Todo había comenzado diez meses atrás, cuando el encargado de un hotel de paso, de esos que usan las sexo servidoras para vender sus cuerpos, en la zona de la colonia Obrera, llamó a la policía para informar que había un cuerpo en uno de los cuartos, de inmediato se presentó una patrulla a dar fe de los hechos.
Los patrulleros quedaron impactados al entrar aquel cuarto encontraron, sobre la cama, el cuerpo una mujer de unos 30 años de edad, estatura media, de figura normal, estaba completamente desnuda, tendida en forma de X y con claras señales de violencia en varias partes de su cuerpo, además de haber sido estrangulada de manera directa, es decir, con las manos.
Los uniformados dieron aviso y de inmediato Samuel y Héctor, tomaron cartas en el asunto y se trasladaron al lugar de los hechos, para iniciar la investigación, del homicidio, el hotel no contaba con cámaras de seguridad, el encargado del turno nocturno, no recordaba a la mujer y mucho menos con quién llegó al hotel.
Samuel, revisó el cuerpo y de inmediato se dio cuenta de la brutalidad y el sadismo con el que la habían agredido, cuando el forense entregó su informe, se confirmaron sus sospechas, aquello había sido un crimen demencial.
La mujer fue golpeada, violada por la vía vaginal y también la sodomizó, lo que indicaba que la golpeo para que accediera a hacer lo qué él quería, después, fue ahorcada, seguramente mientras sostenía relaciones sexuales con el asesino,
El forense le indicó a Samuel, que, según los estudios que había realizado, el asesino la golpeó para obligarla a aceptar la penetración anal, después de eso, la volvió a penetrar vaginalmente y mientras la poseía, la estranguló con sus propias manos.
Lo que le indicaba que el asesino, se excitaba sexualmente al ver morir a su víctima cara a cara y le advirtió la posibilidad de que habría más mujeres muertas.
Habían recuperado ADN, del agresor en el cuerpo de ella, así como algunos cabellos cortos, que seguramente serían del asesino, sólo que al compararlos y buscarlos en la base de datos que tenían, no obtuvieron ningún resultado.
Samuel y Héctor, se avocaron a la investigación como correspondía y en dos días ya tenían plenamente identificada a la víctima, era una mesera que trabajaba en la zona de Garibaldi, por lo que no sabían con quién había ido al hotel.
Sus compañeros y compañeras de trabajo, no recordaban haberla visto a la hora en que se marchó, mucho menos si se fue en compañía de alguien, ya que no hubo nada que llamara su atención y o los alertara de algo raro.
Por varios días, la investigación pareció estancarse, no daba sus frutos, a pesar del esfuerzo que realizaban, no había ni una sola pista del homicida, hasta que dos semanas después, apareció otro cadáver en otro cuarto de hotel, sólo que, está vez en la colonia Transito, a varias calles del primero.
Héctor y Samuel, acudieron al llamado que hizo el encargado del hotel para denunciar la presencia del cuerpo, la situación era similar, la mujer asesinada, se encontraba en la cama, en una postura grotesca e impúdica en forma de X, también había sido golpeada, violada analmente y ahorcada, el modus operandi era el mismo y la relación en los homicidios no podía ser más clara, sólo que nuevamente se estrellaron contra la pared, nadie los recordaba en el hotel, no sabían siquiera que aquella mujer hubiera ingresado, el cuarto había sido alquilado la noche anterior y no sabían por quién.
Samuel, tuvo que reconocer que el legista tenía razón, los cuerpos se iban a ir amontonando si no hacían algo rápido, pusieron todo su empeño en capturar a ese degenerado, sádico, que disfrutaba golpeando y violando mujeres, para luego estrangularlas con sus propias manos.
