Silencio total invadió la mansión. El retumbar que se sentía por toda la casa por los gritos ya no se oía, Lía habló con voz baja y muy dulce.
— ¿De verdad tú crees que ellos estén mejor sin mí!?—con una voz entrecortada, pero sin dejar de mirar a Daniel.
—Lo creo y estoy seguro, porque eres demasiado insoportable, malcriada, caprichosa, niña insolente—Continuó soltando más flechas que herían a Lía, él quería que ella sufriera.
Sabía que estás palabras eran para Lía como pequeñas dagas que se incrustaban en su corazón, podía sentir que le dolían, se había quedado callada tratando de asimilar lo que le había dicho su esposo, mientras él la mantenía sujetando con más fuerza, hasta que ella gritó de dolor.
Algo viscoso comenzó a recorrer por la mano de Daniel, era sangre, el yelco donde habían colocado la hidratación horas atrás, había sido removido por la fuerza que ejercía sobre ella, la sangre había comenzado a fluir. Al ver esto se asustó la suelta y ella intentó apretar su mano para evitar que siguiera saliendo más sangre.
—¡Lo siento!...déjame ayudarte —Se acercó para sostenerle el brazo nuevamente.
— ¡No me toques!—gritó Lía —, jamás en tu vida vuelvas a tocarme, infeliz, apretando su muñeca para que no saliera más sangre.
—Solo déjame revisar, ¡lo siento!, volvió a acercarse estaba avergonzado.
— Escúchame bien Daniel, jamás vuelvas a mirarme, a tocarme o a dirigirme la palabra, todo tú me das asco, eres horrible— mirándolo fijamente en el lado del rostro donde tiene cicatriz— el ser más horrible que conozco, y que jamás hubiera querido conocer, me das asco aléjate de mí— volvió a golpearlo en el pecho—y te lo aseguro Daniel no me va a pesar la mano para meterte en la cárcel por asesino, si mataste a mi hermana lo vas a pagar muy caro así sea lo último que yo haga.
Al decir esto Lía entró a la habitación él se quedó frío por lo último que le dijo, él ha sufrido mucho por recibir palabras como estás, creyó haberlo superado, pero estás palabras de Lía le hicieron tambalear, su ego quedó pisoteado.
El enfrentamiento se había terminado, Pero en vez de solucionar ahora estaban peor, Daniel se sentía muy mal y todo está peor.
Lía entró, a la habitación y va al baño y se lava y coloca una cinta en la herida, Daniel quedó inmóvil frente a la puerta, tragaba grueso esas palabras le dolieron y mucho, el personal que se había reunido en la sala por escuchar tal discusión, al escuchar silencio se dispersaron cada quien a su área, sabían que había sido una pelea entre dos titanes.
Lía sale del baño y las palabras de Daniel retumbaban en su cabeza; "Tu hermana y abuelo están mejor muertos, porque vivir contigo debió ser una tortura, donde estén de seguro están mucho mejor, ya están descansando de ti, si. Tener que lidiar contigo".
Se sentó en el borde de la cama y comenzó a llorar, a llorar como nunca lo había hecho, llorar con llanto que sale del pecho, que sale de la garganta, se agarraba la mano adolorida y seguía llorando, la nana que había entrado detrás de ella se acercó y se sentó a su lado, Lía inmediatamente la abrazo muy fuerte y decía entre sollozos.
— ¡Perdón abuelo! No logré ser lo que tú querías, perdón!, te defraude, soy un fraude en todos los sentidos, y mi hermana nana, perdí a mi hermana era como mi madre— Ella miraba a Nana mientras decía estas palabras—No tengo nada, me quedé sin nada, sin nada, no la supe cuidar y murió en manos de un hombre inescrupuloso, ella era genial se merecía una vida, yo debía estar en su lugar.
Lía gritaba y gritaba mientras soltaba estas palabras esto era lo que había retenido en su corazón por tanto tiempo, estos sentimientos era los que no quería demostrar a nadie, pero justamente hoy, Daniel le dijo estas cosas que la hicieron flaquear y rendirse a su dolor, expresarlo sacarlo al exterior, llorar por primera vez desde que murieron sus familiares.
— Llora hija, llorar es bueno, llorar es bueno— le sobaba la espalda mientras hacía de soporte para contener a Lía en su llanto— debes desahogarte, pero no culparte por nada de lo que haya pasado. Tu no tienes la culpa, la culpa es de los viejos ricos que todo lo arreglan con un matrimonio por contrato. Se olvidan del amor, de los sentimientos.
—Pero si hubiese aceptado, mi abuelo y mi hermana estarían vivos.
—Las cosas pasan por algo, lo que pasa tiene que pasar hija, no podemos controlar todo.
seguía abrazándola y aconsejando, mientras que Daniel estaba con la frente pegada en la puerta con un nudo en la garganta de tan solo recordar la última mirada de Lía y de escuchar lo que ella le decía a la nana, se sentía el peor hombre, cómo pudo decirle todas esas cosas tan hirientes a una mujer que no le había hecho nada, simplemente le estaba pidiendo unos días más para recuperarse del todo y ponerse al día con la empresa.
Él abre la puerta quería entrar y pedir perdón y ayudar a Lía porque él podía sentir su pesar, su dolor, pero al asomarse la nana lo ve y de una vez le hizo seña que saliera, las cosas se podían poner peor, era mejor que tomaran distancia.
Él entendió y salió, pero de esa puerta no se movió se sentó en el piso, esperando a que la nana saliera de esa habitación.
Después de llorar por horas y desahogarse Lía se suelta del abrazo y le dice a nana.
— Estoy cansada nana, quiero dormir, la cabeza me va a reventar, discúlpame por ponerte en esta situación, creo que al final si soy una desconsiderada con todos y contigo.
— Mi niña yo estoy bien, tú relájate y descansa, ¿quieres algo para el dolor de cabeza?.
—Por favor nana y gracias.
Sus ojos eran grandes, pero en esta oportunidad no se veían de tanto que había llorado, estaban hinchados y enrojecidos, Adela le dió la medicina y una vez que la acomodó en la cama le dió un beso en la frente y salió de la habitación.