Capítulo 10, Furia de Titanes

1214 Palabras
Daniel entró y se acercó hasta la cama observando que ella estaba acostada y arropada y con su voz gruesa le dijo. — Eres una mujer grosera y desagradable, te digo que ya no pienso seguir haciendo tu trabajo, fanfarrona y holgazana, te levantas de esa cama ¡ya! y me das la cara, anda dime en mi cara todas las groserías que quieras, pero quiero que te levantes de ahí. Daniel quedó esperando respuesta, pero ni se movió de la cama, esto hizo que se enfureciera más, le dieron ganas de sacarse la correa y darle bien duro por las nalgas para que aprendiera a respetar. —Ok, tú te lo buscaste Lía Thiago. Se acercó a la cama y sacó la sábana que la cubría de un solo tirón, luego procedió a sujetarla del brazo, para sacarla de la cama, se le hizo fácil porque es tan delgada y ligera como una pluma. — ¿Qué te pasa animal?, bruto, ¡suéltame!— comenzó a gritar Lía, retorciéndose para salir del agarre. — Pues no te voy a soltar Lía, hasta que me escuches y me ofrezcas tus disculpas— le dijo acercándose al interruptor para encender la luz. Una vez hecho esto, Lía cubre sus ojos porque le molesta la claridad y Daniel la sujeta muy fuerte haciendo que ella lo mire a la cara. El tiempo pareció detenerse cuando sus miradas se cruzaron, la sintió tan débil, delgada, creía que la estaba lastimando, aflojó un poco su agarre, pero ella no hizo nada para soltarse, estaba mareada y la luz le molestaba en los ojos. Daniel nunca había visto a Lía, pero esos ojos le parecieron los más grandes y hermosos que había visto en su vida, detalló cada parte de su rostro porque una cosa es ver una fotografía pero otra es verla cara a cara y tan cerca, pero aún así no iba a dejar que esos ojos lo doblegaran. —¿Quién te crees tú para ser tan grosera y hablarme así?—Le habló entre dientes — ¡Que me sueltes estúpido, a caso crees que por que tienes mi empresa y hasta mi vida en tus manos me voy a doblegar ante ti, no voy a dejar que me trates mal, estas equivocado, ¡sueltame! Una furia de Titanes se estaba formando — Y tú crees que por ser mujer y ser la reconocida Lía Thiago, tienes derecho a ser grosera conmigo, pues estás equivocada y no te suelto, ¿qué vas a hacer?, yo quiero que me digas en mi cara todo lo que quieras decirme, niña grosera. — Quiero que me sueltes y me dejes en paz, respeta mi duelo. —¡Ja! Duelo, llevas tres meses metida aquí, sin hacer nada, solo exigir como si fueras una reina, pero solo eres una niña, una niña caprichosa, a reina no llegarás ¡nunca! Soltó parte de su rabia y no tenía intención de soltarla. — Que me sueltes imbécil y no me digas niña, tú a mí no me vas a tratar como se te dé la gana, una cosa es que estemos casados y otra que yo permita que me trates así animal, ¡suéltame ya!. Lía se retorcía para intentar salirse del agarre, pero no podía y esto hacía que se molestara aún más. — ¿Te molesta que te digan niña o caprichosa o niña caprichosa?, la verdad es que no entiendo cómo es que dicen que eres la mujer más exitosa y más profesional nada más mírate, y más aún como te expresas tan grosera y ordinaria. Prácticamente escupió con decepción las palabras que le dijo. —Y tú eres un mal hombre, asesino razón debe tener los medios cuando se expresan así de ti, eres vanidoso y odioso, no te importan los demás, ni los sufrimientos de las demás personas, no te importa que yo haya perdido todo en solo unos días, no te importa mi dolor, eres egoísta sin sentimientos y suéltame. La respiración de Lía estaba cada vez más agitada, sus ojos estaban llenos de furia. — ¿! Yo!?, ahora yo soy egoísta, yo soy al que no le importan los demás, pero ¿quién es la que está encerrada en esta habitación?, ¿quién es la que cree que solamente ella es la que está sufriendo?, quien es la que se desconectó de todos los que la quieren y ni siquiera deja que la visiten, ah dime, a quien le importa solo su dolor, ¿dímelo Lía Thiago?, porque estás aquí frente a mí diciéndome todas estas cosas, pero no vez tu comportamiento y que en estos tres meses he sido muy paciente contigo. Los ojos de Daniel estaban clavados en los de Lía, retandola con la mirada, para que ella se sintiera intimidada. La discusión que había comenzado en la habitación se había extendido hasta el pasillo, pero en ningún momento liberó a Lía , la voz ronca, pero amable que había comenzado a usar se había convertido en gritos estruendosos que se escuchaban por toda la mansión. — ¡Es mi vida déjame en paz! Y suélteme que me estás lastimando— seguía retorciéndose, pero él no la iba a soltar hasta terminar de decir todo lo que quería. — ¡Tu vida!, pobre del viejo Thiago, perdió todo su tiempo en ti. — ¡Cállate no nombres a mi abuelo!— interrumpió Lía , parece que le duele escuchar sobre su abuelo. — Tan orgulloso que hablaba de ti, pero eres solo un fiasco, lo engañaste muy bien Lía , pobre viejo debe estar revolcándose en su tumba por saber la clase de nieta que me dejó como esposa, claro tremenda joya, con razón no te habías casado. — Que te calles, infeliz— ella con el brazo que tenía libre comenzó a pegarme por el pecho sentí como si fueran picaduras de un insecto. Entonces el empresario tuvo la oportunidad de agarrar su otro brazo para evitar que siguiera golpeándolo. —Y tú tuviste que negociar una matrimonio porque matas a tus esposas y te tienen miedo asesino, eres un asesino. —¡Cállate, yo no soy ningún asesino!— refutaba entre dientes— Nadie te soporta, ah, pero vieron que conmigo se sacaron la lotería verdad, vamos a casar a la arrogante, vanidosa, orgullosa, grosera, manipuladora, niña caprichosa con Daniel Blanchard—La rabia estaba creciendo y con él, el tamaño de las ofensas hacia Lía . —¡Me estás lastimando suéltame!, eres un imbécil, abusador—Lía se seguía retorciendo para zafarse del agarre, pero cada vez la apretaba más y la atraía más hacia él, estaba tan molesto por la actitud de Lía que no dudó en decir las siguientes palabras. —¿Sabes qué? Tu hermana y abuelo están mejor muertos, porque vivir contigo debió ser un calvario, donde estén de seguro están mucho mejor, ya se liberaron de ti. Daniel soltó una risa irónica, la rabia le ganó y escupió estas palabras con tanto énfasis que hizo que Lía se detuviera de sus movimientos al instante y mirándola directo a los ojos, se dió cuenta que las lágrimas comenzaron a fluir y a rodar por sus mejillas, ella solo se quedó callada, tragando grueso.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR