Esa noche dejó una marca emocional en cada guerrero que asistió a la ceremonia. El sentimiento de miedo era el que más reinaba en el aire, y aunque los aullidos y los cánticos habían sido poderosos, Ania podía sentir cómo el ambiente se cargaba de incertidumbre. La brutalidad de la batalla había mostrado que no todos estaban preparados para la guerra. Ella lo entendía mejor que nadie. Había vivido entre el miedo, crecido en la oscuridad. Y fue en ese instante, con la luna como testigo, que recordó las palabras que Wade, su mentor, le había dicho alguna vez… Ania dio un paso al frente, levantando la voz entre el murmullo del silencio: —Cuando era niña y el mundo se caía a pedazos a mi alrededor, Wade me dijo algo que nunca olvidé: El verdadero valor no es no sentir miedo, es elegir avanz

