CONTINENTE DE LOREN En lo más profundo del castillo de obsidiana, en el corazón marchito de Loren, el Rey n***o aguardaba en su trono. El salón era frío y oscuro, iluminado solo por antorchas de fuego n***o que no emitían calor. Gárgolas de piedra vigilaban desde las alturas, y las paredes estaban cubiertas de tapices rotos y escudos oxidados, trofeos de un continente que había sido conquistado a sangre y fuego. Un mensajero beta cruzó el largo pasillo de piedra con pasos apresurados, el eco de sus botas resonando como presagio. Se arrodilló frente al trono de piedra negra con la cabeza gacha y el cuerpo tembloroso. —S-señor… tengo informes de Feralis —dijo con voz trémula—. La extracción de materiales avanza, pero… lentamente. Las emboscadas de los locales nos han retrasado, aunque aún