Lo peor de todo, era que no tenían pistas, aunque se contaban con algunas huellas, no se podía determinar si eran del asesino o no, los rastros de ADN seminal que se encontraron en las víctimas, no arrojaban resultados en la base de datos, aunque confirmaban que pertenecían a la misma persona, lo mismo que cabellos, del homicida, incluso, existían un par de retratos hablados, mismos que habían proporcionado algunas personas de las que trabajan en la plaza de Garibaldi, y que concordaban ente sí y serían una línea de investigación a seguir.
Tenían que cazar a ese infeliz, antes de que causara más daño, había que seguirle la pista a ese criminal que parecía disfrutar de su obra, ya que no se preocupaba por dejar su ADN, al momento de realizar sus atroces delitos.
Y por si todo eso fuera poco, Manuel Márquez, comenzó con sus ataques por medio del diario y de las r************* , hablando de la ineptitud de la policía, que no era capaz de realizar una buena investigación que los llevara a detener y encarcelar al peligroso asesino que se mofaba de ellos de manera impune.
Lo raro en ese asunto, era que Manuel, no llegaba a las escenas del crimen antes que otros reporteros, tenía que aceptar el boletín de prensa y no obtenía las primicias que ahora lograba al hacerse presente al inicio de la investigación.
En dos o tres ocasiones, Samuel y Manuel, se encontraron durante las pesquisas, no se contenían de hacer comentarios irónicos y burlones de uno contra el otro, incluso Héctor, tuvo que detener a Samuel, para que no golpeara al reportero.
Ese periodista era como una piedra en el zapato de la cual, Ugalde, no se lo podía quitar de encima, no obstante, había que seguir investigando.
Fue así como descubrieron la identidad de la segunda víctima y averiguaron que trabajaba como vendedora de ropa en uno de los establecimientos cercanos a Garibaldi, otra relación más en los homicidios, las dos mujeres eran asiduas a la zona, incluso tal vez y hasta se conocieran.
La cuestión fue que se montó un operativo en Garibaldi y calles aledañas, los policías debían estar atentos por si veían o descubrían algo que les llamara la atención, no importaba que fuera, debían detener al sospechoso e interrogarlo.
Soportando la presión que los medios informativos, y electrónicos, encabezados por Manuel Márquez, ejercían día con día, el operativo comenzó a funcionar y gracias al esfuerzo de los uniformados, se lograron varias detenciones importantes.
No sólo de narcomenudistas, sino de traficantes de personas y un par de homicidas que tenían orden de aprensión, las cuales se cumplimentaron debidamente, sólo que, del asesino del hotel, como lo habían llamado los medios, no había nada.
Fue entonces cuando apareció el tercer cadáver, en un cuarto de hotel, y se repetía la escena en la colonia Obrera, muy cerca de donde apareciera la primera víctima.
Todo parecía una imitación del primero y del segundo homicidio, no había variado en nada el método y lo mismo, ADN, cabellos, y un retrato hablado que era parecido a los otros que ya tenían, aunque, nada que permitieran ubicar al homicida.
Pese a las críticas que a diario recibía en la prensa, Samuel, decidió seguir adelante con el plan, de una o de otra forma debía funcionar, aquel infeliz no se iba a salir con la suya, daba por seguro que cometería un error y con eso bastaba.
El problema eran los tiempos que se acortaban, del primer cadáver al segundo, había esperado casi tres semanas, después dos y ahora, al cabo de una semana después de encontrar el tercer cuerpo, aparecía la cuarta víctima.
Todo de manera idéntica, la misma pose, la misma saña para golpearla y violarla, la misma forma de ahorcarla, todo era igual.
Manuel Márquez, se regocijaba con sus notas periodísticas, insistiendo en la incapacidad de los investigadores para detener aquella ola de crímenes.
Ineptos, torpes, comodinos, todo tipo de adjetivos utilizaba para llamarlos, lo que traía como consecuencia que otros reporteros los acosaran con preguntas que no sabían cómo responder ya que no contaban con indicios sólidos.
