— Irene, soy yo Hugo — dijo para que ella comprendiera, mientras se abría la puerta, Irene se sentía tan vulnerable, que su instinto de mujer la obligó a correr hacia él y darle un abrazo, Hugo no correspondió, y los ojos de ella se abrieron cuando vio a los otros hombres atrás de él, amenazando con un arma. Se apartó y lo miró con horror — vas, vas a matarme — balbuceó caminando hacia atrás temblando de miedo — No, es solo que ya no puedo darte donde vivir — murmuró Hugo y ella sintió de nuevo el desamparo y la mentira — Lo sabía, todo fue un vil engaño, era demasiado bueno para que fuera verdad — murmuró mientras tomaba la guitarra y se apresuraba a buscar la salida de la gran casa — Espera — Dijo Hugo a sabiendas de que ya nada podía esperar. Ella se detuvo — Solo dime, dónde caraj

