió corriendo como el viento al baño.
Carlos con parsimonia busco la laptop, prendiéndola, además tratando de acceder al sistema, pero no lo podía hacer, siempre le pedía una contraseña, busco en internet la forma de acceder, pero ese proceso tardaba tiempo, con paciencia para la noche si todo iba bien tendría la computadora completamente a su merced. Elly salió del baño con el botiquín de primeros auxilios en una mano —Carlos frunció el ceño— Ella se acercó a la mesa del comedor donde estaba Carlos. Ella con suavidad mostro el botiquín a Carlos. —Oh quieres que te desinfecte la herida del cuello. ¡Bueno aquí voy! —Ella quito el botiquín— ¿Entonces qué quieres?
Ella señalo el sillón, Carlos cayó en su juego, y se sentó en el sillón. Elly con delicadeza toco su rostro, pensando en que su cuerpo estaba un poco cliente, producido por la lucha con todos esos hombres. El sentía el suave tacto de la chica, se sentía agradable, sus manos estaban frías, eso era reconfortante para él, que sin duda estaba sudado y con calor. La chica pasaba sus manos por la espalda rígida del abogado. El sufrió un respingo, la chica inocente no supo que ella era la causante del malestar. Ella acerco sus manos con total cuidado al rostro de Carlos. Su rostro estaba sudado, brotaba un pequeño mador de sus poros. Pero ella siguió con la tarea. El miraba los ojos oscuros de la chica se veían fabulosos, y tenía unos labios apetecibles.
La chica mordía sus labios, mientras que veía lo apuesto que era el abogado, con suavidad saco el alcohol del botiquín y lo esparció en un algodón, ella lo puso al frente de la herida —Te va a doler un poco, si quieres pon tus brazos en mi cintura y apretarlas, para que resistas. Acto seguido Carlos puso sus manos en la cintura de la chica. Dándose cuenta que por fuera ocultaba su verdadero cuerpo. Esas caderas eran anchas y tenia de dónde agarrarse. Eran suaves y mullidas, también un poco duras en la parte donde se convertían en espalda, en fin una verdadera sorpresa para el abogado. —Aquí voy— Dijo la chica. Y Carlos se apretó de sus caderas aún más, sintiendo en calor del cuerpo de Elly. Él ni rechisto por el dolor de la herida, las piernas macizas de la chica estaban a centímetros de él, sus senos quedaban al nivel de su cabeza. Y con sigilo movía un poco la mirada hacia en lado, para ver su enorme trasero.
Carlos disfruto hasta el último segundo de la velada. Quería que esa herida fuera más letal, para que se quedara horas tocándole y curándolo. Ella después de que alzo la mirada acaricio un poco los nudillos del abogado. Encima de la herida la chica puso una gaza. Después de haberla desinfectado. Carlos no se había dado cuenta de la linda chica que estaba escondida detrás de una bestia agresiva. Pero sin miedo vio sus ojos negros como la obscuridad y quedaba absorto, y no hablo de su pelo pues le parecía mítico, no había visto cabello más sedoso y largo, de color castaño.
—Ya está —Dijo la chica con algo de jugueteo
—Gracias ahora me toca a mí. —La chica lo miro extrañada. Carlos agarro a Elly por las manos y la sentó en el mueble, acto seguido agarro el botiquín. Y saco otro pedazo de algodón. Mientras que le hacía presión con su cuerpo encima de ella. La rodilla entre las dos piernas de la chica, sus manos sujetando su rostro, y su barriga con la de ella.
—Ahora me toca devolverte el favor.
La chica atónita, no pensó en nada, solo se quedó quieta sintiendo las manos del doctor, pasaba por su cuello, las manos sin dejarlas quietas. La chica tuvo que contener el pequeño gemido que iba a dejar escarpar. Del maletín saco una pomada, y de la unto sobre sus dedos. La chica se postraba en todos las posiciones, pero sin dejar escapar ningún quejido. Masajeándole el cuello el hombre termino de untar la pomada en el cuerpo de la chica. Y ella quedo acostada en el mueble delirando por lo que el hombre le había echo.
—Con eso tus heridas se curaran rápido. —Giño el ojo.
—Me tengo que ir. —Dijo ella cortante— Pero ya se dónde vives, si tengo algún problema te llamara, voy a dejar mi numero por aquí—Señalo la mesa— Nos vemos Carlos, Muy pronto nos volveremos a ver.
La chica diciendo estas palabras, giro sobre sus talones abrió la puerta y salió con orgullo pero algo cortante, dando algunos pasos en falso, mientras que en el fondo Carlos sentía preocupación, por ella. Ya que podía correr peligro en la ciudad. Dado o no que ese fuera el caso, pondría sus ojos en ella para estar seguro en que no le pasara nada. Carlos unos momentos después, siguió intentando descifrar la clave de la laptop. Y pensando en cómo estaba su patrona