—¿Es tu ex novio?
—Pues sí y no, jamás oficializamos, creí que oficializaríamos hoy pero… —me callé, no tenía sentido seguir contando mis desgracias, además las lágrimas volvían a brotar.
—Puedes subir por la parte trasera, si lo que quieres es entrar sin verlo —sugirió él cambiando de tema, había notado lo mucho que me costaba hablar de eso.
—¿Tú crees que yo vuelo? Es imposible, está demasiado alto.
—Vamos, yo te ayudo.
—Nos caeremos.
—No lo sabremos si no lo intentamos, vamos Alon.
Noah, alias el pelucón, me volvió a sorprender. O más que nada preocupar, si él podía hacer esto, cualquier ladrón podría hacerlo. ¿Deberíamos poner un cerco eléctrico? Digo, para mayor seguridad.
—Te dije que sería pan comido —dijo mientras me miraba desde la ventana.
—¡Deja de mirarme y ayúdame!
—Bien, pisa ahí… —me fue indicando —nono, ahí no, ¡ahí!
—Esto no funcionará si no dejas de decirme ahí…
—Mira bien donde señaló… ¡Ahí! bien ahora el árbol.
—Imposible. No llego al árbol.
—Inténtalo.
—Que no llego —extendía mi pierna, pero el árbol me quedaba lejísimos.