El cielo sobre Corino se tornó rojo, como si la sangre misma se hubiese fundido con las nubes. El sol luchaba por asomar tras el humo y las cenizas que caían lentamente, como si la tierra estuviera de luto por lo que estaba por venir. Frente a la imponente Torre del Cuervo, el ejército de Feralis se alineó. Miles de guerreros en silencio, sus armaduras reflejaban la tenue luz carmesí del atardecer. Los estandartes ondeaban con los emblemas de sus clanes, y el aire estaba tan tenso que incluso los árboles parecían contener el aliento. Kalen estaba al frente, con la Masamune envainada en su espalda. Su silueta firme, de pie como un faro entre las olas del destino. A su lado, Ania, cubierta con una túnica ceremonial bordada con runas de dragón, mantenía la mirada fija en la torre. El viento