Tres días después del cuarto cadáver, apareció el quinto, aquello ya rayaba en el ridículo, si bien todas las mujeres trabajaban en Garibaldi, o en la zona aledaña, también era cierto que la vigilancia no rendía frutos.
Se lograban buenos arrestos y se detenía a diversos delincuentes, sólo que, del asesino, no se sabía nada. Eso provocó que Samuel y Héctor, se presentaran a la plaza de Garibaldi, a realizar algunos rondines, tal vez ellos podrían ver algo que los ayudara.
Al segundo día de que apareciera el quinto cuerpo en un cuarto de hotel, Samuel, recorría la zona aledaña a la plaza de Garibaldi, por enésima vez, y entonces tuvo un presentimiento que decidió seguir, tres de las víctimas habían aparecido en la colonia Obrera, las otras dos en la colonia Transito, hacía allá se enfiló.
—“Si lo que imagino es cierto, ese desgraciado, va a volver a esta colonia con su nueva víctima, espero poder identificarlo por el retrato hablado y por la compañía que lleve, la mujer a la que va a sacrificar” —pensaba Samuel, con optimismo
Circulando, a bordo de su automóvil, casi a vuelta de rueda, pasó por un par de hoteles de paso, no había nada que le llamara la atención, en ese momento:
—“Creo que estoy perdiendo el tiempo, ese desgraciado no va a atacar aquí” —pensó mientras conducía— “tal vez va a volver a la colonia Obrera, iré a dar una vuelta por allá, ojalá y tenga mejor suerte y pueda ver algo”
Al dar la vuelta en una de las calles de la colonia Transito, para ir a la colonia Obrera, fue cuando la vio, era una mujer de unos 30 años, de estatura regular, morena, vestida de manera llamativa, con buen cuerpo, sólo que caminaba de prisa y volteaba el rostro con insistencia, como corroborando que nadie la siguiera, se veía nerviosa, tal vez temerosa, decidió detenerse.
Con firme resolución la esperó unos metros delante de a donde ella se dirigía, con la credencial en la mano se le acercó y con voz amable le dijo:
—¿Sucede algo, señorita?
La mujer vio la placa y luego el rostro sonriente y amable de Samuel, y sin poderse contener comenzó a hablar entre sollozos ya que el llanto la había desbordado.
—Snif… me quiere matar… sob… es un maldito… snif… tengo miedo…
Sin poderse contener la mujer se abrazó a Samuel, buscando refugio, el agente la abrazó y trató de calmarla para que le contara todo lo que sabía, al parecer, había dado con un error del asesino.
Casi una hora le llevó a Ugalde, calmarla y llevarla a tomar un café, fue ahí cuando ella le dijo que un tipo la había llevado a un cuarto de hotel, ofreciéndole un mejor empleo en el bar donde ella laboraba, él era cantante de mariachi y la había convencido para que accediera a estar con él.
Al llegar al hotel, él le dio el dinero y le dijo que pidiera un cuarto, luego juntos, fueron a la habitación y ahí el cantante comenzó a besarla y a acariciarla mientras la desnudaba, ella accedió ya que él le gusta mucho y además la iba a ayudar, por lo que no tenía ningún problema en entregarse a él que así lo deseaba.
Cuando la tuvo totalmente desnuda, la acomodó en cuatro patas sobre la cama para hacerle el amor, a ella le pareció raro que él quisiera hacerlo así para empezar, no obstante, no dijo nada, después de todo, cada quién sus gustos.
Sólo que, cuando él iba a consumar el acto s****l, quiso sodomizarla, ella se resistió y le dijo que no, que así no quería y entonces él, se enfureció y comenzó a golpearla en el cuerpo, diciéndole que si no accedía la iba a matar ahí mismo, ante eso, ella terminó por someterse para que no la golpeara más, ni le causara más daño.
Esperaba que aquello terminara pronto para poderse largar y olvidarse de ese infeliz degenerado que sólo buscaba su satisfacción.